enero 27, 2012

Outtake: All yours

Confieso que hay un solo bau... !Naaaaah! Lo que tengo que confesar, es que este outtake iba a ser otra temporada de El placer es mio... Lo cierto es que me encanta como outtake. Lo AMO♥ Dios... Ame escribirlo como no tienen una idea. Espero que les guste (: ♥ Y disfrutenlo tanto como yo ^^
Outtake: All yours

Noah no podía dejar de verla. Una parte de él le gritaba: Estúpido. Otra, la parte más fuerte le gritaba: Eso es, lo lograste.
Él solo le hacía caso a la parte positiva. No quería mirar atrás. Camina hacia el futuro. Kenzi lo había persuadido de ver “Meet the Robinsons”. Ella había llorado al término del film. “Lo siento… - se disculpo sorbiendo su nariz. –Es que es un film muy lindo”.






Noah la abrazo. Ella era extraña, no lloraba por otra cosa que no fuera esa película. Odiaba las comedias románticas menos dos: “10 things I hate about you” y “Sixteen Candles”. Había un par más, pero esas no las habían visto juntos, aun. Noah disfrutaba de pasar el tiempo con ella, conociéndola.
Su departamento decía mucho de ella. La decoración sin que nada combinara entre si era lo que más lo tenía sorprendido. Y es que parecía que Kenzi miraba algo en las tiendas y lo compraba, ya fuera por el color o por la forma. Tenía botellas de plástico en su cocina. Ella solo decía entre orgullosa y avergonzada “Me gustan sus formas”, sus mejillas se sonrojaban cada que Noah descubría una nueva botella.
-¿Qué tanto miras? – gruño bajito señalándolo con su tenedor. Ella había cocinado. Pocas cosas sabían hacer, entre ellas pasta y filetes asados. Con eso le bastaba a Noah para ser feliz.
-Te miro – contesto volviendo a su plato. –Esta delicioso…
-Gracias – sus mejillas sonrojadas no pasaron desapercibidas para Noah.

Cuando terminaron de comer. Noah le ayudo a lavar los platos. Ella lavaba y él secaba. Kenzi no entendía porque lo hacía pero ahí estaba Noah, parado al lado de ella con las mangas de su camisa dobladas hasta los codos.
-Quizá tienes mejores cosas que hacer – comento, rompiendo el silencio.
-¿Cómo qué?
-Mmm, no sé. Tú Spa, ir al gimnasio, pasear a tu perro, ir a bares, conocer chicas…
Noah sonrió. Conocer chicas. Eso casi podía ser un chiste. Ella aun desconfiaba de él. Ya habían pasado semanas de eso.
El año nuevo había quedado en el olvido. Lo pasaron juntos, en compañía de sus amigas y sus novios. Kenzi estuvo distante. Parecía un gato asustado. Y él una pantera a su acecho. Ella desconfiaba hasta de su sombra y eso pudo notarlo y constatarlo cada día que se reunían. Ya fuera por casualidad, mismas que Noah forzaba, o porque él la llamaba para verse.
-¿Aun no te queda claro, verdad?
-¿Claro? ¿Qué es lo que me tiene que quedar claro?
Suspiro. Dejo el último vaso en la rejilla de metal donde los guardaba, dejo la toalla colgada en uno de los ganchos y la miro.
-No quiero conocer más chicas…
-¿Quizá chicos? – levanto los hombros en broma y seco sus manos. –Uno nunca sabe…
-Venga ya – la tomo de la cadera en un hábil movimiento. Kenzi jadeo. –Tengo lo que necesito justo aquí.





Kenzi tembló. Los fuertes brazos la levantaron del suelo. Podía mirarlo a los ojos sin necesidad de levantar la mirada. La profundidad de los ojos de Noah la descoloco, sonrió sin proponérselo ante esos tres lunares debajo de uno de sus ojos. Los acaricio con dedos temblorosos. Noah cerró los ojos.
Su piel se enchino e inclino el rostro para que ella ampliara el toque. Casi podía llorar de felicidad.
-No necesito salir a la calle para buscar algo que ya encontré – aseguro con dificultad. Abrió los ojos. Sintiéndose de inmediato perforado por la verde mirada de Kenzi.
-Cuando me conozcas mejor te aburrirás – dijo con una sonrisa falsa. – Así pasa…
-No me pasara.
-Ajá – levanto ambas cejas. –Debes bajarme. Tengo cosas que hacer… - urgió.
Noah obedeció. La vio salir de la cocina y limpiar la mesa una vez más para después colocar encima montones de libretas.
-Tengo trabajo atrasado – anuncio sentándose y abriendo una libreta. –Calificar bolitas y palitos tiene su ciencia… Al menos yo se la encuentro – agrego amarga. –Hay muchos otros que no.
-Jace – dijo en un gruñido. -¿Cómo él, no?
Kenzi lo miro y asintió.
Quedaron en silencio de nuevo. Un silencio que se rompía al tiempo que Kenzi cambiaba las hojas o rayaba las libretas, poner notas con color rojo y sonreír ante los dibujos de los niños. Noah la observaba con atención, memorizando cada mueca, cada sonrisa y ruido.
-Hay cervezas en la nevera – informo. Termino las libretas y comenzó con una montaña de dibujos.
-Gracias, pero no. Planeo embriagarme de otras cosas…
-Bien – comenzó a calificar los dibujos.
-¿Te gustan los niños? – pregunto de pronto. Kenzi lo miro.
-Al principio no – confeso. –Solo sería un empleo temporal. Después me encantaron. Y decidí quedarme y abandonar mi profesión original.
-¿Cuál era tu profesión original?
-Era una ingeniero. Lo sé, pase cuatro maravillosos años matándome en los cálculos y esas cosas. No era pesado, me gustaba. Solo que nunca me lleno por completo. No sabía cuál era mi pasión… Aun así, termine mi carrera. Después surgió la oportunidad de entrar al Jardín de niños. Muy en el fondo quería enseñar.
-¿Eres feliz en el Jardín?
-Si – contesto de inmediato. –Lo soy, tengo tiempo libre y me dan café gratis en la sala de profesores. Quizá algún día sea maestra de niños de primaria. Lo cierto es que los peques de Jardín me han conquistado – finalizo soñadora.
-Es lo importante, ser feliz.
-¿Tu lo eres, Noah?
-Te seré sincero – subió los codos a la mesa. –Siempre pensé que la felicidad era y seria con Christine – Kenzi tenso los dientes – ahora no lo sé. Amo a mi hermana, y me hace feliz que ella sea feliz. Y aun así, me siento… extraño.
-Vacio…
-¿Te sientes así?
-Un par de veces a la semana – murmuro avergonzada. –Es como si nunca pudieras satisfacer a nadie. Como si no fueras digno… Es horrible.
-Conoces la sensación entonces.
-Ella duerme a mi lado – corrigió acida.
-Mentira, es mi amante – gruño.
-Amigo, te engaña conmigo.
Noah rio a carcajadas. –Venga, eres tan inocente. Yo soy mejor amante…
-Lo dudo… porque siempre se pasa a mi cama.
-¿Oh, sí? – se puso de pie. -¿Siempre?
-Todas las noches… - levanto la barbilla.
La tomo de la barbilla y la obligo a ponerse de pie. La cargo tomándola de la cadera hasta el sofá. Una vez ahí, se dejo caer y la obligo a colocarse a horcajadas sobre él.
-Por favor…
-Shh – silencio ella. –Solo prométeme algo…
-Lo que sea.
Tomo aire por la boca y bajo la mirada.
-No me pedirás sexo oral.
-¿Cómo dices? – abrió grandes los ojos.
-Se que eso les encanta. Pero no estoy dispuesta a dártelo – el miedo que reflejaba sus ojos lo derribo. Trago. Sus verdes ojos se cristalizaron. –Primero no se hacerlo y segundo no me obligaras…
-¿Qué te hace pensar que quiero eso de ti?
-No lo se – tomo aire de nuevo. –Además hay algo de mí… Que debes saber.
-¿Qué es?
-Quizá te burles y después te vayas. Da igual. Solo… quiero que lo sepas. Creo, creo – balbuceo – que eres un buen tipo. Y me gusta pasar tiempo a tu lado. Quizá no seamos amigos o algo más. Y si te has confesado conmigo acerca de… ella. Bueno, creo que yo también debo hacerlo. Si después de esto me dices que soy una mentirosa, lo respeto. Quien de mi edad… Ok – suspiro. –Y que estar sobre tus piernas no mengue la seriedad de lo que diré.
Noah asintió solemne.
-Soy virgen – soltó.
-Entiendo – no dejo de mirarla.
-¿Es… todo?
Sonrió. –No quieres que sea el primero, por eso lo dices. Soy un bastardo infeliz. He estado con muchas, Kenzi. Muchas. No recuerdo ni sus nombres, ni sus miradas, siquiera sus besos. Entiendo que me dices esto para… según tu, advertirme de algo. Realmente no se porque lo dices. Es decir, si. Para una chica… es importante.
-Ya… - bajo de sus piernas. –Es importante. Lo es… se que es solo sexo. Mete, saca, mete, saca – ladeo la cabeza y volteo los ojos. Un estremecimiento la recorrió. –No fue mi elección ser… - sus ojos se llenaron de lagrimas, cerró los ojos y estas se derramaron por sus mejillas. –Creí que cuando la perdiera… sería feliz. Solo quería que se la chupara. Tú eres un buen tipo, Noah. Si solo quieres sexo conmigo, lo acepto. Lo entiendo. Se cómo funcionan las cosas. Solo iba a decirte que fuera especial. Se que no seriamos nada después de enredarnos. Lo se, lo entiendo. Eres… quizá, uno de los mejores tipos que conozco. Sonara desesperado, pero… Estoy dispuesta a estar contigo si tú también lo deseas.
Noah limpio sus lagrimas. La miro con ternura y la abrazo.
-No. No te conformes conmigo, Kenzi.
-No me estoy conformando. Me gustas… mucho.
-Y tú a mí. Más que solo mucho. Mira… Te pasara cuando tenga que pasar…
-¡Y una mierda! – vociferó. -¡Encontraras al amor de tu vida, Kenzi! ¡Ese que te haga sentir en el cielo…! Bla, bla, bla, bla. Eso ya no existe. Se acabaron los príncipes. Los dos últimos se quedaron con mis amigas…
-¿Dices que no soy un príncipe? – fingió molestarse, la sonrisa en su rostro lo delataba.
-Digo que tu eres más como un guerrero. Ya no se ni lo que digo… Lo que se es que estoy harta de escuchar eso… ¿Vale? Palabras de aliento y frases esperanzadoras – se froto los ojos con fuerza.
-Dime que deseas escuchar… Dilo.
-Que… - sonrió como boba – nada. Ahora ya no importa…
-Eres tan necia – Noah se puso de pie. –Tan terca, necia, loca, sincera, grosera, honesta… sexy – Kenzi jadeo ante cada adjetivo. Cuando Noah la tomo de la cadera y la levando del suelo, su pulso se acelero. –Yo no solo quiero sexo contigo, Kenzi. Métetelo en la cabeza. Que seas virgen solo me hace, egoístamente hablando, el hombre más feliz de este jodido Mundo. No lo esperaba, en serio. Y no es por tu edad, si no por la sensualidad que despiertas a tu paso. Eres linda, simpática, divertida. Cualquier rufián pudo haberte tenido y gracias a que soy un hijo de puta afortunado te tengo yo.
-¿Qué diablos dices? – jadeo audiblemente.
-Me tienes loco, Kenzi. Loco. Quería tomarte y hacerte mía cuando te encerré en mi oficina en Pomaikai. Me sentí una mierda un segundo después que pedias a gritos salir y cuando lloraste… Dios. Soy un enfermo. Cuando estuvimos juntos en la habitación del Hotel Empire y te vi desnuda. Joder. Casi me corro en ese justo segundo – Kenzi se sonrojo. –Lo digo en serio, Kenzi. Después, pasar el día contigo, al principio no lo quería aceptar, pero al final del día, yo mismo quise golpear al tal Jace. Dejarlo irreconocible para que nunca más derramaras una lagrima por él.
-No se si creerte. Todo es muy… lindo.
-Jamás te obligare a creerme. Todo lo que digo es verdad. Eres mi sexy gatita – acaricio sus mejillas.
-¿Tu sexy gatita?
-Joder, si. Por favor, Kenzi. Dime algo…
-Llévame a la cama – una sonrisa enorme se formo en el rostro de Noah. Casi corriendo se dirigió a la habitación de Kenzi.
Dispuesto a entregar su alma si ella se lo pedía.



