mayo 27, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo VIII

Viernesito rico. Con muchos deberes escolares para mi :( Mucho que hacer en tan poco tiempo. Oh Dios, pobre de mi. Pero ustedes tienen suerte, ya tienen aqui el capitulo 8 de Maldita Delicia, segunda temporada. La fiesta llego a su fin, pero se descubriran un poco de secretillos :3 Ya se que les encanta el chisme XD -risas-. Disfruten del capitulo, espero sus comentarios y buen fin de semana :D





8. Flores, sangre y baile

-No he desaparecido.
-¡Jennifer! – las tres chicas se lanzaron a abrazarla. Aliviadas por verla sana y salva.
De pronto todos gritaron:

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!


Jennifer dio un brinco por el ruido y la sorpresa. Evito las lágrimas y abrazo más fuerte a sus amigas.
-¿Dónde estabas? – cuestiono Emily, algo molesta pero aliviada.
-Después les cuento – sonrió. –Él es Andrew… - presento al adonis que estaba detrás de ella.
Las chicas asintieron.
-Él… - Jennifer tomo aire. –Después les cuento, ¿sí?
-Seguro – Emily acaricio su brazo. -¡Que comience la fiesta! – grito.

Todas se divertían y bailaban al ritmo del DJ y de la banda del hermano de Luna.
Renata jadeo cuando vio a Jared tocar la guitarra sobre el escenario. No sabía que aun mantuviera contacto con Jack. Pero no podía dejar de mirar el escenario.
Evan estaba ceñudo y serio desde su mesa cuando vio entrar a Jensen, y no logro ocultar su desagrado soltando un gruñido. Eric lo detuvo, Evan estaba a punto de ponerse de pie y terminar la pelea que habían empezado semanas atrás.
Jensen intento por todos los medios acercarse a Luna, pero a cualquier oportunidad Chuck aparecía, o aun peor, Evan. Luna estaba tan contenta que no se había percatado de la presencia de Jensen. ¿Quién diablos lo había invitado?
Luna se acercó a la barra y pidió una cerveza oscura.
-Luna…
-Oh, Jensen… Hola… - lo miro entrecerrando sus ojos grises. -¿Qué demonios haces aquí? – pregunto finalmente.


Jensen oculto una sonrisa. Luna siempre era tan directa.
-Un amigo me invito…
-¿Un amigo? – alzo la ceja. -¿Qué amigo?
-El tipo que toca la guitarra con tu hermano – Jensen miro al escenario.
-Jared…
-Sí, ¿lo conoces?
-No mucho… ¿Cómo es que tu…?
-Cuando estuve lejos… Lo conocí. – respondió sin muchas ganas.
-Secretos, secretos…
-Luna – Jensen la miro serio.
-No tienes que explicarme nada. Conoces a Jared y punto.
Jensen bajo la mirada. No estaba listo para confesarse. No a sabiendas que la había lastimado y que de ante mano sabía que ella no quería nada con él. No, a menos que le dijera la verdad. Pero era un cobarde. Uno muy grande.
-Luna… - tomo la mano de la chica. Y a pesar de tener sus guantes de vinil, el tibio toque la estremeció. Jensen, aunque ella lo detestara, movía su mundo… aun.
-Tengo que…
-¡Luna!
-¡Tristan!
Jensen gruño al ver al tipo de cabello largo abrazar a Luna. Choco los dientes.
-¿Quién es tu amigo? – cuestiono molesto, Jensen.
-Nadie que te importe – cortó Luna y se llevó a Tristan de ahí. Aliviada de poder zafarse de él de una buena vez.
-¿El tipo te estaba molestando? – Tristan miro en dirección a Jensen a través de su máscara.
-No, era un…
-Ya, - sonrió acariciando su mejilla – no tienes que explicarme nada si no quieres.
-Gracias, es un asunto… espinoso – uso la misma palabra que Tristan para definir sus problemas.
Tristan asintió.
-Por cierto, déjame decirte que luces preciosa – se alejó un paso para apreciar por completo el disfraz de Luna. Sintió un tirón debajo de sus pantalones negros. Respiro profundo y sonrió.
-Gracias, mi amiga Jennifer lo hizo…
-Oh, la festejada también dio regalos – comento divertido.
-Algo así…


Jennifer miraba todo el bar. Había mucha gente y todos se divertían. Unos eran amigos de sus amigos. Otros simplemente eran desconocidos, pero poco le importaba. No quería que sus amigas perdieran dinero cerrando toda una noche el bar, así que les sugirió que esta noche la entrada al bar fuera exclusivamente con disfraz. Y salvo a los invitados que llevaban un distintivo creado por Luna y Renata las bebidas les eran cobradas.
Jennifer no podía pedir más. Ahora todo estaba en paz con su madre.
Andrew había aparecido en su departamento hoy por la mañana. Y prácticamente la había raptado para llevarla a donde su madre yacía enterrada. Era un hermoso cementerio. Con el césped verde y esponjoso.
-Paul, el esposo de tu madre… - murmuro Andrew cerca de ella, al pie de la tumba de Laila Lamb, la madre de Jennifer. –Dijo que tu madre siempre quiso estar cerca de ti. Pero… nunca tuvo el valor de volver, no después de haberte dejado sola tantos años…
-Lo sé – dijo Jennifer con las mejillas húmedas. No había parado de llorar desde que Andrew explico porque parecía haberla estado acosando.
Laila Lamb lo había enviado cuando estaba en su lecho de muerte. Quería poder hablar con su hija, decirle cuanto la amaba. Por tal razón la carta. Por tal razón había enviado a Andrew a buscarla. Ella quería que conociera a Paul, el hombre del que se enamoró perdidamente.
-¿Ella fue feliz, Andrew? – lo miro a través de las lágrimas de sus celestes ojos.
-Sí, y cada día decía que quería encontrarte. Te fuiste de donde vivían, fue… difícil encontrarte con tan solo una foto de cuando eras pequeña – Andrew saco una foto arrugada en blanco y negro de su bolsillo.
Jennifer sonrió. Su madre siempre dijo que era su favorita. Que parecía una princesa.
-Me da gusto que fuera feliz… ¿Paul… la amaba?
-Cada día de su vida, hasta que ella exhalo su último aliento – aseguro Andrew, conmovido.
-¿Tu… eres hijo de…?
Andrew sonrió negando con la cabeza.
-No, soy sobrino de Paul. Mis padres murieron cuando era pequeño, y él me crio. Conocí a tu madre cuando tenía 17 años. Siempre se portó como una madre conmigo.
Jennifer lloro aún más, sintiendo muy dentro de su pecho, celos.
-Lo siento, no fue mi intención… - Andrew la abrazo. Ella hundió la cabeza en su pecho y sollozo más fuerte.
-Ya… Solo que… siento alegría y tristeza de saber que disfrutaste de mi madre.
-Jennifer. Ella nunca dejó de hablar de lo perfecta que eras, y no hay duda de eso – acaricio su larga cabellera y su mejilla para limpiar sus lágrimas. Ella era mucho más de lo que su madre le platicaba. Y aun sabiendo que una madre siempre contaría cosas buenas de sus hijos, Andrew sabía que Jennifer era eso y más. Mucho más que solo una princesa. Era preciosa, no, más que eso. El cielo se quedaba corto al lado del azul de sus hermosos ojos. Era igual a su madre. Una bomba.
-Muchos dicen que soy igual a ella… - sorbió por su nariz. Alejándose de Andrew un poco avergonzada por soltar el llanto, con un extraño. Con un extraño que estuvo con su madre tantos años. Y aun, a sabiendas de que era un desconocido, Jennifer sentía una confianza ciega por él.
-Eres aún más hermosa que tu madre – miro la lápida de Laila Lamb, - si me permites decirlo…
-Seguro que mi madre sabrá perdonarte – Jennifer miro la lápida también y sonrió. –“Amada esposa, madre y amiga” – leyó las palabras de la roca de granito blanca.
-Era más que eso. Ella… me enseño muchas cosas, Jennifer. Y sé que te enseño a ti a ser fuerte.
-Ella… me dejo sola, y no la culpo. Quiso alcanzar sus sueños sin mí, y lo logro – sus ojos se llenaron de lágrimas, pero continúo: -y yo, también cumplo los míos. No puedo reprocharle nada, porque me enseño que la vida es dura e injusta – las lágrimas salieron de sus ojos. –Pero que solo el más fuerte sobrevive.
Andrew seco sus lágrimas.
-Ella te amaba, Jennifer. No tengas duda de eso.
-No la tengo, Andrew. Nunca la tuve. Nunca – aseguro. –Gracias por traerme aquí…
-No me lo agradezcas a mí…
-¿Entonces a quién?
-Jennifer… - una voz masculina y madura se aproximaba a ellos. –Soy Paul Darcy.
Jennifer sin pensarlo se lanzó a los brazos del hombre. Paul la estrecho contra su pecho con un nudo en la garganta. Ella era como Laila. Tierna, cariñosa, fuerte y segura de sí misma.
-Gracias… - sollozaba Jennifer contra el pecho de aquel hombre de tierna mirada.
Paul acaricio la espalda de Jennifer. Como solo un padre haría con un hijo, consolándolo. Brindándole apoyo. Así fue como lo sintió Jennifer. Por fin entre los brazos de un padre que siempre deseo. Y de un padre que la amaba a pesar de tener escasos minutos de conocerla.


-¿Estas bien?
Andrew se acercó a Jennifer y se sentó en el mismo sofá que ella.
-Ahora si – sonrió.
-Me alegro. Gracias por invitarme…
-De nada, casi somos familia, ¿no?
-Algo así…
-Jen, feliz cumpleaños – el hermano de Renata tenia los brazos abiertos frente a ella.
Jennifer se puso de pie y lo abrazo.
-Por cierto, tu disfraz de novia muerta me encanta – Vince la tomo de una mano y la obligo prácticamente a dar una vuelta ante sus ojos.
-Gracias, soy el Cadáver de la novia.
-Afortunados los ojos que te ven – soltó Vince sin perder detalle del escote de la chica.
Jennifer no podía pedir más. Bien, solo una cosa: Rosty.


