octubre 28, 2011

El placer es mio... - Capitulo 9

Sube de super volada! Maldita delicia esta cerca de su final! Pero antes, les dejo un nuevo capitulo de El placer es mio. Disfrutenlo! ♥ Cambio y fuera. Lindo fin de semana!






Capitulo IX



La noticia de que Vincent – su hombre perfecto – no era novio de Jennifer, tenía a Lizzeth con una sonrisa permanente. Eso comenzaba a ser desquiciante para Marion y Kenzi, en muchos aspectos. Ya que no dejaba de suspirar. Y venga que solo llevaba 28 horas después de enterarse de la noticia.
-Es perfecto – repetía y repetía sin parar.
Kenzi volteaba los ojos. Celosa, pero ocultándolo profesionalmente.
Marion abrazaba a su amiga. Ella también estaba feliz. Muy feliz. Ahora que Adam le había dicho que era el amor de su vida y que nada cambiaría eso. Ni siquiera un fantasma.
-Como sea, espero que hoy Dorothea me mande por más café a la Galería y pueda verlo – comento esperanzada. Los ojos azules le brillaban. Se le veía muy feliz y eso que no había platicado mucho con su hombre perfecto.
-¿Cómo te fue en el masaje de ayer, Kenz? – Marion volvió sus ojos enormes y marrones a Kenzi. La morena comía un enorme trozo de pastel de chocolate con fresas, levanto los hombros.
-Estuvo bien…
-¿Bien? ¿Solo bien? – pregunto rápidamente, Marion.
-Pues si… ¿Qué quieres que diga? Fue genial. Solo eso… Ya me entere que apartaste todo el fin de semana. Las otras clientas me odian – bufo Kenzi.
-Yo también te odiaría – comento Lizzeth tomando un poco del pastel de Kenzi. –Digo… me quitarías la relajación.
-Venga, tú haces yoga o intentas hacerlo en el suelo de tu sala – acuso Kenzi divertida.
-Bueno, si. Y eso me relaja… - sonrió.
-No más que tu pedazo de plástico – cortó Kenzi.
Las tres chicas se soltaron a reír.
-Por cierto, necesito uno… - gimió Kenzi.
-No, tú necesitas un pene glorioso – sentencio Marion. –Ya te dije… Conozco a un tipo…
-Que es un completo idiota – completo Kenzi.
-No, no es un idiota – defendió Marion.
-Ya… Chicas – se puso de pie. –Tengo mucho trabajo. Los niños no me dan tregua y justo antes de la comida me preguntaron cómo se hacen los bebés. No es mi trabajo educarlos sexualmente.
-No sabes cómo se hacen los bebés. Confiesa – Lizzy la miro, señalándola con el tenedor.
-Agh, ojala no supiera cómo se hacen… - suspiro la morena. Saco un par de billetes del bolsillo de sus jeans y los dejo en la mesa. –Nos vemos más tarde…
-No olvides tu cita en el Spa. Me ha costado mucho, mucho dinero – recordó Marion señalándola con su dedo.
-No, no lo olvido…
-Perfecto. Después me agradeces.
Kenzi frunció el ceño. Se despidió de sus amigas agitando la mano y salió de la cafetería.
-¡Mmm, que rico esta el pastel! – Lizzy jalo el plato de Kenzi cerca de ella y lo devoro con impaciencia. –Sin duda esta estresada. Nunca deja su pastel casi completo, y mucho menos su frappe.
Marion asintió despacio.
-Ahora cuéntame de tu hombre perfecto – demandó tomando el lugar de Kenzi, frente a Lizzy. –Con lujo de detalle…
La sonrisa que se formo en el rostro de Lizzy lo dijo todo.

