septiembre 30, 2011

El placer es mio... - Capitulo 7

Había dejado detenida esta historia para dar paso al regreso de Maldita delicia, y ahora MD necesita un respiro antes de su GRAN FINAL DE TEMPORADA! (Me siento como si fuera una serie de TV). Así que aquí les dejo un nuevo capitulo de esta historia, que me tiene tan... Uy caray! :Q_ ♥ Espero que la disfruten como yo al escribirla, editarla y releerla antes de publicarla. Todo para que sea perfecta ante sus ojitos *.* Cuidence mucho y buen fin de semana. Pórtense mal! :D

Capitulo VII

-Marion…
Kenzi la miraba seria. Le costaba mantener ese rostro serio, inexpresivo. Ella amaba a sus amigas. Era lo más valioso que tenía en este mundo. Lo único…, se atrevía a decir.
Pero aunque ella intentara ponerse firme frente a Marion, no podía. Su amiga era tan alegre que cuando ella la viera triste, sabría que el Mundo iba a terminarse.
-Solo es una sesión. Además- la señalo – no te hará nada que tu no quieras.
Ese tono de voz tan misterioso la ponía curiosa.
-No – negó de nuevo.
Se detuvo en un semáforo y aprovecho para subir el volumen de la música.
-Ni creas que los gritos de los locos esos que cantan harán que yo quite el dedo del renglón – prometió.
Kenzi tomo aire cerrando los ojos. Bajo el volumen y la miro.
-¿Cómo para que quieres que vaya a que me den un masaje?
-¿No es obvio?
-No – alzo las cejas. –Estoy perfectamente bien, mi trabajo no es estresante.
-No me refiero a tu trabajo, boba – sonrió.
Eso no era buena señal. Cuando Marion sonreía de esa manera. De la forma en que las comisuras de su boca se curvaban solo deparaba una cosa; tramaba algo.
-¿A que entonces?
-A Chuck…
Kenzi bufo.
-Él ya es pasado.
-Si, como el tonto ese que te dijo que se la “chuparas”, ¿no?
Kenzi frunció los labios.
No, a “ese” cretino aun no lo había olvidado. No es que no quisiera, no podía. No había pasado nada con él, pero ella estuvo enamorada de ese bastardo por demasiado tiempo. Creyó poder tener una oportunidad con él, pero… Las cosas, no salieron como ella planeaba. Como ella quería. Después… enterarse que él tenía novia y que solo la quería para coger, todo se fue al carajo. Incluida Kenzi.
-¿Aun… te habla? – Marion pregunto en un murmuro, precavida.
Esta vez una sonrisa burlona apareció en el rostro de Kenzi.
-No… No desde que se fue de Nueva York. La verdad es que elimine todo lo que tuviera que ver con él.
-Menos el llavero que te regalo – acuso Marion.
-Me gusta el llavero. Además no creo que me lo haya regalado porque de verdad significase algo para él, solo quería deshacerse de él. Solo eso – contesto mordaz.
Esa era la verdad. Él solo quería tirar ese llavero. Así que, como quien dice: Le paso la papa caliente a alguien más.
-Kenz… - Marion acaricio el antebrazo de Kenzi. La morena sonrió y acelero.
-Ya… No pasa nada, Mar. En serio. Creo que… después de todo me alegro de no habérsela mamado. ¡Era el pene más feo del Universo! – grito.
Ambas estallaron en risas.
A Kenzi le divertía poder recordar “eso”. Su pene feo. Era como ver la realidad de su vida. Era feliz con sus amigas… Claro que lo era. Con sus primos y en su trabajo. Ella era feliz. Pero le faltaba algo. Siempre hacia falta algo. Creyó que lo había encontrado con “Sr. Pene feo”, y no fue así.
Y cierta parte de su ser agradecía eso. Ella no podía ser la otra. Simplemente se negaba a ser el premio de consolación de alguien. Ella era única. Como todas las demás chicas en este planeta. Y todas tienen el derecho a ser amadas y respetadas. A sentirse deseadas y necesitadas. Consoladas y abrazadas. A jamás ser el premio de consolación de nadie. Nunca. No aceptar migajas. Ser siempre el plato principal y el único.
Kenzi se negaba a ser “la segunda opción”.
-No quiero ni imaginarlo…
-No lo hagas, créeme que no tienes ni idea de lo espantoso de su… ¡Agh! Ojala que nunca se le pare y que nadie se la mame – jadeo Kenzi.
-Por eso tienes que ir a que te den un masaje. Ya verás que te sentirás mejor. Te lo aseguro.
-Mar – Kenzi la miro fugazmente – no tengo dinero, no, si, si tengo. Pero no tengo ganas ni tiempo para eso. Planeo comprar un six de cervezas en la tienda de la esquina de mi edificio y perderme en su amargo sabor. Ver películas de miedo y no contestar el teléfono a mis dos locas amigas. Eso planeo para este fin de semana.
-Chuck te llamo, ¿cierto? – pregunto mordaz, cortando la perorata de “un buen fin de semana” de Kenzi.
-Si, si lo hizo.
-¿Y…?
-Se disculpo por lo de la semana pasada. Mira, - se detuvo en otro semáforo – Chuck y yo, bueno… Ya entendí que solo me ve como amiga. Y está bien, creo. Aunque desearía que fuera gay.
-¿Por qué?
-Porque así no se me antojaría pasarle la lengua por el cuerpo – estallo en risas.
-Eres una loca – Marion también reía.
-¿Qué? Es la verdad. Si el tipo no estuviera tan delicioso. Mi mente no estaría imaginándolo desnudo todo el tiempo. Imagine y vi cosas donde no eran. Él solo ofreció su amistad y la tomare porque venga… Quizá tenga amigos guapos – finalizo esperanzada.

-Kenzi…
-Chuck, ¿Qué haces aquí? – Kenzi abrió la puerta de su departamento. Era una tarde de martes.
-Quisiera hablar contigo, sin que amenaces mis partes nobles – contesto Chuck cubriendo inconscientemente su entrepierna.
-Venga, lo dije porque estaba molesta, pasa – camino hasta su sala donde tenía varias cartulinas de colores, pinturas de agua y pinceles.
-¿Y eso? – Chuck dejo una bolsa de papel sobre uno de los sofás y se acerco a la mesa de centro, donde reposaban todas esas cosas.
-Mañana harán carteles mis niños en el Jardín… - explico.
Le gustaba llamar a esos demonios “sus niños”. Así le gustaban los niños. Lejos y por un par de horas cerca de ella.
-Muy bien… Traje comida china.
-Oh… que rico. Iré por los platos – camino a su cocina.
Regreso con Chuck que ya estaba sacando las cosas y las ponía en su mesa improvisada de comedor. Era pequeña, solo para cuatro personas.
-Además… - murmuro Chuck sin saber cómo comenzar.
Kenzi dejo los platos y dos vasos en la mesa. Chuck saco dos latas de Coca-Cola. Kenzi se sentó y empezó a abrir los paquetes de comida.
-Uh-hum… - asintió Kenzi olfateando esa deliciosa comida de la cual ya era adicta.
-Lo lamento…
-¿Qué lamentas?
“Como o pienso”, era el lema de Kenzi a la hora de saciar la barriga.
-Lo que paso la otra noche.
-¿Cuándo caí?
-Cuando solo venia a contarte mis penas y jamás escuchaba las tuyas – corrigió Chuck sentado frente a ella.
Sus ojos celestes la miraban fijo. En una clara disculpa. En una disculpa en regla, con todas las de la ley.
-Está bien… - alzo los hombros.
Ella estaba… Acostumbrada a escuchar las penas y las quejas de todos. De cierta forma sentía que ella no podía sentirse triste ni desdichada. Que no podía llorar ni pedir un abrazo. Era un asco sentirse así, pero ella decía que era buena escuchando y quizá dando consejos. Ella nunca pedía uno. No se sentía con la confianza de pedirlo. Siempre estaba ahí, para escuchar.
-No, no lo está.
-Chuck – lo freno. –Acepto tu disculpa. Acepta la mía cuando digo que lamento haberte amenazado con… romperte las bolas. Y con lo que dije sobre mi prima contigo. Me enferma que me comparen. Ahora lo sabes. Y bueno… Me gustas – confeso. –Entiendo que me vez como amiga, lo acepto. Solo que no vengas a decirme que merezco algo mejor que tu, porque no estoy de acuerdo. No me digas que eres un asco de persona y que tu cabeza esta echa una mierda por lo que le pasa a mi prima porque… no lo entenderé y no te creeré. Dejemos las cosas como antes. Seremos amigos o lo que quieras que seamos.
-No es solo lo que yo quiero…
-¿Entonces que es? ¿Si me gustas te veras obligado a que yo te guste también? Eso no es justo para ninguno de los dos.
-Lo lamento, Kenzi. Eres una chica…
-Estupenda, maravillosa, inteligente, linda… Conozco lo demás. Pero me quieres como una amiga – sintió un escalofrió recorrerla.
Chuck bajo la mirada.
-Si – contesto aun sin mirarla.
-Quita esa cara que aquí no ha muerto nadie.
Continúo ella. El escalofrió aun estaba recorriéndola. Le dolía oír que Chuck la vería como una amiga. De cierta forma ella también lo había decidido así. Lo asimilaría con el paso del tiempo.
-Kenzi… - suspiro. –Veras que encontraras a alguien que…
-Estoy cansada de buscar, Chuck – atajo de nuevo.
Y harta de escuchar esa parafernalia levanta moral.
-No voy a seguir buscando.
-¿Por qué dices eso?
Evito las lágrimas sirviendo un poco de tallarines con verdura en su plato. Trago su llanto como una experta. Como siempre hacia.
Alzo los hombros.
-Huele muy rico.
Chuck sonrió. Sabiendo que ella ocultaba sus verdaderas razones para ya no seguir buscando.
-Quisiera poder corresponderte.
-Y yo quisiera que cerraras el pico, vamos a comer comida china, Chuck – jadeo enterrando el tenedor en los tallarines y vertiendo un poco de salsa de soya sobre su comida.
-¿Por qué no quieres hablar de lo que pasa, Kenzi?
-Porque no tiene sentido que hablemos de algo que no tiene la mayor relevancia. Las cosas están claras. Somos amigos de nuevo. No amenazare tu legado nunca más, todo está claro. Todo – afirmo comiendo con entusiasmo.
Remojando en salsa agridulce sus bolas de pollo fritas.
-¡Mmm! Ambrosia pura. Gracias por la comida. Siempre sabes cómo levantarme el ánimo.
-¿Estabas triste?
-No, - mintió – solo algo cansada. Esos demonios me dejan muerta.
-Siempre podrás contar conmigo, Kenzi.
-Lo sé, y tu conmigo…


-Kenzi… Por favor, anda. Solo ve a una sesión. Es más, ya la pague – Marion insistía.
-Jamás te rindes, ¿cierto?
-El que persevera alcanza.
-Si… Mil años después terminaste tu carrera de Mercadotecnia. Te creo entonces.
-¡Si! – escribió con rapidez la dirección del Spa de masajes. –Les dices que ya tienes cita y que vienes de mi parte.
-Muy influyente – se mofo.
-Algo así. Me dejas en la esquina. Iré a ver a Adam.
-Oh. ¿Vas a hacer cosas sucias?
-Le voy a partir las bolas, como dices – acomodo su maquillaje mirando por el retrovisor y acomodo las ondas de su cabello castaño.
-Eso quisiera verlo.
-Créeme, no lo querrás ver. Lo dejare como tapete de Bienvenida.
Kenzi estallo en risas. Amaba a su amiga.
-Vale, entonces encenderé una vela en nombre de Adam – Marion bajo del Mini Cooper rojo. Cerró la puerta.
-Deséame suerte.
-El que necesita suerte es Adam – aseguro Kenzi y agito la mano despidiéndose de su amiga, que se encamino a la estación subterránea del tren.
-¡No te arrepentirás del masaje, Kenz! – grito Marion antes de bajar las escaleras.
Kenzi levanto un pulgar y acelero.