-Así que… aun mantienes contacto con el hermano de Luna – decía Renata sorprendida.
-Sí, aun – Jared le dio un sorbo a su cerveza y se perdió en sus ojos. Renata lo miraba fijamente. -¿Recibiste mis notas?
-Si…
-Lamento haberme ausentado tanto tiempo, un amigo necesitaba mi ayuda…
-Eres un buen amigo entonces. Yo también me hubiera perdido del mundo si Luna me necesitara – sonrió.
-Gracias por entender…
-Descuida.
A un par de metros de ellos, Lex los observaba con cara de pocos amigos. Renata era libre, sí. Aun así no podía negar que se le retorcían las entrañas.
-¿Y ese amigo… como se llama? – Renata también era curiosa como un maldito gato.
-Jensen… - respondió Jared.
-Oh – asintió. Tenía que sacarle más información. Muy dentro de ella sabía que algo le ocultaba. -¿Y él está enfermo o algo?
Jared bufo. –Solo está enamorado pero es un cobarde…
-O quizá solo tiene miedo, no puedes culparlo por eso – defendió Renata.
-Quizá, pero no hablemos de él. Te extrañe… - le llevo un mechón rebelde detrás de la oreja. Ella tembló.
-Sí, bueno… Yo… - ahora balbuceaba. ¿Acaso no podía estar bien, solo por una vez ante un hombre como Jared? Solo por una vez en su vida. ¡Solo una!
-¡Rens! – Lex apareció, justo cuando Jared se inclinaba hacia ella con solo una intención: besarla.
-Lex… hola… - Renata se puso de pie. –Tocaron muy bien…
-Gracias. Hemos practicado – tenso la mandíbula. -¿Me acompañas a la barra? Ellas dudan que sea parte de los invitados – dijo refiriéndose a las barman.
-Seguro, nos vemos después Jared.
-Apuesto a que sí, preciosa.
Renata se sonrojo. Camino entre los invitados y los desconocidos de la mano de Lex, mirando hacia todos lados en busca de Julien. ¿Dónde se metió ese Dios?
-¿Buscas a alguien? – la pillo Lex.
-Solo a Luna – respondió con rapidez.
-Está ahí, con el tipo de cabello largo – señalo con la cabeza hacia una esquina del bar.
-Oh, entonces supongo que está bien.
-Supones bien, llevan horas hablando.
-Si… - suspiro. Y lo que ella daría por encontrarse al otro hermano Van Gulick. –Tengo que ir al sanitario, no tardo – bajo de un salto del banco. Miro hacia atrás y…
-¡Me cago en tu put…! – gruño un tipo.
¡Julien! ¡Santo grial!
-Lo siento…
-Basta de sentirlo, princesa –gruño Julien, y se hinco a recoger los pedazos de vidrio. Renata no podía quitarle la vista de encima. No importa que tan grosero pudiera ser, los chicos malos siempre la ponían a cien.
Se hinco a ayudarle, pero estando tan estúpida como estaba por tenerlo tan cerca no se percataba ni de lo que hacía o dejaba de hacer.
-¡Auch!
-No puedo creerlo, en serio que no puedo creerlo – repitió Julien y jalo la mano de Renata a la luz. –No es profundo, ven acá… - la jalo sin un ápice de preocupación a la cocina.
Renata tuvo que inclinarse cuando Julien le metió la mano al chorro del agua para limpiar la herida. Ella gimió de dolor cuando Julien le apretó la palma de la mano.
-No seas niña – dijo con voz seria.
-Resulta que si soy una – hablo molesta ahora.
Julien alzo la mirada por primera vez, la miro un segundo y después reviso la herida.
-¿Qué mierda pensabas al tomar la botella de cerveza por el lado roto, eh? ¿Pensabas acaso?
-Intentaba ayudarte, cretino de mierda.
¿En qué momento fue poseída por el espíritu de Luna?
Julien la miro de nuevo. Ahora con algo de detenimiento.
-Lindo disfraz – bajo la mirada a sus pechos. Después subió los ojos a los de Renata. –Te faltan las cejas naranjas.
-¡Déjame! – le arrebato la mano. Se observó de cerca, la sangre no paraba de salir.
-Trae acá – Julien tomo la muñeca y le amarro un trapo a la mano. –Eso servirá, mantenla en alto.
-Bien.
-No seas necia y quédate aquí hasta que vuelva con el botiquín – la señalo antes de salir por la puerta. Miro una última vez sus pechos y se fue ocultando una sonrisa lujuriosa.
-¿Qué paso? – James Deline vigilaba muy de cerca a Julien, ese chico podía hacer una bomba casera si se lo proponía. Además no quería causarles problemas a las chicas. Sabía Dios, cuanto necesitaban de un respiro.
-Nada James, un pequeño accidente – respondió Julien restándole importancia. -Recogeré el desorden y le curare la herida con el botiquín de primeros auxilios.
-Ya mande a que recogieran los vidrios. Anda, el botiquín esta debajo de la barra.
Julien se aproximó a la barra y lo tomo.
-¿Julien?
-Que me cuelguen de las bolas – bufo al ver a su hermano. –Hola, Trish… ¿Qué demonios haces aquí?
-Una amiga me invito.
-Oh, qué suerte. En un momento lo atiendo señor – dijo en tono burlón y altanero.
-Julien…
-No hace falta, Trish, ya sé que Dorothea cancelo mis cuentas, pero ¿sabes? No necesito nada de ella, nada. Dile que se meta su dinero por donde no le dé el sol.
-Julien, es nuestra madre…
-Sí, lo es, lo sé. Pero hasta que ella no me reconozca como hijo, no la reconoceré como madre. ¿Acaso crees que no sé qué ella me oculta quien es mi verdadero padre?
Tristan abrió grandes los ojos.
-Yo…
-Sí, hermanito, o debería decir… ¿Medio hermanito?
-No sabes lo que dices…
-Para tu malestar si lo sé. Pero creo que tu no. Dorothea no me quiere, y nunca me querrá porque fui un desliz en su vida. Mis ojos la delatan. Y déjame, iré a trabajar.
Tristan permaneció quieto. Sin saber realmente que decir. Su madre se había divorciado de su padre. Y siempre le había dicho que su padre era George Hoppus. Ahora, ahora no sabía que pensar.


Emily en un rincón besaba a Logan.
-Aun me siento mal, enfermera – susurraba Logan contra la piel blanca del cuello de Emily.
Nada podía estar mejor.
Logan y ella por fin, estaban juntos.
-Emi… ¿quieres vivir conmigo?
-¡Sí! Oh Dios, ¡sí! – jadeo en shock.
-¿Lo dices en serio? – incrédulo pregunto.
-Por supuesto. Ahora no te dejare ir. Te quiero para mí. Solo para mí.
-Y me tendrás hermosa. Seré solo tuyo – Logan acaricio sus mejillas.
Si tan solo pudiera volver el tiempo atrás. Volver y hacer las cosas que debió de haber hecho. Pero como dicen, a lo hecho pecho. Y a menos que consiguiera un DeLorean o tuviera un deseo extra en su cumpleaños, él disfrutaría el tiempo con Emily.
Disfrutando de las manos sobre su piel, de sus sonrisas coquetas y su descaro. Porque él la amaba más que a su propia vida. Más que cualquiera en este mundo.


La fiesta fue todo un éxito. Todos se divirtieron. Bebieron, bailaron, gritaron, saltaron.
Jennifer estaba sonriente. Las mejillas coloreadas de rojo.
Poco a poco León se vacío. Quedando solo las amigas, Andrew, Logan, Jack y Vincent.
Emily se fue con Logan sin poder quitar esa sonrisa estúpida de su rostro, se les notaba a leguas que querían llegar a casa y perderse en el sabor de su pasión y no dormir hasta el amanecer. Vincent se fue con Renata. La chica aún seguía en estado de shock, y su hermano aun no creía que se había cortado con una botella de cerveza. Jack llevo a Luna a su departamento en su camioneta, Luna ya no podía andar con esas botas altas, así que se las quito, Jack la cargo sobre su espalda hasta su vehículo. Andrew se ofreció en llevar a Jennifer hasta su casa, solo después de que sus amigas aceptaron.


Todo pintaba de maravilla… al menos por ahora.

mayo 24, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo VII



¡Uf! Si que es ardua la labor de la escuela D: Ni me acordaba que tenia que subir el nuevo capitulo de MD2, aparte pensé que el jodido blogger de nuevo estaba fallando y ya empezaba a maldecir a voz viva. Pero ya estoy aquí :)



Ya tienen el nuevo capitulo de MD2, al ras de casi el termino del día martes -acá en México, claro-, siendo las 23.31 hrs ;)
Sin más, las dejo para que disfruten de este capitulo. Y de las imágenes que me dieron dolores de cabeza. Los disfraces de las chicas son casi a los de las imágenes. Algo así los imagino mi mente x)



Espero sus comentarios y enjoy! ^^



7. Una gran sorpresa



La luna adornaba e iluminaba un cielo encapotado de estrellas. La noche pintaba de maravilla. Sería la noche perfecta para el cumpleaños 27 de Jennifer Lamb. Claro que si le preguntaban qué edad cumplía, ella solo se sonreía encantadoramente y decía: A una mujer nunca se le pregunta su edad. Lo cual era muy cierto. Algo curioso porque antes de cumplir los 18, siempre dicen que tienen más de esa edad, y al pasar la mayoría de edad ellas siempre quieren ser menores. Cosa rara, si me preguntan.
Las 3 amigas no cumpleañeras estaban impacientes en León. Emily con su disfraz de enfermera, que le sacaba suspiros y gruñidos de excitación a los meseros del bar, Luna siendo su personaje favorito Gatubela, aun peleaba un poco con el manejo de su látigo. Continuamente se golpeaba la cadera al intentar soltar un golpe como Doctore* , el de Spartacus: Blood & Sand, su serie favorita en estos tiempos. Renata la ayudaba, con ese disfraz sensual del Sombrero Loco. Sus pantalones ceñidos a su cuerpo, esa blusa de pronunciado escote, que dejaba a la luz esos pechos generosos, que anunciaban una buena crianza de sus hijos, y uno que otro joven que deseaba hundirse en el sabor de su pálida piel.

-Está todo listo, Emily – anuncio el Sr. James Deline, el gerente del bar.
Era un buen hombre. Serio pero amable.
-Gracias. Solo faltan los…
-Invitados – ayudo Luna y soltó una carcajada. –Tarde como siempre – agrego mientras practicaba de nuevo con su látigo y le daba un golpe en el trasero a un mesero.
-¡Mierda! Lo siento… - Luna y Renata se acercaron al mesero para ofrecerle disculpas cuando el tipo se giró, a ambas se les cayó la mandíbula al piso.
¡Era Julien!
Ambas lo supieron y se quedaron sin palabras. ¿Qué demonios hacia aquí? ¡Y de mesero!
El uniforme de los meseros en León era una playera negra obligatoria y unos jeans oscuros que tenían un león en una de las bolsas traseras. Mientras que la playera negra tenía en el lado del corazón una silueta de un león. Las chicas necesitaban con urgencia la ayuda de Jennifer en lo que se refería al uniforme. Aun así, Luna y Emily sabían que solo hombres deberían estar de meseros, mientras que solo chicas serian contratadas para estar en la barra. Cosas de chicas que ansiaban ver traseros bien esculpidos en un bar. Cosas de locas, debo agregar.


-Ya… para la próxima amárrate ese…
-¡Julien! – advirtió el Sr. Deline. Los ojos celestes del hombre penetraron en los ojos del Julien. El joven solo asintió y se alejó de ahí. Sin mirar siquiera a las chicas y sobándose el trasero.
Las amigas se alejaron y comenzaron a cuchichear en una mesa alejada lo más posible de Emily que hablaba apresurada con Ann su abogada, que lucía un despampanante vestido negro ceñido al cuerpo y un antifaz negro. Simple pero elegante.
-¡Era él! ¡Era él! Oh Luna, era él – repetía Renata con el corazón latiendo en su garganta.
-Lo sé, lo sé, lo sé – jadeaba Luna con el pulso igual de agitado que su amiga.
Sin decir nada más. En parte porque su sorpresa no se los permitía y otra porque se entendían sin palabras, ambas chicas se abrazaron. Cerraron los ojos con fuerza. En un mudo entendimiento que iba más allá del conocimiento humano.
Emily las miro entrecerrando los ojos y se acercó a ellas, dejando a Ann con el Sr. Deline y su pulcro traje gris Oxford, su antifaz permanecía en su oficina. Más tarde, según había prometido, iría por él y se lo pondría. Solo para perderse entre la multitud de jóvenes que poco a poco entraban al bar.
-¿Y a ustedes que les pasa? – pregunto mirándolas.
-Nada, nada… - hablo Renata aun agitada. –Estamos emocionadas – sonrió.
Vaya que si lo estaban.
-Si… ¿Quién ha llegado? – Luna se puso de pie y se asomó a la puerta.
Evan entraba, seguido de su primo Eric y una chica morena de piel blanca.
Luna jalo a sus amigas hacia ellos. Mientras les susurraba quien era quien, bueno, salvo la identidad de la chica. Luna supo que era Evan porque su cuerpo musculoso lo delataba. Además de que aún no llevaba su antifaz puesto. Ambos hombres llevaban impecables smokings, mientras que la chica llevaba un vestido vaporoso, como de un hada. Las 3 amigas de inmediato supieron que aquella morena de ojos azules les simpatizaría.
Luna cruzo la distancia que la separaba de Evan y se colgó de su cuello, soltando las manos de sus amigas antes de hacerlo.

-¡Evan!
-¡Luna! – Evan la envolvió con sus brazos. –No esperaba este recibimiento – confeso una vez que Luna se separó de él, y lo dejo perplejo al ver su disfraz. –Rawr, estas…
-¡Sexy! – contribuyo la chica al lado del primo de Evan.
-Gracias – dijo sonrojada. -Soy Luna, ellas son mis amigas Renata y Emily… - sonriendo Luna le estrecho la mano.
-Hola, soy Amelie… - las contemplo unos minutos y después soltó: -Son las chicas de las que habla la metiche de la Sra. Spencer. Vieja bruja – mascullo molesta.
Las cuatro mujeres estallaron en carcajadas. Los chicos las miraban sin entender una palabra.
-Venga, Eric, tú mismo dices que es una metiche… - codeo al primo de Evan. El chico asintió conteniendo la risa.
No sabía que tan rápido Amelie pudiera hacer amigos.
-Sí, si es una vieja metiche. Siento como si ya las conociera – entrecerró los ojos.
Esta vez Renata y Luna rieron.
-Él es Eric, mi primo… Luna tú ya lo conoces… - agrego.
-Sip… - asintió. –Ellas son mis amigas – Renata no podía dejar de verlo, en verdad que era guapo. Pero al ver las manos entrelazadas de la chica y Eric supo que era hombre de otra mujer. Y ella respetaba eso.
-Los dejo, ya llego William – chillo emocionada. Luna asintió y jalo a Evan hacia una mesa.
-¿Les gusta esta mesa? ¿Quieren una más cerca del escenario? Mi hermano va a tocar… - dio un brinquito.
-No, esta nos parece genial… - asintió Eric.
-Perfecto… Los dejo, cualquier cosa ponen la Gatuseñal – bromeo y se alejó de ellos.
-¡Hey! Esos ojos – observo Eric.
-Es que se ve hermosa… - murmuro sin perder de vista a la morena que brincoteaba abrazando a Renata.


-Pensé que no vendría – le decía Luna a su amiga.