***


Noah la recostó sobre la cama, mirándola un minuto exacto, la tomo de la nuca para obligarla a sentarse en el borde del colchón y así, al arrodillarse, estar a la altura de sus labios.
-Siempre desee una chica como tú, Kenzi. Una chica que me aceptara tal y como soy…
-Con tu cabello de Tarzan – sonrió Kenzi contra los labios de Noah, acariciando las ondas oscuras de su largo cabello.
El moreno se estremecía. Dejo que fuera ella quien diera el paso de quitarle la primera prenda, fue su playera negra la que aterrizo en el piso casi a la par de un jadeo de ella.
-Dios, ¿Dónde estuviste toda mi vida?
-Follando como conejo – respondió avergonzado.
-Tomando práctica entonces – acaricio los tres lunares bajo su ojo y beso su mejilla para después llegar a sus labios y devorarlos con impaciencia. –Deseo no caminar por el resto de mi vida.
-Yo no deseo eso, Kenzi. Quiero perder los ojos en tu andar saltarín y coqueto. Por favor… - susurro en su cuello. La chica se derritió y abrió, uno a uno los botones de su blusa. -¿Me quieres matar?
-¿Lo estoy logrando?
-Puedes apostar.
La blusa de Kenzi llego al suelo, Noah perdió la mirada en sus redondos pechos, la miro a los ojos.
-¿No? – pregunto con ternura. Kenzi estaba al borde de perder la cordura.
-Si – acepto y tomo una mano de Noah para que apretada sus senos. –Mmm – mordió sus labios echando la cabeza hacia atrás, el moreno amasaba su seno lentamente, devorando sus labios, recostándola poco a poco en la cama.
Bajo los jeans de Kenzi por sus torneadas piernas y subió a su vientre con besos húmedos. Ella enloquecía lenta y tortuosamente, apretando la colcha en sus puños, arqueando la espalda como solo pensó sucedería en sus sueños y en las noches solitarias que pasaba en su habitación.
Rodaron divertidos por la cama, conociéndose con besos, mordidas y lametones. Noah, sentía su corazón salir de su pecho con las suaves caricias de ella sobre su piel. Tímida y curiosa, Kenzi exploraba a Noah a conciencia, trazando mapas que después recorría con su lengua como una experta verdugo. No era del todo inocente, sabia como volverlo loco, y sus dientes estaban comenzando a llevarlo al borde.
-¡Diablos, Kenzi! – rugió, ella lamia su cuello y sus caderas rotaban en círculos sobre su entrepierna, aun con ropa interior.
-¿Mmmhum? – lo miro con ojos cargados de fuego.
-Me vas a matar… No aguanto más.
-Puedo darme cuenta – sonriendo victoriosa bajo la mano hasta encontrarse con el duro bulto de Noah, él jadeo, mirándola con los ojos muy abiertos, totalmente sorprendido.
-¡Santo…! ¿Segura eres virgen?
Kenzi rio divertida.
-No he estado con nadie si a eso te refieres… - mordió su labio.
-La vida no es como las películas porno, Kenzi – sonrió petulante.
-Es mejor – froto sobre la tela de sus calzoncillos ajustados.
-Diablos, si. Mucho mejor – apretó las manos sobre la cadera de ella.

Intento no correrse cuando ella lo tomo en su cálida y pequeña mano, o más aun, cuando al bajar la mirada, ella sonrió abiertamente y relamió sus labios. Noah se sentía poderoso e inmensamente afortunado.
-¿Qué es… lo que piensas? – pregunto forzando la voz, ella frunció el ceño.
-¿Pensar? Apenas recuerdo mi nombre – confeso y lo derrumbo con un beso.
Noah necesitaba sentirla por completo suya, termino por desnudarla, admirando a conciencia cada curva y detalle del cuerpo de Kenzi, como esos lunares que ascendían desde sus costillas hasta sus pechos, lo beso y lamio hasta subir a la cima de sus senos y lamer su pezón provocando un gemido audible por parte de ella.
-Mmm… - las manos de ella se aferraron a su cabello.
El moreno intento decirle algo. Que era hermosa, suave, deliciosa, pero la voz había huido de su sistema, su sabor lo había noqueado, su pasión lo había quemado, la forma en que ella se retorcía y tocaba lo hacían sentirse loco.
-¿Lista?
Se detendría cuando ella quisiera. Así tuviera que sentarse en un cubo de hielo.
Con una sonrisa resplandeciente, Kenzi asintió.
-No te voy a las…
-Shh, cállate. Eres enorme – adulo sin proponérselo. Acomodo su cuerpo sobre la cama y lo abrazo del cuello.
Noah acaricio sus piernas y toco su centro húmedo y tibio. La humedad de Kenzi se impregno en sus dedos, él no podía sentirse más afortunado. Ella temblaba, nerviosa, sus ojos verdes denotaban miedo.
-¿Tienes…?
-Oh – se giro y busco en su mesita de noche. –Mierda – gruño, salió de la prisión de los brazos de Noah y busco en su tocador. En su cajón de ropa interior encontró un par, intento cubrir su cuerpo desnudo con sus brazos y manos, Noah se recostó en la cama, donde sus pies sobresalían del colchón.
-Eres preciosa – silbo al verla acercarse. Kenzi subió a la cama y le dio los preservativos.
Ella desvió la mirada del gigantesco hombre que tenía en la cama, sabía que sus ojos se ubicarían solo en un lugar. Tragando audiblemente y respirando pausadamente termino por sentarse sobre sus talones y esperar en silencio. Se sentía estúpida.
-¿Dónde íbamos? – Noah la tomo de las caderas, acercándola a su pecho.
Comenzó a respirar por la boca, Kenzi sentía los húmedos besos de Noah, caminar frescos por sus pechos, estomago y vientre hasta…
-¡Noah! – una de sus piernas estaba doblada y la otra ligeramente abierta, dándole acceso a su cuerpo. -¡Dios, Dios, Dios! – chillaba. El moreno se apodero de su cordura, besando su centro, ella se retorcía, provocándolo. -¡¡Diablos!! – vocifero cuando la lengua de Noah toco su botón, endureciéndolo de inmediato.
Con una sonrisa petulante salió de entre sus piernas y la beso. Su propio sabor no le desagrado, más caliente y húmeda que antes cerró los ojos y apretó las almohadas. Su primer orgasmo llego cuando Noah la hizo llegar solo con el toque de sus dedos sobre su clítoris. No dejo de mover sus dedos sobre ella, hasta que Kenzi rogo que se detuviera, porque no podía gritar más blasfemias. Nunca un orgasmo le supo a Cielo como ese. Su piel tenía una tenue capa de sudor que la hacía sentir pegajosa y más unida al cuerpo de Noah, respiraba por la boca, satisfecha como nunca antes.
Tomo aire por la boca y lo soltó con un suspiro satisfecho.
-Estas deliciosa – Noah se relamió los labios. – Y te ves preciosa cuando te corres…
-¡Noah! – chillo avergonzada. Sus mejillas no podían sonrojarse más. –Gracias – susurro un minuto después.
-Shh… No agradezcas nada, me encantas. Soy la Bestia de tu cuento de hadas, ¿recuerdas?
-Si – ella lo abrazo por la cadera. Kenzi estaba desnuda sobre la cama con las cobijas revueltas, mientras que Noah estaba con los pantalones puestos, descalzo. –Si esto es un sueño…
-Es el mejor de todos, gatita. El mejor – paso los dedos despreocupado por su espalda. Sonrió cuando ella se estremeció, mordiendo su labio, su aliento chocaba contra el torso desnudo de Noah.
Sus pezones se tensaron y chocaron contra la piel de Noah. Sus manos bajaron a las curvas de ella, hasta situarse en su cadera. Busco su mirada, caliente.
-No te vayas…
-No me iré.
-Solo tengo una pregunta para ti.
-Suéltala.
-¿Siempre fuiste así de delicioso?
Noah estallo en risas. Kenzi se contagio de sus estruendosas carcajadas.
-¿Tu siempre fuiste así de curiosa, gatita?
-Siempre – froto la nariz contra su barba. –Nadie, nunca… me había hecho eso con la lengua.
-Entonces tenemos que ponernos al día – beso sus labios con una abrumadora pasión.