La cita según Marion, era para esa misma tarde. Kenzi no tenía ganas de ir, no tenía ganas de hacer nada. Ese día, en serio, los niños del Jardín la habían dejado totalmente desgastada.
Dos veces al mes, los viernes, los niños podían entrar a la pequeña piscina que tenía el Instituto donde trabajaba. Así que tenía que estar cuidando a cada uno de los diablillos. Ya que algunos querían aventarse de cabeza a la piscina. Ella debía cuidar que no se abrieran la chaveta antes de tiempo.
Sus hombros le dolían. Los pies y las rodillas también. Sin contar el tremendo dolor de cabeza que se avecinaba. Todo contando que tenía un hambre atroz y en su casa no había nada salvo pasta.


Aparco cerca de la dirección que le indicaba el papel que le había escrito Marion. El lugar no parecía muy lujoso, pero tampoco era de mala muerte. Lo cual era bueno, ya que quería decir que no era muy caro y que podían dar un buen servicio.
Entro por el par de puertas de cristal que decían con letras ahumadas: “Pomaikai” y debajo de ese extraño nombre se podía leer el eslogan del local: “Para un mejor vivir”. Frunció el ceño al leer esas palabras de “superación” según Kenzi.
“Que lugar tan raro”, pensó.
-¡Hola! Bienvenida a Pomaikai – una chica detrás de lo que parecía ser la recepción la saludo amable. -¿Tienes cita?
-Amm, hola. Yo… creo que si – se acerco a la barra. –Mi amiga Marion Everett hizo una cita…
-Oh si, Marion – la chica removió un enorme libro. Paso las hojas con rapidez. De acuerdo a como dijo el nombre de su amiga, seguro que Marion venia muy seguido. –E…Eve…Everett… ¡Marion! – señalo entusiasmada con su dedo índice la hoja.
Kenzi se inclino para ver. Si. Ahí estaba el nombre de su amiga. Así que esto comenzaba a ser realidad.
-Si, Marion… - la chica garabateo algo en un espacio en blanco al lado del nombre de su amiga. –Cruza el pasillo, es la puerta con el número 1 – índico señalando.
-Si… - Kenzi asintió lentamente y agarro con fuerza el bolso que cruzaba su pecho.
Cruzo el lobby y entro a un largo pasillo amplio.
Le entraron unas enormes ganas de salir corriendo. Nunca había hecho algo que sus amigas le pidieran que hiciera. Es decir, algo que ellas sugerían que le gustaría hacer. Algo como esto. Ir a un lugar que no conocía a dejar que un fulano la tocara. Si, a simple vista lucia como algo perverso. Más con la mente sucia y rebuscada de Kenzi.
Las puertas blancas del pasillo, tenían un número negro arriba en el centro. Eran 5 puertas. Rio de pronto. Se pregunto si podía abrir cada una de las puertas y encontrar leones peleando por quien se la comería primero. Finalmente, al final del pasillo, que era en si una T, un extremo era iluminado por la tenue luz del sol. Y otro eran los servicios sanitarios. Había una puerta más en ese pasillo que cruzaba el principal perpendicularmente. Quizá era el almacén, especulo.
Mirando el enorme número 1 en la puerta tomo aire. Giro la perilla y entro.

Dentro, no había leones o bestias salvajes deseando un pedazo de su carne. Había una mesa de masajes de lo más moderna. Incluso le pareció cómoda. Debajo de la estructura de madera que sostenía un colchón blanco, había cuencos con flores silvestres y velas. Las paredes estaban pintadas de un tono claro y relajante. Era como amarillo, pero no chillón, más bien era como color crema. Sus hombros se relajaron de inmediato. La estancia era iluminada por unas lámparas altas, dos colocadas en dos esquinas, que iluminaban hacia el techo. Logrando un ambiente cálido, confortante.
Paso una mano por el colchón de la mesa de masajes. La tela era suave, quizá algodón. Estuvo tentada a sacar su encendedor y quemar un extremo de la tela y verificar que sus sospechas eran ciertas. Pero se contuvo.
Continúo observando el lugar. Parecía pequeño pero no lo era. A la mitad de la habitación, había una estructura de madera con huecos. No podía ver nada a través de los huecos, a pesar de que lo intento. Había una cortina de cuentas finas en lo que parecía ser una improvisada puerta. Se acerco, tentada a asomar la cabeza.
-En un minuto estoy contigo…
Dio un brinco.
-Desvístete detrás del biombo - ordeno una voz masculina.
Asintió y sin atreverse a hablar miro detrás de ella.
En una esquina estaba, si, el biombo que decía aquella voz. Combinaba perfecto con la decoración relajada del lugar. Tomando valor dejo su bolso en una silla cercana y comenzó a desnudarse con rapidez. Dejo sus ropas en un perchero y tomo una toalla para envolver su cuerpo, totalmente desnudo. Su corazón latía desenfrenado.
-Recuéstate boca abajo en la mesa. En un minuto estoy contigo – repitió aquella voz atreves de la cortina de cuentas.
Salió detrás del biombo y con las manos y las piernas temblándole como gelatina se subió a la mesa. Primero se sentó, espero un segundo hasta que esa voz masculina profunda y gruesa la hizo dar un brinco de nuevo.
-Acostada boca abajo – repitió.
Su lengua iba a soltar una maldición. O una queja por ser tan mandón. Pero de alguna extraña forma, no logro articular ninguna maldición ni improperio. Y vaya que pensó demasiados.
Se acomodo de tal forma que su cuerpo desnudo tocara la fina tela del colchón y su espalda, glúteos y parte de sus piernas quedaran cubiertos por la toalla. Recargo su cara en una almohada larga de tela de toalla. No se había dado cuenta, o quizá estaba tan nerviosa que no percibió el aroma a canela del lugar. Sobre la almohada reposaba su cuello sin torcerse. Mirando la duela de madera cerró los ojos.
No se atrevió a abrirlos cuando escucho las cuentas chocar unas con otras.
-Así que… Estas algo tensa… - unas manos tomaron sus muñecas. Las manos eran enormes. Tenso los dedos de sus pies cuando esas manos, obligaron a sus brazos a posarse a cada lado de su cuerpo. –Relájate…
Y lo hizo. Casi de inmediato. Los dedos de sus pies se colocaron en su posición natural. Su frente toco el colchón, sin lastimar su cuello. Cada parte de su cuerpo estaba relajada. Su corazón, incluso, latía con su bum-bum normal. Como si estuviera por dormir.
-Eso es… Respira profundamente por la nariz. Todo tiene solución.
“Ja. Si, como no”, su lado irónico despertó.
-En serio… - esa voz parecía que había escuchado su pensamiento. –El cuerpo y la mente están conectados. Lo que pienses tu cuerpo me lo dirá… - explico antes de que ella formulara la pregunta.
De nuevo se relajo.
-Eso es…
Sintió como la toalla descubría su espalda y era colocada a la altura de la curva donde la espalda pierde el nombre.
-No te hare daño. Es tu primera vez… - comento de lo más tranquilo. –Soy tu masajista por esta tarde. ¿Cómo estás?
-Quisiera estar muerta – respondió un segundo después.
Él rió.
-¿Por qué? La vida es divertida como para morir…
-La tuya es divertida, la mía es aburrida… - gimió.
Se estremeció cuando un líquido frio cayó por su espalda alta.
-Lo siento, esta frio – esparció el líquido por su espalda con suaves movimientos. -¿Y porque no es divertida? – pregunto al tiempo que pasaba las manos por sus omóplatos y de nuevo la cabeza de ella caía relajada.
-A veces lo es… Después la realidad me da una bofetada.
-Quizá sea necesario que tú también le des un par de bofetadas a esa perra desalmada, ¿no crees?
Kenzi sonrió.
-Si… - suspiro. –Desearía poder cortarle las bolas – confeso.
-Chica ruda… - comento la voz.
-Intento serlo – afirmo Kenzi.
Las manos bajaron a su cadera y acariciaron con un poco de fuerza los extremos, dando pequeñas presiones con los pulgares, subiendo por su columna y situándose en su nuca.
-Lindo tatuaje…
-Gracias…
-Yo tengo uno en el brazo.
-Oh – atino a decir ella. Reprimiendo los gemidos que las caricias de esas manos le provocaban.
-Las chicas que vienen aquí por primera vez sueltan maldiciones cuando comienza el masaje. ¿Por qué no haces lo mismo? – pregunto curioso. Mirando la piel morena de esa espalda tersa y suave. Pasando de nuevo la mirada por el tatuaje que reposaba en su nuca.
-No se… Me da vergüenza.
-Bien…

El masaje continuo, y esas manos no dejaron de atormentarla.
Cuando termino con su espalda, ella se agito a la espera de que acariciara sus glúteos, pero no fue así. La toalla descubrió sus piernas y fue turno a sus piernas para estremecerse. Cerrando con más fuerza los parpados y cerrando los puños, gimió esta vez cuando esas manos masajearon la planta de sus pies. Provocándole calor.
Él rió.
-¿Te hice cosquillas?
-No… - y era la verdad. Lo que había provocado era calor. Mucho calor.
-Perfecto…
Relajo cada musculo de sus piernas y sus muslos. Tomo sus manos una vez que termino con sus piernas y también la relajo. Para finalizar, volvió de nuevo a sus hombros.
-Mmm… - gimió por primera vez.
-¿Dónde trabajas?
-Soy maestra de un Jardín de niños…
-Carajo. Mujer, parece que cargas el mundo en tus hombros…
-Lo sé – bufo ella.
-Solo pelea tus batallas…
-¿Cómo?
-Se egoísta un poco. Solo un poco.
Estuvo a punto de contestar. Trago con dificultad.