-Uf, esta como Dios Griego, Luna – contribuyo Renata jadeando. Ambas se carcajearon.
-Rens – saludo William quitándose el antifaz que le cubría la mitad de su rostro.
-Will – Renata sonrió abiertamente. Otro hombre que podía con ella. Claro que nadie como Julien Van Gulick. De cualquier forma no podía negar que el rubio tenía lo suyo.
-Luna… - saludo el rubio estrechando la mano de la morena. -¿Cómo están? No… - las callo levantando la mano con la palma hacia ellas. –Están hermosas.
-Vaya, gracias… - contestaron a la vez y después rieron.
-Vamos, te llevare a una mesa… - Renata se colgó de su brazo y lo se alejó de Luna. La morena se sentía impaciente. Quería ver a Tristan.


Emily estaba parada fuera del bar. Abrazándose con los brazos a la espera de Logan.
Su sonrisa se amplió cuando lo vio bajar de su Alfa Romeo plateado. Logan le sonrió apenas cerro su auto con el control de sus llaves y se encamino hacia ella. Le zampo un beso que de inmediato le robo el aliento y el frio del cuerpo por el fuego del acto.
-Estas deliciosa – susurro en uno de los oídos de la pelirroja. Ella no pudo evitar una risa tonta. Se sentía una adolescente a su lado. Como si el tiempo no los hubiera separado 5 años. Eso ya no importaba ahora. Salvo sentirse en sus brazos.
-Emily… - alguien detrás de ellos se aclaró la garganta.
Logan giro y gruño por la interrupción.

Patrick Snyder, el profesor de Historia del Arte sonreía a Emily, ignorando olímpicamente la mirada de advertencia de Logan. Emily tomo la mano de Logan para calmarlo, eso no ayudo en nada. Logan la pego a su cuerpo. Marcando su territorio de inmediato.
-Logan, él es Patrick, trabaja en la Universidad – sonrió a ambos hombres. De inmediato la tensión cayó en el aire.
-Logan… - Patrick estiro su mano.
-Patrick… - Logan la estrecho con fuerza. Sin despegar los ojos del tipo frente a él.
-Si… - suspiro Emily. –Vamos adentro… Hace frio – murmuro y empujo a ambos dentro del bar.
Ni de loca los sentaba juntos, así que envió a Patrick a la mesa con Evan y su primo. Mientras que Logan fue a dar con William, el jefe de Renata.
Emily camino hacia Luna.

-Se te juntaron los hombres, ¿ah? – bromeo Luna. Emily le dio un coscorrón.
-Shh, puede escucharte alguien.
-Lo dudo, la música ya está lo suficientemente ruidosa – le dijo en la oreja. –Dime cuando puedo tomar clases de Historia con tu colega – sonrió picara.
-No puedes… Ya no tienes 18…
-¡Oh! – jadeo con los ojos en blanco. –No me lo recuerdes…
La pelirroja estallo en risas.




-¡Hooooola enfermera! – grito Dorian apenas entro al bar. Emily lo abrazo.
-¡Dor!
-¡Dios! Tú quieres provocarme un… -sonrió perversamente. –Ok, no lo diré con Gatubela al lado. Puede llamar a… ¡Batman! – abrió los brazos en cruz. –Mátame Gatubela – echo la cabeza hacia atrás y se arrodillo frente a Luna teatralmente.

Luna no contuvo la carcajada y le rodeo la nuca con su látigo.
-Después, Bruno Díaz – susurro al rubio.
Dorian estallo en risas y se puso de pie envolviendo la cadera de Luna con su fuerte brazo. Su disfraz de Robin, el compañero de Batman no dejaba sus músculos a la imaginación. Esas mallas entalladas y su antifaz de murciélago eran estupendos. ¡Oh Dios! Sus mallas… Mmm. Que se alce la capa para poder ver… Su disfraz completo, claro.


-Te llevare a tu mesa, Dor.
-Gracias, enfermera – le paso un brazo sobre sus hombros. –Nos vemos después Gatubela.
Luna asintió.


Emily dejo a Dorian junto a Patrick. Ambos profesores se saludaron con un movimiento de cabeza. Patrick y su simple disfraz de… Un momento. Smoking como la mayoría y un antifaz. Al parecer solo Dorian se había tomado en serio eso del disfraz obligatorio. Sonriendo se alejó y fue con Logan. El moreno la sentó sobre su regazo.
-Mmmm. Comienzo a sentirme enfermo… - le dio un beso en el cuello.
-¿Los dejamos solos? – interrumpió Renata.
-Calla… - Emily rodo los ojos. –Venga, ayúdame a organizar a todos para cuando llegue Jen – Renata tomo la mano que le ofrecía la pelirroja y se alejaron de ahí.


Luna aun esperaba a Tristan con la vista fija en la puerta.

-¿A quién esperas? – pregunto una voz detrás de ella. Se giró.
-Dorian… - sonrió al ver la cara cubierta por el antifaz de Batman.
-Luns… - Batman hizo una mueca.

-¡Chuck! – jadeo un segundo después. -¿Por qué no me dijiste que vendrías de Batman?
Charles se quitó la máscara y sonrió.
-Era una sorpresa Gatita – le acaricio parte de la mejilla que estaba descubierta por la máscara de ella. Luna se estremeció.
-¿Y tu amiga? – pregunto mirando sobre el hombro de Chuck.
-Se arrepintió al último segundo – dijo sin una pizca de tristeza.
-Lo siento…
-Mentira – sonrió.
-No, si, si lo siento… - agrego con rapidez. Pero lo cierto era que no lo sentía ni una pizca. Conocía a la perfección los gustos de Chuck, y sabía que el chico solo tenía conquistas de una sola noche. Y aunque eso le alegraba porque así tenía a su amigo para ella sola. La ponía a pensar acerca de si ella sería solo una noche.
-La verdad no invite a nadie – confeso Chuck. –Quería estar solo contigo… - los ojos celestes de Chuck le tocaron el alma. Se sonrojo, y agradeció llevar la máscara de Gatubela.
-¿Charly?
-¡Evan! – ambos se abrazaron fraternalmente. Luna suspiro. Empezaba a sentir el calor de los largos dedos de Chuck correr por cada rincón de su cuerpo.
-Luna… ¿Por qué no me dijiste que vendría, Charly? – acuso Evan.
-Yo… lo olvide…
-Típico – dijeron ambos hombres al unísono.
-Sí, ella ha estado en la luna, ¿o no Luna? – Chuck la miro divertido.
-El trabajo… Mucho trabajo… - suspiro.
-Venga hombre, hay que ponernos al día – Evan arrastro a Chuck lejos de la morena. Cosa que Luna agradeció. ¡Uf!
Se tendió en uno de los bancos largos cerca de la puerta.
Renata se acercó a ella.
-Uf, que hombres… - jadeo mirando a Evan y Chuck. –Aún recuerdo cuando tú y Evan…
-¡Rens! – chillo Luna, divertida.
-No puedes culparme, tiene un culo de ensueño…
-¿Quién tiene un culo de ensueño?
Ambas alzaron la mirada. Jack, el hermano de Luna, y Lex estaban frente a ellas. Ambas se pusieron coloradas.
-Nadie – Luna abrazo a su hermano. -¿De qué se disfrazaron?
-Somos Lestat y Louis, el quejón – Jack codeo a Lex.
-Tu eres Louis el quejón – observo divertida, Renata. Perdiéndose en el cuerpo de Lex. Ese disfraz le quedaba muy bien.
-Si… Pero también soy el más atractivo. Venga, las chicas me confunden con Brad Pitt – sonrió pícaro a Renata y le guiño un ojo.
-El más atractivo… - bufo Jack. –Mueve tu trasero y llevemos los instrumentos al escenario. Después presumes tu atractivo, asqueroso vampiro. Nos vemos, Lunática – beso la frente de su hermana cubierta por la máscara de vinil.
-Oh Dios, ¡que me muerdan! – gimió Renata.
-Es mi hermano del que clamas una mordida - murmuro Luna con una mueca de asco.
-Ok, pero no puedes negar que están muy guapos.
-¿Qué quieres que diga? Para mí, Jack es un chango con ataques – comento burlona mirando como su hermano se peleaba con Lex y le daba un coscorrón. Renata por su lado miraba embelesada su disfraz. Un vampiro… ¡Hell yeah!
-Pero para mí Lex es un delicioso vampiro… - gimió Renata.
-Ok, necesitamos unos tragos. ¿Dónde está Jennifer? Pasan de las 9 – miro el reloj sobre la barra.
-No sé, quizá Rosty…
-¡Nats!
-Vince… ¿Y tú eres…?
-Soy John Travolta – giro los ojos como si fuera obvio. Las chicas lo miraron con una ceja levantada. –Ya… les daré una pista… Adoro cortar gargantas, y comerme la carne de los clientes a los que mato en deliciosos pasteles de carne.

-¡Sweeney Todd! – gritaron las chicas al unísono. Amaban a Tim Burton.
-Sabía que adivinarían – sonrió.
-Te falta el mechón blanco – Luna señalo su cabello. –Y un poco de ojeras…
-Ya va, - alzo las manos para silenciar a Luna –ayúdame con eso Nats.
-Perfecto – Renata lo jalo a los servicios y comenzó a maquillarlo. Luna estaba sentada en los lavabos. Habían entrado a los baños de chicas.
-¿No gritaran como locas si me ven aquí? – Vince miraba nervioso la puerta.
-No, créeme. Han pasado cosas peores que un chico siendo maquillado por su hermana, Vince – tranquilizo Luna.
-¿Por qué siento que eso no es nada alentador? – frunció el ceño.
Ambas rieron.
-No te muevas – Renata llevaba consigo su equipo de maquillaje profesional. Era buena, muy buena. Termino en ponerle ojeras y empalideciendo la bronceada piel de su hermano, para después pintarle un mechón del lado derecho de blanco. Acomodo su traje antiguo y listo.
-Wow, Sr. Barbero demoniaco – sonrió Luna apreciando el trabajo de su amiga.
-Tomare eso como un cumplido. Las dejo, tengo que cortar un par de gargantas - hizo una reverencia y salió del baño.
-¿Chicas? Emily las busca… - Ann se asomó al baño. Las chicas asintieron y la siguieron hasta la barra donde Emily se mordía las uñas.
-¿Pasa algo, Emi? – Luna le paso un brazo por lo hombros. Su amiga estaba más pálida de lo normal.
-Rosty llamo… - dijo sombría. Eso no anunciaba nada bueno.
-¿Jennifer está bien? – se apresuró a preguntar Renata.
-Sí, ella está bien – asintió Emily. Pero oculto su preocupación.
-¿Entonces? ¿Qué es lo que está mal?
-Bueno, ella no contesta su móvil, Luna – Emily estaba preocupada por su amiga. La había visto rara el día de ayer cuando les dio sus disfraces, pero esperaba que fuera porque estaba nerviosa por la fiesta o algo por el estilo.
-¿Cómo dices? – Renata se acercó más. Jennifer no podía estar perdida, herida o algo por el estilo, ¿o sí?
-Jennifer no contesta. No sé qué le pasa, chicas… Estoy preocupada – confeso por primera vez en voz alta.
-¿Qué fue lo que te dijo Rosty? – cuestiono Renata.
-Qué bueno… él le había dicho que… la… -dudo en seguir.
-¡Vamos! Suéltalo – exigió Luna, dando un manotazo sobre la barra.
-¡Le dijo que la amaba! – jadeo y cubrió su rostro con las manos.
-¿¡Cómo!? – chillaron Luna y Renata al unísono.
-Sí, eso, que la amaba. Rosty fue a buscarla a su departamento y ella… No estaba en casa.
-¿¡Por qué llamo hasta ahora!? – gruño Renata. Luna la secundo con un rugido.
-Pensó que ella estaba aquí, pero… Aun no llega…
-Emily… - Luna poso la mano sobre el antebrazo de su amiga, intentando calmarla.-Seguro que Emily está bien.
-No lo sé, Luna. Jennifer no suele desaparecer así como así…
-No he desaparecido.
Las tres se giraron hacia la voz. Era Jennifer. Jennifer y un tipo con traje oscuro. Luna sabía quién era: Andrew Norton.

mayo 23, 2011

Sorpresitas...

He estado pensando -porque si, aunque lo duden, pienso. Ok, solo a veces- en que las hago esperar demasiado entre capitulo y capitulo de Maldita delicia. Que ha llegado a la casi Fiesta-ya-no-tan-sorpresa -Como dijo Rosty- de Jennifer. Así que me he tomado la libertad de pensar en dos días de publicación de dicha historia.
Si, así es. Maldita delicia, segunda temporada, tendrá dos días de publicación. Y espero de corazón que me sigan (: y que recomienden el blog a sus amiguitos y conocidos. Si les han gustado las historias, recomiendemonos a sus amigos ♥ , si no les han gustado recomiendenos a sus enemigos y archienemigos XD para hacerles la malora -risas-; solo por decir algo ☺
Los días de publicación, los cuales los pensé en un día que iba camino a la escuela, y por pensar tanto casi no me bajo donde me tengo que bajar, son: Martes y Viernes.
Así que, si mis cálculos y mi memoria no me fallan, mañana martes es la publicación del capitulo 6 de Maldita delicia segunda temporada.
Y... -re doble de tambores, por favor- el próximo viernes, es el final de la historia Búscame. Que quizá no la han leído, pero como en todo, tendrá un final feliz :D ♥
Cuidence mucho y suerte en lo que resta de la semana. Asegun ¬¬ decían que el mundo se iba a acabar el 21 de mayo, naaaah, no se asusten. Solo fue un rumor. Si, si.
Yo lo escuche en el programa Extranormal, que transmiten en Azteca 13, un canal de acá de México. Y según un anciano, el fin del mundo comenzaría el 21 de mayo del presente año -2011- y que terminaría el 21 de octubre. Yo confundo agosto con octubre... XD -solo por si se lo preguntaban-; el chiste es que seguimos vivitos y coleando. Por lo tanto tendremos lemmon y Tea Party para rato ☺
Saludos y larga vida! ♥

mayo 20, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo VI

Buen y lindo viernes (:
¿Que tal estuvo su semana? Espero que no tan de hueva como la mía, pero que tampoco los hayan atacado con muchos deberes escolares ni ese rollo.


