noviembre 27, 2011

El placer es mio... - Capitulo 15

En mi pueblo ya es Lunes. Siendo las 01.19 hrs, sip, me hando desvelando de contrabando. Ultimamente no me da sueño por las noches y termino jeteandome donde pueda XD No se que me pasa. Necesito aventura, pero por lo pronto nueva entrega de El placer... Que esta a nada de terminar. Sip, esta historia termina (: Quiza despues les de un par de outtakes :D

Disfruten mucho. ^^ Nos estamos leyendo...


Nota del autor: Mi Adis, se que Noah necesita un par de patadas en las bolas XD, yo misma se las daria, pero es que ese hombre me puede tanto que termine amandolo :D Ya sabes, la carne es debil. ♥ No suspires tanto, querida x)

Capitulo XV


Kenzi llego al lobby. Las traicioneras lágrimas escurrían por sus mejillas. Intento limpiarlas, y solo logro que su delineador negro se corriera aun más. Sorbió por su nariz. Tembló. Hacia frio, había dejado su chaqueta en la azotea.
-Ni loca subo de nuevo… - abrazo su cuerpo.
-¡Kenzi! ¡Kenzi!
Volteo los ojos y corrió a la salida. ¿Qué no se detendría nunca?
-¡Detengan a esa chica! ¡Hank! ¡Detenla!
Kenzi intento esquivar al portero, pero el hábil asiático no se lo permitió.
-¡Agh! – gruño rendida cuando el hombre le cerró el paso.
-Gracias, Hank – sonrió Noah. Tenía el cabello ondulado más alborotado. Sudaba. –Hablemos, por favor… - tomo su rostro y limpio sus lagrimas.
-Déjame – se alejo de él. –No tengo nada que hablar contigo.
-Si, si tenemos… ¿Por qué estas llorando?
-Porque mataron a mi perrito – contesto mordaz.
Noah sonrió.
-Dale, te invito un trago.
-No subiré. Mi prima está arriba…
-¿Quién es tu prima?
-La fotógrafa estrella de Spotlight. La morena que salió del ascensor cuando entre.
-Ah – asintió. –La he visto, si. ¿No quieres verla?
-No.
-Vamos – la jalo del codo. –No la veras, lo prometo. Jugaremos pool, ¿sabes jugar?
-Claro… - ambos entraron al ascensor.

Noah no sabía realmente que hacía con ella en el mismo ascensor. Y menos que haría después con ella. De momento ella no lloraba. Lo cual era buena señal, ¿o no?
La llevo hasta su habitación. Oh si, porque él no solo vivía en ese basurero que tenia por oficina en Pomaikai. Tenía una enorme habitación con cocina y todo en el Hotel Empire. Comodidades de ser el dueño. Ada por su parte, no quería vivir ahí. Ella amaba su casa. Noah, simplemente no quería pertenecer a ningún lugar.
Kenzi no dijo nada mientras él la guiaba por la enorme habitación. Era precioso, amplio, elegante. Nada que concordara con él y aquel basurero en Pomaikai.
-Bien, ¿Qué es lo que quieres? – cruzo los brazos, deteniéndose frente a la mesa de pool que tenía en medio de la sala de estar, a un lado de la barra del bar.
-Tú no querías ver a tu prima y yo no quiero ver al mío – contesto. Le dio la espalda y sirvió dos vasos de whisky.
-No te la chupare – gruño.
Noah estuvo a punto de ahogarse.
-¿C-co-como dices?
-Eso. Me trajiste a la habitación de un hotel. ¿Qué tramas? ¿Qué contemos chistes?
-Si quieres… - sonrió. –Jamás te haría algo que no quisieras.
-Ja – se mofo. –Noah. Entiendo que quieras remediar lo del otro día. Pero no hay nada que remediar. Estoy bien si es lo que quieres saber. Si mis amigas no hablan de eso, estaré bien.
-¿Por qué no quieres hablar de… eso? – le acerco su vaso de whisky.
-Por la misma razón que no quiero recordar.
-No hagas juegos de palabras, no soy bueno – se sentó en la orilla de la mesa de billar.
Ella rodeo la mesa, tratando de estar lo más lejos posible de él. Confesarse con un extraño. Que cosas tan locas te trae la vida. Bebió su whisky. El cual no la estremeció porque ya tenía varias cervezas en su sistema.
-No soy el tipo de chica que sea… asediada por un hombre – comenzó pasando los dedos por la madera de la mesa. –Jamás lo he sido – reafirmo y le dio un sorbo a su vaso. –Supongo que trabajar los fines de semana en un taller de autos no la hace a una la chica más hermosa del mundo – se acerco al ventanal y pego la frente en el cristal.
Suspiro. El vaho formo una figura extraña en el vidrio.