Cuando el masaje termino casi lloriqueo porque las manos masculinas de aquella voz dejaron de tocarla.
-Termine. Ahora puedes vestirte…
Escucho como la puerta se abrió y se cerró.
Se incorporo de inmediato. Ahora estaba sola en la habitación. Soltó el aire contenido en sus pulmones.
Se vistió con rapidez. No sabía si dejar propina o no. Mejor no lo hizo. Tomo su bolso y salió de la estancia. El pasillo ahora no le parecía tan largo.
Camino al lobby. Varias voces de mujeres, bastante emocionadas, provenían del lobby.
-Lo lamento chicas. Su última cita fue… ¡Hola! Ella, ella fue la última cita. Lo lamento chicas.
Varias la miraron furibundas.
Kenzi le regreso la mirada confundida.
-Hey… - intento saludar a la recepcionista, que atendía a un par de chicas, que cambiaban su sesión de masaje para otro día.
-Solo lo queremos a él. A ningún otro… - decían.
-Si, lo sé. Pero mañana no tiene disponibles. Hasta la próxima semana.
-Aaaaaw – una de las chicas que era alta frunció el ceño como niño regañado. –Bien, anótame en la próxima semana. Gracias… - se fue con los hombros caídos con su amiga.
-Hola. ¿Qué te pareció la sesión? – pregunto la recepcionista.
-Bien, supongo.
-¿Supones? – inquirió una chica.
Kenzi la miro. La chica tenía los brazos cruzados sobre su pecho. La miraba con desaprobación. Como cuando sales de un examen y no quieres aceptar que te fue bien, incluso que fue fácil, ante los chicos que salen cabizbajos porque el examen les resulto difícil.
-Si… ¿Qué tiene? Solo es un masaje – contesto irónica.
-¿Estas loca?
-A veces, pero ¿eso que tiene que ver con la Navidad…? - siempre decía eso cuando no le veía ni pies ni cabeza a una situación.
-¿Quién es ella? – pregunto la chica, refiriéndose a Kenzi, mirando a la recepcionista.
-Ya les dije, es la última sesión de masaje que tendrá…
-¿Cómo que la ultima? – pregunto la chica, al borde de la histeria.
-La ultima por hoy, ¿bien? Lo siento…
Las chicas salieron cabizbajas.
-Arman mucho revuelo solo por un masaje – comento Kenzi a la recepcionista.
-Lo sé – sonrió la chica. –Soy Ada – estiro la mano para saludarla.
-Kenzi… - la estrecho con una sonrisa.
-Entonces, Kenzi, ¿te veremos mañana por aquí, cierto?
-¿Mañana?
-Si, Marion hizo una cita para mañana, sábado y… si, el domingo – verifico sus hojas.
Kenzi no supo que decir.
-Ya todo está pagado. Las chicas que estaban aquí, te odian…
-¿A mí, por qué? – jadeo.
-Marion no dijo a que hora vendrías, así que le dijo a mi hermano que estuviera disponible todo el día. Son muy amigos, él lo hizo con gusto.
-Oh… Entonces mañana estaré por aquí.
-Perfecto. No importa la hora. Mi hermano estará aquí todo el día.
-¿Tu hermano?
-Si, Noah…

septiembre 23, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo XIX

¡¡VIERNES!! ¿Y mañana? ¡Sábado!
Ando de simple, perdón ._. Pero es que...
HOY SE ESTRENA LA NUEVA TEMPORADA DE SUPERNATURAL!! Soy super fan de esa serie! Y si... hoy nuevo capitulo! Joder que estoy emocionada. Uuuf! Respiremos...
Aparte, estoy emocionada por esta nueva temporada. Algunas ya encontraron su otra mitad, pero otras... Están aun lejos de saberlo. No se pierdan estos últimos capítulos y sus historias paralelas, porque ahí, en donde se revelan secretos importantes. Todo se descubrirá muy pronto! :D
Trabajo en una historia nueva, bueno en dos. Pero aun están en proceso. Mientras disfruten de estas historias, que mi Ale y yo les traemos con mucho gusto! :D Cuidence harto tipo MIL -dejare de leer a Cindy la Regia ._. - y buen fin de semana!
Enjoy ^^, dejen sus comentarios y todo y todo XD
P.D.: Mi Ale, perdón, no pude subir el capitulo temprano como te prometí. Mi mami me rapto todo el día y no pude subirlo hasta ahora. Sorry. Sabes que te amodoro con todo mi jodido corazón! ♥



19. Un baño de placer


Luna corrió hasta la estación del tren directo a su departamento. Subió las escaleras y, prácticamente, aporreo la puerta de Renata. Estuvo a punto de derribar la puerta, totalmente desesperada.



-Oh, Rens, no me hagas esto por favor – gimio colocando la frente en la puerta de su amiga. Eran las 7 de la noche. Renata siempre volvia a casa despues del trabajo. Siempre.


Suspiro y entro a su departamento. Esperaba que su amiga estuviera bien. Si, seguro que si estaba bien. Más que bien. Si todo iba como ella habia planeado, William la tendria en su casa, pasando un buen momento, que su amiga merecia.



Se dio un rapido baño, corria por toda su casa, dejando gotitas de agua por el pasillo. Realmente esa noche estaba muy nerviosa. Corto sus uñas, aunque no tenia necesidad. Siempre las llevaba cortas. Depilo cada zona de su cuerpo que podia ser depilado. Se miro al espejo miles de veces. Primero en el lavabo de su baño, despues en el que estaba detrás de la puerta de su armario. Se probo varios conjuntos de ropa interior. Y al final se decidio por un coordinado negro simple de algodón, si nungun detalle en las copas del sosten y con un pequeño moño al frente de las bragas.


No queria lucir desesperada por tener a Jensen en su departaento ni que tampoco se viera desinteresada por tenerlo cerca.


Claro que no iba a ponerse un vestido. Obvio no. Unos jeans quiza con los stilletos que habia comprado recientemente. No, si, mejor un vestido.


Luna corrio de vuelta a su habitacion, y se quito los jeans mientras rebuscaba ese vestido negro suelto que le encantaba. Lo rebusco por todos lados, sacando toda su ropa y aventandola a la cama.


-¡Aaaay! – gimio.
El vestido no estaba en ninguna parte.



Su telefono sono.

-¿Hola? – suspiro.
-Luns, hola. Soy Jennifer. ¿Hey que talla eres?
-Mediana, creo. No se realmente. Me compro lo que me quede – recordo.
-Cierto. Oye, ¿te sigue quedando ese vestido negro que me dijiste que le arreglara los tirantes?
-¡Tu tienes mi vestido negro! – recordo de pronto. Se lo habia dado a Jennifer, no recordaba la razon, pero ella lo tenia.
-Si, nena. ¿Lo ibas a usar hoy? Uy, ¿con quien?
-Con nadie – atajo, regresando la ropa al armario, derrotada.
-Dime, anda, anda. ¿Por eso estabas rara hace rato en tu oficina?
-No, - termino con la ropa y volvio a ponerse los jeans – en verdad no era por eso.
-Dime que no te pusiste los jeans…
-No lo dire entonces – se miraba en el espejo, totalmente abatida.
-¿Es una cena, fueras o en tu casa?
-En mi casa – contesto. –Iba a usar el vestido pero no lo tengo. Ay, Jenn, estoy desesperada.
-Se escucha en tu voz.
-Eso no me ayuda, Jenn – gruño. – ¿Qué debo ponerme? Él en serio me gusta. Y…
-¿Lo conozco? – pregunto interrumpiendola.
-No, era un antiguo algo de la Universidad…
-¿Evan? – chillo.
-No, Evan no. Jensen…
-¡El del Impala! – grito. –Oh Dios, que delicioso esta ese tipo.
-Dime algo que no sepa – sonrio. –Vendra a mi casa, él cocinara. Quiero verme…
-Sexy… pero no desesperada.
-Correcto.
-Te entiendo amiga, mira. Tienes un linda blusa de encaje, esa queda perfecta con los jeans negros y tus stilletos. Lo dejaras deslumbrado. Y si puedes, no uses blusa debajo de la blusa de encaje. Esos dias en que te vas a correr han rendido frutos, creeme. Suerte, mi Lun, adios – colgo.

Luna hizo lo que su amiga sugueria. Delineo sus ojos de negro. Alboroto los rizos y se los ato en una coleta despeinada. Nerviosa pintaba sus labios y recoguia el desorden de su sala. El timbre sono, exactamente a las 8:00, Luna dio un gritito ahogado y respirando trabajosamente abrio la puerta.

Jensen cargaba una bolsa de papel con una sonrisa deslumbrante. Silbo cuando paso sus ojos pardos sobre ella.
-Estas preciosa.
-Pasa – abrio más la puerta. Jensen entro. Ella perdio la mirada en su trasero enfundado en esos jeans. -¿Son nuevos tus jeans? – pregunto sin poderse contener, caminando detrás de él hasta la cocina.
-Lo notaste, ¿ah? – dejo la bolsa de papel sobre la mesada de la cocina y fue vaciandola poco a poco.
-Sip – asintio, examinando el contenido de la bolsa.
-Pues si, si son nuevos – sonrio, pequeñas motas rojas se juntaron en sus mejillas. Luna rio para sus adentros. Al menos no era la unica desesperada aquí. –Tambien lo es la camisa y mis… - se aclaro la garganta.
Luna se percato de la vergüenza de Jensen y tomo una lata de las 4 que habia sobre la mesada.
-¿Qué es lo que cocinaras? – pregunto muy curiosa.
-Haremos lasaña – sonrio.
-¿Haremos? ¿escuche bien? – se altero. ¿Ella, cerca de la estufa? No. Mala idea.
-Si, Luna, escuchaste bien – de la bolsa saco un recipiente de plastico con carne molida de res, aun cruda. –Primero haremos que la carne este lista. ¿Dónde tienes una olla?
Luna le acerco todo lo que él pedia. Ollas, aceite, cucharas para remover la carne. Claro que no era una retrasada. Sabia encender los calentadores de la estufa, usar la licuadora, el horno de microondas por supuesto. Pero no le hablen del horno de la estufa, porque era una completa extranjera en ese tema.
-Abre las latas y… - señalo las latas de leche condensada y la de tomate – vacialas en la licuadora. Hey – sonrio tomando a Luna de las mejillas. –No es nada del otro mundo, peque… ¿Si? – Luna asintio erraticamente. –Eso – le dio un suave beso en los labios y la observo en la tarea que le habia puesto. –Ahora licualas…
Luna lo hizo. Una vez que todo estuvo homogeneo y las pasta de lasaña estaban sobre un colador dejando escapar la humedad, Jensen pidio un molde rectangular.
-Tengo… - Luna se estiro para tomar un molde que su madre habia dejado en casa la navidad hace dos años. –Este… - lo levanto en el aire triunfante. Era un molde de acero inoxidable.
-Muy bien – Jensen lo tomo. Y lo lavo para quitarle el polvo. –Ahora untale mantequilla – se lo acerco a Luna que tomo la barra de mantequilla.
-Lu… - ella dio un brinco cuando Jensen se le acerco detrás. –La cocina de disfruta más con las manos – le quito el cuchillo de untar. -¿Bien? Hazlo asi… - le quito la barra y comenzo a untarla por las paredes del molde.



Luna suspiro. La mantequilla se resvalaba entre sus dedos. Pero lo hizo lo mejor que pudo. Nunca escucho una queja de Jensen. Él sazonaba la carne de res con un poco de zanahorias finamente picadas y salsa de tomate. La pequeña cocina olia delicioso. Jensen no quitaba esa sonrisa ladina de su rostro.
Juntos pusieron una capa de la pasta verde que Jensen había cocido.
-Una de pasta – decía acomodando la pasta de forma uniforme. –Una de carne – Luna colocaba la carne con una sonrisa. Había pellizcado la carne antes de vaciarla sobre la pasta.
-Esta riquísima – exclamo.
-Gracias – Jensen rayo el queso manchego sobre la capa de carne que Luna había terminado de colocar, intentando no verla porque ella chupaba sus dedos. –Ahora más pasta – dijo con voz ronca. –Luna, por favor sigue colocando las capas: pasta, carne, queso, salsa, hasta que se termine la pasta, ¿si?
-A la orden capitán – le dio la espalda para seguir con las capas. Su estomago ya rugía de hambre. Todo olía muy bien.
Él encendió el horno y salió de la cocina.
-¡¿Qué haces?! – grito Luna desde la cocina.
-¡Nada…! - contesto de inmediato. –No asomes tu cabeza en la sala o no habrá lasaña para ti.
Luna hizo un puchero y termino su tarea.
-¡Listo!