Se aproxima la fiesta de Jennifer, se que las he hecho esperar mucho, pero era justo y necesario. Repetimos perspectiva de Rosty, que también es justa y necesaria. Ya verán (:

Cuidence mucho, espero sus comentarios y enjoy!


6. A través de sus ojos, de nuevo


Robert “Rosty” Sparks


-¿Qué mierda tienes?
Robert alzo la cara. Garrett su hermano lo miraba ceñudo desde el desayunador de su casa. Se había mudado de California ya que lo habían transferido a la Universidad de Nueva York. Chuletas, su perro ladraba contento en el jardín trasero.
Robert sonrió con amargura, ahora sí que dormiría con el babeante Chuletas en su cama. El perro labrador color chocolate era lo que su hermano amaba más en el mundo. No iba a ningún lado sin el perrote ese. -Nada – respondió Robert.
Se puso de pie y se acercó a la barra para servirse un poco de café.
El cumpleaños de Jennifer... Tenía planeado miles de cosas para pasar la mañana con ella. Y en la noche, en su fiesta-ya-no-tan-sorpresa en el bar de sus amigas, le dedicaría una canción. Todo se había ido a la mierda cuando se le escapo decirle que la amaba. Cosa que jamás debió decir. Sabía que Jennifer lo quería, pero no con la intensidad que él la adoraba.
Sabía que ella pudo haberle mentido, pero agradecía que no lo hiciera. Eso, de alguna forma lo hacía sentirse un poco mejor. No tan mierda, ni tan miserable como se sentía.
-Es una chica – sentencio Garrett con una sonrisa en los labios. –Siempre es una chica – continuo.
-¿Tu que sabes de chicas, Garrett? – quiso saber.
El chico de apenas 20 años pretendía saber de chicas.
Iba en su primer año de Universidad. Había perdido un año y medio debido al dolor de perder trágicamente a su familia. Había pasado un par de años en Londres, en un internado para varones. Ya saben lo que pasa cuando algún chico sale de esos lugares. Se siente libre a la menor provocación. Garrett ahora lucia tan bien que Robert le tenía envidia. Su hermano no se preocupaba por nada más que no fuera su motocicleta. Ese cacharro viejo que había heredado de su padre. La chatarra que ahora no lucia tan chatarra gracias a los cuidados de Garrett. Amaba esa porquería. Y claro, amaba a Chuletas. El perro que su madre le había regalado justo dos días antes de que fallecieran.
-Lo suficiente para decirte que ella te perdonara con un ramo de rosas – respondió Garrett como si fuese lo obvio. Le dio un trago a su vaso de leche. Fría y con chocolate. Había cosas que jamás cambiarían, como Garret y su vaso de leche con chocolate.
-Niño, no es suficiente un ramo de rosas para que una chica te perdone – corrigió Robert amargamente.
-Si tú lo dices – Garrett volteo los ojos. –No pierdes nada intentándolo. Y para todo esto, ¿Por qué estás enojado con tu chica?
-No estoy enojado, Garrett. Solo…
¿Debía decírselo a su hermano? Bueno, Victoria, su tía, ya lo sabía. No podía perder nada, ¿o sí?
-Bueno, dije algo que no debía…
-Le cambiaste su nombre mientras estaban en la cama – soltó.
-No seas idiota – bufo Robert.
-¡Ah! – suspiro. –Eso me convierte en el único Sparks capaz de olvidar el nombre de las chicas en la cama – murmuro.
-Garrett, no seas imbécil.
-Bueno, no es mi culpa ser irresistible – dijo con orgullo.
-Irresistible – Robert se burló. –Sera imbécil.
-Idiota – gruño su hermano. -¿Qué fue lo que le dijiste entonces?
-Le dije que la amaba.
Garrett soltó una carcajada.
-Sabía que no tenía que decirte nada – lamento Robert, se puso de pie furioso y se alejó del desayunador.
-¿Y ella… no te ama? – pregunto Garrett una vez que recupero el aliento.
-Es obvio…
-Nah, hermano. Hay miles de peces en el rio. No te obsesiones por esa chica… - aconsejo Garrett. -No sabes lo que dices. Ella es perfecta. Es… hermosa, linda, graciosa, apasionada, sexy­…
-Para, detente – jadeo. –Ahora pareces mujer. Dios – jadeo de nuevo. –Mejor me voy, presiento que tienes los pezones sensibles y estas en tus días.
-Garrett, no seas idiota – tomo una manzana de la canasta de fruta de la cocina y se la arrojo. Garrett la esquivo agachándose. La manzana reboto en el respaldo de uno de los sofás y se quedó en el asiento.
-El idiota es otro, Rosty. Y me largo, no quiero estar cuando empieces a lloriquear porque la chica buena de la película sufre por el patán que al final se da cuenta que la ama.
-Bien que sabes lo que pasa en las comedias románticas – comento Robert alzando la ceja.
-Hermano, a veces tienes que hacer sacrificios para llevártelas a la cama – dijo Garrett meneando la cabeza burlonamente.
-No sé dónde aprendiste esas estupideces – exclamo indignado.
-El amante de Victoria era un buen profesor.
-Era un idiota con todas las letras. Si mi padre te viera te daría una buena golpiza por ser un cerdo arrogante.
-¡Pero él no está aquí! Y no creo que vuelva para patearme el trasero y darme un par de consejos de cómo llevar mi vida. Y eso hermanito es algo que no podemos cambiar – rugió antes de salir por la puerta lateral de la casa y cerrarla con fuerza.
Robert escucho el rugido de la motocicleta al encenderse, el ladrido de Chuletas y las llantas rechinar contra el asfalto. Garrett aún no superaba la perdida de sus padres. Que con casi 3 años muertos, no se perdonaba el haberle gritado que los odiaba por no llevarle con ellos a ese viaje de negocios a Canadá.
Robert regreso a donde estaba recostado en su salita, justo antes de que su hermano se cansara de su estado zombie. Cerró los ojos y se obligó a recordar el hermoso rostro de Jennifer. Su sonrisa deslumbrante, sus ojos celestes resaltados con ese delineado negro en su contorno, su larga cabellera haciéndole cosquillas en el cuello, su boca lujuriosa descubriéndolo de a poco.




Tristan Van Gulick

-Madre - Tristan llamo tocando con los nudillos a la oficina de su madre.


-Adelante.
Entro en silencio. Ella atendía un par de pendientes. Miraba fotografías que había tomado Luna, sobre su escritorio. Sentándose frente a ella, en una de las sillas de piel que tenía, espero.
Un minuto después ella se deshizo de sus anteojos y lo miro en silencio. Sonrió y subió los codos al escritorio.
-Deberías de darle una paliza a Julien – comento y soltó una carcajada. –Trish, quita esa cara, solo bromeo.
Él suspiro.
-A veces no estoy seguro de cuando hablas en serio o en broma- confeso Tristan y se meció el cabello desconcertado.
-Trish – su madre recobro la postura. –Julien tiene que aprender a valerse por sí mismo. Así que asegúrate de cancelar sus cuentas.
-¿Cómo dices? – Tristan no daba crédito a lo que había escuchado. Julien había estudiado música. Amaba tocar la guitarra. Y era bueno en eso. Claro que Dorothea había dicho que eso no era una carrera profesionista real. Que era un simple hobby, aun así había pagado la educación musical de su hijo.
-Lo que escuchas, Tristan. Si tu hermano se jacta de no tener que demostrarle nada a nadie, que comience desde ahora. Noviembre es un mes largo, y le sigue Diciembre. Es momento de darle un escarmiento a mi querido hijo.
-Pero…
Julien no tenía un empleo real. Vamos, ni siquiera tenía un empleo. De vez en cuando daba pequeños conciertos en pubs mugrientos en Queens y esos lares.
-Hazlo – corto tajante. –Y asegúrate de que comparta contigo la renta.
-Madre, yo vivo solo.
-Cierto… - Dorothea rasco su barbilla. –Perfecto. Es todo, gracias.
Dorothea volvió a su trabajo. Tristan la miro desconcertado. Bueno, ella manejaba una exitosa Editorial desde hace más de 25 años. Seguro que tenía un as bajo la manga.
Se puso de pie y salió de su oficina. Lizzy sonrió al verlo salir, Tristan solo asintió y se perdió por los pasillos. Las chicas que escribían los artículos, levantaron la vista de sus ordenadores y suspiraron cuando Tristan pasaba frente a sus ridículos cubículos.
Después de llamar a los bancos y cancelar las tarjetas de su hermano. Tristan lo llamo. Julien no contesto. Tomo esa señal como nada fuera de lo común. Ya que Julien no acostumbraba tomar llamadas de él.
Dejo su motocicleta en el estacionamiento del sótano del edificio en Manhattan donde vivía. Saludo a Larry en la entrada y subió a su departamento de dos pisos. Él mismo había pagado este piso, y se sentía orgulloso de eso. Que daría porque su hermano pudiera tener algo como esto. Tenía la sospecha de que Julien vivía en una habitación de Hotel. Aunque no sabía con certeza que Hotel era. Y a saber de los gustos de su hermano bien podía ser el Hotel Palace. O quizá, solo por hacer rabiar a su madre, era un mugriento Motel.
Sonó su teléfono fijo. Estiro una mano para contestarlo desde su sofá de dos plazas.
-Diga…
-Llego el paquete que esperaba Sr. Van Gulick – Larry, el portero, llamaba desde abajo.
-Seguro. Gracias Larry…
-Hare que lo suban, Sr.
-De acuerdo, gracias.
Tristan se puso de pie. Vivía en el Pent house del edificio. No tardo en escuchar el timbre del ascensor. Un chiquillo traía una bolsa con un traje dentro.
-Gracias – sonrió el niño cuando Tristan le tendió un billete de 20.
Camino a su salita y abrió el zíper de la bolsa negra. Era un traje negro impecable con corbata roja. Un disfraz adecuado para la fiesta de la amiga de Luna.
Afortunadamente había arreglado la estupidez que había cometido en la tarde del jueves cuando había salido a comer con ella. El asunto con su hermano aún era cosa delicada para los Van Gulick. Además de que tenían prohibido hablar de eso. Cosa que molestaba a Tristan. Julien aseguraba que no tenía nada que ver con el asunto de la chica y su sospechosa muerte, y él le creía. Julien podía se cualquier cosa, pero un asesino nunca.
Subió su traje hasta su habitación y decidió llamar a su padre.
-¿Hola?
-Hola, soy Tristan…
-Hijo, ¿Cómo estás?
-Bien, bien. ¿Tu como estas?
-Con trabajo, ya sabes… Mi última mesera encontró un trabajo mejor y renuncio. No la culpo, ser mesera de tiempo completo es una paliza.
-Sí, supongo…
-Hmm… te escucho raro, ¿pasa algo? ¿Tu madre está bien?
-Sí, padre. Es… Julien…
-Oh, ya veo. Él está bien, no se preocupen.
-¿Sabes dónde se queda?
-Sí, pero me hizo prometer que no diría nada.
-Pero…
-Tristan, cuando yo prometo algo, lo cumplo. No defraudare a Julien. Y si tu madre sabe que lo estoy ayudando, le cancelara sus cuentas…
-Muy tarde. Me obligo a hacerlo. Ya sabes sus métodos…
-Sí, esas miradas asesinas. Te entiendo… Ok. Así que Jules tendrá que conseguir un empleo – comento George Hoppus.
-Sí.
-Descuida, Tristan, tu hermano estará bien. No te preocupes, es un chico fuerte…
-Eso es lo que me preocupa.