Pasaron toda la tarde platicando. Lizzy suspiraba al recordar esos ojos celestes claros y su sonrisa.
-Todo él es perfecto. Su voz, su altura… - jadeo. –Oh si…
-Oh, amiga, me alegro… - Marion la tomo de la mano.
-Casi me muero cuando pensé que era novio de Jennifer…
-Pero no lo es. Solo son amigos…
-Si, si. Solo amigos. Y que bueno… No quería ser mala persona con Jennifer. Ella es linda, es amiga de Luna, la prima de Kenzi. Y a que no adivinas con quien trabaja.
-Mmm, nop – negó.
-¡¡Con Victoria Sparks!!
-¿En serio?
-Lo juro ella me lo dijo. Los sueños se pueden hacer realidad…
-¿Y quién te dijo que no? – arqueo una ceja. –Yo termine mi carrera, Kenzi adora a esos demonios aunque no lo diga nunca en voz alta, y tú… Ya pronto serás la mejor actriz del mundo…
-¿Lo crees amiga?
-¡Claro que si!
-Bueno, si – asintió – de momento encontré a mi hombre perfecto.
-Tienes que presentármelo…
-Si, un día iremos a tomar café a la Galería, las tres. Solo un fin de semana que mi jefa no necesite nada para la revista.
-Si, si. Yo espero… - sonrió comprensiva.

***

Después de la comida con sus amigas Lizzeth volvió a su empleo. La sonrisa no podía ser borrada de su rostro. Incluso, cuando Dorothea llegaba a gritarle ella permanecía con esa sonrisa. De cierta forma era desquiciante verla así.
-¿Necesita algo, Sra. Van Gulick? – pregunto desde el marco de la puerta de la oficina de su jefa. Pasaban de las 5 de la tarde y aun quedaban 2 horas para que saliera de la Editorial.
Dorothea la miro con una ceja levantada.
-Ya que lo mencionas. Necesito que me traigas 3 diferentes vestidos de noche… Para hoy niña, para hoy – agito la mano como si espantara moscas.

Lizzeth tomo un taxi para dirigirse a las tiendas de ropa, donde su jefa acostumbraba pedir muestras de ropa para las secciones de la revista.
¿Vestidos? ¿Vestidos de noche?
Bueno, eso si que era raro.

-Lizzeth… - la voz de su jefa le corto el saludo justo cuando contesto su teléfono móvil. –Toma un vestido para ti.
-¿C-como?
-¿Qué tengo que explicarte cada cosa, niña? Por todos los cielos. Vendrás conmigo a una cena esta noche.
-Si… - se aclaro la garganta. –Si, Sra. Van Gulick.
-Solo Dorothea – corrigió. –Confió en tu buen gusto para los vestidos – colgó.

Aun en estado de shock, Lizzeth entro a Chanel y rebusco en la sección de vestidos muy emocionada.
-Necesito un vestido de noche, pero que sea hermoso – le decía a la dependienta.
La mujer le mostro varios vestidos preciosos.
-Este es de la última colección… - decía tomando el vestido con sumo cuidado y admiración.
Como si fuera una exquisita pieza de arte.
Lizzeth contuvo un suspiro cuando toco la tela del vestido.
-Me lo llevo – dijo de inmediato.
-¿Quiere probárselo?
-Oh, sí, si – asintió con rapidez y fue escoltada hasta los probadores.
El vestido le venía como guante. Resaltaba sus curvas y aun mejor, el tono de su piel. Parecía un verdadero ángel. Ella misma se sonrojo cuando vio su reflejo en el espejo de cuerpo completo dentro del probador. Sus amigas seguro jadearían ante el reflejo. Ella solía ser algo vanidosa, pero solo era su parte femenina más latente. Nunca era presumida, siempre era atenta con sus amigas, cariñosa, tierna.