Noah no supo que decir a eso. Se limito a mirarla. Temía que si se acercaba ella le rompiera la nariz. Quizá no era la chica que todos imaginaban, pero estaba seguro que le rompería la cara a cualquiera. Además, con esas botas de piel estilo motorista. Joder. ¡Que mujer!
Paseo los ojos por las curvas que esos jeans oscuros acentuaban. “Wild and Free”, no había nada más cierto.
-No eres fea… - dijo alejándose de la mesa, pero manteniendo su distancia hacia con ella.
-Ajá – ella hizo una carita feliz con el vaho que expiro su cuerpo. –Dame otro whisky, que sea doble esta vez – dejo el vaso al borde de la mesa de pool.
Noah le relleno su vaso.
-Así que trabajas en un Taller…
-Con mi primo y su amigo – rasco el puente de su nariz. Camino a la sala. Ahí tenía un sofá de tres plazas, frente a una enorme pantalla de plasma.
Se mantuvieron en silencio mientras bebían el whisky de sus vasos. Noah lleno sus vasos al menos otras 4 veces. Ambos en silencio. Noah estaba de pie. Ella ya había recargado la espalda en el sofá.
-¿Tienes novia? – pregunto ella de pronto. Sus pies ahora estaban sobre el sofá y Noah se había sentado en el otro extremo del mismo.
-Tuve – contesto amargo.