Charles “Chuck” Cavanaugh




-Maldita sea – gruñía Charles en su escritorio. Las cuentas no cuadraban. Si ultimo contador había renunciado, bonita hora para dejar el negocio.
Pero entonces recordó que Luna tenía una amiga que era contadora. Quizá ella podía ayudarle.
Tomo su agenda y marco el número de oficina de Luna. Un tono, dos…
-¿Diga? – Esa voz no era de Luna. Se aclaró la garganta.
-Buenos días, con Luna Phellan, por favor.
-La señorita Phellan no se encuentra. No vino a trabajar, ¿gusta dejar recado?
-Ham, no. Gracias. Hasta luego.
De pronto recordó que Luna aun organizaba el cumpleaños de Jennifer.
Dejo las cuentas botadas y decidió ir a su departamento. Y si tenía suerte… si, si tenía suerte podía volver a sentir a Luna entre sus brazos. Esa morena lo tenía vuelto un adolescente.
Arranco su motocicleta y en poco tiempo llego al edificio donde Luna vivía. Las últimas semanas ella no lo había llamado para salir al cine. De cierta forma, se sentía desplazado. O ella ya tenía novio, ¿o eran problemas mentales de Charles?
Subió al primer piso y toco con los nudillos en la puerta del 202. Toco de nuevo. Ansioso.
-¡Ay como ching…! - Luna abrió la puerta envuelta en su bata. Copia exacta de las batas de la Nana Fran Fine. -¡Chuck! – sonrió de inmediato.
-¿Puedo pasar? – pregunto Charles sintiendo un tirón debajo del ombligo.
-Seguro… - Luna dio un paso hacia atrás. Cerro la puerta tras de sí, una vez que entro su amigo. -¿Qué haces aquí?
-¿Qué no puedo visitar a mi mejor amiga? – pregunto Charles alzando una ceja. Camino hasta su salita y se sentó en la orilla del diván.
-Sí, si puedes – sonrió Luna.
-¿Te ibas a dar un baño? – pregunto mirando su bata. Y se dijo que daría lo que fuera por tener vista de rayos X, para poder ver a través de la tela de toalla de la bata.
Luna asintió. –Pero puede esperar… - dijo y lo acompaño en la salita. –Te ves muy bien – comento pasando los ojos por Charles. Su amigo sonrió complacido y si, excitado. Luna tenía una forma peculiar de mirarlo. Lo ponía a cien la mirada grisácea de la chica.
-Gracias – rasco su nuca.
-Ya dime a que viniste, Chuck. Es temprano…
-Ni tan temprano, Luns. Pasa del medio día y tú apenas te vas a dar un baño. Lo que me dice que te acabas de despertar. ¿Me equivoco?
-Ok, ya. Me conoces muy bien…
Más que muy bien. Conocía cada pulgada de su moreno cuerpo. Y ese lunar cerca de su ombligo no lo podía sacar de su cabeza.
-Pero también sé que no viniste a una visita de cortesía. Algo quieres y no es dinero – acuso Luna recargándose en el respaldo del sofá. Subió las piernas al sofá y espero a que Chuck se confesara.
-Ok, ¿tienes una amiga contadora, cierto?
-Sip – Luna asintió lentamente. -¿Qué sucede con ella?
-¿Crees que quiera trabajar en la empresa dónde estoy? Mi último contador renuncio – hizo una mueca de desagrado.
-Oh. Podemos preguntarle…
-¿En serio?
-Sí.
Luna se puso de pie y salió al pasillo. Chuck estaba sorprendido. ¿Cómo es que ella se atrevía a salir en bata de su departamento? Chuck la siguió y permaneció detrás de ella. Luna toco un par de veces la puerta y después pulso el timbre como loca.
-¿Qué pasa, Luna? – pregunto Renata. Vestida en con unos jeans viejos y una playera negra descolorida de su banda favorita Strokes. Si ella pudiera, se casaría con el vocalista de la banda, o mejor aún lo amarraría a su cama.
-Ah, hola – sonrió Luna y se lanzó a abrazarla.
Si, ellas vivían cruzando el pasillo. Pero también cada una tenía su privacidad y sus secretos. Aunque más que secretos eran gustos culposos. Claro que después cada una, a su debido tiempo, se confesaban. Era como si estuvieran sincronizadas para confesar y escupir sus más oscuros secretos. Eran un libro abierto.
-Hola – Renata le devolvió el abrazo.
Charles las miraba atónito. Estas chicas, sin duda, eran otro nivel de locura. Se aclaró la garganta.
-Ah – Luna de pronto recordó que Charles estaba detrás de ella. –Rens, ¿recuerdas a Chuck?
¿Cómo olvidarlo?
Esos tiernos ojos azules le encantaban, y esa sonrisa amistosa, definitivamente podían con ella. Pero claro, recordaba que había estado entre las sabanas de Luna, y Renata respetaba lo suyo.
-Seguro, hola Chuck – saludo Renata y evito pasar los ojos por la anatomía bien trabajada del chico frente a ella.
Charles asintió.
-¿Algo que quieras decirle, Chuck? – inquirió Luna impaciente.
-¿Qué? – Chuck se sentía como un pedazo de carne. Por primera vez en su vida eso lo incómodo. –Ah si – regreso al presente. Al lado de esas dos chicas de ojos penetrantes. –Mi empresa necesita un contador… No sé si tú… quisieras trabajar con nosotros.
-Oh. Sucede que ya tengo un empleo. No puedo trabajar de tiempo completo. Pero puedo ayudarlos con los libros una vez a la semana.
-Perfecto. No hay problema si nos ayudas así. Digo, yo estoy perdido por completo. Soy un completo imbécil.
-No presumas – rezo mordazmente Luna. Charles la miro y la empujo con su cadera.
-¡Hey!
Ambas chicas soltaron una risotada.
-Bueno, mejor me voy antes de que empiecen a burlarse de mí.
-Muy tarde, Chucky. Ya nos estamos mofando de ti – Luna lo tomo de la cadera. Charles sintió de nuevo ese tirón. Y una ola de calor lo envolvió. Hora de irse.
-Si, como sea – dijo forzándose a hablar. –Luna puede llevarte a la empresa. Y… ¿cualquier cosa puedo llamarte?
-Seguro.
-Perfecto. Entonces nos vemos después. Dejen de burlarse de mí – murmuro.
-Ya, no sufras Chuck. Cuídate – Luna soltó el agarre de su brazo sobre su cadera.
Luna apreciaba que Charles no cambio con ella aun después de estar juntos. Esa noche jamás la olvidaría. Solo que ahora, ahora no estaba segura de lo que quería.
Charles se alejó de las risas de las chicas, y del perfume exótico de Luna. Ese que lo puso borracho después de pasar su lengua por su cuello. Aun el recuerdo de ese momento lo ponía a cien.
Subió a su motocicleta y con una patada la encendio. Necesitaba pensar las cosas. Pensar y pensar y… Tocarse pensando en ella.
-¡Chuck!
Charles giro a donde venía la voz.
-¿Cómo iras disfrazado? – pregunto Luna y tomo el manubrio de la motocicleta.
Charles bajo la mirada al escote de Luna. Tenso la mandíbula. Podía ver la unión de sus pechos, llamándolo. Era tan descarada que había bajado hasta la calle en esa horrenda bata. La gente que pasaba la miraba y cuchicheaba, ella ni se inmutaba.
-No lo sé, aun no lo decido… - murmuro volviendo a la mirada gris de ella.
-¿Me dirás de que te decidiste más tarde?
-No, claro que no. Tendrás que adivinar – Chuck alzo las cejas.
-Mierda, eso no es justo… Yo iré de… - pero se detuvo.
-¿De qué iras? – presiono Chuck. Sabía que ella se derretía ante el toque de sus dedos sobre los de ella. Lo supo en el instante en que la tomaba en su cama. Luna se estremeció, la piel de sus brazos se enchino.
-Tendrás que adivinar – dijo utilizando el mismo tono altanero de Charles. Dejo el manubrio de la motocicleta negra de su amigo y camino de regreso al Edificio. –Nos vemos, recuerda que es a las 8 de la noche.
-Adiós, gatita.
Ella se volvió con expresión indignada, demasiado tarde para escupir reclamos y groserías, Charles ya estaba sobre la calle, esquivando autos y acelerando de cero a una multa de tránsito.

La fiesta de Jennifer en León se acercaba. Y todos estaban ansiosos por estar detrás de un antifaz y divertirse.

mayo 13, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo V

Bendito San Google. Los problemas del Blogger se solucionaron. Yo pensé que este viernes no subiría capitulo de Maldita delicia, pero afortunadamente me equivoque. Este capitulo, como alguna sospecharon -entre ellas mi Cricri- es el de Luna Phellan (: ¿Muy emocionadas con la fiesta de Jennifer? Si, si, yo también x) Cuidence mucho, espero sus comentarios, buen fin de semana y enjoy! ^^


5. Déjà vu

Luna Phellan


-¿Lista?
Evan estaba sentado en mi salita. Su mejilla derecha aún tenía una sombra de la pelea que tuvo con Jensen.
-Un minuto – termine de guardar mis cosas en el maletín donde cargaba mi cámara y un par de cosas más. Cruce mi bolso por mi pecho. Tome mi maletín cuadrado en una mano y en mi hombro, el bolso que tenía mi ordenador portátil.



Evan se puso de pie. –Venga, no puedes con todo eso – tomo mi maletín y el bolso del ordenador.
-Si puedo, tengo casi 2 meses cargando todo eso.
-¿No puedes comprarte un automóvil? Ganas lo suficiente para el enganche o uno de segunda mano – comento mientras salíamos del departamento. Me espero en el pasillo mientras aseguraba la puerta.
-Podría, pero no se manejar. Soy muy evolucionada como para aprender a manejar – le dije divertida recordando al Dr. Cooper de The Big Bang Theory.
-Seguro – Evan rodo los ojos.
Bajamos las escaleras. En una calle paralela al edificio, Evan estacionaba el auto que su primo le había prestado. Ya tenía una semana que me llevaba a la Editorial. Cosa que le agradecía porque tantos bolsos y maletas empezaban a atrofiarme.
-¿Iras a la fiesta de mi amiga? – pregunte con esperanza.
-Lo siento, nena, no puedo. Trabajo – se disculpó.
-Bueno, está bien.
-Diviértete por mí – dijo sonriendo.
-Seguro – me despedí con la mano y salí de su auto. Era un clásico, un clásico muy viejo y con la pintura desgastada. Pero tenía algo que hacía que me gustara. Tal vez el conductor. Sonreí para mis adentros.
Entre al edificio. Tome el ascensor y presione el botón del piso de la Editorial.



-Espera… - una chica muy parecida a Jennifer me hizo detener el ascensor. Tenía la misma estructura física, los labios gruesos, la piel blanca, si no fuera por los ojos, -que eran marrones- podía decir que era Jennifer. –Gracias. Ah, también vas a Spotlight – dijo sonriéndome.
-Si – asentí. Me recargue en una de las paredes. El aroma dulzón de su perfume me puso de malas sin razón aparente.
Por fin llegamos al piso de la Editorial, la chica salió primero. Tome todas mis maletas como Dios me dio a entender y me dirigí a mi oficina. En el camino me encontré a Neal, que me miraba con curiosidad.
-Niña. Con tanto estrés terminaras arrugándote prematuramente.
-Puedes ayudarme y así no me hare vieja como tú – le dije mordaz.
-Lo siento, mi religión no me lo permite – dijo y alboroto mi cabello, sostuvo la puerta de mi oficina para que entrara. –Listo, es lo más educado que puedo hacer por ti hoy. Ah, y Dorothea quiere verte en su oficina desde ayer – dijo.
Deje mis cosas en el piso y corrí a su oficina. Aun le tenía pavor a la mujer que firmaba mis cheques.
-¿Me llamaba señora? – pregunte anunciándome con los nudillos.
-Señora… - bufo Dorothea. –Niña, tenemos meses de conocernos. Solo Dorothea – se volvió hacia mí. –Luna, toma asiento.
Lo hice.
-Sunshine, la competencia – dijo en burla. –Quiere copiar nuestras portadas. Así que… empezaremos a innovar la revista. No quiero que esas estúpidas acaparen el mercado. Y… sé que Samantha es su espía. Pero dejaremos que ella crea que nosotros no sabemos nada. Lástima, es una linda chica con la cabeza hueca como cualquier otra rubia despampanante.
-¿Cómo piensa innovar la revista?
-Bueno, Luna, tu eres una chica… Así que tú dime. Eres joven, linda, inteligente e independiente.
-Gracias – me sonroje, sabía que Dorothea decía que era buena en mi trabajo, pero nunca me había dicho algo tan halagador, y menos frente a frente. –Pienso que con un par de artículos mejor escritos, que la revista sea llamativa. Cosas nuevas, lugares que las mujeres pueden visitar, solas o con acompañantes. Consejos de superación y cosas por el estilo – sugerí.
Dorothea asintió, después sonrió.
-Sabía que no me equivocaba teniéndote en nuestro equipo. Respecto a los artículos, contrate una nueva editora. Estará en prueba un tiempo. Lizzy – presiono un botón de su teléfono – que pase la señorita.
-Luna, ella es… - alzo la ceja para que la chica se presentara. Me gire. Era el clon de Jennifer.
-Monique Adams – la chica estiro su mano.
-Hola, Luna Phellan… - me presente.
-La fotógrafa estrella – comento.
-La misma, Adams… - confirmo Dorothea. –Bueno chicas, trabajaran juntas. Luna puede aportar con lo visual, y tu Adams los atraparas con tus letras. Es todo…
Salí de inmediato de su oficina.
-Hey, Phellan… - me llamo el Clon. –Tengo muchas ideas en mente. ¿Podemos tomarnos un café después del trabajo y ponernos al día?
-Me encantaría, pero tengo planes.
-Ok, que sea después entonces. Mi oficina está al lado de la tuya – informo y camino hacia donde decía.
Era la viva imagen de Jennifer. El mismo bamboleo de caderas, el mismo largo del cabello lacio y negro. ¡Dios! Me sentía en la dimensión desconocida.
-Hey – pegue un brinco. –Lo siento, te asuste…



