noviembre 04, 2011

El placer es mio... - Capitulo 11

Tarde un poco lo se. Esta semana he estado algo ocupada, nada fuera de lo normal, ya que NI trabajo NI estudio, al menos por el momento. No se asusten, ya proximamente tendre empleo (:
Ahora a lo que nos truje. Nueva entrega de esta novela paralela a Maldita delicia. Como dice la portada de dicha historia: Se descubrirán los secretos. ¿Que cuales secretos? Simple...

El asunto de Jules - no le digan que le dije asi -, más otro más gordo: Los Wyngarden. No dire más que sino arruino la trama D8

Pero antes... La advertencia que me dijo mi Ada que pusiera:

"El proximo texto contiene altas escenas... Mmm... Si lo digo lo arruino. ¡Ada, demonios! Te vas a mojar toda. ¡Listo!". Ahi tienes tu advertencia mi Ada. Las quiero chicas (:

Cambio y fuera ♥


Capitulo XI


Marion aseguro la puerta de su tiendita de bisutería, cuando unas enormes manos la atraparon de la cadera. Ella jadeo.
-¡Adam Mond! ¡Me asustaste! – lo golpeo en el pecho.
Adam soltó una carcajada.
-Lo siento, te veías tan sexy… Esos jeans que te envía tu tío son… - ronroneo pasando las manos por la cadera de ella y bajándolas un poco por los costados de sus piernas.
Ella rio atontada. Pero aclaro la voz.
-Estamos ante la vista de todos – “Y a plena luz del día”, completo en su cabeza. Eran apenas las 6 de la tarde. Todos los verían.
-¿Y? – levanto una ceja. –Que todos sepan que soy completamente tuyo… - beso sus labios pegándola contra la puerta de su local.
-Pues claro que eres mío – ella acarició sus mejillas. –Que no te quepa duda…
-Vamos a cenar. Estoy famélico.
La tomo de la mano y la llevo hasta su auto.
Marion siempre jadeaba cuando veía el auto. Un flamante BWM 120i * color humo. Siempre reluciente.


