noviembre 30, 2011

El placer es mio... - Capitulo 16

Ando refeliz porque esta historia ya esta por terminar (: Todas andan recontentontas y las cosas estan en orden... Al menos para ellas :)♥ Disfruten de este capituo, y esperen muy pronto el estreno de El lado Oscuro y la Tercera temporada de Maldita delicia.
Nota del autor: Mi Adis, para que veas que las demás si se divierten ;) Enjoy ^^


Capitulo XVI


Kenzi se quedo profundamente dormida un segundo después de haber visto esos oscuros ojos. Noah la miro dormir y murmurar un par de cosas que no comprendió.
-Dulces sueños… - logro entender cuando ella unió más su cuerpo al de él.
Después de eso se obligo a dormir, manteniéndola contra su pecho, sintiendo su cálida respiración contra él.

***
-¿Así que él es un Van Der Beek?
-Ajá – Lizzeth asintió, como respuesta a la pregunta de Adam.
Se veía muy interesado acerca del nuevo amigo de las chicas. Tan interesado que Marion lo miro extrañada.
-¿Qué es lo que pasa, Adam?
-Nada, Mar, solo… es… curioso que justo ustedes lo conozcan, digo. No es como si tuvieran amigos influyentes o algo por el estilo – Marion abrió los ojos, al límite de gritar improperios. Eso no se oía nada bien. Y Adam lo sabía. –No me mal interpretes, amor. Solo… No pensé que lo conocieran.
-Mmmh – Marion frunció los labios y termino su Martini. -¿Por qué quieres saber de Noah?
-Quiero saber cómo es que mi novia lo conoce, ¿eso es malo?
-Fue cuando caí a esa coladera.
-¡Ah! Cierto… - asintió. -¿Nunca te dio curiosidad saber su apellido?
-No, ¿para que necesito saber el apellido de alguien? Simplemente sé si me cae bien o mal.
-Amor, es que tú eres una gran persona.
-Claro, mi metro setenta y cinto lo dice… - sonrió divertida y Lizzy estallo en risas.
-Tienes razón amiga – la señalo y miro a Vincent embelesada.
-¿Qué tiene que sea un Van Der… eso? – pregunto Vincent.
-Nada, nada… Simple curiosidad – sonrió Adam. –Cuéntame Vincent… ¿Qué tal el trabajo en la Galería?
-Todo en orden. No me quejo, realmente me va bien y hago lo que me gusta.
-Lo mismo me pasa con los Wyngarden – sonrió Adam terminando su cerveza. –Lo mismo…
-Nunca me has dicho exactamente qué haces ahí – recordó Marion.
-¿Me interrogaras ahora o quieres bailar?
-Tienes razón, bailemos – Marion se puso de pie a la par de Adam y se dirigieron a la pista.

Bailaron hasta que Marion estuvo segura de que sus talones sangrarían. Adam era un buen bailarín. Mientras que Vincent, divertía a Lizzeth con sus ocurrencias. Vincent era muy divertido, bromista y demás cosas.
-¿Dónde está Kenzi? – Lizzeth abrazaba su cuerpo envuelta en ese largo abrigo negro.
-Creo que la vi con ese enorme tipo… - recordó Vincent.
-Noah – corrigió Marion. Adam la abrazaba. Eran más de las 2 de la mañana. Claro que hacia frio.
-Ese. La vi, pero hace mucho…
-Mmmm…
Marion llamo a Noah.
-Está conmigo – dijo su amigo. –Está bien, solo bajamos. Ella…
-¿La cuidaras? – pregunto preocupada.
-Seguro que sí, no dejare que salga a manejar a estas horas. En serio. Marion, vete tranquila, ella está bien…
-Esta con Noah – informo terminando la llamada. –Bebió de más y bueno, se quedara con…
-¿Él? – Lizzy compuso una sonrisa maligna. –Mi Kenzi no pierde el tiempo.
-Vamos, Lizzy. Kenzi no…
-Ella es más pervertida incluso que nosotras dos juntas. Ya la conoces, siempre le encuentra el doble sentido a todo. No es que la juzgue solo que en verdad me sorprende que vaya a quedarse con Noah – explico alzando los hombros. –Además creo que eso la ayudara… Vámonos.
Camino al ascensor.
-¿Ayudarla? ¿De qué forma, Lizzy? – murmuro Marion. –Ya sabemos que Kenzi puede mandar al demonio a media ciudad. Después de lo que paso con… Ya sabes con quien.
-Apuesto que Noah no tiene el pene feo – sonrió.
-Amiga, en eso puedes tener razón.
-Lo sé – sonrió orgullosa. –Además, ¿era lo que tramabas, no? Como si no te conociera – le pico las costillas.
Los cuatro entraron al ascensor y descendieron hasta la planta baja.

