marzo 30, 2012

Maldita delicia, tercera temporada. Capitulo 11

Las deje esperando mucho tiempo, ¿ah? Ustedes tranquilas que yo nerviosa. Se que este capitulo lo amaran (: tanto o más que yo ♥
Sin más, les deseo una linda semana de descanso. Descansen harto aquellas que trabajan, estudian o ambas dos, yo que aun ando libre por el mundo, descansare de igual forma de mis vecinos escandalosos y del smog de la ciudad. No me extrañen tanto... Ya que volveré con más cartas bajo la manga (: Me cuidan el changarro y se cuidan harto también. Mi Ale... Siempre supe que serias Team Tris. Te amo mi Sol y Estrellas ♥
Enjoy ^^
Nota del autor: Preparence para gritar mucho y para comenzar sus hipótesis (:

11. Algodón egipcio



-No sabía que vivías con tu hermano ahora, Julien – Dorothea paseaba por el departamento de Manhattan con Julien detrás de ella, respondiendo sus preguntas y escupiendo improperios cuando algo que ella decía le molestaba.

-Así es madre, aunque Tris viene de vez en vez, lleva una semana entera remodelando el loft donde vivirá – anuncio.

-¿Por qué se mudo?

-Ah no sé, quizá porque está harto de vivir bajo tus faldas – levanto los hombros restándole importancia, con una pizca de burla. Dorothea lo devoro con la mirada, molesta. – ¡Madre! – se tomo el pecho, dramatizando. – ¿No sabías que se mudo porque siempre se sintió ahogado entre estas cuatro paredes?

-¿Qué es lo que intentas decir, Julien?

-Solo digo que Tristan siente que lo abandonaste aquí de nuevo, consiguiéndole este departamento, algo que él nunca deseo, pero que acepto porque tu dijiste que era lo mejor de lo mejor, como aquel internado al que lo mandaste, ¿recuerdas? Seguro que no, ya que nunca fuiste a visitarlo, y ni hablemos de la oveja negra de la familia, es decir de mí – se señalo con el pulgar. Dorothea no tuvo voz ante eso. –Apuesto a que ni te preguntaste por mi después de que me abandonaste en Francia, ¿ah?

-Es todo, adiós.

Camino veloz hasta el ascensor, Julien le pisaba los talones.

-Venga, madre. Di algo, siempre tienes gritos para tus empleados en la Editorial. Le gritas a todo mundo, grita, grita, grita – alentó.

-¡Julien, cállate!

Para su fortuna las puertas del ascensor se abrieron.

-¡Oh si! – choco las palmas. –Buen grito, algo débil, pero bueno. Que tengas un excelente día, madre. Y recuerda la cena en el loft de Tristan hoy en la noche, lleva a mi verdadero padre – le arrojo un papel dentro de la cabina, con la dirección del departamento de su hermano, antes de que se cerraran por completo las puertas.

Satisfecho ante la pérdida de control de su madre, se dejo caer ante el banco del piano de cola. Cerró los ojos y comenzó a tocar.
 
***

-Solo dijeron una semana y míralos – Jack Phellan señalaba a sus padres, quienes sonreían abochornados.

-Cierra el pico, Jackie – ordeno Luna. –Además, hoy será su último día, no deberías atormentarlos.

-Hazle caso a tu hermana, Jack, ella siempre ha sido la más cuerda de la familia – Jeffrey apretó la mano de Luna sobre la mesa y sonrió a su hija con ternura. –Además, parece que todo va en orden con sus vidas.

-Así es – la sonrisa de Luna, resplandeciente como el mismo sol de verano satisfizo a su padre, que aun sostenía su mano. –No olviden la cena hoy en casa de Tristan, lo ayude a decorar y no es porque yo lo haya ayudado, ¡quedo fenomenal!

-Ese joven y tu…

-¡Una cena de despedida! – interrumpió justo a tiempo su madre. Ese sexto sentido nunca falla. –No faltaremos, hija. ¿Irán tus amigas también?

-Si, invitamos a medio Manhattan. Mis locas amigas, sus novios, su madre incluso, aun me pienso si invitare a Kenzi…

-¡Por supuesto que invitaras a Kenzi! – jadeo Jack. –Es tu prima, torpe, es la despedida de nuestros padres que son como los padres de ella…

-Es verdad, no sé donde tengo la cabeza.

-Yo sé donde la tienes, hija – su madre la miro. –Y tu también.

-¿Cuál, donde? – apresuro a preguntar su padre sin respuesta por ninguna de las dos Phellan presentes.

-La llamare entonces – corrió hasta su móvil y marco a su prima, que con una rápida conversación, prometió ir a la cena sin falta.
 
***

Julien estaba recargado a un costado de su auto, afuera del edificio donde Renata trabajaba, lejos estaba de permanecer paciente, esperando ansioso por intercambiar un par de frases con aquel que estaba a nada de partirle el corazón a la mujer por la que daría cualquier cosa, lo sabia ahora.

Por fin el rubio enorme salió del edificio, con esa sonrisa resplandeciente y el pulcro traje con peinado perfecto que lo caracterizaba.

-¡Hey! – llamo Julien. –Northman – grito. El rubio giro la cabeza y lo miro serio.

-¿Dime?

-Unas palabras – sonrió Julien, acercándose a él.

-No tengo tiempo niño…

-¿No? – Julien, lejos de ofenderse camino a su lado con pasos largos similares a los del rubio. –Que curioso… Siempre le digo eso a tu hijo, Ezra…

William Northman se detuvo de inmediato. Lo encaro. Julien sonreía de lado, con la victoria marcada en cada rasgo de su cínico rostro.

-¿Qué es lo que quieres? – formulo la pregunta despacio, enmarcando cada palabra con amenaza a cada silaba.

-Dime tú, ¿Qué es lo que quieres?

-¿A que te refieres?

-Sabes a lo que me refiero, Northman. La verdad es una cosa delicada, que debe tratarse con cuidado, ¿no? Como una granada sin seguro.

-Me iré pronto, es todo.

-No, sabes que no es todo. Te irás como el héroe, y ambos sabemos que no eres el héroe, mucho menos yo… Pero si es… amor – hizo un gesto de desagrado – lo que profesas a los cuatro vientos por ella, ¿Por qué ocultar la verdad?

-¿Qué vas hacer al respecto? – reto William, no quería doblegarse ante el seguro chantaje que presentaría Julien.

-Lo que hare no te gustara, Northman.

-¿Qué quieres para cerrar el pico? – William tenso la mandíbula.

-La verdad.

-Ahí la tienes – señalo con la cabeza. –La sabes, ¿es todo? – presiono.

-Lejos estoy de terminar contigo, rubio. Nos vemos más tarde y salúdame a Ezra – sonrió amigable y le dio la espalda para subir a su auto rojo, dejando a William con la palabra en la boca.

***

Renata estaba sentada en la salita del loft de Tristan, con un vestido negro de corte recto que le cubría su rodilla raspada, hermosa como siempre, a su lado estaba William con un traje gris claro sin corbata, formal, pero elegante, aun así, se le notaba nervioso; después estaba Emily, un poco bronceada pues acababa de llegar de su viaje de 3 semanas de Luna de miel con el amor de su vida: Logan, él portaba con orgullo la sonrisa que llevo todo el tiempo el día de su boda, ambos estaban cada día mas enamorados; luego teníamos a Jennifer, con la mano entrelazada a la de Rosty, mostraba en su mano izquierda su sortija de compromiso con ese pequeño y nada sutil rubí. Evan y Chuck, solos, pero con esas sonrisas cautivadoras que los caracterizaban. Todo ellos ocupaban el salón. El amplio salón que era dividido del resto de la estancia con un mueble de madera, alto casi hasta el techo, dividido en pequeños y grandes cuadros, algunos ya estaban ocupados, con libros y discos, otros vacios a la espera de que la decoradora de interiores decidiera que poner sobre ellos. De momento, el espacio más amplio estaba ocupado por un minicomponente, que ambientaba la estancia con música suave.