-¿A quién mataste para tener este auto? – pregunto divertida cuando Adam se metió al tráfico.
-A nadie, ya te lo dije. Mi empleo con Wyngarden CO. Rinde frutos… - sonrió encantado. –Además, esta coqueto, ¿no?
-Mucho… Aun huele a nuevo.
-Yo diría que a nosotros. Hoy por la mañana nos divertimos, ¿o no? – le acaricio la pierna.
Ella se enrojeció de inmediato. ¿Acaso este hombre nunca se cansaba?
-¿Qué comeremos?
-Amas la comida china.
-Así es…
-Pues pensaba llevarte al restaurante chino a donde siempre vas con tus amigas – dijo sin quitar la mano de su rodilla, salvo para cambiar la velocidad.
-Adam… - Marion aclaro su garganta.
-Dime – la miro fugazmente. Marion tenía esa mirada. La que indicaba que algo se avecinaba.
-¿Extrañas a Lilian?
-Marion – regaño. Orillo el auto y la miro. –Pensé que eso ya había quedado claro…
-Yo también, pero… La otra noche la mencionaste mientras dormías.
-Fue una pesadilla – se apresuro a decir.
-Está bien si la extrañas. Digo, ibas a casarte con ella…
-¡Marion! – golpeo el volante. –Jackson y su bocota – bufo. Paso la mano por su cabello.
Ella se sobresalto. Mordió su labio inferior.
-¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Lilian está muerta. Muerta… - repitió con la voz quebrada.
-Adam… - intento calmarlo tomándolo de la mano, pero él aparto las manos.
Cansado, se tallo los ojos.
-Marion, por todos los santos del Cielo. Entiende algo. Estoy contigo porque disfruto de tu compañía, de ti, de todo lo que te interesa. Todo…
-Lo sé, Adam. Pero… ¿Cómo te sentirías tu, si alguna vez estuve a punto de casarme con el que pregonaba era el amor de mi vida? ¿Cómo?
Adam la miro. Las comisuras de su boca se levantaron un poco.
-Hablas de Darren, ¿ah?
Marion trago con dificultad. Ella lo tomaba de a broma, pero la partida de Darren la tuvo bastante triste un tiempo. No importaba cuanto bromeaba ella sobre ese hecho, su partida la había marcado.
-Si – murmuro como respuesta.
-Se que no te ibas a casar con él – agrego Adam.
-¿Eso que tiene que ver? Imagina que iba a casarme con él.
-Si hubieras querido casarte con él, te hubieras ido con él.
-¿Cómo?
-No me malinterpretes… Solo pienso que no lo amabas lo suficiente…
-¡Entonces tenia que dejar a mis amigas! ¡Mi familia! ¿Todo por él? – chillo alterada.
-Yo…
-Yo también tenía una vida, Adam. Una vida antes de que él o tu, aparecieran en ella. No voy a dejar de ser lo que soy por nadie. ¿Escuchaste? – quito el seguro de la puerta. –Mucho menos por ti… - gruño saliendo del auto y cerrando de un portazo, se alejo de ahí.
-¡¡Marion!! – Adam salió del auto siguiéndola. –No quise decir eso…
No se giro a verlo. Siguió caminando con él llamándola.
-Lamento… No quise decir eso. Marion lo siento…
Finalmente la alcanzo y la jalo del brazo deteniéndola.
-Escúchame… Lo siento.
-Él se fue, Adam. No estuve dispuesta a seguirlo, porque no iba a dejar mis sueños por él – aseguro mirando a la nada. Con los ojos llenos de lágrimas. Adam odiaba verla llorar. La abrazo con fuerza.
-Lo sé, Mar. Sé que tu…
-Él me enamoro. Pensé que siempre íbamos a estar juntos, que había encontrado al hombre que me hiciera reír, sentirme contenta… - interrumpió a Adam, envolviendo su cadera con los brazos y arrugando su saco azul oscuro con sus manos. –Intente persuadirlo para que volviera, pero él se empeño en seguir lejos de mi… Además, no tuvo los pantalones para decirme que se iba. Nadie sabía nada de él… nada – gimió sorbiendo por su nariz.
-Shh, shh – frotaba su espalda. Calmándola. –Lo sé, lo sé, bebé. Perdóname por ser un cerdo sin sentimientos. Perdóname…
-Si… - sorbió su nariz de nuevo, sonoramente. –Actué como una loca.
-Por eso me encantas. Porque eres una demente – le tomo el rostro y la beso con ternura.
Ella dejo que Adam la embriagara con el sabor de sus besos. Las lágrimas fueron sustituidas por gemidos y caricias disimuladas.
-Anda, sabes que me destroza que llores – Adam limpio con sus pulgares las lagrimas que osadas salían de los enormes ojos de ella. –Eso sí, tu maquillaje intacto – observo con una sonrisa, como sus enormes pestañas seguían curvas y hermosas.
-Una chica nunca debe verse mal… - sonrió Marion. Ahora más tranquila.
Adam le regreso la sonrisa.
-Tú nunca podrías verte mal… Aun por las mañanas, te ves preciosa – aseguro besando su nariz y regresando a su auto.

-¿QUÉ? – chillo Adam. Marion se sobre salto. -¿Una multa de transito? ¡Joder! – gruño sacando de debajo de uno de los limpia brizas una nota amarilla. –Solo fue un segundo. ¡Estúpidos parquímetros!
Marion sonrió mordiendo sus labios. Lo tomo de la mano y le beso la mejilla. Adam se calmo de inmediato.
-Tengo hambre… - susurro Marion en su oído.
Adam tenso la mandíbula. Que susurraran en su cuello lo ponía a cien. Trago audiblemente y empujo a Marion contra la puerta del BMW.
-Esto lo pagaras caro, Mar – mordió el lóbulo de su oreja. Estremeciéndola.
-¿Me ataras? – pregunto esperanzada.
-No… Te esposare – prometió, le dio una palmada en el trasero y la ayudo a subir al auto.

-¿Sabes, Adam? – Marion lo señalo con su tenedor. –Me pregunto cómo es que comes tanto y sigues delgado.
Adam comía tallarines, pollo, aros de cebolla, rollos primavera con salsa agridulce y arroz, todo en un solo plato. Claro y su Coca-Cola. Todo con perfectos modales. Levanto los hombros ante la pregunta y remojo un rollo en la salsa agridulce.
-Tú haces que queme toda esta grasa – contesto al cabo de un minuto.
-¿Yo? – frunció el ceño y también remojo uno de sus rollos primavera en el tazón de salsa.
-Si… - le dio un sorbo a su Coca-Cola. –Tu y ese movimiento de caderas – soltó.
Una pareja se volvió a verlos. Marion se puso colorada y casi se traga un rollo entero.
-Si, en tus clases de Danza Árabe – agrego con una sonrisa picara.
La chica le dio un punta pie y él atrapo su tobillo.
-¿Sabias que tienes las piernas más deliciosas de Manhattan? – acaricio su pierna. Ella tembló.
-Yo… - apretó el tenedor en su mano y lo miro con los ojos muy abiertos.
-Lo sabes, lo sé – sonrió con suficiencia y libero su pierna. –Esta delicioso el arroz.