Salió de la tienda para dirigirse a otra. Ahora buscaba los otros dos vestidos. Los encontró, pero no eran tan espectaculares como el primero. Ese sin duda la había enamorado.
Hora y media más tarde, cuando el atardecer casi terminaba, regreso a la Editorial.
Entro directo a la oficina de su jefa, Dorothea revisaba los últimos ajustes de las secciones con Monique.
Era increíble lo mucho que se parecía a Jennifer.
-¿Señora Van Gulick? – toco con los nudillos la puerta de cristal para anunciarse.
Dorothea gruño. Detestaba que le dijeran señora. Lo hacían sonar como si fuera una tirana. Y eso la hacía recordar a su hijo Tristan y su frase: “Es que si eres una tirana, mamá. Todos te tienen miedo… Yo me incluyo”, terminaba con una sonrisa que le hacía recordar los viejos tiempos.
-Pasa Lizzeth – cabeceo señalando una silla para que se sentara.
La rubia dejo los vestidos en uno de los percheros donde remolcaban la ropa por todo el piso de la Editorial. Espero hasta que Monique desapareció de la oficina de su jefa y entonces se puso de pie para mostrarle los vestidos, dejando para el final el vestido del que se había enamorado.
-Luna tenía razón… - comento admirando el vestido.
Lizzeth la miro confundida. ¿Luna tenía razón sobre qué?
No se iba a poner a hacer preguntas que quizá molestaran a su jefa. De cualquier forma, aun no tenía la confianza de hablar si ella no se lo pedía. La simple presencia de Dorothea aun le enchinaba la piel. Dejando a un lado su repentino valor, las miradas de Dorothea aun la intimidaban.
-Es precioso… - suspiro sin poderse contener.





Dorothea la miro con una… ¿sonrisa? Sí, eso parecía. Las comisuras de su boca se levantaban. Era una sonrisa. Claro que no era una sonrisa radiante como la que le mostraba a su hijo Tristan. Pero podía entrar en el rango de las sonrisas, sin duda.
-Lo es – afirmo regresando a su silla de respaldo alto. –Siéntate, Lizzeth, no es como si fueras a crecer o algo por el estilo.
La rubia obedeció sin chistar. Sus rodillas amenazaban con tirarla al piso y gritar de felicidad. Nunca había estado en la oficina de su jefa por más de 2 minutos. Y eso era cuando Dorothea le hacía largos pedidos de ropa y comida. El lugar era pulcro y elegante. Todo en orden. En perfecto orden. Como Dorothea.
-La cena es a las 9 de la noche, en el Hotel Empire.
La rubia asintió anotándolo con rapidez en su agenda.
-¿Necesita que lleve algo?
-Si… Un acompañante, y de preferencia que sea varón – agrego mirándola a través de sus gafas.




La rubia casi jadea por la sorpresa. ¿De qué iba todo esto?
Aclarando su garganta y miro a su jefa.
-¿Un acompañante para usted?
Dorothea alzo una ceja mirándola ofendida.
-Niña… ¿para qué quiero yo un acompañante?
-Bueno, para, yo… - balbuceo sintiéndose estúpida. –Pensé…
-No pienses tonterías, Lizzeth. El acompañante es para ti, por supuesto. Seria… - rasco su barbilla –inapropiado que llegues sin un acompañante. Aparte de que claro, - sonrió esta vez con toda regla – de que sería vergonzoso. Todos irán con una pareja, no quiero que te sientas menos.
¿Se preocupaba por ella?
Ese cambio en el tema la agito.
-Yo…
-Está bien, niña. Si no tienes con quien ir solo dilo.
-No, si… Es decir… Lo tendré – sonrió. Quizá Jack el primo de Kenzi…
-Perfecto – se puso de pie, finalizando la pequeña reunión. –A las 9 en el Empire.
Lizzeth asintió erráticamente.
-¡Tu vestido! – grito Dorothea. –También llévate los otros.
-¿S-segura?
-¿Estoy tartamudeando?
Sin chistar tomo los otros vestidos y sonrió. Tomo su bolso y dejo el piso de la Editorial.