Adam ofreció su auto para llevarlos a todos a casa.
-¿Lizzy, donde los dejamos? – pregunto Marion desde el asiento del copiloto.
Lizzeth enmudeció. Mientras que Vincent la miraba de reojo.
-¿Quieren ir a seguir le fiesta en mi casa? – Adam termino con el incomodo silencio, los miraba desde el espejo retrovisor. –Será divertido y hay lugar para los cuatro.
-Si, por mi no hay problema, ¿Vincent? – Lizzy miro al interpelado que asintió con una sonrisa.
-Me encantaría.
-Perfecto – Adam se metió en el tráfico.
La ciudad nunca dormía. Así que había aun un par de autos circulando por las calles. En las aceras había mucha gente y los bares y antros estaban a reventar de personas.

El piso donde vivía Adam, era un precioso y amplio loft. Había sido decorado por un chico, así que se erguían enormes fotografías de autos y algunos instrumentos musicales. No había flores ni nada de eso. El salón no estaba en un caos, como temía Marion que estuviera desde su última visita.


-Pónganse cómodos. Tengo cerveza, whisky, ron, ginebra… Siéntanse con la confianza de tomar lo que deseen de la nevera –anuncio jalando la mano de Marion y arrastrándola a su habitación.
Donde el caos si reinaba. La cama estaba destendida.
-Olvidaste algo la última noche – anuncio tomando entre sus dedos las delicadas bragas negras de ella. -¿Tienes algo que decir al respecto?
-¿Dejaremos a Lizzy con Vincent en la sala, mientras tú y yo nos divertimos? – cruzo los brazos sobre su pecho.
-Mmm… No puedo decirles que se vayan yo los invite. Los has visto, esos dos quieren terminar en la misma cama pero aun no se lo dicen – sonrió. Se dejo caer de espaldas a la cama. -¿Qué quieres que les diga?
-Tienes razón… - se acerco a él y lo beso.
-Mmm, sí, eso – Adam le tomo la cadera y la puso sobre de él. –Desnúdate para mi, Marion.
La chica tuvo la decencia de sonrojarse y comenzó a sacarse el vestido por sobre la cabeza. Adam la devoro con los ojos, pasando su hambrienta mirada por cada curva peligrosa de ella.

***
-Tomare una cerveza, ¿quieres algo?
-Tapones para los oídos. Esos dos harán ruido toda la noche – sonrió cansada. Se descalzo los pies y masajeo sus dedos.
-Oh – asintió con una sonrisa. –Entiendo… - regreso a su lado y tomo sus piernas para darle masaje en sus pies. –Bailaste lo que tenias que bailar para el resto del año.
-Si – gimió, ante el toque de Vincent sobre sus piernas. –Debiste ser masajista… Esas manos tuyas…
Sus miradas se cruzaron. Vincent no dejo de mirarla. Ambos se acercaron poco a poco, hasta que Lizzeth lo tomo del rostro, sin perder detalle de sus facciones.
Vincent se inclino sobre ella, acariciando sus piernas. Sus manos subían hasta que alcanzo la suavidad de sus muslos y sus narices se rozaron.
-Vince… - murmuro Lizzeth, totalmente enchinada por el suave roce de las manos de Vincent sobre ella.
-Liz – hablo en un susurro y rompió la poca distancia hasta tocar los labios carnosos de ella. Casi podía gritar de felicidad.
Lizzeth lo envolvió con sus brazos por el cuello, hundiendo los dedos en su cabello. Perdidos en ese beso que no querían que terminara. Sus alientos se mezclaron, sus gemidos se unieron, sus cuerpos se tocaron, aun sobre la ropa. Querían alargar ese momento lo más que se pudiera. Su primer beso.
Sabía a Cielo.