Las dudas fueron disipadas conforme sus cuerpos se unían. Conforme sus alientos se mezclaban. Conforme sus corazones se hacían uno. Sus jadeos y gritos formaron la banda sonora de su cuento de hadas. Noah fue tierno, cuidadoso, y cuando ella se acostumbro a su cuerpo, dándole como señal abrazarlo con sus piernas, la locura en caída libre comenzó.
Tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para no correrse casi de inmediato en su cuerpo. Cuando ella lo alojo con ternura, mientras sus manos lo arañaban. Fue cariñoso todo el tiempo, mirándola a los ojos, sin perder detalle. Después de todo, era su primera vez.
Su primera vez.
La primera vez que Noah lo hacía con amor. No era sexo, estaba seguro; le estaba haciendo el amor a la mujer de su vida. Su corazón casi sale de su cuerpo cuando ella grito su nombre por primera vez. Un fuerte rugido salió de su pecho en respuesta a tan fuerte golpe de placer.
Sucumbió ante sus exigencias y jadeos. Ante su cuerpo húmedo pegado al de él. Ya estaba en sus redes y no quería salir de la prisión de sus brazos y piernas.
Ella alcanzo un tercer orgasmo, regalado por sus delicadas estocadas, suaves y lentas, y sus dedos curiosos frotando sin piedad su botón. “¡¡¡NOAH!!!”, grito desgarrando su garganta. Música para sus oídos. Y cuando iban por el cuarto orgasmo, él se unió a ella explotando en su interior, llenándola.
Kenzi lo abrazo cerrando los ojos con fuerza, sintiéndose protegida por los fuertes brazos que la rodeaban. Su aroma masculino entraba en su sistema cuando ella respiraba. Él no dejo de abrazarla, al tiempo que sus respiraciones se tranquilizaban. Beso su cuello mientras ella se deslizaba dentro de las cobijas. La luz de las farolas de la calle hacía ver a Noah más enorme de lo que ya era, y ese cuerpo fibroso y definido le golpeaba la razón sin piedad.
Su cuerpo y alma estaban satisfechos. Simplemente fue mejor de lo que ella soñó. Ese hombre era su mejor sueño. Lo mejor que pudo siquiera imaginar. Y estaba en su cama desnudo para ella. Kenzi sonreía como estúpida. No podían culparla. Ese hombre, salvaje en toda la extensión de la palabra le regresaba la mirada, oscura y petulante. Era como si hubieran hecho alguna travesura, pero esa travesura era la mejor de todas. Y más si no eran descubiertos.
-¿Qué miras? – pregunto curiosa, como un maldito gato, y cubrió su cuerpo, consciente de su desnudes, con la sabana floreada azul marino de su cama.
-Solo a ti… - respondió y se acerco a ella. Su cuerpo era demasiado grande para la cama de Kenzi. Ella no pudo ocultar la sonrisa. Sus pies sobre salían de la cama. Noah se dio cuenta de la sonrisita de ella, entre divertida y burlona. Levanto una ceja. –Supongo que tendremos que comprar una cama más grande.
-¿Tendremos? – levanto ambas cejas.
-Si queremos que esto funcione, tendremos que tener una cama enorme – respondió. Con habilidad la tomo de la cadera y la hizo subir sobre su estomago, por encima de su miembro. Que justo apenas la había tocado, estaba listo y dispuesto de nuevo.
Ella cubrió su cuerpo, aferrándose a la sabana oscura. Nerviosa. Sonrojada. Caliente.
-Me gusta tu departamento, es muy tu estilo.
-Todos dicen lo mismo.
Pero de él sonaba a admiración. No era en un tono despectivo. Se sintió alagada. Con él, estaba segura, podía ser ella misma. Sin tener que ocultar sus extraños gustos. Tanto en música, películas, decoración. Sentía que con Noah ella podía ser solo Kenzi.
-Ya te he visto desnuda, ¿Por qué te cubres?
Kenzi bajo la mirada. De nuevo su semblante se entristeció sin poderlo contener u ocultar.
Tardo en hablar, pero Noah espero surcando figuras por las piernas de ella y sus brazos, estremeciéndola.
-La única vez que alguien me vio desnuda no dijo que fuera hermosa, solo intento comerse mis pechos como si de ellos fuera a sacar algo de leche materna – contesto molesta, gruñendo.
-Ya… - asintió. –Mírame – ella lo miro. –Eres hermosa. Preciosa. Sexy. Ardiente. Me pones duro tan solo si me miras – se removió bajo ella para que notara que sus palabras eran una rotunda verdad. Kenzi mordió su labio inferior. -¿Me sientes? – Kenzi asintió. –Déjame verte…
De inmediato ella dejo caer la sabana, y aun algo nerviosa intento cubrir sus pechos. Noah le tomo las manos y se acerco a besar las simas de sus redondos pechos. Su barba le picaba la piel delicada de sus senos. Ella comenzó a moverse, con una música que solo ella podía escuchar. Las manos de Noah la tocaban, la quemaban. Su boca húmeda la llevo a un lugar donde no existía nadie más que ellos. Cerró los ojos, dejándose llevar por las caricias de Noah. Sus manos… Aquellas manos que la tocaron semanas atrás en Pomaikai la tocaban de nuevo, y ahora ella sabía que eran solo suyas, que podía gemir a viva voz sin avergonzarse.
-¡Mmm! – gimió tomando el cabello de Noah entre sus dedos.
Como pudo arrojo la sabana lejos de la cama y admiro, por primera vez, el cuerpo desnudo de Noah. No había parte de él que no estuviese morena. Sus ojos se clavaron en el centro de su cuerpo. De inmediato se pregunto cómo no se rompió. Sonrió estúpidamente, una risita nerviosa escapo de su garganta.
-¿Qué es gracioso? – le tomo la barbilla, obligándola a mirarlo.
-No es gracioso, es un milagro…
-¿Qué?
-Que no me haya roto cuando…
Noah la abrazo sin parar de reír.
-Pero dolió como el Infierno – agrego acariciando su espalda musculosa. Feliz, después de mucho tiempo de ser lo que era. De actuar como lo hacía. De esperar a su hombre perfecto, ese que en sueños aparecía. De soñar con alguien que la quisiera, y casi podía asegurar que la amara, como ella estaba dispuesta a amar.
Completa.
-Mi hermana dice muy seguido: Te duele pero te gusta.
-¡Lo adoro! – chillo. –Mucho – finalizo avergonzada por sus arranques de locura.
-No tienes ni idea de lo maravilloso que es estar dentro de ti… No solo en tu cuerpo, sino… en ti.
-Te volviste poeta – comento divertida.
-Me volví un imbécil contigo encima – la beso de nuevo tomándola de la nuca. –Eso soy – la besaba a conciencia. Embriagándose de su sabor, enredando su lengua a la de ella, conociéndola. –Un tremendo poeta imbécil.
“Tu poeta imbécil”, quiso decir en voz alta.
Noah nunca se sintió tan feliz. Teniendo, por primera vez, charlas de alcoba. Antes solo se descargaba y huía. Olvidaba nombres, caras, sonrisas, todo. Con ella no quería pasar ni un minuto lejos de su delicada figura, de sus atinados y sarcásticos comentarios, de sus gruñidos cuando algo le molestaba, de sus caras cuando algo la impresionaba o cuando algo la excitaba, de sus pucheros cuando algo la enternecía o le provocaba lagrimas.
Algo lo hizo frenar esas caricias. Un miedo que se propago en su pecho. Un miedo que lo hizo recordar el pasado, temer caer en él de nuevo. Vacio. Sin sentido.
-¿Qué pasa? – lo miro extrañada. Paso las puntas de sus dedos por los 3 lunares debajo de su ojo.
-No lo sé – confeso. –Creo que mejor me voy…
-No – dijo con rapidez. –No te vayas. ¿Quieres comer algo? Mi tío me enseño a hacer pastel de chocolate con fresas. O vino, tengo… - sus palabras se tropezaban desesperadas, saliendo de su boca sin pensar. Se lo pensó mejor y dejo que Noah buscara su ropa, ella corrió al baño sin envolverse con la sabana. No sería ella quien forzaría algo que Noah no quería. –Cierras la puerta cuando te vayas – grito desde el baño. Poniendo el seguro y abriendo la llave de la ducha para que él no escuchara su llanto.
¡Diablos! Todo había sido tan lindo. No podía arrepentirse. Al menos él paso un rato con ella, la abrazo. Le dijo que era hermosa…
“Consuelo de tontos, Kenzi Phellan”.
-Kenzi… - toco la puerta. Espero respuesta. –No quiero hacer de esto una novela…
-No me gustan las novelas. Miro puras series de TV. Como Sherlock y ese tipo de cosas de misterio. ¿Has visto últimamente Game of Thrones? ¡Dios! Amo a Drogo.
-No, yo…
-Me duele… - chillo.
-¿Qué? – golpeo la puerta hasta que ésta se abrió. La encontró en la tina sentada y llorando. -¿Estas bien? – no sé sobre salto cuando él irrumpió en el cuarto de baño.
-No se – chapoteo el agua. –Me duele que… Que… Intentamos ser felices pero no lo somos, Noah. El miedo es más grande que nosotros. Me han roto el corazón y he vivido de ilusión casi por toda mi vida. Te encuentro y siento que tú eres real, que eres el definitivo. Y después huyes. No soy perfecta, lo sé. Y no intento aparentar algo que no soy. Y no me vengas con la estupidez de ser amigos. Después de lo que paso dudo verte como solo un amigo – sentencio. –Estoy harta del drama. Harta. No creo poder más con problemas existenciales, no más. Necesito vivir una vida normal. Sin pesares. ¡Dios!
-Entonces hazme un espacio en la tina, gatita.
-¡Noah, basta! – se puso de pie. –No soy tu chiste. No vendrás a mi casa a decirme cosas lindas que sabes que me estremecen y después huiras porque tienes miedo. No soy tu salvavidas. Eres mi guerrero salvaje, ¿recuerdas?
-“¿Dónde firmo?” – recordó aquella navidad. –Soy la Bestia de tu cuento de hadas.
-¿Quieres serlo aun? - espero a que él contestara. Cruzo los brazos.
-Es verdad que tengo miedo, Kenzi. Y es verdad, también, que te necesito. Y que además tengo miedo… De no ser lo que tu esperas que sea o de… De volver a caer en el hoyo donde me hundí cuando apareció Christine.
-La vida es correr riesgos, Noah. Y yo estoy dispuesta a correrlos contigo. ¿Tu lo estas? – esta vez no se avergonzó de su cuerpo. Estaba segura de lo que hacía y decía. Después de todo: No hay luz sin oscuridad.
-Si – se acerco. –Si – repitió como un mantra. –Si, si, si – la tomo entre sus brazos y la levanto en el aire sacándola de la tina. –Si – dijo una vez más y la beso.
-Supongo que eso es un si – sonrió ladina, rodeándolo con sus piernas, temerosa de caer.
-Es más que un si. Contigo se acabaron los miedos, gatita. Se acabaron las dudas y la oscuridad.
-No más lagrimas.
-No más – aseguro.
-Ahora vamos al agua antes de que se enfrié – urgió removiéndose sobre los brazos de Noah. Ansiosa de jugar de nuevo con su cuerpo.
-Gatita, juntos calentaremos el Polo Norte por entero…

enero 23, 2012

El lado Oscuro: 3. Razones

Como que este lunes se sintio aburrido. Ya buscare en que ocupar mi tiempo, lo juro :3
Por lo pronto... Disfruten de esta nueva entrega (: Buen resto de semana :D Vivan con la esperanza de un fin de semana proximo :D Enjoy ^^ ♥

3. Razones

-Debería pagarte más ese idiota – comento con malicia, la chiquilla de 14 años termino de desayunar.
-Melanie, es tu tío…
-No por elección – rezongo. –Además, ¿Cómo soportas estar en este enorme lugar? Tu madre ya no vive aquí, deberías irte…
-No pienso dejarte sola, Melanie.
-Todos me han dejado sola, Winter. ¿Por qué serias diferente?
-Mel, - se acerco a la niña y la tomo de los hombros, inclinándose un poco para verla – yo te quiero, mucho. Eres como mi hermana…
-Esa que jamás deseaste tener, ¿no? – la niña era dura de roer.
-Tengo otra hermana, ella es a la que no desee tener – bromeo. –Tu eres la hermana pequeña que cuido, me gusta tenerte a mi lado. No deberías ser tan dura contigo…
Melanie bufo. Los ojos verdes se llenaron de lágrimas. Hizo un mohín de disgusto y se aparto de Winter con brusquedad.
-Quiero ir de compras. Llévame a la ciudad – ordeno. –Quiero que ese cretino imbécil gaste en mis comodidades – sentencio dejando el comedor.
Melanie era una adolescente que había perdido a sus padres. Como ella misma decía, no por elección vivía con su tío. Las mejores amigas de su madre vivían en España, no eran tías de sangre pero querían a la niña como si lo fueran. La consentían, mimaban y querían como dos madres maravillosas. No eran familia, así que no podían tener la custodia de Melanie. Sin contar que el testamento de Bruce Hardenbrook, su padre, decía que la dejaba bajo custodia de su único hermano, Brandon Hardenbrook, hasta que ella terminara una carrera Universitaria. Entonces, solo entonces, podía hacer uso de su herencia y manejar a su antojo las propiedades.
La chiquilla odio esa parte del testamento. Winter había estado ahí cuando se lo leyeron. Tenía permisos de visitar a sus tías postizas a su antojo, con la condición de volver con su tío y al internado apenas terminara el tiempo que le era permitido estar con ellas.


-¡Estoy lista! – grito Melanie en la puerta.
Winter tomo su bolso y salió de la Mansión con la niña.
-No subiré al horrible auto de… él – arrugo la nariz.
-Lo sé… - Winter camino a un extremo de la mansión y tomo uno de los autos que podía manejar a placer. –Vamos, no soy mala al volante – le abrió la puerta del Audi TT-RS descapotable, color azul eléctrico.
Cruzaron la ciudad en silencio. El viento de verano hacía ondear la larga cabellera oscura de Melanie. Los ojos verdes típicos de los Hardenbrook mantenían la humedad profunda de su tristeza.
-¿Qué te gustaría comprar, Mel?
-Una tabla de surf – sonrió emocionada. –He visto desde la ventana que hay chicos surfeando. ¿Sabes hacerlo, Winter?
-La verdad es que no – la niña bajo la mirada decepcionada. Siempre había considerado a Winter como una mujer que lo podía todo. –Pero podemos intentarlo, ¿te parece?
-¡Si! – sonrió iluminando ese rostro tenuemente tapizado de pecas.

Visitaron cada una de las tiendas de la Plaza Marina. Tiendas de dulces, de zapatos, de ropa, discos y películas. Melanie apenas podía con su alma, y Winter sentía sus talones sangrar, había olvidado cambiar los tacones altos por unos zapatos de piso.
-Necesito sentarme – pidió dejando caer el cuerpo en una de las bancas, frente a la fuente. Las manos llenas de bolsas cayeron rendidas. La niña también tomo un respiro.
-¿Tienes novio? – pregunto de pronto. Esa pregunta la tomo por sorpresa.
-No.
-Siempre te veo tan linda que pensé que si tenias – justifico su curiosidad. -¿Tu crees que soy linda?
-¡Claro que si! ¡Eres preciosa! – chillo de inmediato.
Sabía la importancia de esa pregunta en una niña de su edad. Ella aun, a sus 24 años se lo preguntaba continuamente. No tenía a nadie que le contestara sin chistar, así que era su deber darle respuesta inmediata a Melanie. Claro que Winter no mentía. La niña era encantadora. Eso cuando no estaba Bran a la vista, porque entonces esos ojos esmeralda centelleaban odio, fruncía los labios y hacia muecas de desprecio cuando él la miraba. Pero no con Winter. Con ella siempre había sonrisas, miradas llenas de cariño y aprecio. Quizá Melanie no lo dijera, pero quería a Winter más que solo como su hermana. La hermana que nunca tuvo pero que deseaba tener.
-Las niñas en la escuela me dicen “Manchas” – cubrió su nariz.
-Eso porque te tienen envidia – aseguro. –Eres la niña más guapa del Mundo. ¿Te digo un secreto? – susurro juntando la cabeza a la de Melanie.
-Ajá – asintió.
-Tu tío, Bran, también tenía esas pecas divinas en la cara cuando era apenas un niño. Las recuerdo bien…
-¿De verdad?
-Claro. ¿Las ves ahora? – Melanie negó con la cabeza. –Pues así te pasara a ti. Ahora te lucen encantadoras.
-¿Lo crees?
-Estoy segura – sentencio.