Todo era demasiado raro. No tenía ni pies ni cabeza. ¿Luna tenía razón? ¿Razón sobre qué?
Camino a casa, paso por la Galería. Esperanzada de ver a su ‘Hombre perfecto’ miro hacia el interior. Donde encontró a Jennifer besándose con un tipo rubio de cabello corto. Sus mejillas se ruborizaron ante el erotismo del acto, desvió la mirada.
-Oh, lo siento no te vi – Vincent la tomo de la cadera para que no cayera.
Ella se perdió en su mirada inmediatamente.
-¿Cómo estas Lizzy-Lizzeth? – pregunto divertido, sin soltarla.
-Bien – contesto. Tenía los labios secos.
-¿Directo a casa?
-¿C-como?
-¿Tartamudeas cuando estas nerviosa?
Bajo la mirada.
-Si… Es… si.
La tomo de la barbilla.
-¿Te pongo nerviosa?
-Tengo que irme – dio un paso atrás. –Es tarde y tengo una cena y aun no me arreglo y aparte tengo que buscar una cita y no se… - cuando estaba nerviosa no solo tartamudeaba, sino que hablaba de más. Solo cuando sus nervios se volvían actos histéricos.
-Oh… ¿Quién es el afortunado? – solo había escuchado cena. Miraba atento sus labios.
-¿Afortunado? Nadie, nadie – echo hacia atrás su cabello.
Vincent sonrió.
-Mejor me voy…
-¿Quieres que te acompañe a la estación del tren?
-Seguro – sonrió.
-Te ayudo con… esto – tomo los vestidos. -¿Qué es por cierto?
-Son unos vestidos… Mi jefa me los regalo.
-¿La bruja Chupa sangre?
-¿Cómo dices?
-No me digas que la adoras – abrió grandes los ojos.
-No, es decir. No es tan mala.
-Dioses – suspiro. –Ahora te escuchas como Luna…
-¿Luna? ¿Luna Phellan?
-Si – se detuvo en la esquina para poder cruzar a la otra acera. –Trabajas con ella, ¿no?
-Sip… Pero, ¿tu como la conoces?
-Oh, es amiga de mi hermana.
-Vaya. Qué pequeño es el mundo…
-Me alegro de que así sea – la tomo de la mano para cruzar la calle. Un escalofrió la recorrió. Pero no dijo ni una palabra.
La mano de Vincent era cálida, los dedos largos tomaban con delicadeza su mano.
-¿Por qué siempre te veo en la Galería? Es decir… cuando vengo a comprar café con Jennifer… No es como si te estuviera acosando ni nada. Solo es una pregunta. Es que siempre estás ahí… Siempre – decía con rapidez.
-Vivo en el loft de arriba… - contesto Vincent. –Trabajo en la Galería además. No te preocupes, no sirvo los cafés, soy muy torpe para eso de las charolas de comida. Me encargo de la parte de la Galería de arte, además doy clases de pintura…
-¿De verdad? –Vincent asintió. –Soy zurda… amo leer, escuchar música y ver películas románticas – el tono de voz de Lizzeth era ahora más relajado. Era fácil hablar con Vincent. Y a decir verdad no sabía por qué había dicho todo eso.
-Viví un tiempo en Europa. Mi hermana aun piensa que me desterraron de ese continente por mi repentino regreso.
-Seguro está feliz de que hayas vuelto…
-Ella lo niega, pero sé que me ama. Por cierto. ¿Qué te gusta leer?
-De todo un poco. Últimamente estoy en los temas de psicología y todo eso… Mis sesiones con Lora van mejorando. Mis amigas dicen que estoy loca por ir con ella, pero a mí me relaja bastante – alzo los hombros.
-Tal vez necesite un par de sesiones con el psicólogo también – comento divertido. –Porque me estoy volviendo algo loco…
-Si. Digo, es bueno ir. ¿Loco, porqué loco?
-Ya lo veras – sonrió cómplice.
Entraron a la estación del tren.
-Gracias por acompañarme – Vincent le regreso los vestidos.
-De nada… Quizá puedas ir a visitarme luego, a la Galería. Y tomarnos un café, con calma. Sin que tu jefa te grite por el móvil y eso.
-Me encantaría…
-Perfecto – regreso un mechón del rubio cabello de ella detrás de su oreja. Ella se estremeció. –Si necesitas algo… - saco de la parte interna de su chaqueta una tarjeta. –Cualquier cosa… -agrego – llámame.
-Si – ella la tomo y la guardo de inmediato en su bolso. Sin dejar de perder detalle en el roce de sus dedos. Aun no se habían soltado la mano. Parecía que se habían quedado pegados.
-Suerte con la cena…
-Gracias.
El tren se detuvo en el andén. La gente comenzó a subir.
-Tengo que…
-Si. Con cuidado…
Asintiendo ella subió. Las puertas aun no cerraban, Vincent no se movió. La miraba con intensidad.
De pronto, una idea loca le vino a la mente.
-¿Quieres ir conmigo a la cena?
-Si – respondió de inmediato. Dio un paso para acercarse a ella, pero la alarma de que las puertas se cerrarían comenzó a sonar.
-En el Hotel Empire – alcanzo a decir Lizzeth antes de que se cerraran las puertas. El tren avanzo. Camino al final del vagón, con Vincent siguiéndola en el borde del andén. -¡A las nueve! – grito cuando el tren se alejo con rapidez.