Jensen apareció para cubrir el molde con papel aluminio después de que le puso más queso manchego encima con más salsa.
-Ahora son 20 minutos en el horno para que gratine el queso – informo cerrando el horno.
-Sip… - limpio sus manos y se hinco para mirar a través del cristal del horno.
-Vamos… - estiro su mano para que Luna se pusiera de pie. -¿Por qué tienes miedo de cocinar? Lo haces muy bien…
-Soy muy… descuidada. El agua se me evapora, la carne se me quema, todo sale chamuscado para cuando termino de cocinar.
Jensen rio. –Me parece que solo necesitas un poco de práctica.
Llegaron a la sala. Él había arreglado la mesa redonda de Luna. Velas, copas, cubiertos, servilletas, vino.
-¿De dónde sacaste todo eso? Solo traías una bolsa de papel. Es hermoso, ¡me encanta! – exclamo. Muy sorprendida, sonriendo lo miro a los ojos.
-Tengo mis contactos – la ayudo a sentarse. –Y no me mires con esos ojos, no te lo diré… - aseguro.
Se sentó frente a ella. Se quedaron en silencio unos minutos. Luna jugaba con la servilleta de tela frente a ella mientras que Jensen peleaba internamente. No sabía que decir, en verdad estaba nervioso. No solo por poder volver a estar con ella, sino por el escote debajo de esa blusa de encaje transparente. Sus pechos subían y bajaban acorde a su respiración. Sus largas pestañas adornaban sus grises y enigmáticos ojos.
-Te ves preciosa – repitió sin saber que decir. Luna levanto la mirada para verlo.
-Gracias, tu estas muy apuesto… - balbuceo.
-Luna – estiro la mano y busco la de ella sobre la mesa. –Lamento… Soy un idiota Luna, no debí dejarte. No debí.
-Jensen… -negó con la cabeza. –No digas más nada. Es pasado.
-Quiero que todo quede claro entre nosotros Luna. Me sentí una mierda cuando no amaneciste a mi lado.
Luna apretó su mano.
-Creo que quieres saber porque me fui, ¿no? – Jensen la miro.
-No, tuviste tus razones y las respeto…
-Me fui porque tuve miedo de que me dejaras de nuevo – interrumpió. –No quería sufrir de nuevo porque te hubieras ido. Cinco años sin saber nada de ti… Cinco – gimió conteniendo el llanto. –No la pasaste nada bien, lo sé. Pero… - una lagrima rodo por su mejilla. –Yo tampoco…
-Luna – se puso de pie y la tomo entre sus brazos. –Quería que esta noche fuera especial y ya estas llorando, perdóname.
-Estoy bien – limpio sus mejillas. –No hablar del tema no solucionara nada, Jensen. Volviste, me explicaste tu partida y yo te explico que paso cuando te deje.
Jensen tomo aire.
-Volví por ti, Luna. Solo por ti – le tomo el rostro entre sus manos.
-Lo sé – sonrió un poco. –No te vayas de nuevo, Jensen – pidió con los ojos cristalinos. –No me dejes de nuevo…
-Primero muerto – afirmo serio. –Primero muerto, mi Luna.
Hizo un puchero y se colgó de su cuello para besarlo. Jensen la beso con ternura. Tomando su cintura para pegarla a él. Esto no era un sueño, repetía su cabeza, ella era real. Era su Luna. La Luna que tantas noches lo miraba a través de sus sueños, la que lloraba en sus pesadillas, la que sonreía en sus fantasías y la que gritaba de placer en sus mejores noches.
-Si continuo besándote, cosa que deseo hacer toda la noche, se nos quemara la lasaña – hablo con su frente unida a la de ella. Luna sonrió avergonzada, asintiendo se alejo de él.




Jensen sirvió generoso. La lasaña humeaba desprendiendo un delicioso aroma. Luna se relamió los labios una vez que Jensen lleno las copas de vino tinto y tomo su lugar frente a ella.


-Se ve muy bien… - sonrió.
-Muy bien – afirmo. –Bueno, a comer.
Ambos hundieron el tenedor en la pasta. Luna no dejaba de gemir por la comida tan deliciosa. Y Jensen no paraba de apretar las piernas por los sonidos que ella hacía. Lo estaba volviendo loco. Su pene ya clamaba el cuerpo de ella como un maldito loco. Jensen no había estado con nadie desde que ella había desaparecido de su cama. Y no había podido estar con nadie cuando la dejo por 5 años. Con nadie. Si, era difícil de creer, pero así era.
Jensen solo funcionaba con Luna. Solo con ella. Y continuamente Jared le hacía burla: “No me digas que no te has encamado con nadie que no sea la morena, por favor”, volteaba los ojos. Jensen solo negaba con la cabeza: “No puedo. Y no quiero”, completaba. “Ella es la mujer perfecta, Jared, y yo la cague al irme lejos de ella”.
Solo que ahora estaba de vuelta en Nueva York, y estaba más que dispuesto a estar de vuelta en la vida de ella. Haría cualquier cosa. Lo que fuera.
-Quiero más – Luna levanto su plato.
-No – sentencio Jensen. –Hey, no me mires así ‘ojos de pistola’. La cena aun no termina.
Frunció los labios y lo miro.
-¿Qué sigue?
-Si te lo digo no es sorpresa… - sonrió victorioso y comenzó a limpiar la mesa. Luna iba a ayudarle, pero la mirada severa de Jensen la hizo detenerse apenas había tomado un plato.
La mesa estuvo limpia y los vasos y cubiertos también en un santiamén. Ella lo miraba con los brazos cruzados, recargada de espaldas al respaldo de uno de sus sofás.
-Solo espera un minuto – Jensen miro su reloj. –No hagas esa cara… - acaricio sus mejillas.
-¿Qué es lo que planeas? – entrecerró los ojos.
-Esta vez no lo descubrirás Sherlock Phellan – se alejo de ella y fue hasta la puerta. Apenas toco la perilla, sonó el timbre. Jensen abrió y le tendieron algo que Luna no alcanzo a ver. –Gracias – la puerta se cerró.
-¿Qué es eso? – Jensen se arrodillo ante la mesa de centro de Luna y saco muchos recipientes.
-Algo que te encanta – abrió los recipientes y después saco un sixpack de cerveza oscura. Luna abrió la boca.
-Son… dulces enchilados – gimió. -¿Dónde los compraste?
En Nueva York era difícil conseguir cualquier cosa que fuese picosa. Luna con la sangre latina que corría por sus venas, amaba cualquier cosa que tuviese picante. Dulces, gomitas, fruta, todo. Se acerco a Jensen y la cerveza que había comprado era mexicana. Luna abrió la boca.
-¿Cómo… cómo? – ahora si estaba sorprendida.
-Gracias – atino a decir y lo abrazo. Él le regreso el abrazo acariciando su espalda.
Se separaron un minuto para que Jensen pudiera sacar todo el contenido del paquete. Pusieron a enfriar las cervezas. Sobre la mesa había gomitas de figuras enchiladas. Polvo picosito agridulce que tanto amaba Luna, un liquido rojo que la etiqueta rezaba Chamoy* . Toda una bomba gástrica, según recordaba Jensen. Luna amaba todo lo típico mexicano. Así que él estaba dispuesto a complacerla.
-¿Tu comerás conmigo?
-No – atajo. –Claro que si – sonrió un segundo después. –Así sea lo último que haga – le guiño un ojo.
Luna hizo vítores y se arrodillo al lado de Jensen para tomar una gomita enchilada en forma de estrella.
-Oh, mmm, hace miles de años que no como algo así. La tienda de dulces que vendía esto cerro hace mucho – tomo otra. -¿Quieres? – le acerco una a Jensen que la tomo entre sus dientes y después hizo una mueca. Ella estallo en risas. –Eres un bebé – se burlo.
-Nunca he probado nada de lo que tu comes, Luns, no me culpes – hizo otra mueca pero continuo comiendo.
Luna no podía quitar la sonrisa de su boca. Las gomitas desaparecieron en un santiamén, cosa que agradeció Jensen, porque sus labios ya picaban de lo enchilado que estaba. A veces, incluso, agradecía que Luna no supiera cocinar, porque así no podía hacer los platillos picosos que ella amaba comer. Cuando iban a comer comida china, ella bañaba sus aros de cebolla y tallarines con salsa picante y limón.
Pasaron de estar arrodillados en la alfombra a estar abrazados en el sofá. Luna tenía los pies sobre el sofá mientras que Jensen pasaba los dedos por sus rodillas estremeciéndola. Le encantaba ver que ella diera brinquitos y le lanzara manotazos, pero que no se moviera ni un milímetro lejos de él.
-Amo esa película – gimió.
-Luna, la has visto mil veces – acuso divertido.
Step up 3* . La tenía encantada. Los bailes, las canciones, todo. Adoraba a Moose.
-¿Cómo lo sabes? – gruño.
-Te conozco, desde el pelo… - se acerco a sus hombros – hasta la punta de los pies…
-¡Yo no ronco por las noches! – chillo nerviosa, cuando él beso su cuello.
-Lo sé – dijo con media sonrisa, a punto de morderle la oreja.
Poco a poco la dejo recostaba en el sofá. Sus manos volaron a sus pechos, ella gimió cuando los apretó. Arqueando la espalda y abriendo las piernas dándole espacio en el sofá.
-La próxima vez vemos Kick-Ass – gimió.
-Veremos lo que tú quieras… Pero me encantaría ir al cine contigo – decía mientras la besaba, -y sentarnos en las filas de los besos.
Ella rio nerviosa. Se colgó de su cuello.
-Jensen – él detuvo los besos y la miro. –Hazme tuya…
-No tienes que pedirlo dos veces.





Lentamente comenzó a desnudarla. Absorbiendo cada gemido y sonrisa de ella en sus sistema. Recordando el tiempo con ella en su adolescencia. Las sonrisas, las lágrimas, los gritos, los pucheros y los brincos. Le saco la blusa de encaje por la cabeza, poco a poco. Sabía que a ella le gustaba ir lento. Tan lento que enloquecía de inmediato.



Mordió el borde de sus pechos, sin sacarle el sostén aun. Ella apretaba los hombros de Jensen, encantada. Poco a poco le bajo los jeans. Sus stilletos cayeron al suelo. Él recorría la morena piel de su estomago, su vientre, bajando peligrosamente a la unión de sus piernas.


-¡Jensen! – gimió con voz aguda.
-¿Sabes para que era la cerveza?
Ella negó con la cabeza.
-Desnúdame y te lo diré… - sonrió.
Las posiciones cambiaron, Luna lo montaba de la cadera, inclinada sobre él, pasando las manos por su duro torso. Le saco la camisa y la playera que usaba debajo. Advirtió en la etiqueta que aun pendía de su playera y sonrió. Toda su ropa era nueva. La arrojo al lado del sofá, mordiendo su pecho, hasta que llego a su pectoral izquierdo, arriba del pezón, Jensen tenía un tatuaje. Una pequeña luna creciente en extraños trazos.
-¿Qué…? –Luna no termino la pregunta porque Jensen se había incorporada para besarla.
-La tengo desde hace un tiempo. Para ser exacto cuando me dejaste en la cama con tu olor impregnado en mi piel, con tus besos aun quemándome los labios, con tus gritos de placer carcomiéndome el alma…
-Jensen – gimió conmovida. –Es precioso… - acaricio la luna creciente con las puntas de sus dedos.
-No como tú.
-Basta, jamás terminare de desnudarte si sigues adulándome – lo aparto de ella y finalmente le quito los jeans.
Su bóxer negro ajustado al cuerpo dejaba a la vista de Luna el duro bulto entre sus piernas. Se arrodillo para sacarle las botas mientras que él se quito los calcetines algo nervioso y apenado.
Cuando los dos estuvieron en las mismas condiciones, Jensen le tomo del trasero para cargarla y cruzar la sala y el pasillo hasta el baño.
-¿Qué haces? – cruzo los tobillos. Acaricio su cabello.
-¿Recuerdas que alguna vez leíste un libro de un tal… un tipo celta?
¡Lo recordaba!
-Ajá, ¿Qué con él? ¿Te dejaras crecer el cabello? – pregunto divertida.
-Lo haría si me lo pidieras – la miro con intensidad, dejándola en la duela del cuarto de baño.
-No, me gusta que seas tú mismo – acaricio su cabello. –Ahora dime, ¿qué tiene que ver el celta con nosotros?
-Lo siguiente… Algunas se bañaban en sangre – hizo una mueca desagradable – otras, en vino, o leche de cabra. Pero como yo se que amas la cerveza oscura… Te bañare con ella.
-¡Jensen! – chillo. -¿Estas loco? ¡No!
-Tu cara – le tomo el rostro. –No desperdiciaremos la cerveza así, Luna. Solo beberemos como malditos locos después de que te haga el amor en la tina…
El pulso de ella se desato.