Volvieron a casa después del atardecer. Con la barriga llena y cansadísimas.
-Te preparare un baño – prometió Winter. –Primero ve a guardar tus cosas – le dio las bolsas y la chiquilla corrió escaleras arriba.
-¿Dónde estaban? – Bran apareció en el hall, con los brazos cruzados, molesto.
-La lleve de compras y me he olvidado de la hora.
-Y de mi cena – agrego.
-Melanie bajara a cenar, quizá puedan comer juntos…
-Si es que no me envenena antes – bufo. –No quiero que me dejes solo con ella. Cenaras con nosotros – ordeno. –Dile a Lumiere que prepare la mesa para tres.
Winter asintió, dio la orden en las cocinas a las criadas y después subió a la habitación de Melanie por la escalera de servicio. Mientras la niña se bañaba, ella también lo hizo. Ambas estuvieron listas para tomar la cena del viernes junto al joven Hardenbrook.
El menú había cambiado ese viernes. Pasta con carne y brócoli, vino tinto y de postre fresas cubiertas de chocolate.
-Quiero el postre primero.
-¿Estas loca? – bufo Bran.
-Winter – chillo Melanie, ignorando a Bran, cosa que lo hizo rabiar. –Quiero el postre primero.
-No podemos cambiar el orden de las cosas – dijo Winter, sentada frente a la niña, a la derecha de Bran.
-Jum – frunció los labios. –Bien – suspiro resignada. -¿Mañana me llevaras a la playa?
-No puedo, linda. Es mi día libre…
-¿Me dejaras sola? – pregunto alarmada.
-Solo un par de horas. Volveré al anochecer.
-¿Lo prometes? – Melanie busco la mano de Winter sobre la mesa.
-Te lo prometo.
-Dios las hace y ustedes se juntan – gruño Bran. Lumiere dejo los tres platos de pasta frente a los comensales. Las otras criadas bañaron de salsa la pasta y dejaron los platos de la ensalada a un lado, llenaron las copas de vino, excepto la de Melanie, y las de agua.
-Buen provecho – desearon Lumiere y la criada. Se perdieron por la puerta de la cocina.
-Esto tiene buena pinta…
-Ojala te ahogues con el brócoli – murmuro Melanie y contenta comenzó a comer.
Con elegantes modales Bran comió su pasta. Melanie, criada en el seno de una familia adinerada y elegante, compartía los modales. Winter a pesar de su origen humilde aprendió el fino arte ante una mesa adinerada. Cuando Bran estaba a la mesa, detestaba que hablaran. Solo se podían escuchar los choques de los cubiertos con la fina vajilla, los sorbos ruidosos de Melanie al beber de su copa de agua y sus exagerados alagados a la comida de Lumiere. Winter, sonreía por lo bajo, ocultando la sonrisa tras la servilleta de tela blanca; Bran chocaba los dientes y le lanzaba miradas asesinas, pero la niña seguía molestándolo, adoraba molestarlo. Winter no podía negar que Bran lucia devastador y salvaje estando furioso, sus ojos se entrecerraban, las venas de sus brazos resaltaban y de una forma extraña la excitaba.
Terminaron la cena en silencio. El postre llego y los ojos de Melanie se abrieron ansiosos.
-Mmm, doble ración por favor, Lumiere.
-Clago pringsesa – sonrió el hombre y lleno a rebosar su tazón.
-Mmm… ¿escupiste en las fresas del amo? – pregunto burlona.
-Señogita, pego que cosas dice… - sonrió divertido.
-Deberías, Lumiere.
-Melanie, cierra la boca si no quieres ir a tu habitación sin postre – amenazo Bran.
-¡Uy! Mira como tiemblo – rodo los ojos.
-¡Es todo! – dio un golpe a la mesa que hizo dar un brinco a Winter, que había permanecido en silencio, perdida en sus muecas. -¡Fuera de mi vista, ahora!
-Gracias – Melanie se puso de pie junto con el tazón de cristal entre sus manos y abandono el comedor.
-Y tú… - Bran se volvió a Winter. La señalo. -¿Cómo la soportas?
Levanto los hombros. No la soportaba, la quería.
-Con su permiso – se puso de pie dispuesta a abandonar el comedor.
-Para ti no hay fresas a menos que vayas con tu vestido de maid – murmuro Bran, jalándola del brazo para que solo ella escuchara.
-Entendido, señor – sonrió Winter coqueta antes de dejarlo solo, e ir en busca de Melanie.

No se anuncio para entrar a la habitación. Encontró a la niña tendida en su cama de dosel comiendo contenta las fresas, sabía que se había salido con la suya al hacer enojar a Bran. Melanie hacia la mayoría de las cosas por una razón, hacerlo rabiar.
-¿Quieres? – se incorporo y le dio espacio para que se sentara. Winter se quito los altos zapatos y se sentó junto a ella, tomo una fresa y sonrió a la niña que tenia la boca manchada de chocolate.
Comieron en silencio casi hasta terminar las fresas. Entonces, Melanie rompió el silencio.
-¿Qué se siente estar enamorado?
-¿De dónde sacas esas preguntas? – cuestiono sorprendida Winter.
-No se – confeso levantando los hombros y mordiendo la fresa que tenía entre sus dedos. –Dime, ¿Qué se siente?
-Bueno… - Winter chupo el chocolate de sus dedos y se acomodo para comenzar a hablar. –Es como sentir mariposillas en la barriga – Melanie la miro con el ceño fruncido. –Vale… - se lo pensó mejor. -¿Cómo te sientes al ir a ver a tus tías a España?
-¡Muy feliz! – brinco sobre la cama.
-Pues estar enamorado es esa misma sensación multiplicada por mil – dijo. –Ves a la persona que te gusta y sientes que solo estas él y tu. No hay nada más en el mundo que ustedes dos – agrego soñadora.
-¿Te has enamorado, Winter?
-No lo sé – murmuro.
-¿Por qué no lo sabes si acabas de decirme que se siente? – razono.
-Es difícil saberlo, Mel. Cuando eres mayor las cosas solo se complican, por eso disfruta tu vida ahora porque después será un caos – la niña hizo cara de susto. –Mentira, Mel, estar enamorado y vivir la vida es lo más maravilloso del mundo. Cuando te suceda, simplemente lo sabrás. Tu corazón latirá de prisa, querrás estar entre sus brazos, escuchar su voz, sus risas, perderse en sus ojos y sus sonrisas…
Un par de sonoros golpes rompieron la atmosfera rosa en la que ellas se encontraban.
-No hay nadie – gruño Melanie.
Sin embargo Bran irrumpió en la habitación.
-Ya debe estar listo mi baño… - dijo. –Melanie, te he dicho mil veces que no comas en la cama.
La niña levanto una ceja y tomo la última fresa del tazón para devorarla, masticando con la boca abierta, provocando que a Bran se le tiñeran las orejas de rojo, furioso. Nadie lo desafiaba. Nunca. Y esta mocosa estaba jugando con fuego.
-Winter, quiero mi baño ahora - dicho eso salió de la habitación, azotando la puerta tras de si.
-No te vayas…
-Es hora de dormir, lindos sueños y no olvides cepillar tus dientes – le dio un beso en la frente y tomo el tazón para salir de la habitación de la niña.
Apenas cerró la puerta, sintió que Bran la jalo por el pasillo una habitación lejos de Melanie.
-¿Qué haces con ella ahí adentro?
-Solo platicábamos – contesto. Bran estaba tan cerca de ella que podía sentir su cálido aliento rozar sus labios.
-No puedes dejarme sin mi baño relajante, Winter – le tomo la muñeca y llevo la mano de ella hasta su dura entrepierna. Winter jadeo. -¿Sientes esto? Winter tienes que relajarme… - ronroneo cerrando los ojos. Ella acaricio el duro bulto con la mano, al tiempo que él recargaba las manos en la pared.
-Si… Por favor…
-¡Winter!
Del sobresalto Winter dejo caer el tazón sobre sus pies. Siseo de dolor.
-¿Estas bien? – Melanie hizo el intento de acercarse, pero Bran le empujo hacia atrás.
-Vete – le dijo serio. –Llama a Briseida y dile que se rompió algo, no camines por aquí, ¿Esta claro?
La niña asintió errática y corrió en la dirección contraria para llamar a la criada.
-¿Estas bien? – Bran estaba en cuclillas ante Winter.
-Si – mintió. Intento moverse pero el golpe de tazón sobre el empeine de su pie izquierdo había sido duro, además se había cortado. La mancha de sangre crecía cruzando el tejido de la media. Estaba descalza, había olvidado sus zapatos en la habitación de Melanie.
-Mientes – gruño Bran y la tomo en sus brazos lejos de los pedazos de cristal rotos. Ella lo abrazo del cuello para no caer. La llevo a su habitación cruzando el pasillo en silencio. –Abre la puerta – ordeno. Ella obedeció y una vez dentro, con una patada cerró la puerta. La dejo sobre la cama, y subió su vestido para abrir los broches del liguero y liberar su pierna de la media.
-¿Qué diablos hace? – chillo.
-Como si antes no te hubiera visto desnuda, Winter – comento ladino. Acaricio su pierna una vez que esta estuvo descubierta por el nylon de la media. Observo su pie. -¿Dónde está el botiquín de primeros auxilios?
-En la puerta del espejo del lavamanos – informo.
Lo vio levantarse y después volver. Dejo el botiquín en el suelo, impregno algodón con agua oxigenada y tomo el pie de Winter con firmeza sin lastimarla, para limpiarlo. Winter siseo una vez que el agua toco su herida.
-Basta – pidió chocando los dientes. –Arde… Ya estoy mejor.
-¿Y que eres tu, medico? – levanto una ceja retorico.
-Pues usted no es medico tampoco.
-Mi madre fue enfermera y mi abuela antes que ella. Creo que se suficiente –de nuevo presiono la herida con agua oxigenada.
-¡Ay! – intento alejarse pero inútilmente, Bran la tenia bien afianzada del pie. -¿Es profunda? – pregunto con temor cuando él comenzó a limpiar su pie solo con agua.
-No. Parece que no necesitaras puntos – informo concentrado. Vendo su pie. –Listo.
-Gracias – sonrió mirándolo a los ojos. Ese verde oscuro de su mirada tenía un brillo peculiar esa noche. Un brillo pacifico, como si estuviera en paz consigo mismo. Winter conocía esa mirada. No dejo de observarlo a la espera de que pasaría después.
Acaricio su pie y fue subiendo poco a poco hasta su cadera. Su mirada hambrienta lo dijo todo. Como dos salvajes comenzaron a besarse. Primero lentamente y después fue subiendo la intensidad del beso, ella lo abrazo con las piernas y él la aplasto sensualmente con su cuerpo.
Con manos temblorosas ella abrió cada botón de la camisa de seda de Bran. No quería arruinar la tela con la desesperación que estaba por explotar en su cuerpo, él la miro con una sonrisa. Cuando la camisa estuvo abierta, él mismo se saco la corbata y se la paso por la cabeza a ella. Y al contrario de ella, Bran bajo el zipper del vestido gris con seguridad y precisión. Winter estuvo desnuda ante sus ojos, solo con la corbata cruzando el canalillo de sus pechos.
-Me vuelves loco – dijo para asombro de ella. Nuevamente se lanzo a besarla, mientras él se bajaba los pantalones y quitaba sus zapatos con la punta de sus pies.
Él se giro para estar bajo el cuerpo de Winter.
-Hazme tuyo – dijo tomándola de la cadera. Winter tomo su pene entre sus manos y lo froto, la dureza de su miembro aumentaba a cada palpitación y roce de su palma. –Espera – dijo antes de que ella lo montara. –Quiero terminar en ti… - se estiro para tomar de su mesa de noche un preservativo. Quiso abrirlo con los dientes pero ella lo detuvo. –Así que has ido a clases de sexualidad – bromeo.
Cubrió su dura extensión con el látex y finalmente con una sonrisa en su rostro perlado de sudor lo alojo en su cuerpo hasta la base, soltando una maldición cuando estuvo por completo unido a ella. Bran la tomo de la cadera con los ojos fijos en su rostro, mareado de placer y tensando la mandíbula al tiempo que ella movía su cadera lentamente, desquiciándolo. Sus movimientos eran suaves, en círculos. Apremiando el placer.
Cada embiste era recibido por ella con una sonrisa y un jadeo que escapaba de su garganta. Sus respiraciones de mezclaban sincronizadas, alteradas. Winter jamás había sido tomada de esa forma, con exigencia, urgencia y necesidad. Parecía que Brandon sentía que el Mundo se acabaría si ella no estaba entre sus brazos, sollozando de placer.
Él adoraba la forma en que ella se mecía entre sus brazos, ocultando el placer del que él era culpable de provocar. Cada mueca, ruido y movimiento eran gracias a él, se sentía el amo del Universo cuando la miraba caer derrotada entre sus brazos, con una sonrisa que inútilmente trataba de ocultar tras la cortina de largo cabello negro como la noche.
Las paredes tibias de su cuerpo lo ceñían ofreciéndole una mayor satisfacción. Winter modio sus labios y enterró las uñas en las almohadas. No podía soportar más. Con un movimiento ágil la coloco debajo de él, sus embistes eran rápidos y fuertes, provocando el libre movimiento de sus redondos pechos. Él quería más, mucho más. La tomo de la espalda y la subió para pegarla a su cuerpo, y así, ambos balancearse en un placer que los arrojaría como el agua contra las rocas en los acantilados, con potencia. La cabeza le daba vueltas al escuchar los murmullos de placer de Winter. La chica tenía una voz suave, los cabellos negros como la noche abrazaban su pálida piel haciendo un contraste maravilloso.
-Mmm, Bran… - gimió Winter sin poderse contener. Pero él estaba tan a gusto entre sus piernas pálidas y suaves que no hizo mucho caso al desliz de ella.
Con un par de embistes más, ambos cayeron exhaustos y satisfechos sobre el colchón. Bran no dejo de abrazarla, estrechándola contra su pecho, como si se aferrara a un salvavidas.
Winter acaricio su rostro barbudo y le dio un suave beso en la punta de la nariz. Intento salir de la prisión de sus brazos.
-No te vayas – el tono de su voz fue un suave gemido lastimero. –Quédate conmigo, solo hoy – pidió, sus ojos verdes la dejaron helada. Él estaba siendo sincero. –Puede entrar Melanie y envenenarme o matarme mientras duermo – agrego en broma.
-Bien – asintió y lo abrazo por la cadera.
-¿Te divertiste tanto como yo? – pregunto apagando las luces de la habitación y volviendo a la cama para arroparla con la sabana de algodón egipcio de su enorme cama.
-Usted siempre es divertido – contesto diplomática, cuando en realidad deseaba gritarle un cumplido acerca del maravilloso amante que era.
-Quisiera creerte – murmuro pasando el brazo sobre el estomago de ella y pegándola a su duro torso.
-Lo que digo es verdad…
-Por eso mi única familia me odia, ¿ah? Dime la verdad, Winter. ¿Soy un monstruo?
-La niña perdió a sus padres. La única familia que ella conoce son sus tías de España. No puede culparla por eso…
-¿Por qué te quiere a ti y no a mi?
-Mi madre la crio. Creo que soy como una hermana para ella.
Bran sonrió.
-Bendito Dios que no eres una hermana para mí – le tomo la barbilla para besarla con ternura. Jamás la había besado así. –Buenas noches, Win – murmuro, acomodo su cuerpo junto a ella de modo que cada pulgada de sus cuerpos desnudos se tocaran.
¿Cómo podía dormir Winter después de todo aquello? ¿Qué significaba?
Una de las razones por las que no dejaba este lugar era ese asombroso hombre desnudo que dormía a su lado: Brandon Hardenbrook.

enero 21, 2012

Delirios Placenteros.....Capitulo 2

Aquí es sábado!!! Un sábado rico y fresco. Les traigo este capitulo que es el segundo de esta ida de avión como diría mi sirena Teles :3
Escribirlo fue algo lindo, he de confesar que me trato de esmerar en la historia y es que aveces Talon se me rebela xD
Espero les guste y esperen el próximo!! n.n
NA: Espero te agrade Beu!! lo he hecho con buena intención y de buen corazón! Tu tranquila que si lo tendrás despues de todo alguna de las dos debía tener su final feliz y como quería :D

Disclaimer: La mayoría de los personajes no me pertenece a mi sino a la mente genial de Sherrilyn Kenyon, solo la historia y uno que otro personaje es mio. Este escrito no tiene el fin de promoverse comercialmente ni de revocar cualquier derecho solo tiene el objetivo de entretener.