-¡Oh Adam! – grito Marion cuando Adam se unió a ella con una fuerte estocada.
Adam la llenaba con fuerza y pasión, aferrándose a los barrotes de su cama, moviendo el mundo en ella, clamando su cuerpo como una bestia salvaje, llenándose de su amor, de su pasión, de sus gemidos y sus gritos de placer.
-Dime… - bufo. –Dime qué más quieres, Mar…
-¡Cállate! – gruño tomando el rostro de Adam y lo beso. –Oh Adam… - arqueo la espalda.
Segura de que lo que se avecinaba era un enérgico orgasmo.

Lizzeth y Vincent detuvieron el beso cuando escucharon a Marion gritar. Rieron divertidos. Vincent bajo del sofá y la ayudo a acomodarse.
-Mejor nos vamos… - sugirió.
-Si… - tomo su abrigo y su bolso. Calzo de nuevo sus stilletos.
Dejándole una nota a su amiga, salieron del departamento de Adam.

Decidieron caminar un poco para calmar el libido en sus cuerpos. Ambos sabían que de no haber escuchado los gritos de Marion y los gruñidos de Adam se habrían comido a besos en el sofá.
Iban en silencio. Tomados de la mano. No necesitaban palabras para saber exactamente lo que sentían. Ambos lo sabían. Conocían sus mutuos sentimientos. Los días habían pasado para lograr que ese inesperado encuentro, lleno de confusión, los uniera.
Vincent miraba a Lizzeth cada noche en la estación del tren. A hurtadillas como un delincuente. Encantado de mirar las tiernas sonrisas de ella cuando miraba las muñecas de porcelana en los aparadores. De cierta forma, Vincent se sentía un acosador. Y después, se sintió afortunado cuando la encontró en la Galería del Sr. Hoppus, platicando con Jennifer bastante animada.
La tarde en el Parque de Diversiones, no podía describirla más que: Perfecta.