La promesa de él quedo corta. El agua mojo todo el cuarto de baño. Luna temió perder la voz por cada grito ahogado que su garganta dejaba escapar a cada embestida de Jensen. Sus uñas, a pesar de estar cortas, dejaron marcas rojas en la espalda de él. La piel clara de Jensen hacia contraste con la de ella. Combinaban perfecto.
Sabían que les gustaba. Que les encantaba. Y que los volvía locos. Como que Luna lo devorara, enviándolo al límite, haciendo que ella se sintiera poderosa y que él se sintiera en el espacio por la prodigiosa lengua de ella.
Siempre adoro que ella tomara las riendas de la relación, y aun más en la cama. Jensen cumplía cada una de sus exigencias. Como esos locos gritos de “Más rápido”, “Oh Jensen, muérdeme, muérdeme”, clamaba ella cuando él se disponía a tomarla con la boca. Ella se volvía loca estando con él.
Sus caderas lo hipnotizaron cuando fue turno de Luna de estar arriba.
-Adoro que hagas eso… - él apretó sus pechos, incorporándose para morderlos. –Oh, Dios, Luna, así… - gruño.
Ambos se abrazaron. Jensen giro, colocándola debajo de él. Sus embestidas fueron fuertes, certeras, con demasiada potencia. Amenazando con romper a Luna de placer.
-¡SI! – rugió ella. – ¡No te detengas! ¡No te detengas! Oh, bebé – gimió. Hundió la cabeza entre su cuello y su hombro. Apretando a Jensen dentro de su cuerpo.
Ambos estallaron, Jensen unos minutos después de ella. Jadeante, Luna se deslizo hasta quedar tumbada en su cama. Las sabanas estaban revueltas. Jensen la siguió hasta quedar bajo las cobijas.
-Aun nos faltan las cervezas – comento besando el hombro de ella.
-¿Podemos dejarlas para mañana? – pregunto con un tono de voz bajo. Su voz estaba algo ronca. Claro, no pueden culparla. Después de las veces que Jensen la hizo explotar. Cualquiera hablaría en un susurro. –Aun me siento… satisfecha – sonrió.
-Seguro - sonrió besando sus labios. Pegando su cuerpo al de ella con una necesidad que lo asombro. Ella era su salvavidas. La chica que lo sacaba de sus casillas. Que lo hacía enfadar tanto que no podía ocultar la sonrisa estúpida cuando ella intentaba remediar el daño.
“Perdón – decía haciendo un puchero. Tomando su mano y jugando con sus largos dedos. –No lo haré de nuevo, lo juro”. Mentía, claro. Pero qué más daba. Ella valía cada maldito momento de vergüenza. Que la gente te mirara curiosa cuando ella gritaba indignada. Cuando reía escandalosamente. Cuando se quejaba porque le pasaba de todo cada que salía al centro de Nueva York. Era una aventura estar a su lado. Una aventura peligrosa. Y él amaba el peligro.

septiembre 18, 2011

5 Bodas y Un Funeral!!...Capitulo 9

Niñas Hola!! que tal su fin de semana??? espero de lujo!!! Aqui les dejo capi nuevo de 5 Bodas y Un Funeral!! Quiero dedicar el Capitulo de hoy a mi Ale!! y Obvio a Mi Beu!! nenas las amoodoro con todo mi jodido corazon!! Y a las que se pasen por estos lares a leer ;D ah aproposito estoy en un concurso de Songs Shoots de Bella-Edward en el querido y hermoso Blog de mi Lulla!!! Pasense a leerlos todos que estan geniales!! y si les gusta el mio pueden votar ;D OS 7 de Septiembre Por ALe

Besos y buen inicio de semana!!! =D

Las amoo!!











Capitulo 9: Celos…



-Bailas bien….-Jasper murmuro en mi oído. Ese era un cumplido poco realista lo sabia bien pero mi mente estaba distraída en la forma en la que Jacob se movía junto con Vanessa. En cambio yo solo daba un par de pasos base, solo iba y venía en mi propio lugar. Jasper intentaba coordinarnos cada 10 segundos sin mucho éxito.



-Aja…-Dije de nuevo intentando dar un paso bien pero fue cuando escuche un quejido bajo que lo mire realmente.



-Auch…-Jasper cerro un ojo e intento seguir. Su sonrisa se había vuelto de disculpa.



-Lo lamento, de verdad lo lamento… es mejor que no baile de nuevo… soy un peligro para la sociedad- Me detuve de golpe y comencé a sentir un latigazo de culpa, aquí estaba yo arrastrando a una miseria innecesaria a este hombre que era bueno. Que merecía miradas y sonrisas de su acompañante y no a una egoísta enferma que lo había invitado únicamente para tener un plan.



-De verdad no es nada…-Quiso restarle importancia, pero a pesar de no conocerlo mucho sabía que estaba mintiendo.



-Vamos a sentarnos…-Tome su brazo conduciéndonos a la mesa donde se encontraban los demás.



Alice fue la primera en arrugar con preocupación su frente, conforme íbamos acercándonos note que Edward se ponía de pie y caminaba airoso hacia nosotros. Pensé que ayudaría a



Jasper a llegar y sentarse pero lo que hizo fue mucho más impactante.



-Veo que tu pareja ha quedado un poco…-miro a Jasper con suficiencia-un poco indispuesta...-Completo ante la mirada seria del hombre que llevaba del brazo.



-Estoy bien de verdad…-Quiso protestar un Jasper claramente molesto.



-Yo creo que deberías sentarte un poco…-Sabia que Edward fingía interés, yo solía hacerlo de vez en cuando por eso lo podía identificar tal como ahora.



-De verdad estoy bien…-Jasper me observo intentando convencerme.



-Yo creo que no te hará daño solo tomarte unos minutos… además he visto a Bella disfrutar el baile y me ofrezco a acompañarla de nuevo a la pista para que continúe disfrutando de la velada…-Note el filo de sus palabras, la culpa inyectada que sutilmente surgía efecto en Jasper. Me di cuenta que me había usado como una carta bajo la manga y en vez de haberme molestado me vi sorprendida ante semejante muestra de caballerosidad contemporánea. No había conocido a alguien así, que pudiera manejar las cosas de manera tan táctica.



-Tiene razón…-Jasper lo había dicho más para el que para mí-Disfruta del baile Bella que te alcanzare en un momento…-Sonrió pero esa sonrisa era falsa, no había chispa creíble en ella, era demasiado forzada tanto que me incito de nuevo a la culpa.



-Yo te puedo esperar…-Pronuncie ante la mirada curiosa de Edward.



-De verdad está todo bien…-Jasper palmeo mi mano y se alejó aun cojeando un poco.



-¿Bailamos?-Pregunto aquel hombre de mirada esmeralda haciéndome pensar en qué diablos me había metido.



Apenas asentí me guio de manera ágil a la pista. Comenzó a sonar Sway de Michael Buble y el sonrió. Para mí era una música que no esperaba que cuadrara con él, pero con Edward todo era diferente. Cambiaba mi opinión acerca de su persona a cada instante.



En cuanto comenzó la canción, supe que el ritmo sería diferente a lo que yo alguna vez había bailado o mejor dicho intentado hacerlo.



-No sé bailar…-Me confesé ante su mirada precavida y divertida.



-Y agradezco eso…-No comprendí sus palabras del todo, su mano tomo mi cintura atrayéndome a él lentamente. Mis brazos se dirigieron a sus hombros poderosos hasta que aparto uno de ellos tomándolo con su otra mano libre.



-Yo te guio…-Su voz era seductora, incluso mi piel se había erizado. Me concentre en respirar y asentir al mismo tiempo.



La melodía era de cadencia dinámica, había ritmo y movimientos anticipados. Pude haber temido por caer ante la primera estrofa. Pero Edward era excelente bailando, como si no tuviera de por si mil y un razones para la perfección ahora se unía otra a la lista que estaba haciendo mentalmente.



Me deje llevar por sus manos expertas por sus pies que marcaban el paso y por el ritmo que me indicaba que hacía algo bien. No entendía como podía hacerme bailar, teniendo en cuenta que mi naturaleza era arrítmica el parecía hacer que mi cuerpo de forma natural diera vueltas, marcara un paso e incluso hiciéramos un par de movimientos casi del tipo coreográfico.



A lo largo de la canción me encontré sonriendo sin dificultad, sonriendo con cada nuevo movimiento hasta que la pieza termino. Aplaudí sin pensármelo 2 veces.



-Creo que me engañaste-Fruncí el ceño confundida



-¿Con respecto a qué?-Mi lado paranoico salió a la superficie pensando en la teoría que alguna vez hubiera leído acerca de que el baile dice mucho de la persona.



-Dijiste que no sabías bailar… y créeme que me has dejado claro todo lo contrario- Sonrió y yo me sentí aliviada.



-Eso te lo debo a ti- Sonreí aliviada. Y fue cuando me di cuenta que no había visto a Jacob en toda la canción. Lo busque con la mirada por el lugar cuando lo mire sentado en la mesa con el ceño fruncido. Algo no andaba bien.



-Iré a ver cómo sigue Jasper- Mentí para separarme de Edward.



Camine con la idea de una posible pelea entre ellos, solo necesitaba eso; Un momento de duda y lo aprovecharía.



-Estoy mucho mejor-Mi “caballero” se paró frente a mi limitando mi campo de visión.



-Eso es bueno…-Le sonreí lo mejor que pude.



-Quiero presentarte a un par de amigos…-Tomo mi mano y me encamino a la mesa de al lado.



Quise zafarme pero tome aquello como mi redención con él.



Llegamos a la mesa donde 2 hombres se encontraban sentados. Uno era musculoso y el otro demostraba ser más desgarbado lo que tenían en común es que eran atractivos en una medida increíble. Algo comprendí de inmediato; Ellos no eran mi tipo.



-Ella es Isabella-Me presento Jasper con un dejo de añoranza en la voz. Me sentí incomoda.



-Yo soy Emmett mucho gusto-Se presentó el tipo musculoso de cabello negro y ojos que igualaban el tono.



-Yo soy Garrett-Se presentó el otro quien tenía un aire aventurero algo no tan común en la ciudad y ahora se distinguí por su forma de vestir. Sus jeans y camisa verde resaltaban su piel y su mirada fiera.



-Por fin te conozco… empezaba a cansarme de Jazz y las veces que te nombra- Sonrió Emmett –Pero ya que te veo puedo decir que después de todo decía la verdad- Guiño a un muy sonrojado Jasper. Aquello fluía bastante bien, los hombres frente a mi eran simpáticos. Incluso una parte de mí se vio increíblemente cómoda charlando. Jasper tomo mi mano entre la suya y sonrió. Sabía que para él ese gesto significaba mucho, para mí era solo darle la mano a un amigo.