Luna y Tristan atendían a sus invitados, ofreciéndoles agua, vino, clericot, soda o lo que se les antojara, habían llenado la nevera de doble puerta gris con bebidas como para saciar a un ejército, pero lo que dominaba la nevera eran esas cervezas oscuras que Luna tanto amaba.

Cerca de las ocho, apareció Hunter con sus dos hermanos, Marcus y Tyson, los tres rubios enormes cada uno, poderoso a cada paso, tomaron sitio en las sillas metálicas del comedor rectangular; Marcus acompañado de su novia Kelly, una preciosa chica menuda con enorme sonrisa y cabello cortó en ondas. Tristan estrecho las manos de los invitados que mantenían conversaciones amables y se conocían poco a poco. Luna estaba nerviosa, metida en la cocina, sus padres aun no llegaban.

El primo de Tristan apareció con su novia…

-¡Kenzi!

-¡Lunática!

-Todo queda en familia – sonrió Noah, enorme en más de un sentido. –Soy Noah…

-Luna – se presento la morena estrechando su mano. –No sabía que tu…

-Y yo no sabía que tu… - imito su voz.

-Noah – lo golpeo Kenzi con el codo, a la altura de la cadera. Noah recobro la postura y presento a su hermana Ada y a su novio Patrick que…

-¡Kelly! ¿Qué demonios haces aquí?

Resulto ser hermano de Kelly, la novia de Marcus Trott.

-Te dije que tenía una cena, no sabía que tu también.

-¡Oh que maravilla! – exclamo Noah al ver a su mejor amigo con novia colgada del brazo. William y Renata también se sorprendieron al ver a Marcus, el amigo de la infancia de William, dueño del gimnasio de chicas al que un par de veces fue Renata.

Parecía que todo el mundo se conocía. Ya que Rosty, al final de la boda de Logan confeso conocer al ahora esposo de Emily cuando vivía en California con sus padres.

Luna volvió a la cocina, donde encontró a Tristan sirviendo Clericot en vasos altos.

-¿Todo en orden?

-Si, si, ¿sabias que mi prima y tu…?

-Lo sospechaba, pero tú eres la hija de Sherlock Holmes, no yo – beso sus labios antes de salir de la cocina. 

Para las 8 menos 15 de la noche, aparecieron los padres de Luna y Jack con Summer, su novia, y Lex que entro serio, con las manos en los bolsillos de su pantalón. La morena tomo aire antes de aparecer frente a sus padres, mismos que nunca se imaginaron que habría tanta gente. Y un segundo antes de que Luna presentara a Tristan como su novio, Julien entro al salón.

-¡No lloren, ya llegue!

-Ni quien quiera llorar, gusano – corrigió Noah abrazándolo con más fuerza de la normal. Tras esa masa de enorme sensualidad fue descubierta Kenzi, y el jadeo de Marla, la madre de Luna, sorprendió a Kenzi. La chica supuso que eso pasaría, empero, Noah paso la prueba de fuego ante su tío Jeffrey. Ahora todo el peso recaía en Luna y esa mirada ausente y temerosa que se leía tras sus ojos grises. La primera en notarlo fue Renata, que la llevo hasta el baño y se encerraron juntas.

-A ti te pasa algo y me lo dirás ahora – la pico con el dedo.

-Siento algo – puso la mano en su estomago. –No, no estoy embarazada.

-¿Algo bueno o algo malo?

-Muy bueno – sonrió.

-Supongo que, estas nerviosa de presentarle a tus padres a Tristan, pero si Noah paso la prueba ante tu padre, Tristan la pasara, son familia – animo.

Su boca tembló, asintió y tomo aire por la boca un par de veces antes de salir.

-Por cierto, quedo maravilloso el departamento, buen trabajo.

-Gracias.

Antes de que llegara la comida, que consistía en pizzas, una tradición entre Luna y Tristan, llego Dorothea con George Hoppus. Y cerrando la lista de invitados, Mary, la nana de los Van Gulick.

-¡A comer! – exclamo Tristan, todos los invitados tomaron un plato y un trozo de pizza, la botella de kétchup, salsa picante e inglesa pasaron de mano en mano.

-Pensé que sería una cena elaborada – susurro Marla a Luna.

-No tuvimos tiempo de cocinar nada, má. Pero la pizza esta fabulosa, cien por ciento italiana.

Jeffrey sonrió, devorando un segundo trozo de pizza.

-Queríamos conocer a tus amigos, henos aquí. Ve a comer, hija, te ves hambrienta.

Luna obedeció. Subió a un banco alto frente a la isla de mármol que estaba en la cocina.

-¿Ocultándote? – Tristan beso su hombro.

-No, solo encontré este lugar libre – defendió.

-Ven, te presento a mi madre.

-Ya la conozco.

-No tan bien como yo, vamos – estiro la mano para que ella la tomara.

Unido a la mano de Luna, cruzo la estancia, saludo a los padres de la chica en el camino y llego a su madre, que estaba sentada en el sofá de una plaza, comiendo educadamente su trozo de pizza.

-Madre…

-Dime.

-Ya conoces a Luna – comenzó.

-Es mi fotógrafa estrella, claro que la conozco.

-Hola, señora.

-Luna – bufo – te he dicho mil veces que no me llames señora. Solo Dorothea.

-Lo sé, solo… Hola, Dorothea – se apresuro a corregir ante la mirada de aquella mujer de cabellos plateados.

-¿Así que… ustedes están juntos? – inquirió, levanto su perfecta ceja.

-Correcto, madre. Es mi novia…

-Lo imagine – Tristan y Luna quedaron en silencio. –Me da mucho gusto.

Con esa última frase, Luna se sintió volar, ligera y suave como una pluma.

-Él es George, Luna, George… - presento Tristan al hombre de cabello entrecano y barba perfectamente afeitada que con ojos paternales miro a Luna.

-Quita esa cara de susto, querida – sonrió George, se puso de pie para abrazarla. –Atrapaste a un buen hombre, Luna – susurro en su oído. –Felicidades – termino amable.

-Ven, te presento a Mary – su nana estaba sentada cerca de William, que conversaban en bajos tonos, pero al ver acercarse a Tristan la mujer se puso de pie y abrazo a Luna como si la conociera de toda la vida.

-Mi niña – acaricio sus mejillas. –Tristan no mentía, eres preciosa, aunque se quedo corto en la descripción – aquellas palabras enternecieron a Luna. –Tu eres La chica – agrego antes de volver a abrazarla con fuerza.

-Es mi Luna, Mary – dijo Tristan, contento hasta la medula ósea.

-Lo imagine cuando tus ojos brillaron llenos de amor, querido – tomo la mano de Tristan y la unió a la de Luna entre las manos arrugadas de ella. –Felicidades…

Se alejaron de ella un par de pasos. Luna aun se sentía rara, nerviosa y feliz por partes iguales.

-Ahora ya conoces a toda mi familia – abrazo a Luna. –Y te amo…

-Yo te amo más – decreto Luna, con una sonrisa ladina.

-Mentira – beso su frente. –Quédate aquí, ¿si? – Luna asintió. Tristan se planto en medio del departamento, entre el salón y el comedor, repleto de invitados. – ¡Hey, hey! ¡Atención! – llamo, los invitados se giraron para verlo. –Gracias por venir, gracias señores Phellan por venir, les deseo un buen viaje, pero antes… – levanto un dedo. –Quiero que sepan, no solo ustedes, sino todos mis amigos y los amigos de Luna, que amo a su hija con toda mi alma…

La morena jadeo. Todos miraron fijo a Tristan, empero, él solo tuvo ojos para Luna.