Después de la cena, donde Adam no paraba de alagar los suaves movimientos de ella. La textura de su lengua y las mordidas sobre su piel, fueron al departamento de Marion.
Adam estaciono el auto en la calle al costado del edificio. Subieron a su loft.
-Gracias por la cena… - sonrió Marion.
-De nada – Adam beso sus nudillos como un caballero. Marion trago.
-¿Quieres pasar?
-Pensé que jamás lo preguntarías – sonrió abiertamente y la tomo de la cadera para que ella lo abrazara con las piernas.
Jadeando, ella abrió la puerta de su loft y entraron.

Dejándola tendida sobre su cama, él la miro. Paseando sus ojos celestes por el cuerpo de ella. Marion le regresaba la mirada, lujuriosa. Abría los botones de su blusa.
-¿Llevas prisa? – pregunto él subiendo a la cama y colocándose de rodillas sobre ella.
-Algo… - acepto terminando con los botones y abriendo cada extremo para que él viera sus pechos tras ese conjunto de sostén azul de encaje.
Adam trago. Era hermosa. Suya.
Ansioso, abrió sus jeans y acaricio el borde de sus bragas a juego con su sostén.
Algo que caracterizaba a Marion, era que toda su ropa combinaba entre sí. Como el día de hoy. Su ropa interior era un lindo coordinado de bragas y sostén azul, y una blusa azul grisáceo, sus jeans oscuros y unas lindas ballerinas de piso. Incluso su bolsa y el prendedor con el que ataba su largo cabello rizado, combinaba. No había día en que Marion no combinara de pies a cabeza, incluso sus uñas combinaban.

Deleitado por el exquisito gusto de Marion para vestir, Adam devoro la piel expuesta de sus pechos. Su espalda se arqueaba y él sonreía satisfecho por las reacciones de su cuerpo ante su lengua y sus leves mordidas.
-No te rasures – jadeo ella de pronto.
-¿Cómo? – se detuvo y la miro. Ella tenía las mejillas rojas y su largo cabello estaba desplegado sobre el edredón purpura de la cama.
-No te atrevas a quitarte la barba – repitió y acaricio las mejillas de Adam.
-Pensé que me vía como un vagabundo… - Adam atrapo la mano de ella y beso su palma, mordiendo las puntas de sus dedos.
-Mi vagabundo – gimió Marion.
Adam volvió al ataque, levantándola para poder quitarle la blusa.
-Esta cosa es suave…
-Es seda… - dijo ella arrojándola con cuidado a su mesita de noche.
-¿Seda?
-Si, Kenzi me lo dijo… Hubieras visto, ella quería sacar su encendedor y quemar la tela – chillo recordando divertida, el momento.
-¿Te he dicho que tu amiga está completamente loca?
-Supongo que la locura se contagia – sonrió ella y lo abrazo del cuello.
-Pero tu eres sexy… - Adam regreso a besar sus pechos y abrió el broche de su sostén con habilidad.
Una vez que sus pechos fueron liberados, las cimas de éstos lo llamaban a gritos y él, gustoso, los complació. Chupando su rugoso pezón mientras su mano amasaba con ternura el otro, sin darle tregua.
Ella mientras tanto miraba el techo, su espalda arqueada, provocaba que su vientre chocara con el duro bulto que Adam mantenía preso dentro de sus pantalones.
No dejo de torturar sus pechos, ni de hacerla gemir. Y hasta que no tuvo uno de sus pezones ligueramente rojo, dejo de mordisquearlos con decisión y anhelo.
-Adam… - gimió Marion y con dedos temblorosos se dispuso a abrir los botones de la camisa azul cielo de su hombre. Desesperada jalo los extremos e hizo que un botón pendiera peligrosamente de los hilos que los sostenían al borde.
Ella se lanzo a pasar la lengua por los tatuajes de la blanca piel de Adam. Mordiendo un poco debajo de su pecho. Adam enredo la mano en su cabellera y la obligo a besarlo.