Llego agitada a su departamento. Dejo los vestidos en su salita y rebusco la tarjeta de Vincent en su bolso. No había nada.
-Dios, no se me pudo haber caído, estoy segura que la guarde – decía desesperada.
El reloj que tenía en una de las mesitas de su sala, sonó. Eran las 8. Apenas le quedaba una hora exacta para poder arreglarse y estar lista para la cena.
Se dio un rápido baño y seco su cabello. Se puso el vestido y se calzo unos stilletos que combinaban con su atuendo. Se maquillo, pinto sus parpados y enchino sus pestañas. El maquillaje era natural pero elegante.
Llamo a sus amigas en el camino. Si se quedaba a charlar con ellas en casa, seguro la emoción la haría llegar tarde.

-¿Lo dices en serio? – estaban las 3 platicando al mismo tiempo.
-Si, me dijo que fuera por los vestidos y después… Soltó la bomba.
-¿Nos estás diciendo que invitaste a tu ‘hombre perfecto’ a la cena y no sabes si ira? – cuestionaba Kenzi.
-Si, yo solo le pregunte, y el respondió de inmediato. Solo que perdí su número… - lamento Lizzeth dentro del vagón del tren.
-¿Y qué tal si… no va?
-¡Kenzi! – jadeo Marion. –No seas tan pesimista. Si ira… - decía emocionada.
-Ya va, solo decía… - se disculpo. –Claro que ira… ¿Se llama Vincent?
-Ajá – Lizzeth estaba nerviosa. Intentaba no morder sus uñas. –Estoy nerviosa… Esta vez no me dijo que iría siendo su asistente. Es más, no me dijo nada. Yo solo… fui por los vestidos.
Kenzi jadeo del otro lado de la línea.
-¿Y si te pasa como a mi prima?
-Oh Dios, no… No creo. A ella le dijo que podía llevar a todos sus amigos…
-Si, tienes razón – recordó Kenzi.
-De cualquier forma – interrumpió Marion. –No tienes que estar nerviosa, Lizzy. Dorothea trama algo… Así que ponte lista. ¿Vale?
-Si… si – asintió Lizzeth, aunque sus amigas no la miraran. –Las dejo. Ya llegue…
-Suerte – le desearon ambas chicas a su amiga rubia.
Lizzeth suspiro y tomo aire, colgó el teléfono.

Ciño su abrigo y camino con rapidez por la acera. El Hotel Empire apenas había sido reinaugurado. Decían que tenía un nuevo dueño y que estaba aun mejor que antes. Nunca había entrado. Y aunque soñara con al menos pasar al bar a beber algo, sabía que su sueldo apenas le alcanzaría para fantasear.
Las manos le temblaban. ¿Y si Vincent no aparecía? Haría el ridículo. La hora se acercaba. Su corazón latía desbocado.
-Oh Lora… - gimió. Tenía que contarle eso a su terapeuta. Decirle que había encontrado a su hombre perfecto y que parecía que serian amigos. Claro que ella no quería ser amiga de Vincent. Ella quería que la viera como mujer, que la deseara. Aparte, estaba harta de lo indecisos que eran los hombres. Henry, su ultimo ‘casi novio’, la mantuvo al menos 6 meses a la espera de cerrar una etapa de su vida con la ex. Él le prometía que iba a dejarla, pero eso nunca sucedió. Finalmente Lizzeth le dijo que era una relación tormentosa, y que no estaba dispuesta a esperarlo eternamente.
Miro por última vez la hora. Nueve menos cinco.
-No vendrá…
O quizá, no sabía que esa cena era importante para ella. O tal vez no escucho donde seria la cena. O… simplemente algo le surgió.
Cabizbaja camino al lobby del Hotel.