-Te amo Luna, me enamore de ti y deseo enamorarme de ti cada día, por el resto de mi vida. Alguna vez me dijiste que no te prometiera nada, ¿recuerdas? ¿Aquella vez en el rio? – la morena se sonrojo hasta las orejas, asintió con rapidez. –Yo también lo recuerdo – sonrió cómplice. –Sin embargo, juro con mi vida, que cada día de tu existencia será mejor que el anterior. Deseo perderme en tus ojos, en tus risas, en tus caricias y en tus besos… Quiero hacerte la mujer más feliz de este planeta y de toda la galaxia – esquivo a su hermano y a Noah antes de llegar ante Luna y posar una rodilla en la duela. – ¿Te casarías conmigo?

Nadie respiro, incluso Luna perdió el aliento cuando lo vio, galante ante ella. Una pequeña sortija de oro blanco con un diamante coronando su periferia yacía en una cajita negra de terciopelo, aguardaba sobre la palma de Tristan, esperando su pronta respuesta.

Ella no se esperaba esa declaración. Pensaba que solo iba a decir que eran novios, aun así, lo amo a cada palabra más y más. Sus ojos se cristalizaron, el departamento quedo vacio, solo veía a Tristan, con esa sonrisa de oreja a oreja.

-¡SI! ¡Si! ¡Si quiero, me encantaría! – grito extasiada de felicidad, se arrojo a los brazos de Tristan que estuvo a punto de caer de espaldas ante el entusiasmo de Luna. – ¡Te amo!

-También te amo, mi Luna, siempre – se separo lo suficiente para colocarle la sortija en su lugar y besarla como Dios manda.

-¡Oh por Dios! – susurro Renata cubrió su boca, y sus demás amigas tomaron las manos de sus novios con fuerza.

Los padres de Luna se quedaron tan quietos que parecían estatuas, ninguno se esperaba una declaración así. Marla, presentía algo, pero no de esta magnitud. Dorothea y George, los padres de Tristan, miraban a la feliz pareja como hipnotizados, los amigos de Tristan sin podérselo creer tampoco, permanecieron en silencio hasta que Luna grito que amaba a Tristan, una vez más.

-¡Y yo que pensé que eras gay, Tris! – grito Noah, rompiendo el silencio. Un segundo después, los demás comenzaron a felicitar a la pareja que continuaba besándose sin querer siquiera detenerse. – ¡Venga, Tris! ¡Detente, que aun están tus padres y los de la novia aquí! – bromeo. Todos rieron, algunos se desbarataron en risas, la mayoría de los hombres, las chicas los miraban embobados, con ojos de cordero a medio morir.

Entonces Tristan detuvo el beso caluroso, la miro fijo y acaricio sus mejillas.

-Te amo, para siempre – beso su nariz.

-Yo mucho más – lo abrazo rodeándolo de la cadera.

Los primeros en abordarlos con preguntas fueron sus padres. Jeffrey tomo el hombro de Tristan, llamando su atención.

-Por lo que veo no eran solo amigos – comenzó serio.

-Jeff – codeo Marla –, felicítalos – se arrojo a los brazos de su hija y después a Tristan. –No me lo esperaba, en serio que no.

-Ah, cierto, cierto. Felicidades, se que amaras a mi hija porque tengo una sierra eléctrica en casa – señalo Jeffrey, su tono amenazador logro intimidar a Tristan.

-Papá – gruño Luna. –Basta de amenazas – obedeció y la abrazo con fuerza.

-Pierda cuidado señor Phellan, Tristan es un caballero, y le aseguro que amo a su hija desde el primer momento en que la vio – intervino George Hoppus.

-No ibas a verme a mí a la Editorial, ¿ah? – hablo Dorothea.

-Madre, pues no – intento disculparse con la mirada, pasando una mano por su nuca.

-Lo supuse, nunca nos llevamos tan bien – sonrió amarga. –Te deseo lo mejor, hijo. Lo mereces. Felicidades, Luna.

-Gracias, seño… Dorothea.

-Lastima que tengo que volar a Suiza, sino tendría un par de palabras con… Tristan.

-¡Oh, Jeff! – Marla volteo los ojos y le dio un suave golpe en el pecho a su esposo. –Siempre tan amigable – sonrió. –Tranquilo, Tristan, solo es un padre con su hija…

-Lo entiendo, señor Phellan. Estaré esperándolo para hablar el tiempo que usted quiera – dijo Tristan con diplomacia, calmando su voz nerviosa.

-Tenlo por seguro que volveré, jovencito – declaro. Luna volteo los ojos al mismo tiempo que su madre. –Por lo pronto, espero que cuides de mi hija… Recuerda que tengo una sierra eléctrica en casa.

-No sabes usarla, papá – susurro Luna.

-No requerirá del uso de ese… artefacto, señor Phellan, mi hijo es un caballero y le doy mi palabra, él es un buen hombre… - interrumpió firme, Dorothea Van Gulick.

-Muy bien, entonces. En hora buena – sonrió a su hija, para abrazarla con fuerza.

Su pequeña estaba creciendo, y eso, sin duda, lo llenaba de orgullo.
 

Después de esas tensas felicitaciones, apareció Jack Phellan con su novia Summer, Luna miro curiosa a su hermano mientras estrechaba la mano de Tristan con fuerza, con una advertencia grabada en la mirada, tenso, y Luna casi podía apostar que incluso estaba molesto, pero sus hipótesis se disiparon cuando Lex apareció y la abrazo levantándola del suelo con una sonrisa enorme, que casi iluminaba sus celestes ojos; Evan – que seguía sin creérselo – abrazo a Luna y beso su mejilla, Chuck le alboroto el cabello y estrecho la mano de Tristan, prometió botellas de vino para el día de la boda. Los amigos de Tristan, los hermanos Trott, abrazaron a Luna con fuerza, el ultimo fue Hunter, que la miro sin creérselo. “Esta es tu cereza del pastel”, le dijo. Noah y su hermana le dieron la bienvenida a la familia. Las amigas de Luna al borde del llanto, más Renata que no paraba de decir que se fueran a Francia a casarse, le dieron un abrazo grupal que Luna temió que le sacaran el aire. Emily limpiaba sus mejillas, entre sollozos decía: “Mi linda Luna ya creció”, Jennifer con esa mirada picara le decía que seguro ya habían adelantado la Luna de Miel en el nido de amor. Su prima le sonrió con los ojos cristalinos, y sin decirle nada se arrojo a abrazarla. Luna derramo un par de lágrimas que apuro en limpiar antes de que todos se asustaran. “Felicidades, Lunática”. Mary abrazo una vez más a Luna con fuerza maternal y se despidió pues tenía un largo camino por recorrer o eso fue lo que dijo cuando abandono el departamento. El último fue Julien, primero abrazo a su hermano, después miro a Luna con esos ojos cargados de suficiencia. “Cuñada”, dijo, no hizo por abrazarla, porque aun temía que Luna le rompiera las bolas como alguna vez prometió. Y si no la escucho decirlo, seguro lo soñó, no quería arriesgarse de cualquier forma a hacer el ridículo frente a Renata, que no paraba de gritar: “¡¡Cásense en Francia y llévenme en sus maletas!!”, “¡Siempre fui Team Tris!”, Luna no dejo de sonreír en todo momento y de dar saltos mientras abrazaba a su mejor amiga, con los ojos cristalinos y deseando gritar tanto o más que ella.
 

El departamento quedo solo y en silencio, claro, después de que Luna le prometiera a sus amigos una detallada historia de cómo había surgido la idea de vivir juntos o mejor aún, de pedir su mano frente a todos. Jack, su hermano, llevo a sus padres al aeropuerto, y después de muchos abrazos y promesas de cartas, se despidieron de la pareja.  