Era Tristan.
-No… - sonreí. -¿Cómo estás?
-Cansado, el taller afortunadamente tiene mucho trabajo. Un amigo me ayuda, pero no nos damos abasto. ¿Conoces a alguien que sepa de mecánica y que pueda ayudarnos?
-Sí, mi hermano, pero él tiene su taller.
-Oh, vaya… ¿Podrías darme su número?
-Seguro – saque mi BlackBerry y le di el número. –Su nombre es Jackson, pero dile Jack…
-Perfecto… Jack, listo. ¿Dónde está su taller?
-Mmmh, cerca de la última estación del tren…
-Oh. Bueno, le llamare. Se ve que no te sabes la dirección. ¿O no quieres dármela? – se acercó y tomo un mechón rebelde de mi cabello. Me estremecí.
-No, no es eso. En realidad no soy buena para el nombre de las calles – confesé. –Voy ahí desde que mi padre era el dueño, pero nunca supe cuáles eran las calles.
-Inercia – dijo. Una sonrisa encantadora se formó en su rostro.
Asentí.
-Bueno, te dejo trabajar. ¿Comemos juntos?
-Si…
-Nos vemos.
Dio media vuelta y fue a la oficina de su madre. Me perdí en la deliciosa vista de su trasero enfundado en esos vaqueros.
-¡Hey! Esos ojos – grito Neal desde el otro extremo del piso.
Le regale una mueca y entre a mi oficina.



Monique toco la puerta de mi oficina. No sé qué tenía esa mujer, pero me ponía los pelos de punta. Me ponía de malas en pocas palabras.
-Adelante – baje el volumen de la música y cerré mi ordenador.
-Hola. Necesito tu ayuda… La jefa no me dio un tour por la Editorial. ¿Estás muy ocupada?
-No, que va… - ironice, me puse de pie y la invite a salir. Pude haberle cerrado la puerta y dejarla en el pasillo. Pero no era tan mala persona, al menos no aun.
-Gracias. ¿Cuánto tiempo llevas en Spotlight?
-Un, como… no sé, un par de meses. No soy buena con el tiempo…
-Ah…
-Bueno, estos cubículos ridículos son de las chicas que escriben los artículos. A ellas son a las que tienes que mantener en la mira.
-Ok…
Los cubículos ridículos estaban en medio del piso. A los extremos estaban las oficinas. La mía estaba a mano derecha después de salir del ascensor y como la Clon había dicho, la de ella estaba al lado. Después, al fondo, muy al fondo estaba el almacén. Donde miles de armarios improvisados estaban repletos de ropa, ropa muy linda. Al lado de ese almacén, estaba el estudio de fotografía. Mismo que era la única en usarlo. Ahora estaba cerrado. Ya que teníamos la mayoría de las tomas del próximo número en exteriores. En la esquina del pasillo que llevaba al almacén, estaba la oficina de Neal. Tenía un restirador de arquitecto enorme en su oficina. Una silla alta giratoria, el lugar estaba con media luz. Le gustaba relajarse y fumar un cigarrillo en la comodidad de un sofá reclinable de piel negra. Justo ahora, no estaba en su oficina.
-Aquí se ubica Neal, la mano derecha de la Sra. Van Gulick… Más al fondo el almacén de ropa y al lado el estudio de fotografía.
Había un par de pequeñas oficinas más, al lado de Neal. Que eran los encargados de publicidad, ventas, Recursos humanos, contabilidad… Todos esos. La Clon asintió.
La oficina principal y la más grande, obviamente era la de Dorothea. El lobby de su oficina estaba ocupado por un escritorio de media luna. Dentro de esa misma área estaba el lugar de las juntas importantes.
Nunca lo había notado, pero el lugar si era enorme. La lleve a los servicios. Seguro que era lo que quería que le mostrara primero. No hice ningún comentario. Ella no me agradaba.
-Vaya… es un lindo lugar – aprecio cuando volvíamos a nuestras respectivas oficinas.
-Bueno, se terminó el tour. Cualquier duda que tengas, puedes preguntarle a Lizzy, es la asistente de la Sra. Van Gulick. Tengo trabajo que hacer, adiós.
-Seguro, adiós, gracias Phellan.
Asentí. Entre a mi oficina y me tumbe en mi silla. Yo no tuve tour por la Editorial ahora que recordaba. Las oficinas y los lugares secretos del piso los descubrí yo sola. ¿Acaso esa mujer tenía preferencias ocultas?
-Toc, toc…
-Adelante – tenía la cabeza hundida en la pantalla del ordenador. -¿Qué sucede? – pregunte sin levantar la vista.
-Pensé que comeríamos juntos – levante la vista de inmediato.
-Tristan – jadee. –Lo siento, no te había visto. Ham, si, dame unos minutos… - termine de editar una imagen que había tomado en el Hotel Palace.
-¿Tienes mucho trabajo?
-No, no mucho. Solo que no quiero llevármelo a casa. Cumple años mi amiga Jennifer. Así que no quiero tener presiones de ningún tipo… - volví los ojos al ordenador. Si continuaba perdida en la mirada parda de Tristan jamás terminaría.
-Ah… ¿Tan pronto es la fiesta?
-Si… ¿iras? – de nuevo la esperanza me invadía.
-Seguro…
-Bien – sonreí. Oculte mi sonrisa inclinándome un poco más. No quería que me viera sonreír como una completa estúpida.
-¿Te gusta la pasta?
-Si… - respondí. Le di los últimos toques a la imagen y cerré el ordenador. –Listo. Vámonos – tome mi bolso y me puse de pie. Tristan me imito, y me dejo salir primero de la oficina.
-Ay – Tristan choco con la Clon. ¡¡Agh!! Perra. –Lo siento, hola, soy Monique…
Tristan sonrió y la saludo.
-Hola. Hmm… con permiso – dio un paso al lado y camino hasta donde estaba.
-¿Irán a comer? – pregunto con la voz inocente. Pero su mirada no tenía nada que ver con su voz.
-Ham, si… - respondí en un murmuro.
-¿Puedo acompañarlos? Tengo pocos días de vivir en Manhattan, no conozco muchos lugares…
¡NO!, grito mi mente. ¿Acaso quería que la adoptara? Perra, doblemente perra.
Tristan me miro.
-Ah, son pareja. Ay que torpe… No lo sabía.
-No, no somos pareja – corregí de inmediato.
-Ah – ella sonrió.
-Lo siento… hem…
-Monique…
-Sí, lo siento Monique, reserve en un restaurante…
-Oh, ok, descuiden.
La Clon regreso a su oficina.
Entramos al ascensor. ¿Reservo en un restaurante? Wow.
-¿Esa mujer quién es? – pregunto rompiendo el silencio del ascensor.
-Es la nueva editora – informe.
-No durara – dijo sin más.
-¿Por qué lo dices?
-A mi madre le molesta que la gente se meta en lo que no le importa, y ella tiene pinta de que le encanta – explico.
-Oh – no pude evitarlo, sonreí.
-No te agrada… - no era una pregunta.
-No.
-Me gusta tu sinceridad.
Subieron varias personas en el piso de abajo. Era una costumbre de Tristan recargar sus manos en la pared, según, para que no me aplastaran. Comenzaba a sospechar que le gustaba hacerme sonrojar.
Llegamos a la planta baja y salimos entre empujones a la calle.
-Aquí tiene señor – un joven le dio unas llaves.
-Gracias – Tristan las giro entre sus dedos.
-¿Auto? – pregunte.
-Ni de broma – respondió. –Me duele el trasero… - dijo sonriendo.