-Disculpa…-Interrumpió Edward detrás de nosotros.



Me gire despacio mientras sus orbes me traspasaban. Era un tipo difícil de ignorar, además por instinto e inconsciencia una se sentía atraída como si juntaras 2 imanes. Así de simple era estar cerca de él.



-Me preguntaba si deseabas bailar de nuevo- Jasper tenso la mano y por inercia me jalo hacia él.



-Lo lamento… Bella y yo bailaremos- Quise refutar aquello, porque tenía conciencia de mi poca habilidad rítmica, además estaban decidiendo por mí, cosa que de inmediato me molesto.



-Pero…-Justo iba a continuar con un discurso muy bueno acerca de mi poca tolerancia para ser tomada en cuenta cuando Jacob tomo la pista. Su sonrisa era entera y las luces jugaban con su piel y el brillo de sus ojos con fulgor.



Eso lo podía comparar si es que no me equivocaba, con el canto de las sirenas a los marineros. Esa imagen me desarmo, bajo mis defensas. Camine sin importarme quien llevaba mi mano, quien más se encontraba en ese lugar mirando.



-¿Swan tu bailando?- Su voz me desarmo y atrajo la realidad; Él no estaba solo en cuanto una níveas manos abrazaron su cintura mi corazón dio un respingo.



-Eso intento-Quise no sonar afectada. Sentí un tirón amable en mi muñeca. Jasper sonreía tenuemente mientras intentaba que nos incorporáramos a un ritmo de salsa.



No se necesitaba un adivino para saber qué pasaría.



-Lo lamento de verdad…-Me disculpaba con Jasper por haber repetido el incidente.



-Haber Bella yo recuerdo que no eres tan mala en esto- Jacob hablo mientras tomaba mi mano con destreza y despedía a Vanessa quien llevaba a Jasper de regreso a la mesa.



-Qué vergüenza…-Dije con el corazón en la garganta. Era mentira porque cuando él me había tocado, todo el mundo había dejado de importarme. Ahora solo era consciente de sus fuertes manos tocando mi cintura. Su aroma me aturdía de una manera increíble, su sonrisa me capturaba y sus ojos bueno sus ojos me recreaban momentos increíbles y ahora lejanos e imposibles.



-¿Tengo que enseñarte de nuevo a bailar?-Quise gritarle que fuera yo la única con la que debía bailar, que lo necesitaba que me enseñara solo a bailar. Que me enseñara a amar. Eso necesitaba yo.



-Creo que lo he olvidado-Mi piel ardía de necesidad, una necesidad que había regresado y era tan fuerte que no podía mirar hacia otro lado o moverme sin que él no guiara movimiento alguno. Yo era algo parecido a su títere, un títere gustoso y feliz.



-Mira presta atención…-Señalo un par de pasos y movimientos. Acepto que él podría enseñar a un pato si se lo propusiera pero deseaba pasar más tiempo con el así que en vez de cachar los movimientos los hacia adrede peor.



No me sentí culpable cuando habíamos pasado tanto tiempo riendo y tocándonos debajo de las luces mientras la música sonaba y cambiaba de ritmos. Nos quedamos quietos cuando sonaba algo lento en el ambiente. Una canción que ambos conocíamos a la perfección.



Nuestro primer baile había sido ese, mi padre ponía esa canción el 14 de febrero alegando que la película era fantástica. No es que Tom Cruise en Top Gun no sea de mi agrado pero yo sabía por el padre de Jake que mi padre y esa canción tenía una historia. Así que un día de San Valentín mientras sonaba la canción llego Jacob y a los 12 años bailamos por primera vez juntos.; Take My Breath Away había sido nuestra primer canción y escucharla ahora hacia que la piel se me erizara y el pecho doliera de recuerdos.



Sonrió casi como aquella noche hacia tantos años, tomo mi mano y delicadamente me llevo a través de la historia. Pero ahora casi no había mucho en común entre el chico de 12 años y el hombre frente a mí salvo la sonrisa y el efecto que le producía a mi corazón.



El momento fue único, me permití recostar mi cabeza en su pecho para escuchar su corazón, sereno y tranquilo a diferencia del mío que parecía salir con cada exhalación.



-¿Qué hubiera sido de nosotros? ¿Alguna vez lo has pensado Bells?- Pregunto contra mi oído quedamente. Mi mente trabajo más rápido y creo un futro en el que él y yo estábamos juntos, en el que vivíamos en una casa de madera en un vecindario lindo y apropiado para criar un par de niños hermosos de tez bronceada como la de él pero con ojos chocolates. Donde compartiríamos una fogata, incluso me podía ver en las noches de invierno a su lado o en cenas con Charlie y Billy felices y radiantes con nuestros hijos. Así era mi imaginación de masoquista.



-Jacob… yo...-Quería gritarle cuanto lo amaba, que saliéramos de aquel lugar y huyéramos de todo pero antes de que pudiera seguir el me silencio.



-Creo que no hubiéramos funcionado…-Hubiera preferido una abofeteada, al menos sabes que el dolor físico debe aliviarse un día, pero el dolor que sentí con sus palabras fue más profundo, más hiriente como si me hubiese aventado arsénico al corazón.



Me separe de el para huir, no quería que me viera llorar. Por qué no tenía algo coherente que decirle. Unos brazos me sujetaron con una fuerza protectora.



-¿Estas bien Bella?-Y de todas las personas esa noche me alegre que fuera él.



Jasper me miraba preocupado mientras me atraía a su pecho, yo me resguarde en el como si de ello dependiera mi vida.



Pasaron unos minutos en los que pude parar las lágrimas y alce el rostro para disculparme.



-No pasa nada…-Sonrió y tomo mi barbilla con su índice, con su pulgar acaricio mis labios. Sabía lo que venía, incluso podría contar los segundos antes de que sus labios chocaran los míos.



Me beso y lo permití, no opuse resistencia cuando su boca choco delicadamente contra mi boca, cuando su lengua acaricio la mía. Su sabor era delicioso, calmante de un extraño modo. Pero no había más, no había adrenalina ni emoción. Incluso estuve mirándolo todo el tiempo. Sus ojos estaban cerrados e incluso así parecían decirlo todo; Para el este beso era importante.



De pronto se alejó un poco, sus ojos me atrajeron otros a la mente, unos esmeralda que justamente estaban tras de él fijos, embravecidos.



Esa mirada estaba seria y a pesar de su intento por girarse y restar importancia me era familiar, porque yo misma conocía el sentimiento que la transformaba; Los celos que sentía con Jake y Vanessa.... pero él no podía tener celos de mí, es decir, era imposible.



-Gracias…-Dije apenada sin saber que más decir.



-No se agradece cuando alguien te besa…-Frunció el ceño Jasper y me abrazo de nuevo.



Edward se alejó de nosotros esquivando a la gente.



De pronto mire a Jacob mirándonos serio, meditando. Había atisbos de celos, con él era más fácil descubrirlos. Los había aprendido a identificar cuando en un baile de la secundaria un chico llamado Miles se había acercado a invitarme a bailar justo cuando Jake había ido por ponche. Así que eso había bastado para que Jacob lo lanzara lejos de mi campo de visión.



Aproveche el momento para atraer a Jasper de nuevo y besarlo con más entusiasmo, esperando que el viniera demostrando que le importaba. Se quedó ahí observando sin saber qué hacer.



De pronto apareció Vanessa junto detrás de él y le pareció bastar aquello para tomarla de la cintura y besarla con fiereza delante de mí.



Jugar con los celos era peor que jugar con fuego. Así lo veía ya que yo había perdido desastrosamente.



Corte el beso con Jasper para dirigirnos a la mesa. Pasaban de las 1 de la mañana así que pensé en los demás que seguramente si debían ir al trabajo.



Ahora Edward conduciría la Hummer y su despedida había sido corta alegando cansancio. Alice se encontraba confundida y Rosalie al parecer no había perdido el tiempo ya que no podía dejar de sonreír al hablar de Emmett a quien había conocido además de haber bailado casi todo el tiempo.



Jacob y yo íbamos callados, pero era un silencio desesperante. Era como si hubiera cortinas de palabras aun colándose de manera desafiante con cada exhalación.



Mike venia en la parte trasera ya que según amenazas de Alice iríamos a comprar algunas cosas para la boda. Vanessa me había recordado aquello que había bloqueado de mi mente;



Al parecer el tormento de ser su dama de honor apenas comenzaba. Agradecía a Mike su apoyo al acompañarme, sabía que sería un día largo.



Llegamos a mi hogar. Mike corrió a mi habitación para dormir mientras Jacob se había retirado a la suya. Me quede en la cocina tomando un vaso de agua cuando la voz de Jake resonó.



-¿Qué te paso esta noche?- Pregunto detrás mío. Me voltee para encararlo cuando note que solo traía un pantalón de dormir, su torso estaba desnudo regalándome esa hermosa visión.



-Nada…-Continúe tomando agua más despacio por temor a ahogarme.



-Si lo sabes… tú y ese tal Jasper…-acuso



Tenía ese momento donde la duda, la incomodidad y los celos coexistían en su tono de voz.



-¿Para qué quieres saber?-Ataque de manera inocente.



-Ni si quiera yo lo se…-Contesto más para sí mismo.



-Si lo sabes…- Me acerque a él dejando el vaso en la encimera. Su mirada se centró en la mía.



-No, no lo sabes…-Reto



-Jake…- Nuestros labios estaban cerca, su respiración rozaba mis mejillas. La sola expectación hacía de mi razón una vil piltrafa.



-Bella donde pusiste la hermosa bata que me prestaste la última vez…-Mike llegaba en un pésimo momento. El mismo lo había comprendido cuando mi mirada lo taladro.



Esa noche mi amigo recitaba cada 5minutos una disculpa hasta que se quedó callado comprendí que estaba dormido.



No podía dormir, mi mente se encontraba afectada pero emocionada. Jacob estaba bajo el mismo que yo, en mi casa, en la cama que había preparado especialmente para él.



Quizás si me voy a asegurar que este cómodo…Bueno ni yo podía caer tan bajo.



No había equivocado con respecto al otro día, había sido ajetreado. Caminamos recorriendo un sinfín de tiendas. Al parecer Alice solo necesitaba mis medidas para mi vestido. Así que todo el día me vi envuelta en un extraño “Día de chicas” con Mike incluido. Me sentía fuera de lugar, yo nunca había tenido uno de manera tan… familiar. Es decir, ir de compras con Mike y las chicas era una cosa, cada una buscaba su estilo y nos reuníamos cuando hubiéramos terminado. Claro excepto Mike y yo quien se aseguraba que mis prendas combinaran.



En cambio salir con las Cullen era algo intimidante. Todas daban su opinión y convenían diálogos familiares. Demasiado para mí.



Jacob y Edward nos alcanzaron en la última tienda entrando con aire triunfante y seguro. Ambos hombres eran irresistibles en distintos modos. Las mujeres del lugar se giraron para dedicarles miradas coquetas aunque un tanto lascivas en su dirección.



Esa noche estaba tan cansada que me llegue buscando mi cama, incluso había dejado a Jake manejar a casa.



Al otro día fue casi igual excepto que un oportuno Jasper me había salvado pasadas las 2 de la tarde con una invitación a comer que acepte sin pensarlo. Mike no me acompañaba hoy, lo cual me hacía parecer una sombra en aquellas sonrisas y melodiosas risas.