-¿Quieres ir…? – hablaron al mismo tiempo. Vincent sonrió como tonto mientras que Lizzeth se sonrojaba hasta las orejas.
-Tu primero – invito Vincent.
-¿Quieres ir a mi departamento? – pregunto con algo de vergüenza. No quería que él la viera como una chica fácil. Aunque a ella le encantaba la idea. Es decir, la aventura. La vida era para vivirla y ella hacia justo eso.
-Seguro, vamos – beso el dorso de su mano y caminaron una calle más hasta llegar a un sitio de taxis.
Al llegar a su departamento, Lizzeth removía las cosas de su bolso con nervios. Vincent la observaba con curiosidad. Mientras que ella escupía maldiciones mentales porque justo su torpeza había aparecido esa madrugada.
-Te ayudo – acaricio sus manos. Lizzeth suspiro tranquilizándose.
Vincent encontró las llaves justo en un compartimiento con zíper. Tendiéndole las llaves a Lizzeth, la observo abrir la puerta.
-Bienvenido a mi hogar – dijo Lizzeth mientras entraban.
Vincent observo cada rincón. Se veía deslumbrante y hermoso. Como ella.
-Que lindo sitio…
-Gracias… - Lizzeth le dio un tour por su casa. Ansiosa de que él conociera todo de ella. –Mis amigas me ayudaron a decorarlo – decía pasando por cada habitación.
-Liz, - Vincent se aclaro la garganta – me gustas mucho.
Sintió su corazón correr desbocado. La sangre se acumulo en sus mejillas. Sintió que gritaría como loca, pero se contuvo.
-Eres… una chica fenomenal…
-Tu también me gustas mucho, Vince… - sonrió apretando las manos de él. –Mucho – repitió nerviosa.
Vincent sonrió de oreja a oreja. Le tomo el rostro con sumo cuidado y la beso. Lento. Saboreando cada gemido de ella. Sintiendo, como con nervios, ella lo abrazaba de la cadera. Prologando el beso como cuando estaban en casa de Adam.
Dios sabia que Vincent quería saborearla toda la noche. La parte central de su cuerpo lo clamaba a gritos. Aunque también sabía que él era un artista romántico empedernido. Haría que la primera noche que pasara con Lizzeth fuera especial. Y la segunda, y la tercera y las que le siguieran. Así que peleando contra sus instintos básicos freno el beso con un gemido por parte de ella.
-Liz – hablo con la voz cargada de deseo. No quería que ella se sintiera mal. Sabía que decirle eso a una chica era… una putada. –No sé como…
-Entiendo – bajo la mirada.
¿Entender? ¿Qué demonios se suponía que entendía?
La tomo de la barbilla. Sus ojos azules se volvieron cristalinos.
-Oh, Liz – gimió. –No, no lo tomes a mal. Me encantas. Me…
-Ok – sonrió. -¿Tienes novia y aun no sabes si dejarla? – pregunto con temor.
-¿Cómo dices? ¡No! – jadeo ofendido. -¿Crees que estaría contigo si tuviera novia?
Ella apretó los labios, no se atrevía a contestar.
-Quisiera no hablar de eso – dio un paso para separarse de él. Encendió la cafetera. El punto era hacer algo. No solo mirarlo.
-Liz – Vincent la siguió hasta la barra de la cocina. –Quiero estar contigo…
-Pero… - levanto una ceja.
-No hoy – agrego. Esperando que ella estallara, se preparo para la perorata.
-Bien – asintió. -¿Café? – puso dos tazas en la barra.
-Si… - la miro con curiosidad. Lleno las tazas de café y regreso a la sala.
-¿Quieres dormir aquí? – pregunto con la taza pegada a sus labios.
-Contigo – contesto de inmediato Vincent. –A tu lado…
Curvando una sonrisa maligna levanto una ceja.
-Tendrás que hacer meritos – dejo la taza sobre su mesita de centro y camino a su habitación.
Vincent olvido por completo la taza de café humeante. La siguió como si ella fuera el polo norte y él el polo sur de un imán.
La vio entrar por una puerta y entro de inmediato detrás de ella.
Deteniéndose en seco, trago con dificultad cuando la vio quitándose el vestido. Su ropa interior negra contrastaba con su blanca piel. Vincent no podía quitarle los ojos de encima.
Aclaro su garganta para hacerse notar en la habitación. Lizzeth se giro para mirarlo. Sonrió ligeramente y se volvió a una larga cajonera para sacar un camisón de seda. Como si fuese un maldito poseso, Vincent recorrió con la mirada las curvas de ella. Cada detalle, cada lunar, fue grabado en su memoria.
-Cierra la boca – una vez que termino de ponerse el fino camisón de seda, lo miro socarronamente.
-No he dicho nada.
Acortando la distancia que los separaba, y usando un dedo, ella cerró la mandíbula de Vincent con gesto victorioso.
-Te lo perdiste – levanto los hombros y destendio las colchas para entrar a la cama. Eso era un golpe bajo.
-¿Estarás ahí de pie lo que queda del día? – inquirió entre divertida y coqueta, recargando su cabeza sobre su mano.
-¿Me invitaras a dormir a tu lado?
-Con una condición – levanto un dedo.
-Lo que sea – se apresuro a contestar.
-Desnúdate para mí.
Incluso Lizzeth se sorprendió ante sus propias palabras. Era un atrevimiento. Pero deseaba tanto a Vincent que valía la pena hablar como si fuese una experta.
Juntando todo su temple, Vincent comenzó a desnudarse poco a poco. El saco y la camisa pararon en el pequeño sofá que Lizzeth tenía en la habitación. Descalzo sus pies y se sentó al borde de la cama para sacarse los calcetines.
La chica gateo detrás de él hasta acercarse, él lo supo porque el colchón de hundió ante sus movimientos. Y casi gimió cuando Lizzeth con húmedos besos le recorrió la espalda. Se enchino de pies a cabeza.
Lizzeth bajo de la cama, ansiosa de verlo completamente desnudo.
-Te ayudo… - sonrió inocente. Vincent se puso de pie y ella se arrodillo ante él, abrió su cinturón y bajo el zíper de su pantalón negro. Los ojos de Vincent amenazaban con salirse de sus cuencas, así como su corazón.
Bajo con velocidad su pantalón. De una patada, él lo hizo volar lejos. Y aun de rodillas, ella paso las manos por sus poderosas piernas para finalmente apretarse en sus nalgas.
-¡Liz! – gimió con fuerza.
-No sabes cómo te deseo…
-Si, si se – la tomo de la barbilla, ayudándola a ponerse de pie. –Yo te deseo de la misma forma. Y me estas volviendo loco, loco… - afirmo.
-Vince… - hizo un puchero. Ese tierno y lujurioso gesto lo derrumbo por completo.
-Entonces… - sonrió ladino. -¿Cuánto me deseas, Liz?
Sonriendo de oreja a oreja, Lizzeth fue tomada del trasero para elevarla un palmo del suelo.
Enredo sus piernas sobre la dura cadera de Vincent. Gimiendo y desesperados, se enfrascaron en una lucha de pasiones sin control.
-¡Oh Liz! – gimió Vincent cuando la rubia mordió su pezón.
Divertidos y sudorosos, rodaron por toda la cama, comiéndose a besos y conociéndose con caricias.
La rubia se retorcía de placer, y estuvo segura de llorar de felicidad cuando Vincent se hundió en su cuerpo con ternura. Mirándola. Sosteniendo su celeste mirada como si fuese la cosa más hermosa del mundo.
Vincent era entregado. Un hombre que sabía satisfacer a una mujer.
Sin dejar de abrazarlo con piernas y brazos, ambos cayeron en un remolino de placer, que no los dejo de azotar hasta que estuvieron temblorosos y jadeantes. Sus corazones bombeaban erráticamente al unisonó. Las sonrisas de sus rostros difícilmente podrían ser borradas. Las piernas de ella difícilmente podían ser removidas del lugar que ahora ocupaban, sobre la cadera de él. Apretándolo aun más contra su cuerpo. Y los brazos de él reposaban rendidos rodeándola, rozando despreocupadamente la blanca piel de su espalda.
De nuevo, sin decir una palabra, se miraron a los ojos. Esa mirada podía decir mucho. Y aun así, era difícil describirla con palabras…