Una mano la jalo de la muñeca.
-Lo siento…. – ella se giro. Vincent lucia un despampanante traje negro con corbata azul marino. Su camisa era azul en un tono ligeramente más claro que su corbata. Estaba más que guapo. Impecable. Su cabello que muchas veces Lizzeth había visto despeinado ahora lucia peinado hacia atrás. Se había rasurado, Lizzeth lo prefería con barba, pero así también lucia perfecto. –Mi hermana estaba gritando como loca…

-Está bien – asintió Lizzeth perdiéndose en la estatura de él. Al menos le sacaba sus buenos 20 centímetros, quizá más.
Vincent le tendió su brazo para que ella lo tomara y así pudieran entrar juntos.
-Si la Bruja chupa vida se pone a lanzar hechizos, la quemamos – bromeo susurrando.
Ella rió. Era divertido. Elegante. Guapo. Inteligente. Un artista. ¡Dios!

Dorothea y su hijo estaban junto con otras dos personas que Lizzeth no reconoció. Apretó el antebrazo de Vincent.
-Solo respira profundamente. Yo te cuido – prometió regalándole una sonrisa.
-Gracias – murmuro.

Cruzaron la distancia que los separaba de su jefa.
-Lamen…
-Vincent Cotty – interrumpió presentándose y estiro la mano para saludar a Dorothea, Tristan su hijo, una chica de cabello corto que tenía una sonrisa deslumbrante y un joven alto como Tristan, de cabello largo y en ondas. –Es mi culpa que Lizzeth llegara tarde, por favor discúlpenos…
Dorothea analizo a Vincent, pero él continuo con la sonrisa en su rostro.
-Muy bien… - asintió Dorothea y camino delante de todos.
-Hola, - la chica camino junto a Lizzeth. Era menuda, como un hada. –Soy Ada Var Der Beek, mucho gusto.
Lizzeth le regreso la sonrisa. Parecía una linda chica. Llevaba un vestido vaporoso color verde olivo, con stilletos a juego. Su cabello corto lacio y bellamente peinado, le sentaba a la perfección. Era linda, en resumidas cuentas.
Los hombres iban escoltando a Dorothea.
-Mi tía debe confiar en ti…
-¿Tu tía? – pregunto extrañado, Vincent.
-Oh – abrió más los ojos marrones. -¿No se los dijo? – bufo. –Bah, que tonta. Obvio no. Es la inauguración del bar del Hotel. Vendrán muchas personas del medio de la moda, cantantes, artistas… Mi tía dijo que quería que alguien tomara nota del evento. Ella debe confiar en ti…
-Yo… - Lizzeth no se lo podía creer. –Luna podía tomar las fotografías…
-Y lo hará. Pero tú serás la que describa el evento.
-¿Cómo es que…?
-¿Describirás el evento? – termino la pregunta de Lizzeth. –Luna le dio la idea… - dijo sin más y tomo de la mano al hombre de tez morena. Que le tomo la mano y beso el dorso con caballerosidad.
-Parece que has encontrado a tu Hada Madrina – comento Vincent con una sonrisa.
-Si…

1 comentario:

Ada Cullen dijo...

Que puedo decir, que este mundo es un pañuelo donde todos nos sonamos los mocos. Beu te quedo maravilloso este capitulo del palcer es mio, de él, de ella y mi vecino- ya broma- me fascino esta Lizzy y Vicent *suyspiro* ojala todos fueran como este hombre... y Luna ayudando Bien me encantaaa y Ada aaaaa! ya quiero leer mas. venga a Doroty le abducieron?? anda como muy querida .. abrazoo mi Moriss

Las chicas del Té de Lemmon

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