Luna prometió, si, pero ni ella sabía nada de la idea maravillosa de Tristan, aun seguía sentada en uno de los sofás de tela de algodón color marrón, con las rodillas juntas, temiendo que temblaran sus piernas, y con los dedos entrecruzados, para no tronarlos y admirando embobada el diamante que estaba en su dedo anular izquierdo, sintiendo que vivía en uno de sus sueños.

Tristan termino de recoger la mesa y le acerco una copa de vino, la botella la llevaba en una mano.

-¿Estas bien? – se arrodillo ante ella. Busco su mirada. Ella le regreso la mirada. –No me digas que te arrepientes de gritar que si aceptabas…

-¡NO! – chillo, hablando de nuevo. Su voz sonó ronca. Tomo la copa de vino terminándolo de un sorbo. –Te amo, Tristan – sin más que decir, porque seguro terminaría llorando, se arrojo a los brazos de Tristan. –Te amo…

Tristan suspiro aliviado.

-Yo te amo más, futura señora de Van Gulick.

Luna rio bobamente ante la idea de su nuevo nombre, tomo la botella de vino y le dio otro largo trago.

-Parece que aun tienes espíritu de celebración – comento Tristan, Luna se empino la botella por segunda ocasión, y esta vez un hilo de líquido rojo rodo por su mentón hasta su cuello, ni tardo ni perezoso, Tristan lamio el camino desigual hasta encontrar su boca, que hambrienta como la de él, lo recibió.

-¿Por qué? – gimió Luna, tomando toda la concentración que podía para formular esa pregunta.

-¿Por que qué? – Tristan dejo de besar sus hombros, haciendo a un lado la tela de su blusa color coral, detuvo las caricias que concentraba en sus muslos. La miro.

-¿Por qué pedir que me case contigo?

-Simple, porque te amo y espere a una chica como tú, toda mi vida, Luna. Que tuviera sus propias ideas, que compartiera las mías, que me hiciera rabiar y hervir al mismo tiempo, tu eres la chica de mis sueños, Luna, la mujer de mi vida…

Luna mordió su labio inferior.

-Casi me desmayo cuando pusiste una rodilla en la duela – confeso. –Iba a gritar Si, antes de que preguntaras.

Tristan sonrió con suficiencia.

-Al contrario, yo pensé que la voz se me iría antes de preguntarte… O que tus padres y tu hermano me matarían antes, o Renata.

Ella negó lento con la cabeza, divertida.  

-Por lo tanto me engatusaste para decorar tu departamento…

-Nuestro departamento – corrigió serio.

-¿Nuestro? – jadeo. Más sorpresas prometía la noche.

-Si tú quieres, claro – su voz esta vez sonó nerviosa, tanteando el terreno.

-¿Qué si quiero? – acomodo su cuerpo sobre el sofá, presionado por la poderosa forma de Tristan y esa mirada cautivadora que ahora formulaba. –¿Pasar las noches con un atractivo y sexy hombre que promete más que solo placer entre las sabanas nuevas de 400 hilos de algodón egipcio y que además me llevaría el desayuno a la cama antes de ir al trabajo? – la sonrisa del hombre entre sus piernas no podía ser más grande. –Suena muy tentador, ¿no cree señor Van Gulick?

-Casi – levanto un dedo. –Casi tan tentador como recorrer la piel de la morena más hermosa e inteligente de todo el Universo y que podría hacerme perder el piso con una mirada, y que además – levanto ambas cejas – me vuelve loco cuando grita mi nombre.

Luna se calentó a cada palabra.

-Seria maravilloso tenerla solo para mi, tendida en la cama, revuelta en las sabanas de… ¿Cuántos hilos egipcios? – entrecerró los ojos.

-Cuatrocientos.

-Ya. Revuelta en las sabanas de 400 hilos de algodón egipcio, dormir entre sus brazos y despertar sobre su pecho, escuchando su corazón, sintiéndome el infeliz más afortunado del planeta, solo por el simple hecho de que amo a es preciosa mujer.

 -¿Qué incluye este departamento, joven Van Gulick?

Tristan frunció el ceño, hacia una lista mental de todo lo mejor de ese sitio.

-Incluye, primero que nada, al hombre más atractivo y sexy de Nueva York…

-Del planeta entero y sus galaxias próximas – corrigió Luna. –Continua – ordeno ante la ceja levantada de Tristan.

-Gracias. Bueno, al hombre más atractivo y sexy del planeta entero y sus galaxias próximas, ¿mejor?

-Mucho.

-Ese hombre, envuelto, cada mañana en una diminuta toalla blanca, que sin pudor recorrerá el departamento dejando un camino de gotas de agua hasta la habitación que compartirá con la más deliciosa pieza de chocolate que Dios haya puesto en el planeta tierra y sus galaxias próximas, esa preciosa mujer, estará tendida en la cama con nada más que un liguero y las medias negras que harán agua la boca a ese magnífico hombre. Él se asegurara de hacerla polvo cada mañana, cada tarde y noche.

-¡Oh Tristan! – Luna lo tomo del rostro y lo abrazo con las piernas. –Demuéstrame que tan bueno es ese hombre…

-Lo hare mi Luna, siempre – unió su boca a la de ella en un hambriento beso que terminaría en su cama, sobre la sabana de 400 hilos de algodón egipcio.

Una pequeña Maldita delicia: Los Lamb


La familia Lamb

Hay familias de todos tamaños. Y lo que parecía hasta hace unos meses una familia chiquita, se convirtió en una gran familia, llena de amor. 

-Laila Lamb, la madre que por mucho tiempo estuvo perdida para Jennifer. Si, nuestra sexy diseñadora de ojos azules, estrella de Sparks CO.
Laila era una mujer aventurera. Se olvido del mundo cuando su esposo perdió todo en juegos de azar. Trabajo duro para sacar adelante a su hija, y entonces, la necesidad la llevo lejos de ella. Sangre de su sangre. Sufrió tanto encontrando una felicidad que le fue arrebatada, que temió volver a los brazos de su hija. Apostaba que la odiaba. Habían pasado muchos años, su hija seria una adulta ahora. Sin embargo, no sabia donde encontrarla. 
Su vida lejos de su hija, fue todo lo que ella busco en suelo americano. Una familia. Se odio con todas sus fuerzas cuando encontró el amor de un hombre, incondicional. Paul Darcy, el hombre que la adoro desde el primer momento de una mujer tan fuerte y a la vez tan sensible. Él fue la razon de que Andrew Norton, su sobrino y protegido, fuera a América a buscar a Jennifer. El tiempo se estaba acabando, poco a poco, grano por grano. Ya sabemos el desenlace que tuvo Laila, justo antes de encontrar a su hija. Justo antes de regresar a América para abrazarla con fuerza. Podemos decir que murió en paz, después de una larga agonía. 

-Andrew Norton, el sobrino favorito de Paul Darcy. Quedo huérfano cuando era un niño, y el señor Darcy era la única familia que le quedaba y con la cual él decidió vivir. Vive con todo lujo de comodidades, pero sabe como ganarse la vida. El mismo se ofreció en ir en pos de Jennifer. Abogado por convicción y detective de profesión. Siempre fue muy curioso con los detalles, perfeccionista y analítico. No fue fácil encontrar a Jennifer,  y cuando la encontró, casi se cae de espaldas, era idéntica a su madre; salvo que más joven y... sexy. 
Eran familia ahora, así que tenia totalmente prohibido enamorarse de ella, sin contar a su novio y ahora prometido Robert 'Rosty' Sparks.