noviembre 28, 2011

Parte dos....Historia Ada.... Solo tu!!!!

Dias frios Llenos de casi vacaciones!! y asi es como me siento!! jajajajajaja xD Bueno amor Ada te he tenido en vilo, pero bueno editar es medio complicado y mas cuando los maestros te dejan miles de tareas y los examenes a la vuelta de la esquina :P Pero bueno Aqui tienes otra parte de tu historia, se ha salido de lo divertido un poco pero bueno que te digo que me he puesto un firme proposito y quiero dejarte con la duda!!! asi que este lo recorte en el momento cumbre.... Si me gusta torturarte!!!! ;D Y bueno habra tango... ya sabes que no va bien cuando es de tres....Pero tendras que esperarte!!!!! jajajaja ;D

Pero bueno Te amo pollis!!!! de verdad que lo hago!!!! <3<3<3<3<3






Parte 2: El tiempo, el cielo y el hombre que soñaba con el precipicio….



Después de haber sentido un escalofrió recorrer mi cuerpo pude abrir los ojos, mire las cortinas y me tope con una oscuridad improvisada gracias a unas enormes telas color borgoña tendidas a lo largo de las ventanas apartando lo que suponía como un bello día.



Quise moverme lo juro, pero las piernas me reclamaron en cuanto hice el intento de girarme.