(Ya con la Ley SOPA una toma precauciones) ;D

Agradezco la portada que ha hecho Beu!!! quedo linda!! :D







Capitulo 2: Neblina

Muy dentro de mí no tenía la intención de sorprenderme. No era secreto que conocía a personas que no solo eran brujas o sacerdotisas. El ejemplo más claro que tenia eran las hermanas Deveraux; Por lo que sabía todas tenían algo con que sorprender. Poderes sensoriales que incluso podía casi adivinar que no ocupaban al 100 por ciento.

Pero saber que la mujer frente a mi quizá sufría por aquello eso me descolocaba de una forma extraña.

-Bruja… Ok donde está tu escoba, el gato y el sombrero- Quise aligerar el ambiente, su rostro se había convertido en una mezcla de disculpa y preocupación.

-No es gracioso- Murmuro reprimiendo una sonrisa tímida.

-Lo sé, solo quería ver una sonrisa en tu rostro…-

-Fallaste…- Suspiro –De verdad es que pasa algo conmigo, no sabes cómo es el tener habilidades diferentes a los demás y que por ello no puedas acercarte a alguien sin que exista la posibilidad de que resulte herido…- Se llevo ambas manos a su rostro como quien quisiera cubrir la culpa. Esa imagen me traspaso.

Yo había sentido en carne propia como era el sentirse de ese modo, herir a todo el que estuviera a tu lado, había experimentado la culpa y el sentimiento de no pertenecer con el mundo y para ser sinceros aun lo experimentaba cuando miraba el amanecer solo, cuando caía en cuenta que no tenía con quien compartir una sonrisa cómplice o un atardecer.

-Cariño- Tome sus manos permitiéndome mirar sus ojos azabache –Lo sé y puedes apostar que no hay nada malo contigo- Su labio temblaba y una lagrima rodaba sobre su mejilla- A veces la vida nos da más de lo que podamos manejar, pero si solo nos limitamos a sobrevivir en vez de vivir. Eso significa que no estamos esforzándonos ni un poco- Sus ojos se fijaron en los míos con dudas, como si quisiera saber de mí, como si quisiera traspasarme y exponerme.

-Hablas como si….-Murmuro.

En un momento cerro sus ojos dejando escapar una exhalación profunda. Así como estaba se miraba divina, concentrada y supe lo que venía.

-No le permito entrar en mi mente a nadie- Me sentí estúpido un momento, pero tenía un lio dentro de mí que ni siquiera me atrevía a examinar ni un poco. Además por la expresión de su rostro en forma de disculpa supe que había sido demasiado brusco.

-No quería ser metiche, solo intentaba…. Bueno solo olvídalo- Conocía poco de las mujeres. Mi hermana Ceara que había sido bondadosa, frágil, pero claro que no es lo mismo mirar a tu hermana que a una mujer.
Antes de Sunshine podía considerar que las mujeres eran difíciles de una manera encantadora. Es decir seguían con la idea del romance, de la pasión y de la seducción. Pero ahora precian demandar más cosas como la fidelidad, la pertenencia, un excesivo acoso, incluso algunas mujeres venían con un kit de perversiones y de feminismo superlativo.

Yo me limitaba a mantener mi cama ocupada, mis sabanas enredadas y mis necesidades cubiertas. Demasiado tenía antes con pertenecerle en cuerpo y alma de la forma más literal a Artemisa. No veía lo mismo con Sunshine porque realmente tenía el firme propósito de ser feliz a su lado, de haber tenido una vida compartiendo todo. Ahora estaba solo por convicción, no deseaba liarme con cualquiera pero apostaba a que la mujer frente a mí se vería deliciosa entre mis sabanas.

Lo que sabía con certeza era que Beu se había enfadado, tenía un ligero aire de molestia en sus ojos, ya que percibí la manera en que se habían puesto tensos al igual que su mandíbula.

-Sabes, no puedo creer que te haya molestado mi bloqueo pero no hayas preguntado cómo se lo que pretendías  hacer- Fingí asombro, después su expresión cambio a interés puro cuando de nuevo poso su mirada en mi y coloco sus manos en mi rostro.

Pude percibir como intentaba tirar y empujar mi pared mental. Quería alejarme de su toque que comenzaba a hormiguera sobre mi piel calentándola deliciosamente. Sus dedos comenzaron a moverse inquietos y ese masaje improvisado se sentía demasiado bien.

Incluso me preguntaba cuan mágicos podían llegar a ser sus manos sobre todo mi cuerpo.

-Como es que sabes que intento….- Murmuro aun concentrada

-Se cosas…-

-Creo que preferiría que me contaras a recurrir con esto- Movió sus manos y aun empujo mi pared con fuerza. Yo comenzaba a incrementar la concentración.

-Ok, primero he de decirte que estoy familiarizado con lo bizarro y paranormal- Bajo sus manos y su mirada, que repentinamente se volvió intensa al fijarse en mi torso. Me regodee de pura vanidad -¿Te gusta lo que ves? – Intervine con el mejor tono que tenia. Había sido muy bueno en el juego de la seducción, de eso ya parecía ser el suficiente tiempo como para considerarme fuera de juego.

-No, es decir si… claro estas bien, bueno más que bien, es decir se nota que…. Bueno tienes un buen cuerpo… pero no digo que no puedas tener intelecto… es decir no solo es el físico… no es que diga que tu eres superficial… Me callare mejor- Escucharla balbucear y hablar tan rápido era de una forma dulce tanto sensual. Cada vez que sus palabras se atropellaban o precipitaban y las contradecía me hacia sonreír.

-En pocas palabras supongo que eso es un sí- Sus ojos miraban repentinamente la mesa de centro. Una capa carmesí cubría sus mejillas con sutileza. Su piel había tomado un color canela en el rostro.

-Ok, estas bueno pero no me cambies el tema- Era increíble cómo podía retomar el control de sí misma. Pero más increíble era aun como sus ojos me contemplaban con sinceridad.

-Bueno para estar parejos tú también estas buena…-El color de su rostro daba alusión al más puro fuego. 
Yo me preguntaba cuan ardiente podía ser tal fuego que apostaba escondía detrás de esa apariencia sencilla.

-Si tu propósito es desviar el tema…. Me rindo- Se levanto del sofá haciéndome consiente de la pérdida de su cuerpo junto al mío. Tomo el tazón y mire como se dirigía hacia la cocina y por último a la tarja en donde lo enjuago y dejo sobre el escurridor de metal –Gracias por el cereal y el cambio de ropa… pero debo marcharme- Se encamino al pasillo y después se perdió en la habitación de huéspedes.

Yo me quede únicamente con una sonrisa de pose, con la inseguridad y con la preocupación de que ella se marchara.

Me quede inerte en la puerta y antes de tocar escuche su voz.

-Una cosa es no poder entrar en tu mente pero otra diferente es saber donde estas así que entra de una vez- Me sorprendí pero no pude evitar la sonrisa que a continuación se esbozo en mi rostro.

-Beu… yo- Mire como se había vuelto a poner aquel vestido rojo. Se acababa de bañar ya que su cabello aun se notaba húmedo y remarcando cada rulo. A pesar de que no llevaba maquillaje como una base o sombras, el gloss en sus labios era sugerente. Ella era una belleza al natural, una diosa si me permito rectificarme. Su cuerpo apostaría se amoldaría debajo de mis caricias. Apostaría que sus labios sabrían a gloria y a cereza.

Sus piernas torneadas eran como veredas que me atrevería a recorrer y descubrir. Incluso sus zapatos me encendían, deseaba incluso que al tomarla los trajera puestos, eso sería lo único que le dejaría portar al embestirla. El solo pensarla en mi cama me endurecía, me hacia ansiarla aun mas y por consiguiente a frenarme y controlarme.

-De verdad les agradezco a ti y a tu amigo la ayuda, pero debo regresar a mi vida, además no me considero lo suficientemente débil como para no defenderme…-Intente interrumpirla pero ella me detuvo –Soy una sobreviviente, eso es lo que hago, vivo cada día en espera de perderlo todo y aun así al final de este me da gusto saber que sigo viva gracias a mi. No me gusta deber favores y mucho menos a personas que no conozco- Sus orbes se fijaron irradiando valentía, fuerza y determinación. De verdad que esta mujer me hacia desearla a cada momento y me agrada saber que era fuerte y que tenía un modo de ver la vida como una guerrera.

-No creo que la intención de Acheron y te aseguro que la mía de igual manera no es el hacerte sentir inútil o débil. Queremos ayudarte, créeme cuando te digo que Acheron no se preocuparía si de verdad no hubiera porque- Ahora fue su momento para evadir su interrupción – Solo quiero ayudarte, que no corras peligro ni que ningún bastardo te lastime
Me di cuenta por la manera en que sus ojos se fijaron en los míos que no estaba acostumbrada a recibir ayuda o que alguien se hubiese preocupado por ella de manera protectora.

-Nadie nunca me había protegido, es decir siempre había adoptado el papel de guardiana, el papel de defensora… -Sus palabras cesaron y pude notar cuan afectada estaba por mis palabras.

-Un paso a la vez…-Murmure y ella sonrió con esperanza.

Después de que ella accediera a salir a comer conmigo, prometiéndole una cerveza e ir a su departamento por ropa y cosas que necesitaba. Me había aliviado escuchar que traería cosas para su estadía y que no pensaba alejarse de mí.

Me encontraba listo y arreglado, le había convencido que siguiera usando mi chamarra porque a pesar de que a vista de su piel expuesta me encantaba y causaba revolución de hormonas teñida de necesidad, también tenía claro que no pensaba compartir la vista con nadie. Seria únicamente la delicia para mis ojos, mi tesoro que no quería compartir con nadie.

-¿Iremos en la motocicleta cierto?- Mordió su labio con expectación

-Pensaba que quizás era más apropiado viajar en el auto para traer tus cosas- Explique, ya que no pretendía que ese fuera un pretexto cuando llegáramos a su casa.

-Tienes razón…-Una súbita aparición de decepción se hizo presente en su rostros a lo que agregue
-Pero te prometo que mañana viajaremos en motocicleta a donde tú quieras… si quieres al fin del mundo- Le guiñe un ojo y ella quedo conforme.
Subimos al Dodge Viper negro, porque además de rápido se me hacia el auto que podría encantarle a ella.

Después de comer unas hamburguesas acompañadas de un par de cervezas y de la conversación mas deliciosa que había tenido en mucho tiempo, tanto que aun dudaba que tuviera una conversación para toar como referencia. Así que la charla que mantenía con Beu la había colocado como la mejor de toda mi existencia.

Su boca al hablar hacia que me perdiera, su voz me embriagaba de calor, de deseo, de interés hacia todo lo que decía, cualquier palabra, cualquier expresión la guardaba celosamente en mi memoria. Sus gestos tanto de sus manos como de su rostro coordinaban con el desenvolvimiento propio y único.

Verla era un completo deleite para mis sentidos.

No habíamos tocado nuestro tema inconcluso, ahora me limitaba a preguntarlo lo básico en su vida. Ella era huérfana, sus padres habían muerto cuando ella tenía 2 meses así que había pasado su niñez en hogares adoptivos hasta que se había quedado con los Briet. Pero su peregrinar en a tristeza no había parado ahí ya que Helen y Pete habían muerto en un accidente de auto. Después habían estado los Weat quienes habían muerto en un horrible terremoto. Supo que las personas morían a su lado y se había puesto el propósito de estar sola y no involucrar a nadie. Solo tenía 15 años cuando había tomado tal decisión, vivió sola y siempre había superado cualquier cosa. Después había descubierto la cantidad de poderes que iban acrecentándose. Confundía la predicción con la suerte, después la intuición con la adivinación. Hasta que la telequinesis y la telepatía habían irrumpido una noche advirtiéndole del mal que pudo enfrentar a manos de un par de ladrones.
También sabía que le gustaba el rock y el pop clásico. Que no soportaba las mentiras y que amaba el chocolate.