-Paul Darcy, viudo de Laila Lamb. Vivieron como marido y mujer al menos 5 años, los cinco años más maravillosos de su vida, si le preguntan. El hombre desprendía porte y elegancia hasta con su sudor. Con una media sonrisa podía poner de cabeza a medio Londres, tardo en conquistar a Laila, pero una vez que lo logro, quedo totalmente perdido entre sus redes. Verse reflejado en esos celestes ojos era lo que más adoraba de ella. 
Al conocer a Jennifer, en la tumba de su madre, pues la trasladaron a América, después de cremarla; su corazón se rompió al ver las desconsoladas lagrimas que viajaban por sus mejillas pálidas. Se convirtió un padre en ese mismo instante. Abrazarla con fuerza, es algo que jamás olvidara, el consuelo que ella sintió entre sus brazos. Calmar su llanto con palabras de amor es el mejor regalo que Laila pudo haberle dejado. 
Perdió al amor de su vida, pero gano a una hija que lo miraba con el brillo de una niña pequeña al mirar a su héroe. 

Una pequeña Maldita delicia: Los Cotty


La familia Cotty

Aunque aun no conocemos a los padres de Renata y Vincent, sabemos que son una familia muy unida. Se cuentan todo, claro que todas las familias tienen secretos. En especial Renata, que guardo el dolor del corazón solo para ella, su hermano lo noto y se aseguro de que ella no sufriera... tanto. 
Hablemos entonces de los miembros de la familia que conocemos... Por ahora.

-Vincent Cotty, el hermano mayor y sobreprotector de Renata. Ese hermano con barba de vago y botas sucias adora tanto a su hermana que mataría por ella. Estudio artes plásticas. Al salir de la Universidad, decidió dar un viaje por el mundo. Paso por España, Francia, Italia, y regreso de nuevo a Francia. En la ciudad del amor, conoció a un hombre, George Hoppus, el hombre paseaba con su hijo, Julien, cuando vio el arte de Vincent. El mayor de los Cotty dibujaba con carboncillo a una pareja abrazándose, la profundidad con la que los miraba cautivo a George, y supo de inmediato que había conocido a un verdadero artista. 
Así pues, regreso a suelo americano con un trabajo bajo el brazo en la Galeria Hoppus, donde imparte clases de pintura y se encarga de vender las pinturas que decoran la cafetería, mismas que son enviadas por un artista anónimo. 
Perdidamente enamorado de Lizzeth Ocean, Editora de la revista de modas más famosa de Nueva York, Spotlight. Sus ojos soñadores y el brillo en los mismos termino por enamorarlo. 
Vive feliz en el loft arriba de la Galería, pasando noches enteras sin dormir eso gracias al apetito insaciable de Lizzeth. 


Muy pronto conoceremos a los padres de los hermanos Cotty...

marzo 27, 2012

Una pequeña Maldita delicia: Los Phellan




La familia Phellan esta conformada por... 

-Jeffrey Phellan, la cabeza de la familia.

Padre amoroso y orgulloso de sus hijos. Muy tranquilo, aunque todos sabemos que es un hombre de armas tomar. Recordemos que tiene una sierra eléctrica en su casa. 

Pocas veces les dice que ama a sus hijos, pero ellos saben que son lo más valioso que tiene en el mundo, ellos y su esposa Marla. 

Detrás de su fachada de tipo rudo, como jugador de fútbol americano, eso pensamientos de Tristan, se encuentra un hombre sensible. Uno que tiene guardados un par de secretos que podían poder de cabeza a medio Nueva York, mismos, que solo comparte con el amor de su vida, su esposa.

-Marla Phellan, el motor de la familia. 
Mujer llena de energía, nunca la encuentran en su casa. Pasa el día entero en clases que van desde cocina, hasta platicas de mujeres emprendedoras amantes de las manualidades. Borda con listón, no le gusta hacer postres pero si comerlos. Sus hijos y esposo, saben que con una mirada se paraliza el mundo si ella los pilla haciendo cosas indebidas. Su voz puede perforar los tímpanos que cualquiera que ose pasar sobre su autoridad. Solo dice groserías cuando esta enojada...

Es la mamá, más mala del mundo y esta orgullosa de serlo, gracias a eso, sus hijos no han estado en la cárcel, claro, no sabe que Luna estuvo a punto de entrar ahí.

-Jackson Phellan, el hermano mayor de Luna, músico y baterista de su banda, conformada por su mejor amigo Lex y Jared, que en ocasiones toca con ellos. Trabaja en un taller automotriz que heredo de su padre. 
El taller se localiza cerca de la ultima estación del Tren Subterráneo

Sale con Summer, la hermosa mujer de ojos azules que la conoció en un concierto en un bar de Queens. 

Adora a su hermana y continuamente le dice que esta loca, de ahí el apodo de Lunática. 
Odia con todo su ser a Jensen Wyngarden, ya que él, hizo que su hermana perdiera noción del mundo hace muchos años. Mira con recelo a Tristan, ya que aun no puede confiar plenamente en él... Cosas del pasado.

-Kenzi Phellan, hija de la hermana de Jeffrey Phellan, Ksenia. 
Poco se sabe sobre su pasado, ya que ella es muy celosa sobre ese tema. Salvo que vivió mucho tiempo en Lawrence con sus tíos y primos. Es maestra de Jardín de niños, con una carrera como Ingeniero, esta enamorada de esos diablillos, por eso abandono su carrera inicial. Es más sincera y curiosa que su prima, Luna. Y por mucho que se negó, esta perdidamente enamorada de Noah, el enorme moreno dueño del Spa Pomaikai.

marzo 22, 2012

El lado Oscuro: 9. Ahogado de dolor

No se imaginan cuanto tardo en subir una entrada a este su amado blog. En serio, incluso yo me sorprendo por la facilidad que tengo de distraccion xD Ya sea por el malnacido del facebook, o el maravilloso mensajero, incluso las paginas que tengo abiertas para buscar imagenes, o mi madre, viniendo a preguntarme que hago y abordarme con busquedas en la web que ella tiene que hacer pero no sabe como realizar, o mi padre ¡Ay mi papá! xD Con sus: "Bruja, ven" - asi me dice xD - y yo corro a la sala y veo el televisor, mi padre ve peliculas que hemos visto miles de veces y siempre con su "A que no he visto esa..." xD jajaja. Entonces es facil distraerme... Jajaja, tardo de una a dos horas casi en subir un capi... Ya es por Juana o por Chana, pero aqui tienen nueva entrega :3
Enjoy ^^
 

9. Ahogado de dolor

*Click, La que se fue - Elefante
La mansión le resultaba pequeña cuando ella estaba dentro, cuando podía escuchar el sonido de sus altos tacones chocar contra el piso marmoleado del hall, la cocina, su baño, su habitación... Ahora los pasillos le resultaba eternos, no había más ruidos de sus altos tacones ni mucho menos la risa que Melanie le provocaba, ni hablar de su perfume, no había nada de ella… Nunca más.

-¿Gusta café, señor Hardenbrook? – pregunto la nueva mujer que reemplazo a Winter.

Bran levanto la mirada, estaba en el comedor pequeño, leyendo la plana de cotilleos de los famosos en el periódico de esa mañana. Winter le hubiera separado las secciones y ya tendría a su vista la divertida caligrafía que siempre terminaba la pequeña noticia con una carita feliz, formulada por dos puntos y un paréntesis. Esos pequeños detalles le hacían el día a Bran. La nueva ama de llaves, misma que olvido su nombre apenas la mujer puso un pie en la mansión, no tenia esos detalles, su estatura sobrepasaba la de Winter, y tenia de delicada lo que un toro al embestir a los toreadores. Su osca figura y su rostro igual de dulce que el de un bulldog, lo tenía tan encantado como una patada en el trasero con botas picudas.

-Un whisky doble – ignoro la pregunta de la mujer. Saco un cigarrillo y lo encendió.

Pensar que solo habían pasado tres semanas desde la partida de Winter. A decir verdad, se sentía como una eternidad. Esos 21 días parecían haber tenido más de 24 horas, cada minuto se sentía como si 90 segundos pasaran para que comenzara el siguiente minuto. Incluso, el sol veraniego se había negado a salir, tal como Melanie. La niña pasaba el día entero en su habitación, ya que le fue prohibido entrar a la habitación de Winter, ese lugar era para Bran.