-Tranquila… deberías descansar-No me había dado cuenta de que estaba aun acompañada.



Pero el calor de mi cuerpo subió como espuma en cuanto le escuche.



Asher me acerco a él haciendo de mi respiración un caos, incluso ahora mismo le deseaba aunque la mitad de mi cuerpo se sintiera adolorida de una manera exquisita, porque si mis piernas parecían temblar y no tener fuerza, mis manos parecían adormecidas.



-Como podrás darte cuenta no te abandone…-Su voz susurro contra mi piel y descubrí que no había mejor manera de empezar el día que esta.



-Aun es temprano…-Murmure sintiendo sus brazos entorno a mi cintura, su tacto calentaba mi piel de manera única. De pronto su risa me desconcertó.



-Amor… te equivocas con lo de la hora…-Hablo lentamente.



Ahora no me importaba para nada el tiempo, agradecía que fuera sábado, no tenía que trabajar los sábados, aunque me empeñara en hacerlo, hoy simplemente tenía en mente otras cosas mejores que hacer.



Ada te estás volviendo Ninfómana



Mi consciencia en este instante era una piltrafa, si podía autoanalizarme pero ningún dialogo podría convencerme de nada justo ahora.



-Debería levantarme…- La intención se me esfumo en cuanto sus manos me sujetaron con fuerza y mi intento quedo disuelto.



-No te dejare ir…-Aquella amenaza era todo menos peligrosa. Incluso resultaba bastante tierna.



-Dame un motivo para no levantarme…-Sonreí imaginándome alrededor de 64 posibles razones.



-64…. Dudo que tenga como limite el Kamasutra- Sus ojos destellaron impacientes con un fulgor delicioso. Incluso me comenzaba a falta el aliento solo de imaginarme al menos 9 posiciones con Asher. Dudaba que se fuera con lo básico y fácil.



-Bueno por algo se debe de empezar…-ahora que nos encontrábamos frente a frente sus ojos me traspasaban, no era como si solo reflejaran pasión, había más, incluso podía percibir esperanza.



-Empezaremos por descansar hoy…-Llevo una de mis manos besando las puntas de mis dedos delicadamente –Corrección- Me miro atentamente. –Tu descansaras y yo hare el resto.



Antes de que pudiera si quiera preguntar algo él había desaparecido dejando solo una brisa pequeña y a mi necesitada y confundida.



Me recargue en la cabecera esperando pacientemente.



De nuevo quise levantarme pero mi cuerpo parecía renegar de mis intentos, mire debajo de las sabanas y me encontré con mi piel enrojecida y algunas huellas de la noche anterior. Resulta que tenia marcada levemente aun la tapa de la lavadora. Al mirarla me enrojecí por completo, agradecía a todo lo grande y divino mi memoria y retención de hechos e imágenes que justo ahora repetí a mi antojo demorándome en detalles como los besos que Asher le propino a cada centímetro de mi piel expuesta y algunas partes no expuestas.



El me hizo conocer lunares que ni si quiera sabia que tenía, los beso y señalo como si cada descubrimiento fuera fascinante y único.



Puedo decir que incluso había aprendido más que en un insípido documental de anatomía cada musculo del cuerpo masculino, lo delicioso que se flexionaba o palpitaba bajo mi tacto.



Y justo en ese instante supe que estaba total e indiscutiblemente loca por el hombre que esperaba no me hubiese abandonado.



De pronto mi móvil sonó atrayéndome a la realidad. Era Ashton, al menos la pantalla así me lo indicaba.



Conteste.



-Hola-Salude normal.



-¿Comemos juntos?-Su voz una copia fiel y exacta de la de Asher sonaba invitante al otro lado.



-Hoy… no puedo-Dudaba si quiera considerarlo, pero algo aun no me dejaba alejarme completamente de él. Era fácil decirle que salía con alguien, pero a estas alturas eso era algo que ni yo misma podía asegurar.



-Se que no fuiste a trabajar…. Porque te busque en el trabajo y hoy es tu día libre…-Su tono de desilusión hizo merma en mi.