No quería recordarla. Christine tenía los ojos casi al mismo tono que los de Kenzi. Aunque para nada se parecían. Christine era la femineidad encarnada. Tenía tan buenos modales que le ponía los pelos de punta. Que más que modales eran costumbres estúpidas, una locura estar a su lado. Solo iba a restaurantes caros. Bebía alcohol importado. Era enfermo estar a su lado. Y ahora que lo pensaba ¿Por qué diablos había estado con ella? Nunca disfruto estar a su lado. Nunca. Jamás reía de sus chistes.
“Necesito que te cortes ese cabello, Noah. Mi madre llegara de Paris, no quiero que piense que ando con Tarzan”. Claro que jamás se corto el cabello, pero estuvo a punto. Justo antes de que su hermana le dijera a Christine que solo era el simple dueño de un Spa. Un alivio para Noah, que ella lo dejara. Aunque no lo aceptara en voz alta.
Y cuando ella volvió… Definitivamente le había roto el corazón. “Amor… Te amaría más si dejaras a tu estúpida hermana fuera de tu vida. No solo lo digo yo, corazón; ella es una controladora. ¡Que se compre una vida!”, eso fue la gota que derramo el vaso.
Después de eso Noah no quiso saber nada más de ella. Supo entonces, que solo lo quería por su dinero. Recién había adquirido el Hotel Empire. Y jamás escucho a su padre: “Venga hijo, esa arpía solo quiere chuparte la vida. No te conviene. Pero ya se, es problema tuyo, como tu dices, es tu vida y tu sabes cómo llevarla a la mierda”. Su padre era muy sincero. Por eso había enamorado a su madre. Un espíritu libre como lo era ahora Ada.
-¿Y que paso con ella?
-¿Eh? – Noah la miro. “Simple. Se enredo con mi mejor amigo en mi cama. Así de simple. ¿Alguna otra pregunta?”, contesto su mente. Después de eso Noah no quiso saber nada más de Christine.
Kenzi se había deslizado hasta estar a solo unos cuantos centímetros de él.
-¿Qué donde está tu novia?
-No es mi novia. Y no sé donde este – gruño, vaciando su vaso.
-Oh. Cosas espinosas. Entiendo.
-¿Cómo puedes entenderlo? Dices que ningún hombre está contigo – comento acido.
-No quiere decir que no entienda que no quieres hablar de ella.
-Lo siento, yo… No quiero recordarla. ¿Si?
Asintiendo volvió a su extremo del sofá.
-Él me gustaba mucho también – murmuro. Noah la miro.
Kenzi había adoptado una postura infantil. Se veía indefensa. Le removió las entrañas no atreverse a acercarse y consolarla.
-Siempre me gusto. Desde que iba en la preparatoria. Y después, en la universidad: nos besamos. No me gusto nada, pero pensé que había sido mi imaginación. Así que deje que me tocara, y de nuevo no me agrado. Pero alegue a mi imaginación – las lágrimas brotaron. Como siempre pasaba cuando se miraba al espejo y recordaba eso.
-Y después fui a su departamento y… No fue como imagine – sorbió su nariz, las lágrimas pendían de sus ojos. –Él quería que yo… ¡Fue el pene más horrible de mi vida! – clamo.
Noah se acerco a ella. Kenzi limpio sus lagrimas.
-Créeme, era horrible. Todas dicen “no es la parte más linda de un hombre”, pero joder. Quería que se la mamara. ¡Dioses! ¿A ese adefesio?, estuve a punto de preguntar – rio. –Ni siquiera estaba erecto.
Noah rio a la par de ella.
-No quiero imaginarlo.
-No lo hagas.
-Y no lo hicieron, supongo.
-No, con esa cosa dormida, ¿Cómo? – alzo la ceja y lleno su vaso de whisky.
Realmente no supieron en que momento habían traído las botellas del bar a la mesa de la sala. Simplemente vaciaban las botellas con ánimo.

-¡Quería que me cortara el cabello! ¿Y que era yo? ¿Una Barbie a su tamaño? – jadeo bebiendo directo de la botella.
-¡No! – chillo ella. –Tu cabello es precioso – paso la mano por su larga cabellera. –Suave y lindo – comento hipnotizada por las ondas oscuras.
-Gracias – Noah se estremeció. Trago con dificultad.
Estaban sentados en el piso, cerca de la mesa de centro. Noah había llamado a servicio a la habitación para que llevaran algo de botana. Comían y bebían, si, tenían que aceptarlo, contentos y en paz.
-Su madre me miraba como si fuera un maldito vagabundo – gruño.
-¿Era linda? – pregunto ella llevándose algo de botana a la boca.
-Si. Tenía esa naricita tan… no sé, si, si era linda, era hermosa.
-Oh – Kenzi bajo la mirada. Sintió una punzada de celos. Ella se había buscado esa respuesta.
-¿Qué pasa? – Noah le tomo la barbilla. -¿Dije algo malo?
-No… Solo… No sé, son pocos los hombres… Ok, no conozco a muchos. Lex y mi primo, ¡oh! Y Chuck. Chuck llamaba linda, hermosa y demás cosas a mi prima… Solo que aun no me acostumbro – murmuro avergonzada.
Él la miro curioso.
-¿Nadie te ha dicho linda?
-Demian, pero sé que realmente no lo decía en serio.
-¿Por qué dices eso?
-Necesito terapias. Electroshock y eso. Camisa de fuerza.
Sonriendo Noah volvió a mirarla.
-¿No te sientes… linda?
-No todos los días – contesto.
-¿Qué días te sientes linda?
-Los días que no terminan con “S” – sonrió divertida.
-¿Sábado y domingo?
-Si, eso creo. Ya que no salgo de mi departamento y miro películas. Mi vida es aburrida.
Noah no supo que más decir. Lleno su vaso de whisky.
-Hace frio… - Kenzi abrazo su cuerpo.
-Debe ser esa estúpida calefacción, no la han reparado.
-Quizá deba irme… - intento ponerse de pie. El mundo le daba vueltas. -¡Oh mierda!
-¿Y dejar que manejes ese auto tuyo en este estado? Nunca – la tomo de los brazos.
-No me pasara nada. Marion manejara…
-Marion ya se fue.
-¿¡Como dices!? ¿Y que hay de Lizzy? – pregunto alterada.
-Ambas se fueron con sus novios. Descuida – agrego cuando ella puso cara de miedo – saben que estás conmigo.
-¿Cómo? Oh Dioses, no… - gimió.
-No te hare nada.
-Quiero irme a casa – peleo con los brazos de Noah, inútilmente. Él la tomaba con firmeza.
-Estas borracha.
-¿Y te apellidas Holmes? – levanto una ceja. Noah estallo en risas. –Estoy bien, déjame…
-Te dejare ir si me ganas al pool.
-¿Bromeas, cierto?
-No – negó con la cabeza y le dio un taco. –Las chicas primero.
-Adelante entonces… - le hizo una reverencia.
Noah soltó una carcajada sonora.
-Luces confiada. Agreguémosle sazón – rasco su mentón barbudo. –Por cada bola que entre en la buchaca, el otro se quita una prenda.
-Ah, y si quieres puedo bailar en el tubo también – hizo una mueca.
-Ya… No soy bueno en el pool cuando estoy ebrio.
-Al contrario, soy buena cuando estoy ebria – sonrió. –El primero que deje a su oponente en ropa interior gana. Pero te advierto, mo soy nada linda sin ropa. Así que, agradece que estas ebrio.
-Una cosa más – levanto un dedo. –Una prenda y un trago de whisky. ¿Trato?
-Trato… - estrecharon las manos.
Cosa que jamás debieron hacer.