Masoquista como siempre había sido, hurgaba los cajones de Winter en busca de alguna señal de ella, algún detalle que le dijera algo más de su maid personal. Sin embargo, lo único que mantenía el olor de Winter aun en la mansión, era esa botella larga de perfume, que la chica había olvidado. Al menos ese aroma lo transportaba a mejores días, a los momentos que compartía con ella. Y si los veía de forma objetiva, fuera de cuadro, no culpaba a Winter por haber dejado el trabajo con él, ella también merecía una vida plena, lejos de estas enormes cuatro paredes… Le costaba aceptarlo, pero era mejor que ella estuviera lejos del monstruo que era él.

Termino su cigarrillo, con un trago termino su whisky, e ignoro el ardor de su garganta y su estomago. Se froto los ojos y paso la mano por su cabello. El ama de llaves no era lo único que había cambiado en la Mansión Hardenbrook, el largo cabello de Bran que le caía hasta la altura de los hombros fue sustituido por un corte moderno. Su barba crecía dándole un aspecto descuidado. Un par de días Samantha estuvo feliz de ese nuevo estilo de su novio, después, cuando él solo tenía tiempo para whiskys dobles y cajetillas de cigarrillos, termino harta de su actitud, aburrida y acida, aun más de lo normal.

 Bran se había negado a buscarla. Tenía todos los medios para encontrarla, podía saber en un parpadeo a que se dedicaba, donde vivía, incluso si tenía novio y cuantas veces a la semana cogía con aquel que estaría al lado de ella, claro, solo si quisiera. Podía tener incluso, la llave del lugar donde viviera, saber cuántas veces hacia las compras de despensa, si tomaba el tren subterráneo para ir a trabajar, podía saber todo de ella con solo chascar los dedos.

-Señor Hardenbrook – su secretaria lo abordo antes de entrar a su oficina, lugar que era el segundo hogar de Bran. La chica llevaba consigo una libreta donde anotaba las llamadas pendientes y las llamadas recientes. –Samantha Wo…

-Cállate – ordeno, levanto la mano y frunció el ceño. –No quiero llamadas, ni nada por el estilo, si llama Samantha, no estoy, ¿bien? Para nadie, ¿quedo claro?

-S-si-si señor – asintió errática y volvió a su sitio.
 

Sobra decir que la mañana fue eterna, sin mencionar la hora de la comida. Winter siempre le mandaba la comida de su restaurante favorito, el delicioso pedazo de filete más papas asadas cada lunes, con media botella de vino, los martes era más nutritivo, chop suey, los miércoles… Bran dejo de torturarse con lo que sucedía en el pasado, nunca más recibiría la comida en su oficina, ahora tenía que salir a comer como el resto de sus empleados, y eso no sería problema si él supiera, que al volver a la mansión estaría Winter esperándolo en el hall, con esa silueta tan exquisita que apenas abría la puerta su cuerpo ardía en deseo por estar con ella, dispuesta a tomar su saco y su maletín con una sonrisa cariñosa que tanto la caracterizaba. No tendría problema alguno si al llegar después de un miserable y aburrido día en la oficina, soportando a su secretaria, Winter lo esperara dispuesta en su traje de maid para ser llevaba al paraíso de placer que Bran se dedicaba a crear entre sus muslos.

De nuevo Bran olvido la comida. Encendió un nuevo cigarrillo y lleno su vaso de whisky con hielo hasta la mitad, aun era un cobarde, se había planteado beber directo de la botella.

Iba a terminar su tercer cigarrillo y su quinto vaso de whisky cuando a su oficina entro su secretaria, o como ella pedía ser llamada su “asistente ejecutiva”, Bran la miro molesto, con toda la ira acumulada a través de la oscuridad de sus verdes ojos.

-Si mal no recuerdo…

-Llamaron de su casa, señor, su sobrina…

-¡Qué! – se puso de pie de un salto. – ¿Qué paso con ella? – rodeo su escritorio hasta estar frente a la su “asistente ejecutiva”, tomo a la mujer de los hombros, la zangoloteo para que dijera el resto de la noticia, la mujer estaba pálida, tal vez por la mirada de Bran o tal vez la noticia sobre Melanie si era grave.

-Esta en el hospital…

Bran soltó a la mujer, tomo su maletín y salió como si volara de la oficina, se olvido de usar el ascensor, bajo las escaleras, prácticamente saltando los escalones de cuatro en cuatro, otras de cinco en cinco, como un felino.

Arranco su auto y estuvo a nada de chocar con una camioneta de valores. Llamo a Lumiere… sus manos le temblaban.

-Señog – contesto el chef. –La niña, Melanie…

-¿Ella esta bien? ¡¡Dímelo!! – golpeo el volante cuando un semáforo en rojo lo obligo a detenerse.

-Señog… - la voz de aquel hombre sonaba a disculpa.

-No… - Bran no quería pensar lo peor, no podía. – ¡¡Habla con un demonio!! – piso el acelerador directo al hospital.

Aparco el auto aun con Lumiere murmurando cosas en francés.

Gritoneo a la recepcionista, pidiendo informes sobre su sobrina.

-¿Es familiar? – pregunto aquella regordeta mujer que a través de sus gafas examinaba el aspecto y cada detalle de éste, no era para menos, Bran tenia ojeras debajo de los ojos, el cabello despeinado y la corbata desajustada.

-¡Soy su tío! ¿Es suficiente para ti? – golpeo la barra que lo separaba de la mujer.

-Habitación 221 – dijo con la voz entrecortada.

Corrió de nuevo. En el pasillo, en la sala de espera estaba Lumiere, Briseida y la otra mujer.

-¿Qué le paso a Mel? – se anuncio.

El primero en voltear fue Lumiere.

-Señog… No fue culpa suya, ella…

-¡Y una mierda! ¡Como esta Melanie! – repitió al borde de la locura.

-Señor… - Briseida se atrevió a hablar, esperando más gritos. –Melanie fue a la playa con Soledad – Bran miro a la nueva ama de llaves, ese era su nombre, Soledad. Nada más indicado para reemplazar a Winter. – ¿Recuerda la tabla de surf que la señorita Wi… - el dolor regreso a Bran – la tabla de surf que le compro?

-¿Qué más? Omite los detalles Briseida.

-La niña se metió al mar y la corriente la llevo a unas rocas, la perdí de vista unos minutos – se disculpaba la mujer, Soledad, el reemplazo de Winter – los rescatistas la sacaron del agua inconsciente y con un golpe en la cabeza.…

El desapego con que esas palabras salieron de su boca, fueron como un balde de agua fría.

-No… - Lumiere lo llevo con rapidez a una silla. –Dime que no es cierto, Lumiere, dímelo – lo tomo de las solapas de su casaca de chef. –Dime que ella…

-Necesitan que usted figme unos papeles, señog, dijegon que tienen que llevagla a un Nueva Yogk paga opegagla…

-Si, si…

Melanie podía ser el mismo hijo del Diablo encarnado en una niña de 14 años, pero era su familia, su única familia. El verano no podía terminar así.
 

Lumiere lo acompaño a Nueva York. El helicóptero en el que trasladarían a Melanie solo podía ser ocupado por dos familiares, y a vista que Bran no tenía a más nadie, Lumiere pidió – Bran no pudo negarse, sabía que se derrumbaría si aquel hombre con temple de caballero antiguo no iba acompañándolo – ir. Las mujeres, Briseida y Soledad regresaron a la mansión.

No se atrevió a mirar a Melanie, recostada sobre la camilla, entre sabanas blancas y tubos por todos lados, le recordaba a su hermano. Y eso lo hizo sentir aun más miserable y solo, había prometido cuidar a Melanie, ¡que buen tío era!

-Ella estaga bien, señog…

Bran levanto un extremo de su boca.

-Eso espero, Lum.
 

