julio 22, 2011

El placer es mio... - Capitulo 2

Hola chicas. Hoy es viernes, ¿cierto? Y bueno, no es viernes de Maldita delicia, por el momento. Pero aquí tienen el segundo capitulo de El placer es mio... Espero que les guste y comenten. Pero han de saber que la cosa se pondrá color de hormiga :D Y me emociono mucho jejeje.
Enjoy ^^ ♥


Capitulo II

-Soy Chuck… ¿estás libre hoy?
Jadee.
-Seguro, estoy en mi departamento… - respondí a esa voz profunda y sensual.
-Bien… estoy contigo en unos minutos – colgó.Corrí a mi habitación, me puse unos jeans ajustados y unas Stilletos. Crecí 8 centímetros con ellos. Los adoraba. Eran los únicos que tenia, bueno salvo unos de animal print. Que estaban fabulosos. Pinte mis labios color carmín. Estuve lista en 5 minutos. Suspire.
Chuck…
Ese chico era genial. Estupendo. Solo… si, era el mejor amigo de mi prima. Y él moría por ella. Yo, digamos que era su hombro en el cual llorar, la persona con la que podía liberarse. Odiaba eso, pero él solo podía ofrecerme su amistad. Lo había dejado claro cuando una de tantas noches se había embriagado en mi casa y me había confesado estar enamorado de mi prima. Luna, era una perra con suerte. Y la muy ciega no se daba cuenta que tenia a Chuck babeando por ella. O quizá estaba tan embobada por el hijo de su jefa –eso lo sabía por mi fuente, Lizzy- que no se daba cuenta de nada que no fuera el tipo alto de cabello largo y ojos pardos.
No podía culparla, con un Dios así, ¿Quién miraría otra cosa?Claro que Chuck tenía lo suyo. Ojos celestes de infarto. Una sonrisa picarona y ese cabello despeinado, que le daba un aire despreocupado tan seductor que me mojaba de solo imaginarlo tendido en mi cama, pasando mis dedos curiosos por los mechones de su oscuro cabello, y mejor aun, mis manos por cada pulgada de ese glorioso cuerpo.
Maldita la hora en que decidí brindarle mi apoyo incondicional y no mi cama para cuando tuviera frio en sus noches de soledad. ¡Maldito mi lado solidario!