Había contado cada detalle con gracia y con un aire de nostalgia como si cada vez emulara la situación completa. Yo solo podía admirar su temple y fortaleza. Me había dado cuenta que ambos habíamos vivido cosas difíciles. La admiraba.

El camino a su departamento demoro más de lo planeado debido a una inesperada lluvia, la misma que causo un caos vial. Estábamos atorados en medio de la avenida principal con las gotas repicando en el auto como sonido de fondo.

-Talon, podrías decirme algo de ti. Al menos así podría dejar de intentar hurgar en tu mente- Su cuerpo se encontraba completamente en dirección al mío. Su boca tenía algo parecido a un puchero mostrándome su inconformidad.

-Hurgar es una palabra muy descortés- Sabia cuan perdido me encontraría de sumergirme en la noche de sus ojos. Comenzaba a creer que tenían un efecto parecido al cálido adormecimiento de una hipnosis. Alguna vez Ceara me había contado una vieja leyenda acerca de que había mujeres que con una sola mirada habían conquistado tierras, que podían tener todo. Ahora dudaba que solo hubiese sido una historia fantástica.

-Que no puedas contarme nada de ti si lo es….- Su entrecejo se  arrugo con desdén.

-Ok, vivo en el pantano- Comencé y reprimí una sonrisa ante su gesto indignada

-Eso lo se Sherlock…-Rodo sus ojos

-Elemental mi querido Watson, también he de agregar que por mucho ese es mi conjunto de libros favoritos-

-Dime algo que nadie más sepa…-Sus ojos brillaron con emoción

-Siempre soñé a una mujer en vestido rojo… y el resto se envuelve en otra pregunta- Conteste avanzando aproximadamente un metro que se había liberado gracias a un semáforo.

-¡Ja! Que gracioso, ¿Así que esa es tu técnica para conquistar?  Bueno Don Juan y Casanova deben estar retorciéndose en su tumba-Su risa y el sarcasmo se perfilaron con diversión mientras yo escuchaba atento. Era tan sencillo estar con ella y me estaba comenzado a gustar el juego que podíamos mantener.

-Bueno, por mi parte puedo decir que hago mi mejor esfuerzo-

-Se nota cariño, pero podrías por favor decirme algo acerca de ti. Algo que no me haga sentir lo suficientemente torpe como por haberte contado mi vida con resumen y critica incluida- En este punto comencé a preocuparme de que en verdad el enfado pudiera no sentarle tan bien.

-De acuerdo tu ganas, por donde empezare- Me lleve las manos al cabello con nerviosismo, como podría mejorar mi vida – Soy un Guerrero Celta, mi edad no está en discusión. Me gusta la cerveza morena- Le tendí una mirada significante y su rostro de nuevo había adquirido el sonrojo canela encantador –Veamos hasta hace unos 4 años no tenia alma, me gustan los días lluviosos y las noches frías. Ah por cierto mi ex-esposa me dejo por otro hombre hace dos años y tengo un puñado de amigos raros, bizarros y extraños que al final de cuentas es lo mismo- En ese instante me sentí vulnerable como si estuviese desnudo en una multitud. Sin saber qué hacer y así tan expuesto y no porque precisamente me había ahorrado los detalles trágicos e innecesarios.

Cerré mis ojos lentamente, quería flotar y desaparecer como podía hacerlo Ceara o Acheron. Deseaba no encarar nada ni una pregunta acerca de nada. Au no me sentía preparado para decir “Pero estoy bien” No quería mentirle a Beu, ni deseaba que me tuviera lastima.

-Yo… yo lo siento Talon- En su voz había disculpa y ternura. Sus manos viajaron a mi rostro y lo acariciaron. Su toque ardía, no había sentido algo así nunca. Me tranquilizo en un instante.

-No debes sentirlo Mujer, tu y yo sabemos que no somos de las personas que nos gusta la lastima de las personas… tu y yo nos adaptamos y seguimos- Ella asintió en silencio, tomo mi mano.

Después de unos minutos encendió la radio y coloco el Ipod.

En un segundo Rest My Chemistry de Interpol inundaba el auto. Su rostro se contemplaba sereno, cerré de nuevo los ojos y deje que la canción me abordara.

-Esa será tu canción- Le pronuncie a Beu quien me miro apreciativamente. Una pizca de cautela se diviso en sus ojos seguido de una sonrisa autentica.

Y sin que nadie pudiera frenarme y sin temor a hacer el ridículo comencé a cantar y a dedicarle los coros. Su labio se encontraba en la prisión de sus dientes.

-Sera nuestra canción- Dijo cuando termino la melodía.

Después de haber estado una hora parados en el tráfico llegamos a su departamento.

Espere que guardara sus cosas y pronto la ayude a bajar su maleta y dos bolsas que se encontraban repletas de igual forma.

Ambos partimos a mi hogar, la noche se comenzaba a extender en el cielo.

-Muchas gracias de verdad por todo- Menciono cuando habíamos cruzado el umbral de la casa.

-Te lo dije Mi casa es tu casa- sonreí con malicia –Y si quieres también mi cama puede ser tu cama- Le guiñe un ojo y ella en respuesta sonrió.

-Eres imposible…

-Admite que estoy mejorando en mi arte de seducción

Vimos un par de películas de Fast and Furious hasta que se quedo dormida. Su rostro sereno parecía irreal. La lleve en brazos a la cama grabándome su aroma y el calor que su cuerpo irradiaba. De pronto soltó mi nombre envuelto en un suspiro.

Mi cuerpo se había estremecido de norte a sur, mi cuerpo reaccionaba a ella con premura y urgencia. Y por lo mismo me decía a mi mismo la importancia de la paciencia. Ahí en mis brazos tuve la epifanía de tenerla no solo en mi cama. De tenerla en mi vida.

La acosté en la cama de la habitación que ya no llamaría de huéspedes. Era su habitación ahora que la había personalizado un poco más, poniendo su ropa, libros y unas cuantas cosas que me daban esencia a su personalidad.

Justo había acabado de quitarle los zapatos y pasarle una frazada por encima cuando tocaron la puerta.

-Hola- Saludo Acheron en la sala.

-Pensé que tocaban la puerta- Dije

-Bueno somos de confianza, toque pero decidí entrar pero que no se diga que no toque primero- Su sonrisa ladina se extendió contagiándome.

-¿Qué tal va todo con Beu?- Pregunto sin rodeos.

-Bueno ella va bien ¿Sabías que es bruja?- Mencione mientras asentía
-Oh sí, pero apuesto a que pueden llevarse bien, ya sabes como Darrin y Samantha de Hechizada-

-Claro apuesto que podrías fungir el papel de la molestosa suegra… Endora- Reí y el hombre frente a mí que llevaba hoy el cabello plata en conjunto con sus lentes y ropa gótica se puso serio

-Touche….-Agrego

-Ella es agradable, me hace sentir bien, es decir no sé muy bien de que o quien se esconde pero la protegeré Acheron- Prometí

-Ambos se ayudaran de eso no tengo duda pero por favor no dejes que ande sola… no es seguro- Y antes de que pudiera decir algo desapareció.

En ese momento se escucho un grito ahogado.

Corrí por el pasillo, quería asegurarme que ella estuviera bien “Es un mal sueño” Pensé.

Y justo cuando abrí la puerta mi sangre se helo. Beu no estaba.

enero 20, 2012

Outtake: Día de lavandería (Maldita delicia & El placer es mio...)

Hoy... Ya se que es día de Maldita delicia. Pero... No es que no tenga preparados los capítulos ni que no los haya editado y agregado imagenes, NO. No crean eso... (lalala ♪♫ XD). Aun así, quería mostrarles un outtake que termino siendo Crossover :} Y me rete encanta *.* Y no es porque salga mi hombre Noah. No, no, no... ¡Que va! XD
Enjoy ^^ Que ya me emocione harto... Tan solo de buscar imagenes. ¡Puuuf! :}





Outtake: Día de lavandería


-Así que… Tu prima tiene novio – Lex limpiaba sus manos en un trapo y camino alrededor del auto que Kenzi revisaba. – ¿No te habías enterado, Jack? – inquirió fingiendo sorpresa.
Lex había pillado a Kenzi en un bar, muy interesada en un tipo moreno de cabello largo. Para cuando Kenzi se dio cuenta de que Lex los miraba divertido con ambas cejas levantadas, intento que le guardara el secreto, con nulos resultados. Lex amaba molestarla, y justo ahora la delataba con su primo. No es como que quisiera ocultar su felicidad, pero sabía que Jack la quería como una hermana y la protegería aun más que a Luna, debido al pasado que arrastraba Kenzi.
-Cierra la boca, cretino – lo amenazo con una llave.
-¿Entonces es verdad, Kenzi? – Jack la miro, Kenzi bajo la mirada y asintió, dándole un pisotón a Lex.
-¡Hey! – salto sobre un pie. –Pensé que ya sabía…
-¡Mentiroso!
-¿Quién es él? – pregunto Jack, ignorando los bufidos molestos de Lex.
-Es…
-¡Enorme! – jadeo Lex. –Lo digo en serio. El tipo mide como dos metros. Un gorila – Kenzi sonrió al recordar que ella así lo llamaba antes. –Dios, es un gorila, sí, eso. Kenzi parece su hija a su lado, tan pequeñita – agudizo la voz.
-Al menos mi novio es guapiiiiiisimo – exclamo Kenzi orgullosa y presumida – y no un estúpido descerebrado como la fulana con la que andas – remato mirando a Lex, ladina.
-Ella solo es para pasar el rato… - explico restándole importancia.
-Lex – previno, Jack.
-¿Si, dime?
-Eres un imbécil machista de mierda. Y te atreviste a llevarla a la boda de la amiga de Luna. Que mierda eres – gruño molesta. –Nosotras no somos para pasar el rato.
-Ella sí.
-Lex…
-¡Estúpido! – Kenzi se le lanzo encima, pero antes de que ella le propinara un puñetazo unas enormes manos la tomaron de la cadera en el aire. Ella jadeo, miro hacia atrás con odio y de inmediato como si alguien hubiera apretado el botón de ‘apagado’ su semblante colérico cambio a uno tierno casi irreal para ella. –Hola…
-Hola, gatita – sonrió Noah. Le dio un suave beso en los labios y la coloco de nuevo en el suelo. -¿Qué hacías? Tus gritos se escuchaban hasta la esquina – sonrió divertido.
-¿Quién eres tú? – Jack cruzo los brazos sobre su pecho y lo miro con detenimiento.
Noah vestía unos jeans, botas y su típica playera que se ajustaba desquiciante sobre su duro y perfilado torso, con las mangas sobre sus codos, mostrando el tatuaje de su brazo. Su cabello despeinado y esa barba que tanto adoraba Kenzi. Su miraba oscura reflejaba ternura, amor. Ni Jack podía negar eso, aun así, no dejo la postura ruda y amenazante.
-Noah, soy…
-Ya sé quién eres.
-El chivato de mierda de Lex se lo dijo – agrego Kenzi, miro a Noah como si el sol la deslumbrara.
Lex bufo, pero se mantuvo detrás de Jack.
-¿Tu eres…? – Noah levanto la ceja sin dejar su semblante pacifico.
-Es mi primo…
-Jackson Phellan – dijo, pero no estiro la mano para saludarlo, Kenzi detuvo la mano de Noah, que tenía toda intención de plantarse frente a Jack para estrecharla. – ¿Qué es lo que haces aquí?
-Vine a recoger a Kenzi para ir a cenar…
Kenzi sonrió como boba.
-Está ocupada – sentencio Jack.
-¡Qué! - chillo la chica. –Estas completamente fuera de lugar – arrojo el trapo sucio a la cabeza de Lex y se fue adentro a quitar el overol. Regreso en menos de un parpadeo, con los 3 hombres en el mismo sitio en donde los había dejado, salvo que más tensos. –Listo – sonrió a Noah y lo tomo de la mano. –Adiós…
-Kenzi – llamo Jack.
-Jack, no estoy para que juegues el rol de mi madre. Ya soy mayor y se cuidarme sola…
-Me mataría antes de hacerle daño – aseguro Noah.
-Yo te mataría primero que ella – lo señalo.
-Lo tendré en mente – Noah asintió y salieron juntos del taller de autos.