El vuelo en helicóptero no demoro en arribar al helipuerto del Hospital de Nueva York, Bran había exigido trato de primera calidad, así diera hasta su última posesión para obtener ese servicio. Con cuidados veloces llevaron a Melanie a la operación. Bran firmo cuanto papel estuvo frente a él, excepto el de la donación de órganos.

-¡¡Ella no esta muerta!! ¡Largo! ¡Malditos carroñeros! – gruño a viva voz.

Con nulos resultados Lumiere lo calmaba. El hombre no podía continuar mirándolo así, hizo lo que tenía que hacer, antes de que el joven Hardenbrook terminara por agonizar en un dolor que ni él podía soportar.

-¡Lumiere!

Media hora después, aproximadamente, una cantarina y tierna voz hizo que Bran levantara la cara, estaba sentado en el suelo, con las rodillas a la altura del rostro, oculto tras la sombra de su dolor y sus brazos.

El alma le regreso al cuerpo cuando la vio de nuevo, corría hacia ellos con el cabello agitándose tras ella, notoriamente agitada, sus mejillas estaban rojas y sus ojos los podía ver aun más azules que el cielo mismo.

Winter abrazo a Lumiere y murmuro cosas con él, alejados de Bran. Él los observaba desde su sitio en el suelo del pasillo, en la improvisada sala de espera.

Se puso de pie trabajosamente cuando ella se acerco a él.

-¿Cómo esta Mel?

-No me han dicho nada, están operándola… - se sorprendió de escuchar su propia voz.

-Ella se pondrá mejor, ya verás – el toque de su mano sobre su mano se sintió como el Paraíso, casi tan celestial como cuando en descuido, ella lo tocaba a la hora del almuerzo o la cena, solo que esta vez no había temor de mirarlo a los ojos.

-Eso espero – dijo abrumado. Trago un nudo en su garganta, y miro el suelo, era un cobarde por no aguantar su tibia mirada, por no decir nada para evitar que se fuera. –Si no te hubieras ido… Mel… Ella estaría…

-Bran, lo lamento tanto…

-No más que yo… - se zafo de su agarre y la dejo en el pasillo. Él no era del tipo religioso, pero sus pies y sus pasos cansados lo llevaron a la capilla del hospital. Apenas había puesto las rodillas sobre el suelo, cuando Winter apareció detrás de él y lo tomo del hombro.

-Lumiere te llamo, ¿no?

-Si – susurro. – ¿Cómo has estado? – se atrevió a preguntar lo obvio.

-Como judío en medio de la Segunda Guerra Mundial, tal vez mejor – agrio como siempre, contesto.

-Mejor me voy…

-¡No! – le tomo la mano. –No me dejes…

Por primera vez en toda su vida hablo desde el corazón.

-No soportaría entrar a ver a Melanie sin ti… Por favor… No me dejes… de nuevo – el dolor en su voz y en su mirada no podía ser más cierto. La desesperanza lo carcomía poco a poco, perder a su nunca familia, así bien la niña fuera como una grano en el culo, no se lo podía permitir.

Por raro, incluso enfermo que pareciera, ver a Melanie a la hora de la cena cuando llegaba de la oficina le recordaba a su hermano, él siempre hacia enojar a Bran, sin embargo sabia que lo amaba.

A Winter aquel dolor le traspaso el corazón. Su dolor y su petición eran genuinos.

-Bran.

Y para sorpresa suya, Bran la abrazo.

-Si se mue…

-No digas eso – atajo su frase destructiva con el toque de sus dedos sobre sus labios. –Ella estará bien, yo la cuidare – prometió.

-No prometas algo que no vas a cumplir, Win. Renunciaste y…

-Eso no quiere decir que me he olvidado de ti – sonrió fugazmente. –O de Melanie…

-O yo de ti – el toque de su mano sobre su mejilla, le hizo cerrar los ojos.

Los recuerdos de su infancia y parte de su adolescencia con Bran le azotaron el corazón. Su cuerpo le exigió volver a sus brazos de nuevo. ¿Podía arriesgarse a tener algo real con Bran, sin estar bajo su techo las 24 horas?
 

Bran se derrumbo en los brazos de Winter hasta que quedo seco de tanto maldecir y de ocultar sus lágrimas entre el largo y negro cabello de ella y la curva deliciosa entre su cuello y hombro.

-Melanie te ha extrañado mucho – hablo por fin. Busco su mirada, con cautela, como un gato acercándose a las manos de un desconocido.

-Y yo a ella, mucho. Solo le deje una nota cuando…

-Lo sé, grito por todo el pasillo cuando la encontró y… - se separo de ella, rasco su nuca, aun su nuevo corte de cabello lo desconcertaba al no encontrar su larga melena que revolvía nervioso – me arrojo su tazón de cereal al verme llegar sin… ti. No me dirige la palabra salvo cuando me lanza directas sobre lo imbécil que soy – finalizo con una sonrisa. –Estoy de acuerdo con ella, soy un imbécil, uno muy grande.

-Lo eres – corroboro, mordió su labio inferior. Bran no perdió detalle de ese gesto. –Soledad es muy eficiente – cambio de tema con rapidez.

-¿Quién? – el ceño fruncido y confundido de Bran le hizo rodar los ojos.

-La mujer que envió la agencia.

Aun con signo de interrogación plasmado en la frente Bran asintió.

-No tan eficiente como tú. Es decir… Ella no sabe que es lo que almuerzo, mucho menos lo que ceno y el postre que hace – formulo en su demacrado pero atractivo rostro una mueca de asco – prefiero beber café en mis zapatos.

-No puede ser tan mala…

-¡Claro que si! Dios – meció su cabello. –Me siento estúpido…

-Samantha debe estar encantada con tu nuevo corte, la escuche murmurar algo sobre su estilista y un montón de estupideces que me dieron miedo realmente.

-No fui con su estilista, yo mismo me realice el corte, no podía ser tan difícil.

-Solo si te gustan las mordidas de caballo sobre el cabello – levanto los hombros bromeando.

-Gracias por venir, Winter.

-Vine por…

-Lo sé, por Melanie. Lo sé…

-Aunque me da gusto verte y saber que estas…

-¿Bien? – levanto la ceja. – ¿Te parece que estoy bien? – abrió los brazos. –Pues necesitas un examen de la vista, cariño. ¡Estoy mejor que bien! ¡Fabuloso! ¡Estupendo! ¡Magnifico!

-No necesitas ser irónico conmigo, Bran.

-Nena, estoy lejos de ser irónico contigo, muy lejos, créeme. Ahora… Lumiere te llamara para que te enteres de la evolución de Melanie, gracias por venir a verla.

-Ni creas que me voy a ir…

-Tú no eres nada de ella, vete.

-¿Qué demonios sucede contigo?

-Lo normal, soy un hijo de puta, ahora vete – señalo el pasillo.

-¿Por qué te comportas así conmigo? – la voz entrecortada de Winter le perforo su podrido corazón.

-¡Vete! – gruño ignorando olímpicamente el dolor de su celeste mirada.

-¡Imbécil! – le propino una bofetada antes de alejarse por el largo pasillo y perderse de su vista.

Lumiere se acerco a Bran, desconcertado por la repentina partida de Winter.

-¿Qué sucedió, señog?

-No puedo estar cerca de ella sin desearla, Lumiere. Eso pasa.

-Señog, tampoco puede negag que la necesita – dijo como un gran y antiguo sabio.

Bran torció una sonrisa amarga.

-No, no puedo negarlo – apretó el hombro de Lumiere y salió corriendo por el pasillo por el que Winter camino.
 

Las lágrimas de Winter caían hasta sus labios.

-¡Winter! – Hunter la tomo entre sus brazos. La chica sintió de nuevo el aire en sus pulmones mientras el rubio frotaba su espalda con ternura. – ¿Como esta tu hermana?