Tocaron la puerta. Tome aire una vez más y camine nerviosa. Si, Chuck me ponía nerviosa.
-Hola…
-Hey… ¿Puedo…?
-Claro… pasa – entro y cerré mi puerta. Camino hasta la salita y se tumbo en uno de mis sofás. No dejo de sonreír, lo que indicaba algo bueno. O eso esperaba.
-Traje una botella de vino. Dulce como te gusta… - sonrió.
-Gracias… traeré unas copas… - fui a mi cocina.
Con mis stilletos alcanzaba la alacena donde guardaba mis copas.
-¿Te ayudo? – lo sentí detrás de mí.
-¡Dios…! - tire una copa al piso. –Que tonta… - y todo por tu culpa, pensé.
Se inclino a recoger los pedazos de vidrio. Dios, que vista de la curva de su trasero.
Venga, Kenzi, relájate. Relájate. Tome aire profundamente.
-¿Dónde está tu basura?
-¿Cómo?
Sonrió de lado. No hagas eso, no….
-Tu basura, Kenz, ¿dónde está?
-Ah… - regrese a tierra. –En esa puerta… - señale debajo del fregadero.
Vertió los pedazos en la bolsa y se volvió a mí.
-Necesitaremos otra copa. ¿O quieres compartir?
Era mi cabeza, ¿o él se estaba insinuando? Nah, seguro era mi mente cochambrosa. Sí, eso.
-Buscare otra copa – esta vez me asegure de tomarla con fuerza. No tanto para romperla, pero si lo suficiente para que no se cayera al piso. –Listo. Hasta la raya morada…
-Luna dice lo mismo… - comento. Y me hirvió la sangre. ¿Por qué tenía que recordármela? No podía verla como una rival, porque… porque es mi familia. La quería como a una hermana. Pero… ¡Agh! Odiaba que Chuck la mencionara. Que dijera su nombre cuando yo fantaseaba con él.
-Si… seguro que si… - con mi copa llena salí de la cocina y me quite los stilletos dando patadas largas. Mi calzado salió volando y tiro un florero de plástico que no tenía más que una rosa de plástico con un globo que me había regalado Marion un día de San Valentín.
Chuck se unió a mí, que ya estaba enfurruñada en mi sofá de una plaza con los pies desnudos cruzados como indio bajo mi cuerpo, el mando a distancia de mi televisor en mi mano derecha, y buscando con furia algo de acción, matanza y sangre que aliviara el libido y la furia dentro de mi cuerpo.
-¿Pasa algo?
-Nah – conteste sin más. –Listo… - algo de matanza. Justo pasaban Fast & Furious por la TV de paga. Bendito el Dios del cable.
-Te veo rara…
-Estoy bien… - no lo mire. Mis miradas me delataban. Bebí de la copa y fantasee con Vin Diesel, ese hombre… -¡Que músculos! ¡Que cuerpo! ¡Tómame, Vin! – jadee en voz alta. Sin poderme contener a dejar el pensamiento solo para mí.
-Luna también ama a ese tipo lleno de bolas… - comento divertido, con un halo de nostalgia al recordar a mi prima.
-No me digas… - voltee los ojos. Un trago más largo de vino cayo por mi garganta. Llene mi copa de nuevo.
Creo que Chuck seguía hablando de lo maravillosa que era Luna. Deje de ponerle atención cuando dijo: “A Luna también le gustan los girasoles”, no, no fue esa… Fue cuando: “Si… Luna pensaba hacerse el tatuaje de las estrellas también…”, si, fue esa.
Cuando vio mi tatuaje de estrellas en mi nuca. Perdí los estribos y bebí directo de la botella. Ahogando mis penas frente a él y sus tiernos comentarios a mí prima favorita. No era sarcasmo, en serio era mi prima favorita.
-…Por eso creo que he perdido definitivamente a Luna…
-¿Eh? – justo ahora estaba tumbada a lo largo de mi sofá de 3 plazas. Sin nada más en la mente que ahogarme definitivamente en esa piscina en forma de riñón que tenía el jardín de niños donde trabajaba. Si, sería una linda pero lenta muerte…
-¿Escuchaste lo que decía? – eso no se escucho nada bien. Detecte algo de molestia en su grave voz.
Alce los hombros.
-Creo que no… ¿Qué decías? – lo mire. Mi mirada apenas enfocaba. Dioses, estaba ebria. ¡Que más da! El vino esta delicioso. Un trago más. -¡Mmm! Esto es ambrosia pura. Ahora se porque Gannicus lo toma todo el tiempo mientras se coje a esas putas.
-¿Cómo dices?, ¿Gannicus…?
-¡No me digas! – me incorpore y sentí el mundo moverse bajo mis pies. Cerré los ojos y lo señale. -¡A que Lunita también lo ama! ¡Jodeme Dios! – me puse de pie. Trastabille un poco. Perdida definitivamente en el adictivo sabor de las uvas fermentadas. Dioses, que delicia.
-¿Qué sucede contigo? – creo que intento atraparte para que no cayera al piso, muy tarde.
Justo ahora besaba mi alfombra de poliéster. ¡Hey! ¿Quién piso lodo y no se quito los zapatos al entrar? Iugh, necesita con urgencia ir a la lavandería.
-Quítate los zapatos – chille mientras intentaba ponerme de pie. Esto estaba difícil. Todo daba vueltas. ¡Uh! Más vino…
-¿Cómo dices?
-Ensuciaras mi alfombra, cretino…
-Oh, ya… - lo vi descalzarse con ayuda de la punta de sus pies detrás de cada talón.
Una vez de pie, empecé con el vomito verbal.
-Y no me digas que Lunita también te hace quitarte los zapatos cuando llegar a su alfombra de lana… no me lo digas. ¡Porque sé que lo hace!
-Diablos, no. No iba a decir nada de eso, ella no me dice que me quite los zapatos.
-Bien – asentí. –Al menos podemos diferenciarnos por ese pequeño detalle. ¡Que bien! – ironice.
-¿Kenzi…?
-No me toques… no me toques…
-Pero, solo déjame ayudarte, te llevare a la cama.
-Dios, como deseo que lo digas en serio – confesé. –Y puedo ir sola. Vete – brame.
-Bien, lo siento…
-Yo más – rugí. El monstruo se había despertado. Odiaba que me compararan. Lo odiaba. –Por cierto, Charles. Los próximos días no estoy para ti, nunca más.
-¿Cómo?
-Estoy harta… adiós – le azote la puerta en la nariz.
-Kenzi, ¡¡Kenz!! ¿Qué demonios sucede contigo? – golpeaba la puerta.
Odioso sonido.
Le di la espalda a la puerta, decidida a tumbarme en mi cama. Pero no llegue y tropecé en el pasillo. El piso dio vueltas una vez más. Y algo tibio salió…
¡Dios!



***

-¿Cómo pudiste dejarla sola en el estado en que estaba? ¿Acaso eres imbécil?
-Yo… no… ¡claro que no! Ella me cerró la puerta en la nariz, ¿Qué querías que hiciera, Luna?
-Obviamente no lo que hiciste…
-¿Podrían callarse? – pedí abriendo un poco los ojos.