Caminamos un poco hasta una esquina. Ahí había una hermosa motocicleta con el tanque de gasolina azul. Era imponente.
-Toma – me tendió un casco rojo brillante. Él se caló uno negro. Subió el zíper de su chaqueta de piel. Paso una pierna sobre la motocicleta. Giro para verme. Estiro su mano y me ayudo a subir.
Me puse nerviosa apenas toque su mano.
-Agárrate… Tus manos aquí – dijo tomando mis dos manos y las coloco en su cintura. Me mordí los labios. -¿Lista?
Asentí.
Con una patada arranco la motocicleta. Cerré los ojos apenas me sentí avanzando a gran velocidad.
Me aferre a la chaqueta de Tristan. Lo sentí reír roncamente.
-No soy un loco… - dijo acariciando una de mis manos. Su cálida mano me estremeció. –Tranquila, seré cuidadoso – abrí los ojos apenas lo escuche decir esas palabras. Me sentía en un déjà vu.
Nos detuvimos en un semáforo en rojo. Él sostuvo en equilibrio la motocicleta con sus fuertes piernas.
-¿Estas bien?
-Si – respondí con la voz temblorosa. Tristan soltó una ronca carcajada.
-Luna, cuidare de ti…
-Está en verde – corte.
Avanzo de nuevo.
No tenía ni la menor idea de donde estábamos o a dónde íbamos. Había lugares que aún no conocía en Manhattan.
Tristan se detuvo. Sostuvo mi mano y baje de un brinco. Las piernas aun las sentía tensas. Frote mis muslos.
-¿Te ayudo?
-¿Cómo?
-Con tu bolso… ¿Necesitas ayuda? – sonrió.
-No, estoy bien – termine de frotar mis piernas y me erguí.
-Ven… - estiro su mano. La tome con rapidez. – ¿Te gusta la comida Italiana?
-Amo la pizza Hawaiana – respondí divertida.
-Ja, ok. Pizza será…
Entramos a un pequeño local. Los manteles eran blancos a cuadros rojos. Una botella de vino con una vela derretida en la boquilla adornaba cada mesa. Tristan saludo en la entrada. Un tipo con un traje impecable nos dio una mesa para dos al fondo.
-¿Lo de siempre, Sr. Van Gulick?
-No Lumiere, esta vez será pizza grande Hawaiana con extra queso. Y una botella de vino tinto. El de siempre – el tipo asintió y se alejó.
-¿Comes muy seguido, aquí? – mire el lugar. Era acogedor y lindo. Lucia elegante pero a la vez no. Había pocas personas. Pero la mayoría eran parejas. Nuestra mesa estaba en una esquina, alejada de las del resto. Podría decirse que era intima. Las velas de esa zona estaban encendidas. Lo que le daba a las mesas un aura romántica.
-Bueno, solía venir con mi hermano, cuando éramos niños. Ahora vengo solo… - respondió algo serio.
-¿Solo?
-Sí, Luna, solo… - reafirmo.
-No te creo.
-¿Por qué?
-Saliste en la portada de People… Bueno, no en la portada, pero si cerca de la cara del tipo de Two And a Half Man, y te veías muy bien acompañado…
-No me digas que lees esa basura – jadeo indignado.
-No la leo, solo te vi en la portada – defendí.
-Ja, ok. Bueno, no recuerdo haber salido a ningún lugar acompañado de nadie… - rasco su barbilla.
-Un caballero no tiene memoria – rece.
-Luna, si, bueno, soy un caballero, pero si tengo memoria – si inclino para defender su postura.
-Lo que digas… - voltee los ojos.
-Eres difícil de convencer – aprecio.
-Muy difícil…
-Pero no imposible – sentencio.
Lo mire fijamente. No, no era imposible. Solo muy difícil.
Un mesero nos llevó la pizza y todo lo necesario para degustarla. Mis tripas rugieron alegres. Tenía miles de años de no comer pizza. Y amo, sin duda la pizza Hawaiana.
-Ah, está caliente – gemí.
Tristan rió divertido y sirvió vino en una de las copas. Puso la copa en mis manos y bebí un largo trago. Mmmh, estaba delicioso.
-¿Cómo está el vino?
-Delicioso – casi me orgasmeo con el vino.
Mientras comíamos la pizza, platicamos un poco de su arduo trabajo en su taller de motocicletas. Dijo que eso lo tenía un poco estresado. Por mi parte sospechaba que la verdadera razón de su estrés, era la visita que su hermano nos hizo hace un par de días. Casi me voy de espaldas cuando supe, por la descripción detallada que me hizo Rens, que el loco que había irrumpido la oficina de mi jefa era Julien.
Tristan no hablo de él. Salvo cuando dijo que venían al restaurante de niños. Me pareció ver un poco de tristeza en sus ojos.
-Tristan… - tome su brazo cuando salimos del restaurante. –No quiero ser una… entrometida, pero… ¿están las cosas en orden con tu hermano?
Tenso la mandíbula.
-Si no quieres ser una entrometida, entonces no lo seas – dijo sin más.
Solté su brazo. Eso me hirvió la sangre.
-Ok – gruñí. Camine a la avenida. Tristan se quedó atónito cuando pase a su lado e ignore su brazo tendiéndome el casco rojo.
-Luna – lo escuche correr a mi lado. -¿A dónde crees que vas?
-Tengo una cita, no quiero llegar tarde – dije sin mirarlo y estire un brazo para que se detuviera un taxi. Por fortuna se detuvo uno de inmediato. Me deslice dentro y le indique la dirección de la Editorial.
-¡¡Luna!! – grito Tristan.
El taxista me miro por el espejo retrovisor. Sentí su mirada martillándome, la ignore olímpicamente.
Cuando llegamos a la Editorial, le tire un billete de 20 y baje del taxi. Corrí al ascensor. No quería encontrármelo. ¿Qué le pasaba? Yo solo intentaba ser amable. Idiota. Le mande rápidamente un mensaje a Emily. No llegaría en este estado encolerizado a nuestro pequeño encuentro. Ella sabría de inmediato que me pasaba. Aun no me sinceraba con ellas. Solo Renata sabia de mi sucio secreto. “Tengo trabajo. Llegare un poco tarde”. Simple y conciso. No necesitaba darle explicaciones. Claro a menos que le hubiera sacado el corazón a Tristan por verse tan agrio con mi intento, estúpido, de ayudarlo con su pena.
Llegue al piso de la Editorial. Entre a mi oficina y me desplome, como siempre que me sentía abatida, en mi silla. Tenía tantas ganas de gritar, de decirle sus cosas al tarado ése. Yo solo intentaba ser amable, no era como si me encantara meterme en la vida de todos. Pero ya que íbamos por el camino de ser amigos, ¿no era lo indicado interesarse por la otra persona? Además el halo triste de su mirada lo delataba.
Sonó mi teléfono fijo.
Tome la bocina e intente no rugir.
-¿Hola?
-Luna…
-Hola, Rens…
-Voy tarde con Emily, veo que tú también…
-Mierda, ¿Qué hora son? – mire la esquina inferior de mi ordenador, eran casi las 6 de la tarde.
-Tarde – confirmo mi amiga. -¿Te veo en tu edificio? Ya casi llego…
-Seguro. Ya mismo bajo. Nos vemos…
-Bien. Tengo algo que contarte – soltó una risita.
-Perfecto… - sonreí y guarde mis cosas en mi maletín. –Yo también…
-¿Algo malo? – apuesto a que lo supo por el tono de mi voz.
-Parecido – no dije mucho.
-Vale, ya estoy aquí. Baja…
-Sí, nos vemos, adiós – colgué.
Asegure la puerta de mi oficina. Y pedí a todos los Santos del cielo no toparme con la Clon. Pero mis ruegos no fueron escuchados, al abrirse las puertas del ascensor, Tristan salía de ahí. Se detuvo apenas me vio y entro de nuevo cuando lo ignore y presione el botón que cerraba las puertas. Por poco lo dejo afuera. Mierda. Falle.
-Luna…
Saque mi BlackBerry e hice como que llamaba a alguien. Por fortuna presione el botón de marcación rápida y fue Chuck quien contesto.
-¡Hey! ¿Cómo estas Luns? –escuche a mi amigo saludar contento.
-Bien, Chuck, ¿Cómo estás tú? – pregunte cordial. Creí escuchar un gruñido por parte de Tristan.
-Ah, ya sabes, con trabajo. Esos vinos no se venden solos.
-Mucho me temo que no es así, Chuck. ¿Iras a lo de Jennifer?
-No me lo perdería por nada del mundo – respondió. -¿Puedo llevar a una amiga?
-Seguro – sonreí.
¿Una amiga? Pensé que yo era su única… ¡Ah! Ese tipo de amigas. Joder, sí que era lenta de pensamiento.
-Lo siento, tengo que colgar. Clientes. Cuídate, nos vemos.
-Seguro, adiós… - colgué.
-¿Terminaste? – pregunto Tristan y detuvo el ascensor.
-No, tengo muchas llamadas que hacer – quise presionar el botón para que el ascensor avanzara de nuevo, pero Tristan se interpuso en mi paso.
-Luna, no quise…
-Tienes razón. No debo entrometerme en tu vida… Ahora si me permites, tú no te entrometas en la mía – alce la ceja.
-Luna… En serio no quise ofenderte.
-Pero lo hiciste – gruñí.
-Lo sé, lo siento…
¿Quién podría enojarse con esa mirada de cachorro sin dueño que ponía? ¿Quién?
-Sí, ya…
-¿Me perdonas?
-No… - musite. –Fuiste grosero. Y yo solo quería ser amable. Pensé que éramos amigos…
-Lo somos, - afirmo – Solo… Las cosas con mi hermano están espinosas y… Bueno, son cosas… más personales. No quise reaccionar como reaccione.
-Eso pudiste haberme dicho, en vez de rugirme – acuse cruzando los brazos.
Tristan formo una sonrisa de lado.
-Sí, solo que son tantas cosas que… me puse a la defensiva.
-Bien… - asentí. -¿Ahora me dejaras llegar a mi cita?
Era curiosa como un maldito gato. Así que insistiría. No me gustaba verlo con la mirada triste y apachurrada. Era como si el sol no lo iluminara.
-Di lo que tengas que decir.
-¿A qué te refieres?
-Luna, te he visto en la Editorial. Siempre que te callas algo, haces esa cara.
-¿Qué cara? – mire a todos lados. Haciéndome la loca. Hasta mi madre sabía cuándo me tragaba las palabras.
-Esa cara – señalo mi rostro. –Alzas las cejas y muerdes tu labio. Di lo que tengas que decir…
Bufe.
-Solo que no me gusta verte triste- confesé. -Y que… Bueno, cuando uno se desahoga se siente mejor. Puedo ser tu confidente – sonreí.
Tristan sonrió. Esa sonrisa era mi favorita en él. La que me dejaba ver las arruguitas de sus ojos y esos dientes deslumbrantes.
-Gracias por la oferta, pero no estoy listo para desahogarme – confeso.
-Oh – asentí. –Ok… Entiendo.
-Gracias – Se acercó un poco más, tomo mi barbilla. Alce la vista, y sentí como si estuviese viendo el sol. No sostuve la mirada parda de Tristan y baje la mirada avergonzada. –No te hare daño…
-Lo sé – murmure aun mirando el piso. Sus pies se acercaron a los míos. Y supe que si levantaba la cabeza vería las líneas de sus ojos pardos. Que podía contar sus largas y curvas pestañas. Me agite.
-¿Lo sabes? – inquirió con una sonrisa. Lo supe porque su voz lo delataba. Estaba divertido de mi reacción de adolescente. Le encantaba hacerme sonrojar.
-Basta – gemí.
Si no se detenía mi cuerpo estallaría en combustión espontánea. Dicen que no se puede sudar como puerco, pero juro que yo estaba sudando como uno.
Di un paso hacia atrás y choque con la pared de metal. Misma que me reflejaba distorsionadamente.
-Déjame ver esos hermosos ojos grises – pidió inclinando su cabeza. Su mirada estuvo a la misma altura que la mía. Perdí la razón. La perdí por completo. Respire jadeante.
-¿Están bien? – una voz masculina salió de la nada. Mire el techo.
-Sí, si estamos bien – respondió Tristan y presiono de nuevo el botón para que el ascensor funcionara.
-El ascensor se detuvo por mucho tiempo, ¿seguros que se encuentran bien? – presiono la voz que surgía de la nada.
-Muy bien, gracias.
Llegamos a la planta baja. Me apresure a salir del ascensor.
-¿A dónde vas? – Tristan tomo mi brazo.
-Tengo una cita…
-Ah. Bien, suerte – dejo mi brazo.
-Gracias – sonreí. El aire otoñal me bajo el calor del cuerpo. –Nos vemos…
-Te veo en León – aseguro.
-Perfecto – sonreí estúpidamente.
Asintió pasando una mano por su largo cabello. Lo deje ahí de pie. Sintiendo su mirada en mi espalda. Sintiendo como el calor de los minutos en el ascensor me freía el cerebro. Para cuando llegue junto a mi Renata, mi amiga supo de inmediato a que se debía el sonrojo de mi rostro. Sonrió cómplice y me abrazo.



Ella sin duda sabía exactamente como me ponía Tristan. Su hermano hacia lo mismo con ella.

mayo 06, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo IV

Hola chicas :) Es viernes, ¿cierto? Porque de pronto me sentí en un sábado por la noche... XD
¿Como estuvo su viernes? Él mio bastante productivo, muy chistoso y lleno de Juertes -si JUERTES- declaraciones con mis amigas de la prepa... Aaaay, que buenos tiempos :3
Ahora vamos a lo bueno... Este capitulo es de Jennifer. Pobre chica... ):
Enjoy y buen fin de semana :)








4. Una patada en las bolas duele menos

Jennifer Lamb




-Jenn – Rosty me llamaba desde la salita. Yo aún seguía en la habitación. Le daba los últimos retoques a los disfraces de mis amigas. Quería que quedaran más que perfectos.
-Un minuto…
-Ya te di 10 minutos – acuso desde el marco de la puerta.
-Lo sé, - le regale la mejor de mis miradas inocentes – solo uno más y estaré contigo en la sala.
-Mmmh – Torció la boca y se acercó. –Tus amigas me mataran cuando sepan que fui yo el soplón. ¿Saben lo que les pasa a los soplones?
-Según las leyes, les cortaban la lengua – comente despreocupadamente.
-Exacto. Y apuesto que tus amigas estarán felices de cortarme la mía por soplón.
-No lo harán… - corte.
-¿Por qué estás tan segura? – quiso saber cruzando sus brazos.
-Porque esa lengua que tienes me da mucho, mucho placer y no me quitaran algo que saben que me hace muy feliz – solté sin más.
Rosty rio. –Tienes razón, ellas no harían nada para hacerte daño. Estoy más tranquilo – beso mi cabeza. –No tardes, ¿sí?
-No lo hare…






Entre a la salita donde Rosty tenía una caja blanca. Se puso de pie apenas me vio. Sonriendo me tendió una rosa roja y me dio un beso rápido en los labios.




-Feliz cumpleaños adelantado – dijo.
-Gracias. ¿Es para mí? – mire la caja.
-Bueno, no veo ninguna otra mujer candente y hermosa por aquí.
-Supongo que si es para mí – le di un beso más.
La caja contenía un vestido negro de noche, de tela vaporosa.
-Pruébatelo, por favor.
-Ok – antes de correr a la habitación, le di un beso. –Gracias.
El vestido era hermoso. Se sostenía de mis hombros, y se ceñía adecuadamente a mi busto y estómago. Pero de atrás era justo otra cosa. Mi espalda estaba totalmente descubierta. Y un largo corte descubría una de mis piernas. Me mire de cuerpo completo en el espejo de la puerta de mi armario.
Regrese a la sala. Rosty silbo.
-Wow, estas preciosa.
Me di una vuelta completa. Rosty contuvo el aliento.
-Es muy lindo el vestido, gracias… - Rosty abrió los brazos y me acuño con fuerza acariciando mi espalda baja.
-Te mereces esto y más. Mucho más.
No supe que decir, así que me limite a besar su cuello.
Rosty me hacía sentir muy feliz. Pero temía… que en cualquier momento este sueño se terminara.
-Te amo.
Mire inmediatamente a Rosty cuando de su boca salieron esas palabras. Mi corazón se detuvo unos segundos. Y percibí el momento exacto en el que comenzó a latir de nuevo, ahora bombeando con fuerza en mis oídos, presionando mis costillas, amenazando con salir, y si, huir.
-Ros…
-Jennifer, nena, no tienes por qué decir nada… - Rosty no podía ocultar el dolor que lo hacía pasar. –Sé que no me amas – dejo mi cuerpo, dando unos pasos hacia atrás.
-Rosty…
-Ya, estoy bien – tomo su chaqueta y se dirigió a la puerta con grandes zancadas. –Feliz cumpleaños.
-¡Rost…! – tome el vestido entre mis dedos, levantándolo para correr a alcanzarlo. Demasiado tarde, cuando llegue a la puerta Rosty ya no estaba en el pasillo. Baje descalza las escaleras. Llegue a la calle pero él no estaba por ningún lado.
¡Mierda!
Regrese a mi departamento. Bonito feliz cumpleaños. Pude haber mentido. Pude haberle dicho “Yo también…”, pero ¿a quién diablos quería engañar? Sabia como es que Rosty se sentía. Como un tremendo imbécil. Como el idiota que primero cae en la red, y el último en salir de ella. Carter se burló de mí. Y me sentí una mierda cuando al decirle ‘te amo’, solo sonrió y beso mi frente. Yo no podía engañar así a Rosty, era demasiado importante para mí. No mentí cuando le dije que me hacía feliz.
Ahora no tenía a nadie.
Bueno, eso estaba mal, porque tenía a mis 3 amigas, a mis tres mejores amigas.
Si me apresuraba podía regresar el vestido de Rosty a la tienda, así él recuperaría el dinero que estúpidamente gasto en mí. Sí, eso haría.
Guarde el vestido en la caja, me puse mis jeans y una blusa de manga larga. Pronto el otoño dejaría Nueva York.
Tome un taxi en la esquina. ¿Dónde compro Rosty el vestido? Mire la caja, dentro había una nota.
“Eres la mujer más hermosa que he conocido. Tanto por dentro como por fuera. Te amo, Rosty”.
Era su puño y letra. Trague el llanto. Había arruinado la mejor relación que jamás hubiera deseado.
-Por aquí está bien – el taxista gruño por detenerlo tan de repente. Sin darme cuenta estaba en la Galería del Sr. Hoppus. Pague al taxista y entre a la cafetería. Mi ex jefe estaba atendiendo en la barra.
-Jennifer – saludo entregándole un café a su nueva mesera.
-Hola, ¿Cómo está?
-Muy bien… tu… - su voz se fue apagando, salió de la barra. -¿Qué te sucede, linda? – tomo mi rostro entre sus grandes manos. Fue entonces cuando me derrumbe.
El Sr. Hoppus era el padre que siempre desee tener. Me quito la caja de las manos y la puso en uno de los bancos largos, me tomo entre sus brazos y meció mi cuerpo con ternura. Como un padre haría con su hija.
-Shh, shh – repetía y acariciaba mi espalda. Mi llanto se hizo más fuerte.
Siempre me jacte en decir que no necesitaba una figura paterna para ser feliz, pero ahora me daba cuenta que era mentira. No lo necesite en mi adolescencia porque siempre fui una mujer valiente. Rosty… Rosty… él me hacía sentir de nuevo valiente. Me apoyo con la noticia de la muerte de mi madre. Y ahora, él se había ido para siempre. Por mi culpa.
Sorbí por mi nariz y limpie mi rostro con la manga de mi suéter.
-Lo siento… - los ojos celestes del Sr. Hoppus me miraban con cautela.
-No tienes por qué disculparte. ¿Quieres hablar de lo que te pasa?
-No lo sé – acepte.
-Ok… - Me llevo a una mesa cerca de la barra. –Espera aquí, ¿bien? Te traeré un té… Mi madre siempre dijo que un té de canela y un shoot de tequila lo cura todo. Haremos la prueba – sonrió.
El Sr. Hoppus se perdió por una de las puertas que llevaban al almacén. Limpie mis lágrimas con una servilleta de papel y arregle mi maquillaje. Suspire.
-¿Jennifer?
-¿Te conozco? – un tipo guapísimo con ojos claros se paró frente a mi mesa. Me miraba concienzudamente.