Con una pequeña mentira piadosa Winter le había dicho a Hunter que la trajera al Hospital.

-No se…

-Vamos, no puede ser tan grave…

-¡Winter! – era Bran el que gritaba detrás de ella.

Al parecer, si podía ser más grave.

-¿Bran?

-¿Qué haces aquí, Hunter? – Winter tomo aire antes de mirar a Bran. Se acercaba a ellos con pasos firmes y presuntuosos, la ceja levantada, listo como una fiera, para atacar.

-Traje a Winter para que viera a su hermana…

-¿Eso te dijo?

-Bran… - Winter intento detener sus palabras, Bran estaba dispuesto a escupir la verdad como bolas de fuego.

-Vino porque Lumiere la llamo, vino porque Melanie esta en el quirófano.

-¿Ella esta bien?

-No se – zanjo. –Dile la verdad Win.

Winter miro con odio a Bran, y luego en disculpa a Hunter.

-No sabía cómo decirte que Melanie estaba aquí y que Lumiere me llamo… Yo…

-Shh, no pasa nada.

Bran no soportaba la tranquilidad de esos dos.

-Supongo que Winter no te ha contado la razón de su renuncia…

-Bran, cállate.

-Tiene que saberlo, querida.

-¿Qué tengo que saber?

-Bran – rogo.

-Digamos que en resumen… Le pagaba por acostarse conmigo…

-¡¡ERES UN HIJO DE PUTA!! – bramo Winter lanzándose a Bran para golpearlo.

-¡Es la verdad! – Bran la tomo de las muñecas para alejarla de su rostro. –Eras mi puta personal y lo disfrutabas como una perra…

-¡¡NO!! ¡¡ES MENTIRA!! ¡¡MENTIRA!!

-¡Anda, dile a Hunter como gemías porque te cogiera!

Hunter miro por un segundo a Winter y sus intentos por callar a Bran, después a Bran con esa sonrisa que formulaba cuando se salía con la suya y después de nuevo a Winter con lágrimas en los ojos y un dolor profundo grabado en la mirada. Eso era algo que no iba a tolerar. Tomo a Winter de la cadera para alejarla de Bran, era mucho más alto que Bran y mucho más fuerte que Winter, así que fue fácil.

Una vez que dejo a Winter de lado con el rostro crispado en dolor y húmedo por las lágrimas que sus ojos sin cesar derramaban, miro a Bran con esa sonrisa de victoria en los labios.

-Eres un hijo de puta – dijo y lo golpeo en la cara con toda su fuerza. Bran cayó al suelo con la nariz rota.

-¡Hunter! – chillo Winter cuando el rubio levanto en el aire a Bran, tomándolo de la camisa, para darle un nuevo golpe. Cerró los ojos al escuchar el puño, macizo de Hunter, chocar contra la mandíbula de Bran. El heredero Hardenbrook intento defenderse, pero la enormidad del rubio no se lo permitió. Lo dejo molido en el suelo, su camisa blanca manchada de sangre.

-Llámala de nuevo puta y hare que te comas las bolas, Bran, lo juro – lo señalo con el dedo.

-¿Cuánto le pagas… por follar… contigo? – Bran escupió la sangre de su boca al suelo.

Hunter tenso la mandíbula y lo golpeo de nuevo. Bran se doblo de dolor.

-Ya veo… - trastabillo hasta recargarse en la pared. –No te la has cogido, amigo… Deberías… - Hunter le apretó el cuello. –Solo digo… - el rubio apretó su garganta – que deberías…

-Hunter – susurro Winter, muerta de miedo tras ellos.

-Aléjate de ella, ¿oíste?

-Pensé que éramos amigos, Hunt – tomo aire a raudales cuando Hunter lo soltó.

-Yo también – gruño Hunter sin mirarlo, dándole la espalda para tomar la mano de Winter e irse de ahí.

-Hunter, yo…

-No digas nada… Si no me lo mencionaste antes fue para evitar esto… - Winter miro sus manos rojas, parte por la sangre de Bran, parte por abrir la piel de sus nudillos, y su mejilla ligeramente roja por un golpe que, atinado, Bran le propino, mismo que apenas sintió el rubio, en medio de toda su furia. –No quería asustarte…

-Y yo no quería…

-Ya – se detuvo en el estacionamiento del hospital para tomar su rostro entre sus manos. –No me importa que hayas hecho en tu vida pasada. No me importa lo que diga ese… imbécil – gruño –, me importas tu y nadie más que tu.

-No merezco nada de ti, Hunter. Ya oíste a Bran, él… él me pagaba por ser su…

-No repitas esa palabra. Tuviste tus razones y las respeto.

-Mis razones – bufo. –Ahora mis razones son más estúpidas y absurdas.

-Winter – sin soltar su rostro, agrego – eres una gran mujer…

-Soy una  gran estúpida mujer, Hunter – corto. –Solo quería saber si Melanie estaba bien, sabía que vería a Bran, y pensé que él… No sería el animal que siempre fue. Siempre me sentí su puta, escondida tras las sombras de su casa, bajo esa careta de empleada y jefe. Hubo un tiempo en el que pensé que en verdad le interesaba y me sentí una Cenicienta… Claro que jamás dejaría a Samantha por… mi – sonrió amarga. –Dejar a la preciosa modelo por su ama de llaves. Ni en un millón de años. Y ahora… - intento mirar en otra dirección, más Hunter no se lo permitió. Su metro sesenta y cinco no era competencia para los dos metros de sensualidad de Hunter y esas suaves manos que sostenían con cuidado y ternura sus mejillas húmedas. –Ahora me doy cuenta del error en el que viví. Tras una mentira que yo misma cree… Soy una estúpida, una estúpida y una puta…

-Te prohíbo que digas eso de ti, Winter – regaño.

-¿Qué? ¿Qué fui la puta mejor pagada de California? – levanto una ceja. –Lo fui – quiso sonreír, más el dolor de su pasado la golpeo con tubo. –Fui la puta mejor pagada de California… Y Bran no mentía acerca de como gemía para que él me cogiera. ¡Dios! Era jodidamente bueno en eso – esta vez una amarga y enferma risa salió de su garganta, incluso ella se asusto del tono que tuvo. Tan fuera de si, tan amargo, tan desquiciante. –Lo disfrutaba como solo una puta bien pagada podría disfrutar revolcarse con un cliente…

-Winter… - Hunter soltó su rostro y la atrajo a su duro torso. A Winter estar entre los brazos de Hunter solo le provoco más llanto. Uno que no ceso hasta que maldijo a los cuatro vientos y a todos los Dioses por sus sueños, por sus castillos de arena creados en nubes en el cielo, cerca del Paraíso, donde sin pensarlo mucho, sentía que Bran la llevaba cada noche.

-No puedo negar que disfrutaba coger con él – dijo escondida en el pecho de Hunter. –El muy bastardo era bueno… - rio amarga.

-No hables más…

-Solo… Solo… Solo no quería que supieras que sales con una puta escondida tras la fachada de una nana y ama de llaves, Hunter. No quería que pensaras que lo hice por dinero, porque no fue así… Lo hice porque… porque creí… Creí como una niña cree en las hadas y los unicornios…

-No fue tu culpa, Win. A veces la conciencia tiene que hablar con sordos.

Subió la mirada hasta situarse en la profundidad del celeste de Hunter.

-O con tarados – agrego acida. –La razón por la que permanecí en el lado oscuro de la mansión fue la perdición de todo hombre…

-Amor – termino por ella.

Asintió.

-Amor – suspiro. –No cabe duda que el amor es ciego, sordo y estúpido.

-Nunca es tarde para retomar el camino…

-¿Aun hay esperanza para una ciega, sorda y loca como yo?

-¿El agua del mar es salada?

-Si.
-Siempre hay esperanza, Win, siempre...

Las chicas del Té de Lemmon

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