Luna estaba a mi lado. A su lado Chuck, después una pelirroja. Y detrás mis amigas que se lanzaron a mi cama después de que abrí los ojos.
-Estoy bien… ¡auh! Mi cabeza… - lleve una de mis manos a mi frente.
-Te caíste y te abriste la cabeza, Kenzi… - mi prima sonreía.
-Si, lo supuse cuando me desmaye y sentí la sangre en mis dedos – ironice.
-¿Lo ves? Es igual a ti – clamo Chuck.
Lo mire. Molesta.
-Si mal no recuerdo, te dije que te fueras.
Si, era una ebria, pero yo si recordaba cada cosa que hacía.
-Yo… lo lamento Kenz…
-Kenzi para ti… - le corregí duramente fulminándolo con la mirada.
-Vete, Chuck – pidió Luna.
Mis amigas aun en silencio miraban alternativamente entre mi prima, Chuck y yo.
La pelirroja le tendió a mi prima un papel, ya que el momento se tenso y el aire del ambiente se espeso un poco. Chuck aun seguía sin saber que hacer. Y yo solo tenía una cosa en mente. Patearle las bolas y mandarlo al infierno.
-Creo que… nosotras nos vamos. Claro, estaremos en tu salita… - Lizzeth me guiño un ojo y salió junto con Marion.
Detrás de ellas salió la pelirroja. Mi prima volvió a mirarme y sonrió. Solo era un año más grande y bueno, creo que me veía como a su hijita. Cosa que detestaba.
-Estoy bien, Lunática. Solo necesito que todos, en serio todos, incluyendo a mis amigas se vayan. Solo eso…
-Pero… - intento regañarme pero la fulmine de nuevo. –Bien, gruñona. Cuídate. Cualquier cosa, llamas a Jack, ¿bien?
-Lo hare… Adiós, y gracias por venir…
-Adiós, Kenz… - se despidió con la mano y tomo a Chuck del codo para que salieran.
-Necesito hablar con ella.
-Chuck, ella no quiere a nadie…
-Me importa una mierda. Hablare con ella. Luna…
-Charles, vete – pedí con voz atronadora.
-No me digas que hacer – reto.
-Si pudiera pararme de esta cama sin que el mundo girara bajo mis pies ya te hubiera dado una patada en las bolas cretino de mierda – escupí furica.
-Mejor me voy – se apresuro a salir Luna.
-¿Y bien? – arquee una ceja y cruce los brazos.
-¿Qué es lo que sucede contigo? Tú no eres así – acuso.
Si bien podía ser muchas cosas, muchas, menos una estúpida. No viviría enamorada de ese cretino que no tenia ojos para nadie salvo para mi prima. Y venga que ya sabía que pensaba Luna de mí aquí, en su territorio. Pero empezaba a encariñarme tanto con la ciudad y con mi trabajo que me sería imposible salir de esta isla para correr a Lawrence, Kansas, mi tierra natal y volver a ser una persona más en ese pueblito donde todos se conocían. Yo quería salir, ser libre. Vivir mi vida.
-Charles… se que estas estúpidamente enamorado de mi prima. Y odio que me compares. Así que mejor… es mejor para mí ya no verte. Mi prima, ella… quizá no deba meterme, ya que son cosas tuyas y de ella, pero… -Chuck me miraba con los ojos entrecerrados. Había dado en el blanco. Pero no me detendría, no ahora. Me había jurado a mi misma siempre decir lo que sentía así me rompieran una vez más el corazón. –Ella solo te ve como un…
-Como un amigo, lo sé – interrumpió terminando con voz ruda mi frase. -¿Crees que no se qué Luna solo tiene ojos para Tristan? ¿Y que por más que ella quiera no puede olvidar a Jensen? ¿Crees acaso que soy estúpido?
Estuve a nada que responder su última pregunta con un “si”, pero mordí mi lengua. Y deje que se desahogara.
-Se que fue… algo maravilloso estar con ella. Y sé también que tú no eres Luna. Y por mucho que se parezcan, cada una tiene lo suyo. Pero…
-Ya… - lo detuve antes de que llegara a la frase más trillada del Universo mismo. –Creo que es bastante miel por hoy – me tumbe de lado en mi cama. Abrace uno de mis cojines en forma de estrella y me obligue a cerrar los ojos a pesar de que las lágrimas me picaban los parpados.
-Bueno… descansa – escuche un par de pasos y luego sentí sus cálidos labios besar una de mis mejillas. Cerré los ojos con más fuerza y una lagrima se escapo de la esquina de mi ojo derecho, la lagrima se perdió entre la funda de la almohada, ocultando la tristeza de la única verdad que ya conocía. Chuck me vería siempre como su amiga, incluso, me atrevería a decir que solo me veía como su hermana, esa que jamás deseo tener.

1 comentario:

Ada Cullen dijo...

quisiera odiar a Chuck por cretino y grrrr!!!!!!! pero no puedo lo amooooooo! a el a Rosty a Drian y a medio mundo jajaja

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