-En la noche vamos a ir a Claps…-Sentencio Alice antes que me fuera. Aquel Bar-Karaoke era divertido. Pero estar con los Cullen siempre complicaba todo…

septiembre 16, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo XVIII

¡Viernes!
¡Feliz dia de la Independiencia de México!
Nunca habia dicho eso, nunca! :D Creo que seria lindo que todos los mexicanos al vernos digamos: Feliz dia de la Independencia. ¿Estaria genial, no? Digo... Si nos felicitamos el dia de San Valentin, o en Navidad, el dia del Padre, o del Abuelo, incluso el dia de la Secretaria ¬¬ ... Deberiamos de hacer lo mismo en Septiembre 16 o aun mejor, el dia de los Niños Heroes, o el dia de la Revolucion!! Ok ._. La emocion me carcome el cerebro. No doy para más. Dispensen. El punto de esta pequeña introduccion, es para desearles un buen fin de semana. Ya saben, no manejes si estas ebrio, no atropeyes gente ni todo eso. Porque es malo, muy malo :)
Otra cosa... Se que pocas lectoras se pasan por el blog a comentar, pero... Sepanse que esta temporada de Maldita delicia esta por terminar *.* ¡Harta emocion! Porque luego me la paso pensando en eso que casi me olvido de tocar el timbre para bajar del autobus que me lleva a la escuela XD En serio...
Y un punto más. TENEMOS NUEVO DISEÑO EN EL BLOG. ¿No les encanta? Aaaaw, nuestro bebé esta bien hermoso. ¡COSMICO! Como dijo mi Ale por el mensajero :3 Ahora si, cada columna es de una autora, mis historias en su lado izquierdo de la pantalla, y las de mi Ale en la otra. Simple (: Espacioso. Hermoso. Divis-divis! *.*
Y por ultimo... Amaran este capitulo. Mi Ale lo amara con toda su alma, lo se :D Yo amo el capitulo (: ♥ Pero te amo más a ti mi Ale :D ;)
Cuidence, nos estamos leyendo (:



18. La cama redonda

Que si bien Luna estaba muy segura sobre su plan de venganza hacia Julien, Renata aun tenía sus dudas.

Había empezado a morder sus uñas. El esmalte rojo quemado que adornó sus uñas bastante tiempo se había empezado a levantar debido a sus nerviosos dientes. Los lápices de su escritorio estaban mordidos. Y sus labios ya tenían las marcas de sus dientes por tantas veces que se sorprendía a si misma mordiendo su labio inferior y la parte interna de sus mejillas.

No quería ni mirar a William porque ella juraba y perjuraba que lo estaba utilizando. Su estomago permanecía revuelto, a pesar de que Luna le sonreía diciéndole que William no sería usado, que él sabía perfectamente lo que ellas tramaban y que no tenía nada porque temer.
Pero eso no le parecía a Renata. Que sabía por experiencia propia, como terminaba uno después de ser usado y aun peor, desechado.
Era horrible saberse parte de un juego que no tenía ganadores.

-¿Qué pasa, Renata?
William apretó su mano, haciendo que ella volviera a Tierra después de que estuviera divagando un buen rato, con la mirada perdida.
-No has tocado tu comida – observo el rubio. Su plato estaba intacto. Las moscas se daban un festín. Pero su copa de vino estaba vacía, y ella se aferraba a la base como si fuera un salvavidas.
-Si… - murmuro Renta aun mirando a la nada.

¿Y si todo salía mal?
Julien no la había llamado desde que lo había dejado hace un par de días.
-Ren… - William tomo su barbilla, los ojos de ella lo miraron. –Dime que es lo que pasa, o te obligare…
Ella se estremeció y sus labios formaron una sonrisita.
-Es sobre… - comenzó en voz baja.
-¿El plan? – inquirió sin dejar de mirarla. Ella asintió. –Si… Tus hombros y tus lápices me lo dicen – comento sonriendo abiertamente. –Ya te dije que estoy a tus órdenes. Nada me complacería más que demostrarte que puedes confiar en mí. ¿Bien?
Renata sonrió un poco más. Tomo sus manos y apretándolas susurro un: “gracias”.
De cualquier forma eso no la tranquilizaba.
-Conozco la sensación de ser usado, Will. Y no quiero que tú te sientas así. No quiero. No quiero perderte, eres una estupenda persona. Y que terminemos mal me rompería…
-No me siento usado… - corrigió él. –Aun… - le guiño el ojo.
Las mejillas de ella enrojecieron y su cuerpo ardió.
¿Cómo es que con un simple guiño su cuerpo podía arder y sentirse necesitado justo como ahora?
-Además – agrego dándole un sorbo a su vaso de whisky. –Adoro cuando muerdes tus labios estando nerviosa. Si, justo así… -la señalo.
Renata bajo la mirada, el cuerpo le ardía aun más.
-No tengo hambre…
-Que curioso. Yo si… - levanto una mano y un mesero se acerco. –La cuenta por favor…


William pago, rechazando el dinero que Renata intentaba poner en la mesa. La miro severamente en su último intento de compartir la cuenta de una comida que ella ni toco.
Salieron del restaurante, Renata camino en dirección al edificio donde trabajaban, pero William la detuvo jalándola de la muñeca.
-¿A dónde vas? – pregunto mirándola con el ceño fruncido.
-Al… trabajo – contesto dudosa.
Negando con la cabeza, la llevo a donde estacionaba su auto.
-Hoy conocerás mi casa… - dijo levantando la puerta de su auto rojo, y extendió la mano para ayudarle a entrar a la cabina.
Renata abrió la boca. ¿Era en serio?
Bueno, su rostro no parecía mentir. Entro.

William rodeo la parte de enfrente del auto y entro al lado del conductor. El auto ronroneo cuando él lo encendió y acelero dirigiéndose al tráfico de las 3 de una tarde de jueves.
Cruzaron las calles en silencio. Renata tenía el estomago vacio y justo ahora moría de hambre.
William le rozo la rodilla cuando hizo un cambio de velocidades. Ella lo miro sorprendida y le regalo una radiante sonrisa.
-Lo siento… - murmuro el rubio.
Doblo una esquina y un par de metros más adelante, se erguía un edificio imponente. Era una zona muy elegante y adinerada. Se podían apreciar autos alucinantes, limosinas.
-Llegamos– declaro William deteniéndose para que el Vallet Parking se llevara su auto al estacionamiento subterráneo del edificio.

Ayudo a bajar a Renata que seguía sorprendida. Nunca en su vida había visto un edificio tan grande y a la vez tan lindo. Salvo en los programas de TV.
William, caballeroso mantuvo la puerta abierta para que ella pasara, el portero le sonrió al entrar.
-Sr. Northman – el recepcionista lo llamo a la barra, William jalo de la mano a Renata para que no se separara de él.
-Dime, Stuart… - sonrió amable.
-Su pedido ya está en su departamento. Todo está listo.
-Perfecto Stu – el rubio asintió. Sonrió a Renata que lo miraba entrecerrando los ojos.
La guio al ascensor.


Era raro, ella no podía articular palabra. Sus manos estaban frías y sus dedos temblorosos. Sus piernas apenas actuaban conforme a las órdenes de su cerebro. Mismo que estaba en una lucha por revelar que diablos tramaba William.
El ascensor se detuvo en el último piso.
Las puertas se abrieron y dejaron ver el piso de mármol color crema que estaba en perfecta sincronía con los muebles oscuros y modernos. No había paredes que hicieran que el lugar se sintiera cerrado. Al contrario. Enormes ventanales se erguían dándole al lugar una mayor amplitud. Sin paredes el sitio se veía espectacular.
Renata contuvo un jadeo cuando él la llevo a la sala. Tenía una vista fabulosa de los demás edificios y gran parte de la ciudad, además, la elegancia de los muebles y la decoración. Todo en perfecta sincronía.
Los sofás eran café oscuros, de piel y se veían tan cómodos que ella se imagino arrojándose a uno. Había 3 sofás, uno de 3 plazas que seguro que más de 3 personas podrían sentarse cómodamente; y otros dos de dos plazas. La mesa de centro era de madera y un Jardín Zen enorme estaba en el centro de ésta. El sofá de 3 plazas quedaba de frente a una enorme pantalla de plasma.
Renata soltó la mano de William, se dirigió directo al Jardín Zen. La arena estaba removida, formando pequeños montecitos con los granos. Ella le miro sonriendo divertida.
-Esa mierda no me sirve - bufo con una sonrisa en los labios. -Siéntate, en un segundo regreso - anuncio.
Renata asintió y se arrodillo frente a la mesita de centro, tomo el rastrillo y empezó a darle forma a la arena. Se imagino de pronto a su gato Cartón y el nuevo gatito color humo y ojos verdes que había llamado: Mermelada; revolcándose en la arena gustosos.
¿La razón del nombre? Simple. Luna se había destornillado de risa cuando escucho decir a Renata que quería que la cucharita de Julien entrara en su tarrito de mermelada. Ambas se habían partido de risa, a tal punto que las lágrimas habían escapado de sus ojos.

William regreso a la sala unos minutos después.
La ayudo a ponerse de pie tomándola del codo.
-No tocaste tu comida…
-No tenía hambre – su interior la traiciono y rugió. –Pero ahora si tengo… - agrego.
-Lo sé – William la llevo a su improvisado comedor. Era una mesa blanca redonda con sillas de metal y asientos blancos.
Sobre la mesa había una botella de vino, jugo de naranja y dos copas. En el centro un candelabro de 3 velas, ahora apagadas. Pero lo que llamo la atención de Renata fue esa fuente de chocolate. Había varios tazones de cristal a rebosar de frutas exóticas. Kiwi, fresas, moras, cerezas. Se le hizo agua la boca de inmediato.
-La pasta aun no esta lista – informo jalando una silla hacia atrás para que ella se sentara.
Renata le agradeció con un susurro apenas perceptible para él. William le beso la mejilla y tomo su lugar justo frente a ella. Destapo la botella de vino rosado y burbujeante, lleno las dos copas.
-Brindemos… - levanto su copa. Renata lo imito. –Por ti… - choco su copa y la miro a los ojos. –Porque cada día sea el mejor en tu vida…
Renata se sonrojo. Bebió casi hasta terminar el líquido rosado.
-Mmmm – relamió sus labios, -esta delicioso.
-No tanto como tu – levanto una ceja. La muchacha se sonrojo tanto como las fresas que le llamaban a gritos por ser probadas.
William tomo un palillo largo y delgado y ensarto un par de frutillas para bañarlas en el chocolate. Una vez que las tuvo completamente bañadas y que el chocolate se endureció. Miro a Renata con una sonrisa. La chica contuvo el aliento.
-Sabes… Siempre me pregunte a que sabrías con chocolate – una sonrisa ladina se formo en su rostro. Poniéndose de pie se acerco a ella para tomar su rostro. Renata tenia la boca abierta, no se lo podía creer.
El hombre estuvo frente a ella, tomo una fresa entre sus dedos y se la acerco a Renata. Ella sonrió antes morder la fresa. Era lo más erótico que jamás hubiera hecho. Se mojo de inmediato. Anticipando lo que podía suceder ahí. En el departamento de este hombre encarnando el sexo.
William tomo una silla y se sentó frente a ella. Le acerco una fresa más, pero esta vez la alejo antes de que ella la atrapara entre sus dientes. Un gemido molesto salió de la garganta de Renata. William sonreía triunfante. Recargo su espalda en la silla. Mirando fijamente a Renata, dijo:
-Ven aquí…
Renata relamió sus labios y monto a William con un ágil movimiento. La sorpresa del acto le provoco al rubio un jadeo de júbilo.
-Eso… - acaricio las piernas de ella. Descubiertas por el vestido que portaba esa tarde. Las manos viajaron sobre ella concentradas en sacarle suspiros.
Había olvidado por completo las fresas y el chocolate.
-Pensé que querías conocer a que sabia con chocolate… - ronroneo Renata.
-¡Oh! Es verdad… - Renata iba a bajarse de sus piernas, pero él la detuvo. –No iras a ningún lado… - aseguro, se puso de pie y le tomo del trasero para transportarla hasta la sala.
Una vez ahí, él regreso a la mesa y tomo la fuente y la fruta.
Ella lo miraba divertida ante las caras y los malabares de él para que no cayeran las cosas al suelo. Aparto de un manotazo el Jardín Zen y coloco la fuente y las frutas en la mesa de centro.
-Listo…
Renata sonrió emocionada.
Esta vez, William la tomo de la cadera y la recostó sobre la alfombra.
-¿Qué haces? – pregunto ella acomodándose sobre su espalda.
-Ya verás – subió a ella. Se inclino a besarla, lamiendo la carne de su cuello. Despojándole poco a poco la ropa.