Lex se froto la cara, embarrándose grasa en las mejillas.
-Te lo dije, es enorme.
-¡Y tu un imbécil! El tipo la adora. Además, te salvo a ti de un duro golpe por parte de su puño – sonrió.
-Jum – frunció los labios. –Muérdeme…
-Eso se lo dices a diario a tu novia, ¿eh?
-Serás imbécil – bramo Lex. –No es mi novia. Salimos un par de veces y bueno, no quería ir solo a la boda de Emily. ¿Cómo me vería?
-Como el tarado que eres – respondió divertido.
-¿Lo ves? Más claro ni el agua. Me vería como un idiota frente a Renata. Ella con su novio rubio millonario. Venga, no quería ir solo, es mi excusa.
-Que excusa tan mierda. Eres un chapucero. Fue tu culpa que ella este con el rubio.
-Su hermano me odia – recordó.
-Vincent es un buen tipo. Solo quiere lo mejor para su hermana. Eres un buen prospecto, ya alguna vez se lo dijiste a Renata si mal no recuerdo.
-Soy lo mejor de Manhattan – inflo el pecho con orgullo.
-Si tú lo dices – Jack rodo los ojos.
-Dame algo de crédito, somos amigos.
-Pero no soy un chivato de mierda – finalizo.

Terminaron con el auto que Kenzi arreglaba y cerraron el taller. Lex camino hasta su loft.
Quizá si era su culpa que Renata estuviera con ese rubio, en verdad que se le veía feliz. Él no quería arruinar esa felicidad que se podía leer en sus verdes ojos. Él solo quería verla contenta y si ella lo estaba con el rubio, él no sería la nube gris en su día de picnic, no importaba que tan necesitado estaba de ella, de su cuerpo, de sus labios, de sus jadeos, él lo único que quería era verla feliz.
Llego a su loft. Sin ganas de nada más que de tumbarse en la cama y pensar en lo que pudo ser, se desnudo por el pasillo y encendió la luz de su habitación pegando un grito de sorpresa. Deborah lo esperaba con un conjunto de lencería diminuto, Lex trago y levanto una ceja juguetón.
-Hola – Deborah gateo sobre la cama y se quedo en la misma posición levantando el trasero. La chica de tez apiñonada y ojos color miel, era la viva imagen de la lujuria, según Lex.
-¿Cómo entraste?
-Tengo mis secretos – sonrió.
-Ya veo – Lex rodeo la cama y se recostó.
-Tengo ganas de jugar esta noche…
-¿Scrabble? Nah – frunció el ceño y negó con la cabeza. –Yo estoy cansado. A dormir… - se volvió sobre su hombro derecho, dándole la espalda, y cerró los ojos, quedándose dormido de inmediato.





***






Se estiro por completo sobre la cama, pero algo interrumpió su rutina al despertarse. Abrió solo un ojo, conociendo la razón del por qué no tenía la cama solo para él.
-Se supone que tu hechizo acaba a media noche – dijo con la voz ronca.
-Pensé que te gustaría que despertáramos juntos – su voz melosa lo hizo estremecer de mal modo. Se giro dándole la espalda y se sentó al borde de la cama, frotando sus ojos y su cabello, deseando con todas sus fuerzas que ella fuera una terrible pesadilla.
Ojala jamás se la hubiera encontrado aquella vez en la fiesta, a donde Jack y él habían ido a tocar.
Rasco su barbilla y se puso de pie.
-Tienes que irte, mi esposa llegara en cualquier momento. Y ella es cinta negra en karate. No quieres meterte con ella, créeme – intento sonar convincente.
-¿Qué? ¿Estas casado?
-Eso dije, si – sonrió divertido. –Ya sabes dónde está la puerta. Hasta nunca – salió de su habitación y se dirigió al baño. Cerró con llave y espero dentro hasta escuchar los ruidos desesperados. Por fin los escucho y salió con una sonrisa victoriosa.
-¡Dios, por fin! – se arrojo a la cama y se tumbo un rato más, las sabanas aun estaban tibias, pero el perfume de ella estaba ahí.
A regañadientes tomo las sabanas, jalándolas con furia, y las metió en una bolsa de tela que Kenzi le había regalado. Misma que su amiga Marion había hecho para esos días de lavandería.
Una vez vestido, salió a la lavandería más cercana. No tenía prisa. Sábado por la mañana, nada que hacer, ninguna cita ni fiesta. Era libre de pasar todo el día, si quería, en la lavandería. Observando a las lindas solteras lavar ropa. Imaginándose como seria tomarlas sobre una lavadora en ciclo de secado. Seria excitante, pensaba.
Con esa idea en la mente coloco las monedas para accionar la maquina, después le puso jabón, y se sentó frente a la maquina a esperar que las únicas sabanas que tenía su cama, quedaran limpias de ese dulzón y desquiciante perfume barato. Una mujer no podía oler a jabón chiquito todo el tiempo. No, señor. Una mujer tenía que oler a rosas, talco para bebés, como una suave brisa que llegara del campo. Tenía que oler a gloria. Froto su cara, aun cansado.

Lex miraba hipnotizado a las sabanas revolverse. Ir y venir en un remolino. Tal como era su vida ahora. Ir y venir de cama en cama, con desconocidas caricias vacías y miradas que no lo calentaban ni tantito.
-¡Hey, Lexia! – levanto la vista. Era Kenzi. Entre sus brazos tenía una bolsa de tela como la de él, solo que la de ella era color marrón oscuro, deslavado.
-¡Hey! – levanto solo un extremo de su boca. -¿Tu novio te dejo salir a lavar la ropa? – sonrió burlón esta vez.
-Su novio vino a lavar ropa con ella – Noah apareció atrás de Kenzi tan de pronto que Lex sintió su estomago revolverse, envuelto en vértigo.
-¡Epa! – exclamo en son de paz. –Kenzi es como la hermana menor que jamás desee… No lo tomes personal, grandulón – levanto las manos, rindiéndose.
-Ya… - asintió tranquilo. –No pasa nada – tomo la bolsa de Kenzi y fueron al fondo de la lavandería.
Lex suspiro, los observo un rato. Cautivado de forma extraña por el comportamiento del enorme novio de Kenzi. Él separaba la ropa de ella, mientras Kenzi lo miraba frunciendo el ceño. En más de dos ocasiones agito entre sus dedos las bragas de ella. Y la chica desesperada saltaba sobre Noah para que nadie las viera.
Wow. ¿Así tenía que ser una relación en serio?
Ir juntos a la lavandería. A los bares. Al cine. Viajar en tren. Pasar el tiempo juntos, y como dijo Deborah: Despertar juntos.
Soltó el aire por la boca y poco le falto para soltar trompetillas como un niño aburrido. Cerró los ojos y dejo caer la cabeza en el asiento de atrás, mirando los ventiladores viejos que se bamboleaban precarios desde el techo verduzco del local.
Tal vez más tarde iría a buscar a Ren…
-Pensé que jamás lavabas tu ropa, Lexy – Kenzi lo miraba recargada sobre una maquina.
-Soy un estuche de monerías – contesto Lex, sin cambiar de posición. –Yo pensé que eras lesbiana, ¡y mírate!
-Ja, ja, ja, que gracioso – le mostro la lengua a pesar de que él no podía verla. –Ya en serio… ¿Qué haces aquí?
-No queria que su perfume barato siguiera en mis sabanas. Son las únicas que tengo, ¿sabes?
-Bien – asintió. -¿Y buscaras a aquella que tenga el perfume adecuado para así no tener que lavar las sabanas después?
Lex sonrió divertido y se digno a mirarla.
-¿Cuánto te tomo saber que el grandulón era el indicado? – con la cabeza señalo a Noah que terminaba de meter la ropa en una maquina.
-Es raro, porque ninguno de los dos queria aceptarlo – recordó nostálgica.
-Curioso – concordó. –Pues bien, en mi caso, es divertido saber que tuve a la mujer entre mis brazos pero fui un pendejo y la deje ir.
-Quizá ella…
-No Kenz – negó con la cabeza, abrumado. –Ella está con alguien. Y la veo feliz. Quizá era el destino que yo no estuviera en su vida.
-¿Qué tal si vas a echar un vistazo? Tal vez ella se aburrió de su perfecto novio, ¿no crees? – inquirió.
-A veces dudo que seas mujer, Kenz.
-¿Cómo, por qué?
-Porque eres malévola, niña. Dios. Pobre de tu novio. Eres una bruja.
-Que torpe eres – le hizo una seña obscena con el dedo medio y camino hasta su enorme novio, que la recibió elevándola en el aire y dándole un beso caliente que incluso Lex tuvo que desviar la mirada para no sentir celos de esos tortolos.

La maquina pito cuando sus sabanas estuvieron secas. Como hombre orgulloso que era las metió echas bola en el saco de tela. También, como era de suponerse, no entraron al saco de tela.
-Venga, también hacia eso antes de conocer a Kenzi – era el grandulón.
-Yeap. Quizá algún día me la prestes un rato – Noah lo miro. –Digo, para que doble mi ropa – se apresuro a agregar.
-Entiendo – soltó una grave carcajada. Sacudió las sabanas y le mostro como doblarlas, de modo que tuviera espacio de sobra en ese saco de tela amarillento. –Listo.
-Gracias, hombre. En serio no sé ni lo que hago o digo.
-Suele pasar.
-Más cuando tienes un gorila al lado – murmuro pero Noah si lo escucho.
-El gorila más feliz del mundo – le dio un, según él, suave golpe en el hombro que hizo que Lex diera un par de pasos al frente para no caer de bruces inmediatamente. -¡Woah!
-Adiós, Lexy – se despido Kenzi. Lex levanto la mano y asintió mientras ellos se iban.
-Adiós, peque… - agrego Noah.
-Si – sonrió.

Regreso a su loft y tendió la cama con las sabanas libres de perfume barato y jabón chiquito. Y mientras tendía su cama recordó el tiempo con Renata. Las fresas sobre todo. La tarde entera junto a ella. Principalmente el sabor de su piel azotándole la lengua. ¿Cómo fue tan tonto para dejarla ir así como así?
¡Ah, ya! Miedo.
¿A qué?
A enamorarse de ella. Demasiado tarde había puesto barreras.
Ya estaba enamorado de ella. Perdidamente enamorado de ella.

enero 18, 2012

El lado Oscuro: 2. Reloj suizo

¡Hola lectoras! :D Hemos tenido un aumento de visitar muy considerable. Ojala que aquellas que nos visitan, ya sea porque corren la voz o simplemente cayeron aquí por alguna búsqueda en San Google, ojala se queden para poder continuar con nosotras en esta travesía. Solo que ahora con la dichosa Ley SOPA y la Ley Doring - si mal no me equivoco - van a cerrar pagina o blogs, como este. Espero que no en serio. Porque este es nuestro bebé, y me voy a volver chango si sucede eso ),:
En fin... Disfruten su estancia en este pedacito de la red. Dejen sus comentarios o sus reacciones. Corran la voz y... Enjoy ^^


2. Reloj suizo

Desnudo…
Ella evito jadear. Conocía ese poderoso y delgado cuerpo a la perfección, y tenía que callarlo. No sabía cómo superaba día a día el saber que vivía bajo el techo de un hombre tan apuesto como él.
Se dirigió al cuarto de baño, no sin antes lanzar una fugaz mirada a ese cuerpo maravillosamente tallado. Cada musculo en su lugar, tenuemente bronceado, con las piernas fuertes y largas. El cabello largo y rebelde, la barba de días. Cualquier otra chica ya se hubiera lanzado a los pies de ese hombre hermoso. Ella no podía y no debía.
Contra todos sus instintos llego al cuarto de baño y lleno la tina con agua caliente, sales relajantes y burbujas, e ilumino el cuarto de baño con un par de velas con olor a canela que el joven amo ordenaba que encendiera.
-Su baño está listo – llamo desde dentro, al pie de la tina.
El baño era como otra pieza, formidable y glamurosa, con una tina, donde bien cabían dos personas, moderna y truncada en mármol negro reluciente, el suelo de mármol blanco con tenues rasgos grises, espejos que cubrían la superficie de una pared, incluso tenía un diván frente a la tina, con una pequeña mesita donde la mayoría de las veces había vino tinto y copas, un enorme ventanal detrás del diván con una magnifica vista al jardín y un lavamanos doble con espejo de medio cuerpo. El cuarto era impecable y deslumbrante. El vapor del agua caliente empaño la regadera de puertas de cristal, los espejos y los vidrios del ventanal.