-¿Creías que había olvidado atarte? – se alejo de ella con su labio inferior aun entre sus dientes.
Ella jadeo cuando le arranco los jeans y sus ballerinas negras volaron. El pantalón de él se tensaba en su centro. Le dio la espalda y rebusco en su maletín de piel.
-Siempre que te veo con eso – señalo el maletín – siento que llevas mucho dinero o una bomba – se acerco a él para palmear su trasero.
Pero Adam fue más rápido y atrapo su muñeca en unas esposas forradas de piel. Marion jadeo, mientras que Adam la llevaba a la cama.
-¿Iba en serio eso de esposarme? – Estaba boca abajo. Miraba a Adam, que buscaba algo de donde atarla, pero la cabecera de madera se lo ponía difícil.
Pensando con velocidad supersónica la bajo de la cama y esposo su otra mano, pasando las esposas por debajo de una pata de la cama, la más alejada de la pared.
Ella sonrió divertida tumbada boca abajo sobre su alfombra.
Adam le acaricio el trasero y la piel de ella se enchino. Gimió mordiendo sus labios. Mientras que él besaba su espalda desnuda.
-Levanta el trasero, bebé – la ayudo a ponerse de rodillas. –Eso… - bajo sus bragas y la inclino un poco hacia el frente para…-¡OH ADAM! – chillo sonoramente ella, cuando la lengua de Adam irrumpió en su centro húmedo.
Él la probo, extasiándose de su sabor y de los gemidos de ella, al tiempo que las caderas de ella se movían contra la lengua divertida de él.

Él no había probado cosa más deliciosa que el placer de Marion. Nadie lo hacía sentir tan feliz y completo como ella. Como si todo fuera simple. Nada podía salir mal con ella, nada.
La sonrisa de Marion lo contagiaba aun si él tenía el ceño fruncido como vela derretida. La melodiosa risa de ella lo hacía suspirar, y cuestionarse continuamente, si él la hacía tan feliz como ella a él. Saber que ella podía estar triste por su culpa, lo podía volver loco. Odiaba ver a una mujer llorar, más si era la mujer a la que amaba con toda su alma.
Creyó que iba a morir cuando la perdida de Lilian lo dejo hecho polvo. Apartándolo de sus amigos por el dolor de la impotencia de no poder salvarla.
Él iba a casarse con ella, o eso planeaba. Aunque… En el fondo, sospechaba que ella no lo amaba como él lo hacía. Los artistas al final del día son egoístas. Había escuchado que le decía a Jack que se iría a Londres a estudiar danza. ¿Por qué no le había dicho nada a él? Eso jamás lo sabría. Ella estaba muerta. Y habían pasado ya 5 años de eso.
Y aun la ira de Adam por la prepotencia de los Van Gulick no podía calmarse. Marion había llenado el hueco en su corazón, había reunido las piezas que jamás creyó tener dentro. Creyó que había perdido la capacidad de amar para siempre. Hasta que ella apareció. Marion lo lleno, lo completo. Y aun así, él quería darle su merecido a ese tal Julien.
Si bien había firmado un documento donde perjuraban que Julien jamás había estado en la fiesta y que jamás le dirían a nadie el suceso, no podía quedarse así. Ya fuera por Lilian, ya fuera por sus amigos. Eso no podía quedarse impune.

-¡ADAM! – Marion de nuevo gritaba. Un orgasmo la abrazaba.
Satisfecho. Adam se recostó sobre ella. Aun con las esposas Marion le paso los brazos sobre el cuello.
-Tienes unas ideas excelentes… - beso sus labios.
Adam la levanto y se recostaron sobre la cama.
-¿Así que te gusto que te esposara?
-Bastante – ella se acomodo sobre el pecho de él. -¿No piensas quitarme las esposas?
-No, - sonrió, pasando un dedo despreocupado por su mejilla – aun tengo un par de ideas en mente…

1 comentario:

Ada Cullen dijo...

Que puedo decir aaaaaaaaaa!!!! me encantoooo , me fescinooo. me recontra encantoooo estoy wow! las epsosas wow.... tengo una hipotesisi y solo puedo rogar para que Adam no vaya a cometer alguna estupidez, por favor esto esta mas caliente que el infiernoo en todo sentido .. gracias moris

Las chicas del Té de Lemmon

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