La primera prenda que paro en el piso fue la chaqueta de piel de Noah, y después le siguieron las botas y los calcetines. Kenzi gimió cuando su propio cinturón y sus botas pararon en el piso. Y Noah rugió cuando ella metió dos bolas más.
-¡Eso! – lo señalo divertida. –Así es bebé. ¿Quién va ganando? – danzo contenta.
El moreno ahora solo estaba en jeans.
Pero la danza de victoria de Kenzi duro poco. Noah hizo entrar dos bolas al mismo tiempo. Ella abrió la boca. Y ya que no tenía chaqueta hizo desaparecer sus jeans. Sus largas calcetas para cubrirse del frio le llegaban debajo de la rodilla. Noah trago cuando ella le dio un largo fondo a la botella de whisky. Su playera blanca apenas cubría su trasero. No importaba que sus piernas no fuera largas como de modelo, si estaban bien torneadas, y no había pulgada en ella que no fuese morena. Ahora él necesitaba un trago de ese whisky.
-Dale, metiste dos… - apuro Kenzi recargada en su taco.
Noah se concentro. Quería verla en ropa interior. Y así lo hizo.
-¡¡Eso!! – rugió contento.
Ella gimió y se quito la blusa. Ésta cayó al piso, y Noah estuvo a punto de caer con la prenda. Su redondo busto estaba cubierto por un sostén negro, largo. Que cubría su estomago. Como si fuese un corsé.

Dejo caer el taco ante la visión de ella semidesnuda para él. Las manos de ella se movían nerviosas sobre su cuerpo. Su entrepierna dio un tirón, y agradeció tener aun los jeans que cubrían su cuerpo cobrando vida.
-Eres hermosa – dijo con la garganta seca.
-Ajá – le dio la espalda y entonces Noah casi grita. Que trasero, ¡Dios santo!
Sus dientes peligraban con quebrarse de tan apretados que los mantenía.
-Tira… Aun me quedan estas – señalo sus largas calcetas.
-Si, si…
Pero él ya no podía ni pensar. Salvo en las curvas de ella. No había nada más hermoso que una chica bien dotada. Y ella, ella era el porqué de esa regla. Sus exuberantes curvas lo llamaban y sus ojos solo se perdían en su moreno cuerpo. Con ropa lucia salvaje, pero sin ella; ¡Mmm!
Como era de suponerse fallo el tiro. Fue turno de Kenzi y ella logro meter una bola.
-¡Si! – dio brinquitos, que desquiciaron a Noah.
El moreno tuvo que quitarse los jeans, con el temor de que su ‘amigo’ saltara a decir: Hola. Relajo el cuerpo lo más que pudo y finalmente se saco los jeans.