Primero el abrigo. Dejando al descubierto su vestido gris rata. Era una pieza exquisita, de la cual Renata se enamoro de inmediato. Las mangas eran cortas, el escote era recto, a la cintura con una simulación de cinturón que le daba una deliciosa forma, eso según halagos de William. Que apenas la había visto cruzar frente a su oficina, por la mañana, su entrepierna dio un brinco.


Las deliciosas y suaves piernas de ella se dejaban ver largas bajo el vestido, que le llegaba a medio muslo. William se pregunto de inmediato si esa mañana ella portaba liguero. Mientras que los stilletos negros de 10 centímetros de alto hacían estragos con la concentración del rubio. Desde que la vio se había imaginado a Renata solo con ellos puestos al tiempo que la embestía, haciendo rebotar sus pechos.
No había tenido la oportunidad de verla completamente desnuda, solo para él. Seguramente sus más duras fantasías no le harían justicia a la mujer que yacía bajo su cuerpo, a la espera de que siguiera desnudándola y tocándola como solo él sabía hacer.
El rubio comenzó a besar su cuello, buscando disimuladamente el zíper de su vestido. Una vez que lo encontró la miro a los ojos. Renata sonrió y se colgó de su cuello.
La señal que él esperaba llego cuando ella le acaricio el cabello, revolviéndoselo.
Bajo el zíper poco a poco, descubriendo lo que sus más oscuros y bajos deseos esperaban. El comienzo de un liguero de encaje negro. Se contuvo para no gritar de alegría. A simple vista lucia como un vestido recatado, pero a la vez sexy. Era como alimentar las más sucias fantasías de oficina. Y vaya que él tenía muchas sucias fantasías con ella.
Bajo el vestido comenzando por sus hombros, dejando a la vista los tirantes de un sostén a juego con el liguero. Deslizo el vestido hacia abajo mientras su pulso se aceleraba, amenazando su corazón con salir de su pecho.
Cuando la tuvo desnuda y a su merced, se hinco entre sus piernas. Paso la lengua por sus labios. Admirando cada rincón de esa pálida piel.
Tomándola de la cadera, hizo que ella se pusiera de pie, y él de rodillas podía admirar aun mejor cada curva endemoniada de ella. Las manos de ella estaban nerviosas, haciendo añicos su esmalte rojo.
-Eres hermosa… - dijo William con la voz ronca. El deseo le provocaba un nudo en la garganta.
Ella sonrió aun más sonrojada.
No hacía falta que dijera nada. Por el momento.
Acercándose a ella, William abrió los broches que sostenían sus medias con su liguero, ella intento ayudarle pero él la detuvo.
-Quiero hacerlo yo…
Asintió de nuevo, con el corazón latiéndole en la garganta. Sintiendo como golpeaba con fuerza contra sus costillas.
Lo vio pasando la punta de su nariz por su monte de Venus. Lo tomo de los hombros, temiendo desplomarse al suelo. Él subió la mirada, jalando con un dedo el contorno de sus bragas negras de algodón. Poco a poco las deslizo por sus piernas, aun cubiertas por el nylon de sus medias.
Una vez en sus tobillos, William la insto a que levantara sus pies para que finalmente estuvieran fuera de ella.
La mirada celeste de William la derritió, en todos los sentidos.
Sabía que iba a devorarla, pero no sabía que su lengua iba a derrumbarla como lo hizo. Cayó al sofá más cercano y sus piernas volaron sobre los hombros de él, dándole mayor acceso a su cuerpo ardiente y húmedo.
-¡William! – gritaba ella. Abrazando el orgasmo con fuerza. Mientras su cuerpo temblaba y su corazón palpitaba a gran velocidad.
La lengua de William nunca se detuvo, sentía como el botón húmedo de ella se endurecía pidiendo por más, su lengua lujuriosa y su dedo índice se habían apoderado de la razón de Renata.
-¡No te detengas! –pedía ella a viva voz. Apretando los hombros de él. Ciñéndolo contra su centro. -¡No te detengas! – jadeaba.
Y el rubio no se detuvo hasta que sintió el último espasmo de su cuerpo. Así, sin invadir su cuerpo, solo tocando su clítoris y hablándole en susurros contra sus húmedos muslos. Invadiendo cada sentido de ella y completando sus más sucias fantasías.

***



Renata no quería abrir los ojos. Sabía que era de noche, no conocía la hora exacta, pero poco le importaba. La habitación de William no tenía muros, como supuso. Así que el cielo nocturno, en conjunto con las estrellas y la luna se podía apreciar con facilidad.

Su cuerpo dolía de una forma tan deliciosa que sonrió. William estaba acostado a su lado, con esa sonrisa picara bailando en sus labios. Su cabello rubio estaba revuelto y el de ella, ni se diga. Ambos estaban desnudos. Desnudos y satisfechos. William era un buen amante. Le hizo el amor en la sala, después paso a la barra de la cocina, para ir a trompicones hasta su recamara, pero antes, la tomo en las escaleras, él tenía ganas de llevarla a la pequeña piscina que estaba en el improvisado jardín, pero se contuvo, ya que el agua estaría congelada debido al clima, así que se saltaron ese lugar para pasar a gritar blasfemias en la comodidad de su habitación. No sin antes, tomarla contra una ventana.

William tenía ideas ilimitadas. Todas y cada una de ellas satisficieron a Renata.
El rubio la ciño más contra su pecho. Renata no opuso resistencia. El calor de la cama de William la llamaba seductoramente, y ese hombre, como siempre decía, encarnaba el sexo. Eran tan sensual, que incluso cuando fruncía el ceño porque algo le molestaba no dejaba de verse exquisito.
-Will… - susurro despejando su frente de su rubio cabello.
-¿Mmmhum? – gesticulo aun con los ojos cerrados.
-Creo que tengo que irme – continuo Renata.
-¿Tienes que irte, o quieres irte? – abrió los ojos y sus celeste mirada la perforo.
La había atrapado. Ella no quería irse. Se sentía tan bien pasar el tiempo a su lado. Riendo. Sonriendo. Besándose. Tocándose. Amand…
-Si, - sonrió poquito cuando el último hilo de sus pensamientos se sintió como un balde de agua fría – tengo que irme.
-No, no quieres irte – acuso. –Ya te hubieras deslizado de la cama hasta tomar tu ropa y te hubieras ido, si quisieras.
Ella mordió su labio inferior.
-Yo… William, es tarde – se aparto de la prisión de los brazos de William y comenzó a buscar su ropa.
William la miraba recargado en la cabecera de la cama. Un segundo después Renata lo miro boquiabierta. No era porque el tipo se veía exquisito medio tapado por la sabana. No. Bien, si, si era por eso. Pero otra cosa, bastante curiosa –y no fue su erección, esta vez no – lo que le hizo mirarlo con los ojos muy abiertos.
-¿Qué pasa? – inquirió William, lentamente doblo la rodilla, tratando de ocultar su erección. Verla gateando en busca de su ropa interior había despertado su animal interno.
-Tu cama… es…
-Redonda, si… ¿Qué tiene?
Ella cerró la boca y negó con la cabeza. Dando la espalda para sonreír como boba y colocarse en su lugar sus bragas y su sostén.
William se puso los calzoncillos y corrió a la sala para alcanzarle el vestido, las pantimedias y el liguero. No quería perder detalle de ella mientras se vistiera. Si, era un pervertido y estaba loco por ella.
Renata termino de vestirse, el cuerpo aun le dolía y esa pequeña mordida de William sobre su cadera aun la tenia rojiza.
-Lamento lo de…
-No importa – sonrió ampliamente. –Me encanto – soltó, atándose el largo cabello en una coleta sobre su nuca.
-¿Quieres darte un baño? – William quería mantenerla lo más posible en sus terrenos. Jamás dejarla escapar.
Era, sin duda, lo mejor que le había pasado. Que había pasado delante de él. Y que, sumado a que era una asombrosa mujer: inteligente, hermosa, fuerte, segura; ella no lo quería por su dinero. En ningún momento ella abrió la boca al escuchar su apellido ni cuando supo que era el dueño de la empresa donde ella trabajaba. Cualquier otra hubiera intentado por cualquier medio meterse en su cama, pero ella, ella parecía querer estar fuera de su cama a como diera lugar.
Adoraba la forma en que Renata se sonrojaba cuando él coqueteaba con ella. Mejor aún, cuando él sin querer – ¡Y yo me chupo el dedo! – le tocaba la pierna o perdía los ojos en su escote. William tenía que aceptar que su amiga Luna lo había dejado sorprendido. Pero después de tratar a Renata, se percato de que no tenía igual. Podían ser muy parecidas en su fortaleza. Pero a la vez tan diferentes que era imposible describirlas.
-No. No quiero darte más molestias, Will.
-¿Molestias? – cruzo los brazos aun sobre su desnudo torso. -¿Por qué piensas esa estupidez? ¿Tu molestar? Ok, si, si molestas. Cuando estas vestida. Solo así me molestas, me pones enfermo…
Renata se sonrojo hasta las orejas.
-Will – gimió como advertencia. Sabía que volvería a caer en sus brazos y mejor aun, en sus sabanas.
-¿Qué? – él se acerco a ella y la apretó contra su cuerpo. Renata jadeo cuando sintió la dureza del sexo de Will chocando con su vientre. –Estoy loco por ti, ¿no te das cuenta?
Temblando ella desvió la mirada, parte avergonzada y parte petrificada por no saber qué demonios contestar.
-No sé qué decir… Me gustas William. Mucho – comenzó a balbucear. –No quiero lastimarte…
-Shh, shh – la obligo a mirarla. –No digas nada, Rens. Eres una mujer libre, adoro eso de ti. No soy una jaula de brazos y piernas. Solo quiero que lo sepas. Que sepas que puedes contar conmigo en lo que sea, así sean locuras, más locuras y si, locuras.
-Gracias – atino a decir ella. –En serio…
Pero William silencio su torpe agradecimiento con un tórrido beso. La levanto del suelo, masajeando sus nalgas, embelesado con los gemidos que ella dejaba escapar contra su boca.
-Ahora vete antes de que te devore de nuevo… - gruño regresándola al suelo.
-¿Y si quiero quedarme? – inquirió ella alzando una ceja.
-¿Quién soy yo para impedírtelo?

Las chicas del Té de Lemmon

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