Pero toda esa decoración digna de un sueño quedo eclipsada cuando él apareció desnudo, con un andar resuelto digno de modelo de las más prestigiosas pasarelas. Trago en seco al verlo pasar a su lado. Antes de entrar a la tina la miro con una ceja arriba y las comisuras de sus labios carnosos formando una petulante sonrisa.
-Quítate la bata – ordeno. Su voz gruesa y masculina con un acento ingles que la mataba le golpeo los sentidos con un mazo. No tuvo más elección que obedecer, parecía que aquella voz la hipnotizaba. –Así me gusta – le acaricio el brazo con los dedos provocando que su piel pálida se enchinara, una vez que dejo caer la bata a sus pies.
Sintió la mirada verde oscura recorrerla lentamente.
Su atuendo provocativo consistía en un vestuario de maid antigua que era obligatorio cuando estaba solo a los ojos de él. La falda corta de holanes, el corsé que hacia resaltar sus pechos, las bragas y sostén de encaje negro junto a un liguero que sostenía unas medias a juego, sobre esos stilettos de suela roja y tacón de aguja, y para rematar sus labios rojos y su cabello en una coleta alta.
-Estoy listo para mi baño – entro a la tina. –Luces deliciosa – adulo mirándola, perdiendo la mirada en sus pechos.
Una nerviosa sonrisa apareció en Winter, se hinco y tomo la esponja junto a la barra de jabón para comenzar a frotarlo. ¡Dios! Ni ella misma conocía ahora la razón por la que seguía en ese lugar. Su amiga diría que estaba completamente loca por aceptar bañar a ese hombre de 26 años con una fortuna hasta como para limpiarse el culo si quería. Que aparte de arrogante era guapísimo. Apenas podía recordar cómo era cuando tenía 5 años y jugaba con ella en los jardines en busca de caracoles y flores para su madre. No era nada a como era ahora. Un hombre hecho y derecho. Un hombre en toda la extensión de la palabra. Uno que había perdido a sus padres hace algún tiempo, y que su única familia había perecido en un espantoso accidente. Aun tenía a Melanie a su lado, pero esa chiquilla lo odiaba tanto o más que él a ella. Winter lo sabía y prefería callar antes de presenciar una pelea verbal sin cuartel.
-¿Quién era tu amigo?
-Max – respondió. –Me trajo a casa…
-No me importa – atajo la explicación de Winter. –No lo quiero en mi propiedad de nuevo. ¿Entendido?
-Entendido, señor – asintió. Lavo su cabello con suavidad y su torso manteniendo los labios apretados. ¿Qué pruebas divinas eran estas? ¿O quizá eran torturas? Cada vez que pasaba la esponja por sus músculos, su propio cuerpo ardía y reclamaba su toque.
Una vez que estuvo limpio y notoriamente relajado salió de la tina, ella lo cubrió de inmediato con una toalla roja.
-Quiero para mañana el desayuno en la cama.
-Claro, señor – él cubrió sus caderas y peino su cabello con las manos.
-Además, esta noche… Deseo tu compañía, ¿entendido?
-Señor, mañana es un día largo…
-¿Acaso quieres que te castigue?
-No, por supuesto que no.
-Entonces haz lo que digo – acaricio su mejilla y salió del cuarto de baño.
-Dioses, como lo odio – murmuro Winter, cuando él estuvo fuera de su vista.
Vacio la tina y limpio los espejos. Apago las velas y seco el piso. Regreso a la habitación.
Esta vez él no estaba desnudo. Unos pantalones de algodón gris oscuro cubrían la parte inferior de su cuerpo, resaltando la curva de su trasero. Una ligera sonrisa se formo en Winter. Después de todo, el trabajo si tenía sus recompensas.
-Winter – la llamo, destendiendo la cama y entrando en ella. La cama tamaño King con el cobertor color vino era la prueba fehaciente de que si era posible dormir en las nubes. Winter muchas veces se había colado dentro cuando él no estaba en la mansión. Disfrutando de la suavidad del colchón, los almohadones de plumas y ese embriagante perfume masculino por toda la cama. –Melanie viene mañana. Esa niña… - tenso la mandíbula, acomodo el almohadón con un par de golpes, recostó la espalda sobre un par de almohadones y se acomodo en la cabecera de la cama. –Mi herma… Su padre quería que estuviera en la mejor escuela. Así que vendrá aquí solo por las vacaciones de verano, volverá al internado en Londres para terminar la preparatoria y volverá para entrar a una Universidad en Nueva York. Necesito la habitación del fondo lista para ella, confió en tu buen gusto para la decoración. Llegara en la noche. Ahora… ven aquí – estiro la mano. Winter se acerco lentamente.
-¿Algún color en especifico para la habitación?
-Haz lo que desees, ¿bien? – se hizo a un lado para darle espacio y que ella se sentara en el borde. –No hables más. Calladita te vez más bonita – acaricio las piernas de ella con un divino toque.
Ella mordió sus labios y dejo caer el cuerpo sobre la cama.
-Ya sabes cómo me gusta dormir – Winter se descalzo y tomo la cabeza de su jefe para que reposara sobre sus pechos. –No olvides enviarle las flores a Samantha mañana temprano. Olvide esa estúpida fiesta con sus amigos… - rodo los ojos. Ella acaricio su cabello. –No estoy para dramas.
-Rosas rojas – confirmo Winter.
-¿Qué haría sin ti? – se giro para verla con la velocidad de un felino y le tomo el rostro para besarla con ansiedad. La coloco debajo de él y con fieras caricias la despojo de su atuendo de maid. –Dilo, dilo…
-Oh amo, - gimió Winter – siga…
Actuación o no, las manos sabias de Bran sobre ella, la calentaban y humedecían, a tal punto que en ocasiones olvidaba decirle “amo” y lo llamaba Bran, su nombre de pila. Ese por el que muchas veces lo llamo cuando niña. Cuando compartían el desayuno en la barra de la cocina, cuando la madre de Bran vivía.
-Eso – Bran tomo sus piernas, ahora desnudas, palpo con suficiencia la humedad de su cuerpo y con una victoriosa sonrisa de hundió en ella de un solo tajo hasta el fondo.
-¡Diablos! – chillo Winter, llena por completo. Los poderosos embistes de Bran le provocaban estremecimientos en todo el cuerpo. Él la hacía llegar tan rápido que odiaba la sensación del placer cabal en su cuerpo.
-Cuida esa boquita, Winter – comento Bran al tiempo que tomaba la cabecera de la cama para penetrarla con más impulso, satisfaciéndola a ella y por supuesto a sí mismo. –Mmmm, oh, sí.
Envueltos en un agonizante placer ambos llegaron, Bran con un grito y un gruñido, ella solo mordió su labio y grabo las uñas en las costillas de él. Una vez satisfechos, él se dejo caer en el extremo de la cama, mientras la miraba vestirse, dejándolo duro como roca.
-Hey – llamo antes de que ella saliera de la habitación. –No hay excusa para no tener mi desayuno en la cama mañana temprano.
-Buenas noches, señor – asintió Winter y corrió a su habitación en el sótano.
Se dio un rápido baño, sin poder borrar las manos de Bran sobre su cuerpo. Él siempre lograba satisfacerla al par que él buscaba su propia liberación. Aun no se explicaba cómo es que había caído en la rutina de ser su Ama de llaves, su cocinera cuando Lumiere no estaba, e incluso su recadera cuando despedía a sus asistentes, pero lo único que la tenia desconcertada más allá de todo, era ser su dama de compañía – por no decir su puta personal – eso sin duda era un misterio, incluso para ella.
Un misterio que era un sucio secreto para Bran y para Winter. Claro, era estúpido y una rotunda mentira decir que Bran no era un buen amante. Era uno muy bueno, que la dejaba satisfecha a pesar de todo. Sin importar las preguntas y frases indiferentes hacia con ella, él nunca la dejaba en medio de un orgasmo y casi siempre llegaban juntos al clímax. Él con un rugido descargándose fuera de ella y Winter mordiendo sus labios sintiendo su corazón salir de su cuerpo.
Todo en perfecta sincronía para que Bran durmiera como bebé y Winter soñara con él.


***


Las mañanas en la mansión Hardenbrook era una rutina sin fin. Winter despertaba junto con el amanecer, a más tardar 5 menos treinta minutos. Hacia su cama, se ponía su uniforme, que era un vestido gris arriba de la rodilla con stilettos altos y su cabello en una coleta. A las 6 de la mañana ya tenía que estar en la cocina ordenando el desayuno de Bran, huevos fritos con tocino, café de Colombia, una dona glaseada (que no comía, pero quería ver al lado de su taza de café) y su vaso de jugo de naranja recién hecho, y claro, el periódico de ese día en la sección de deportes y finanzas, con las noticias destacadas resaltadas en marca textos. Winter personalmente se encargaba de ese detalle excéntrico. Anotaba en post-it los horarios de los partidos de soccer o futbol americano, carreras, baseball.
Después del desayuno, Bran partía con su chofer directo a la oficina en el centro de California. Winter escogía el menú de la cena, que pocas veces cambiaba. Filete en adobo, papas asadas, ensalada, vino, de postre pastel de chocolate, su taza de café y la dona glaseada que no comía.
La mansión estaba sola desde las 8 de la mañana, hora en la que Bran salía, hasta las 5 de la tarde, momento en que él regresaba. Ese tiempo era como cuando el gato se va y los ratones hacen fiesta. Esta vez ese tiempo, Winter lo aprovecho para decorar, limpiar y arreglar la habitación del fondo del pasillo. Decidió pintar con un tono violeta muy claro, cortinas delgadas y otras gruesas para dormir en total oscuridad, en tonos purpuras. La colcha en tonos purpuras también con los almohadones de plumas a juego. El lunes por la mañana llegaría la cama de dosel y el escritorio de madera oscura que había mandado pedir a la tienda de muebles preferida de Bran.
Envió como había dicho Bran, el ramo de rosas rojas a su novia en turno, una modelo preciosa de cabello largo y rubio en ondas. Winter la había visto incontables veces en las revistas, había saltado a la fama después de aparecer en la más famosa revista de moda de Nueva York: Spotlight. Su rostro de ángel era envidiado por muchas.
Bran la conoció en la subasta de un rifle que su padre mantenía en su colección. Había estado en la familia por años, claro que no significaba nada para Bran. Simplemente algo que vender y algo con lo que ganar miles de millones de billetes verdes. Hizo una fortuna con ese “cacharro viejo”.
Salió en varias revistas de chismes con Samantha Woods, la aclamada modelo de Spotlight. Tomados de la mano, besándose, abrazados. Saliendo de fiestas exclusivas, antros de moda y demás cosas de elite. Winter no entendía que Bran no pusiera un pie en Nueva York para verla. Sabía que la Compañía de Bran tenía oficinas en Manhattan. Además que nunca fuera a las fiestas que Samantha lo invitaba. “Manda rosas y una nota ofreciendo disculpas. No estoy para dramas”, decía siempre el joven Hardenbrook. Winter obedecía y esta vez ella misma escribía la nota que tenía que llevar el ramo de rosas.
“La belleza de tu rostro de ángel eclipsaría cualquier hermosa flor. Lamento no haber podido ir. Negocios son negocios. Con amor, Bran”, Winter se sorprendía de la facilidad de mentira con la que Bran la mantenía. Algunas veces no eran flores, algunas eran hermosos collares de diamantes, brazaletes o vestidos de diseñador. La mujer es vanidosa y materialista, pero Samantha sobre todo era estúpida.
La alarma de las 5 sonó en toda la mansión. Los chef, los choferes, las otras criadas y los jardineros corrieron a sus labores como almas que lleva el diablo. Solo Winter se quedo en el hall esperando a Bran.
-Linda – llamo Lumiere en un murmuro. –Miga tus pies – ella bajo la vista, estaba descalza. Había corrido por toda la mansión y se había quitado los stilettos. El chef se los arrojo y ella los atrapo un segundo antes de que Bran entrara.
-Hogar dulce hogar – suspiro Bran. Le tendió su saco a Winter y el maletín de piel. –Espero que la cena esta lista, muero de hambre…
-Esta lista, señor – guardo el saco en el armario del pasillo y dejo el portafolio en su oficina. Volvió al comedor pequeño (de 12 personas), donde Bran comía la cena.
-Huele bien – olfateo sobre el plato. Winter le deseo un buen provecho, se iba alejar de ahí cuando él le tomo la muñeca. –No te vayas…
-Lo que diga, señor.
Se planto al lado de él, en silencio mientras comía.
-¡Diablos! Lumiere es el mejor chef de todo este puto mundo – jadeaba bocado tras bocado.
Terminaba la cena a las 6. Revisaba los pendientes y a las siete menos treinta pedía su masaje. Winter se lo aplicaba. Noche tras noche, ella subía a su espalda para relajarlo. ¿Su atuendo? Ropa interior de algodón blanca. Solo eso. Después del masaje, se enrolaban en una lucha de placer carnal que ambos disfrutaban. Remataban el clímax sobre la cama, con ella desnuda debajo de su cuerpo, mientras él le contaba su día en la oficina.

-Odio a esa maldita bruja. La despediré mañana…
-Solo porque te llevo el café sin la dona glaseada es injusto – se atrevió a decir al tiempo que él le rodeaba el pezón con el dedo anular.
-¿Quieres que te castigue, uh?
-No – contesto de inmediato. –Solo dije lo que pensaba.
-En mi cama no se piensa, mujer, se siente. ¿Estamos claros?
-Transparentes… - aseguro acariciando su espalda definida, con las manos.
-Eso me agrada – mordió el pezón con fuerza, provocando el arqueo de su espalda.
Más placer sin control ni ataduras. O quizá sí. Bran algunas veces la ataba a la cabecera de la cama con su atuendo de maid sexy que tanto le encantaba. Lo enloquecía que sus pechos brincaran libres mientras él la tomaba, y las piernas de ella lo abrazaban con fuerza y sus paredes lo ceñían arrojándolo al orgasmo.
A las 11 de la noche tomaba su baño con esponja especial y la tomaba de nuevo para dormir relajado.
Y así, de nuevo el día comenzaba y terminaba, en su cama.

Las chicas del Té de Lemmon

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