-No, no me conoces… - sonrió encantadoramente. –Soy Vincent… – completo estirando su mano para saludarme. Mire su mano un par de segundos y después decidí tomarla. Su piel era suave. Cálida.
-Ya sabes mi nombre – dije y solté su mano. Parecía que quería quedarse con ella.
-Sí, mi hermana me lo dijo. Siento como si ya te conociera – se sentó en la silla vacía de la mesa.
-¿Tu hermana? – alce la ceja.
-Si… Renata…
-¿Renata es tu hermana? – pregunte ahora conteniendo el aliento. ¿Cómo es que un adonis como él tenía por hermana una cabra loca como Renata? Reí internamente por mi estúpida pregunta.
-Claro… - dijo como si fuera lo obvio.
-No lo sabía – defendí. –No he hablado con Renata…
-Ah, eso lo explica. Lo siento. Tengo que parecerte un loco, y sí, creo que es de familia parecer un psicótico por las calles…
-No me pareces uno.
-Gracias. ¿Quieres un café? – hizo ademan de ponerse de pie pero lo detuve con una mano en su muñeca. –No, el Sr. Hoppus dijo que me traería un té.
-Ah, conoces a mi jefe…
-¿Trabajas aquí?
-Sí, pero no te asustes, no soy mesero. Soy un torpe en eso del equilibrio… Me encargo de la zona de la Galería. E imparto un taller de pintura y escultura – informo.
-Oh, un artista…
-O como mi hermana dice: un vago.
-No luces como uno… - ahora lo escanee con la mirada.
Ojos azules, claros. Tiernos y profundos. De esos que pueden verte hasta el alma. Barba de días, que basta decir le quedaba perfectamente. Cejas pobladas. Labios…
-No, no luces como uno.
-Gracias… - se meció el cabello y se puso de pie. –Y dime… ¿Cómo iras disfrazada a tu fiesta? ¡¡Mierda!! No me digas que no sabías nada de tu fiesta y yo ya metí la pata hasta el fondo…
-No, ya sabía. Era un secreto a voces – sonreí.
-¡¡Uff!! – puso una mano en su pecho. –Le quitaste una tarea más a mi hermana. Ahora solo tendrá que matarme por romper la taza de Luna le regalo – suspiro.
-Bueno, preocúpate más. Luna y ella son muy unidas – advertí. –Así que cuanto antes, consigue el reemplazo de esa taza.
Vincent asintió y mordió sus labios. Me caía bien.
-Sí, supongo que eso tendré que hacer. Aunque no sé dónde conseguir tazas con animales. Tenía dos gatos, uno negro y otro color humo… Sin duda Luna es una chica muy curiosa y con mucho tiempo libre para andar buscando tazas con gatos y del mismo color que el gato de mi hermana.
-Luna ama a Renta, fin de la discusión – dije divertida.
-Es una buena razón… - rasco su barbilla. –Aun así, no sé dónde…
-Bueno, ellas frecuentan un par de tiendas en el centro. Puedo llevarte si quieres.
-Sí, estaría genial – volvió a sentarse. –Gracias.
-De nada…
-Y dime… ¿a qué te dedicas?
-Soy diseñadora. Bueno, casi…
-Vaya… - paso los ojos rápidamente por mi vestimenta. Me avergoncé y mis mejillas se colorearon. -¿Dónde trabajas? ¿Eres independiente?
-Trabajo en Sparks CO. Una tienda de ropa por Manhattan.
-Muy bien… ¿Estudiaste o es nato…?
-Son muchas preguntas… - me queje.
-Lo siento, es que soy un tipo muy curioso – alzo los hombros. –Bueno, tengo que regresar al trabajo – volvió a levantarse y se alejó.
Mire su trasero hasta que se perdió de mi vista. Vaya… Que cosas tenia guardadas Renata.
-Conociste a mi nuevo mejor empleado – el Sr. Hoppus volvió a la mesa con una botella de tequila y dos tazas humeantes de té.
-Si… no sabía que era hermano de una de mis amigas.
-No me digas que la chica que se desmayo es tu amiga – alzo las cejas sorprendido.
-¿Se desmayó Renata?
-Sí, pero descuida, eso ya tiene días. Fue cuando Vince empezó a trabajar aquí.
-Oh… - me calme.
-Sí, ella se puso pálida…
Sonreí. –Renata es pálida de por si – dije divertida. El Sr. Hoppus rio un poco.
-Quizá tener de regreso a su hermano la tenía muy contenta y puf, se desmayó sin más.
-Si, tal vez…
Aunque Renata jamás, en el tiempo que llevo de conocerla, se había desmayado. Así como Luna. Esas chicas sin duda andaban raras. Luna no podía estar embarazada. Ya me habría dado cuenta. Y Renata… No, no estaba lista para cuidar niñitos, ella misma lo decía. Pero eso no quería decir que las dos no estuvieran esperando niño. No, venga, Jennifer, déjate de tonterías.
-¿Qué llevas en la caja? – pregunto el Sr. Hoppus sacándome de mis absurdos pensamientos.
-Un vestido… - murmure.
-¿Lo compraste? ¿O lo diseñaste? – de nuevo de curioso.
-Fue un regalo…
-¿Fue un regalo? – repitió.
-Sí, voy a devolverlo.
-No te agrado…
-No, si, me encanta… Solo que no lo merezco.
-Jenn, ¿ya empezamos de nuevo a decir que no mereces lo que tienes? – torció la boca.
-No, yo… Bueno, si… Mire, es una larga historia.
-Es temprano – se acomodó en la silla.
-Vera… - suspire. Le di un sorbo al té. Aunque necesitaba algo más fuerte. Tome uno de los caballitos que había llevado y lo llene de tequila. Lo bebí de un trago. –Whoa…
El Sr. Hoppus sonrió. Esperando pacientemente.
-Si… Rosty…
-El sobrino de Vico… - comento.
-El mismo…
-¡Ah! Eres tú la chica de la que siempre habla. La mujer perfecta, la de los ojos perforadores, la de los labios y sonrisa de ensueño. Mujer, lo tienes encantado – sonrió. –Ah, perdón, continua…
Ahora me sentía más basura que nada. ¿Rosty hablando de mi con el Sr. Hoppus? Dios…
-¿Sucede algo? – tomo mi mano.
-No, solo… Creo que Rosty ya no querrá verme nunca más – lamente.
-¿Pero porque dices eso? Rosty te ama.
¿También el Sr. Hoppus sabía que Rosty me amaba? ¿En qué mundo vivo…?
-Por eso, yo no lo amo…
-Hmm… - asintió. Rasco su barbilla. –Jenn, las cosas importantes toman tiempo.
-No entiendo…
-Ya lo harás… - dijo sin más y se puso de pie. -¿Qué piensas hacer con el vestido?
-Devolverlo.
-Mejor dale una patada en las bolas, duele menos – soltó. Y se fue.
Me quede paralizada en mi lugar. No supe cuánto tiempo estuve así, en shock.


El hermano de Renata regreso y se sentó de nuevo frente a mí.




-¿Estas bien?
-Creo – acepte.
-¿Puedo ayudarte en algo?
-Tu… ¿devolverías algo que significa algo muy importante para la persona que lo regalo?
-Mmmh… No, no lo sé. ¿Te refieres a que ese algo es importante, no solo para ti, sino que es importante que lo tengas?
-Algo así…
-No lo sé, realmente.
-¿Y si al devolver ese algo… lastimaras a la otra persona?
-Jennifer, lo que tienes que plantearte es: Al devolver ese algo, es como si terminaras definitivamente con la otra persona. Si la lastimas, si es importante para ti y para la otra persona. No solo ese algo es algo material. Es algo que esa persona desea que tengas, que significa algo para ti, para él. Necesitas saber que sientes por la otra persona. Si te importa o si le das mucha importancia a ese algo que te regalo. Quizá solo sea un objeto, algo material. Pero tiene gran valor sentimental. Quizá por eso la gente regala cosas. Por el valor que le das, no por lo que te costó.
-Que profundo – jadee.
-A veces me salen de las mangas – le restó importancia. –Pero venga, que no es de mi de quien hablamos.
-Sí, supongo que tienes razón. El Sr. Hoppus dijo que mejor le diera una patada en las bolas…
-Sí, es una mejor opción. Cuando alguien regala algo, lo hace de corazón. Al menos puedo decir que yo lo hago por esa razón. Porque me nace hacerlo. No porque quiera demostrar algo. Me refiero al poder adquisitivo. Mi punto es, que regalas algo por el valor… por lo que representa alguien en tu vida. Ya sea tu amigo, tu hermano, tu madre, tu amante.
-Tienes razón.
-Ahora, ¿tú quieres regresar ese algo porque no representa nada para ti?
-Solo no quiero que él desperdicie su dinero en mi…
-Créeme, nadie podría desperdiciar su dinero en ti, nadie.
-Ajá – baje la mirada.
-Créeme – Tomo mi barbilla para que lo mirara.
-Si… - musite avergonzada.
-Tengo que irme, me queda un largo día. Aun no tengo mi disfraz…
-Suerte – logre decir.
-Gracias. Un placer conocerte, Jennifer.
Se fue.
Mi cuerpo ardía. Mis mejillas ardían.
-Vince también es un buen chico – comento el Sr. Hoppus detrás de la barra. –Las cosas que más disfrutas en la vida son las que te cuestan trabajo. No hay placer sin esfuerzo – finalizo.
-Gracias por sus consejos. Tengo que volver a casa, tengo mucho que hacer.
-Suerte linda, y feliz cumpleaños – estiro sus brazos. Sonreí y sintiéndome de nuevo como una niña, lo envolví con mis brazos. Beso mi cabeza. –Mereces ser feliz… muy feliz.
-Gracias…
Volví a casa. En el camino, llame a Emily. Esperaba que ellas no hubieran comprado sus disfraces. Pero conociéndolas, seguro que ni los tenían. Luna y Renata decían que trabajaban mejor a presión, Emily, conociendo la memoria de teflón que tiene, seguro que no recordaba que tenía que comprar disfraz.
Mis amigas confirmaron mis sospechas sobre sus disfraces. Así que las cite en mi casa. Morirían de emoción apenas vieran sus regalos. Volví a casa emocionada. Con buenos consejos y con la mirada profunda de Vincent en mi mente.

Las chicas del Té de Lemmon

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