Kenzi abrió la boca. ¿Podía haber alguien más bueno que él? Su torso totalmente marcado con tenue vello. Sus poderosas piernas y sus brazos. Como deseaba que él la abrazara. Y ese bóxer. Mmm, oh si. Adoraba a los hombres con bóxer apretados. Él los portaba con orgullo. Entonces ella tembló. No sabía realmente si era de frio o porque el hombre frente a ella realmente imponía. Era glorioso. Masculino. Alto, muy alto. Fuerte. El tipo era brutalmente delicioso.

-Ganaste – dijo Noah acercándose a ella. La hizo chocar con la mesa. -¿Tienes frio?
-Si – titirito.
Noah abrió los brazos y termino con la distancia que los separaba. Espero que ella gritara y pataleara, él la soltaría de inmediato. Como dijo “No le haría nada”. Solo que ahora no sabía si podía mantener en pie esa promesa.
Ella permitió que él se acercara tanto, que Noah logro recargar el mentón sobre su cabello. Olía muy bien. Las manos de ella se apretaron contra su torso. Frías como la noche. Suaves, pequeñas.
Tomándola en sus brazos, ella soltó un jadeo y la llevo a la cama.
-Noah… - gimió mirando su habitación.
-Solo estaremos en la cama, no pasara nada, lo juro – repitió. Jurar. Si claro. Con ella en tu cama, casi desnuda. Su mente estaba traicionándolo, pero sabía que su cuerpo no lo haría, no ahora.
Asintiendo, Kenzi gateo sobre la cama y se metió dentro de los cobertores de plumas.
-¿Dónde dormirás? – pregunto aun temblando.
-En la sala.
-¡No! Es decir… puedes dormir aquí. La cama es muy grande – sonrió.
-No quiero… incomodarte.
-¿Incomodarme? Mírate – lo señalo. –Estas más bueno que las papas fritas de Burger King – sonrió.
Noah se deslizo dentro de la cama.
-Y tú estas más hermosa que un atardecer – le dijo y la arropo. Ella lo miro incrédula. –Lo digo en serio.
-Gracias.
-No agradezcas, solo ven aquí – ella sin perder un segundo más hundió la cabeza en su pecho.
Noah se estremeció cuando ella exhalo sobre uno de sus pectorales. Su piel se enchino. Su cálido aliento hacía eco en sus sentidos.
-¿Por qué no puedo encontrar a alguien como tu? – pregunto. Justo ahora el alcohol hablaba por ella. Y sabía que recordaría cada una de sus palabras. Cada una de sus respuestas y cada detalle de esta noche. Cosa que la destrozaría al amanecer.
-¿Por qué haces esas preguntas tontas? – Noah acaricio su cabello, mirándola.
-Si, tienes razón – sonrió amarga. –Eso solo pasa en los cuentos de hadas.
-¿Cómo? – la obligo a mirarlo. Sus ojos de nuevo estaban cristalinos, sus mejillas rojas y sus pequeños pies rozaban las poderosas piernas de él.
-Eso solo pasa en los cuentos de hadas – repitió avergonzada. –Personalmente amo a la Bestia – limpio las lagrimas que aun no salían de sus ojos.
-Deja que sea la Bestia de tu cuento de hadas, Kenzi…

1 comentario:

Ada Cullen dijo...

Que puedo decir a parte de girtar como demente, reiem de la borrachera, sofocarme con ese juego y suspirar por ese final. Lo ame , simpelemte y basicamente le ame... ya quiero leer el siguiente Gracias Beu

Las chicas del Té de Lemmon

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