-Hoy es el día en que lavo mi ropa, limpio la casa y hago las compras…-Había mentido a medias y esperaba que no me pillara en plena mentira, es decir, mentir era algo que odiaba y por ende no hacia bien.



-Pasare por ti mañana, hay algo que quiero mostrarte algo…-De nuevo no pude decir no, ya había usado la carta de ocupación domestica.



-De acuerdo…- Cedí sin más y con una sonrisa boba en el rostro.



-Pasare por ti a las 10, ya deseo verte.- Dicho lo ultimo colgó dejándome confundida y un tanto culpable.



-Así que… ¿Tienes una cita mañana?-Asher me miraba con el ceño fruncido desde el marco de la puerta, traía consigo una charola que por lo que podía divisar tenia fruta, huevos y café...



-Tú hermano…-Y esa respuesta no parecía ser la adecuada, incluso yo lo sabía.



Asher camino lentamente regalándome la imagen de su torso desnudo y sus caderas cubiertas por los pantalones de cuero asemejando una segunda piel.



Me incorpore lentamente ciñendo la sabana a mi pecho. Una vez mis pies tocaron el piso sentí conocimiento de cada parte de mi cuerpo aun mas dolorida debido al simple hecho que estuviera de pie.



Me sentía como el día que por primera vez había hecho rappel. Bueno primer y único día, después no lo había ni si quiera vuelto a considerar. Pero en cambio lo de anche quería que fuese así siempre.



-¿Podría?… - Pregunto y yo no sabía a qué se refería así que asentí. Las fuertes manos de Asher tomaron la sabana y tiraron de ella haciendo que cayera dejándome expuesta.



El atrapo mis manos antes de que estas se dirigieran a la tela que se encontraba en el piso.

No es que el no me hubiese ya visto desnuda, conocía cada rincón de mi de forma literal y sin reservas.



Pero tomar un desayuno desnuda no estaba entre mi lista de deseos.



-Tu piel te queda mejor…-Susurro acallando cualquier cosa que quisiera decir. Y es que si bien había leído lo suficiente, nada se parecía a lo que escuchaba o incluso sentía.



Había soñado mil veces con alguien que me acallara con un beso bajo un día lluvioso o que me raptara en un auto extranjero fuera de país. Y esto, lo que vivía ahora incluso era mil veces mejor.



Me beso lentamente, mis manos tuvieron la necesidad de viajar a su cuello. El con un movimiento ágil y preciso me acerco a la pared más cercana, mis pies ya no tocaron el piso, Asher había colocado mis piernas a los costados de sus caderas. Yo ya estaba de un segundo a otro hirviendo de deseo. Me sentía como esos autos que pueden acelerar de 0 a 300 km en menos de un minuto.



-Tu piel también es linda-Susurre en la prisión delirante de sus brazos. El contacto íntimo con su cadera envuelta en cuero era una de las cosas más eróticas que hubiera sentido jamás.

-¿Solo linda?- Su tono divertido y aquella ceja que entornaba arqueada y segura hicieron que mi corazón se dispara.



-Tú sabes a lo que me refiero-Mordí mi labio, el hombre sabia de primera mano lo que me hacía, cuanto me gustaba.



-Bueno tengo mis dudas….-Sus ojos se oscurecieron dejando atrás el verde por el negro azabache.



-Tienes que explicarme lo de los ojos…-Dije de pronto sorprendida.



El los cerró y sonrió a medias.



-¿Cuál es tu color favorito?- Pronuncio aun con los ojos cerrados, desviando mi pregunta.




-Azul…-Pronuncie teniendo una ligera idea de por qué me había hecho esa pregunta, misma que reafirme mi hipótesis cuando sus parpados me dejaron mirar unos ojos azul eléctrico, chispeantes y exquisitos acompañados de una sonrisa de lado.



-Me alegra que no sea el rosa- Rió divertido.



Y sin más le bese, porque no podía quedarme quieta con la ansiedad, porque sus labios y los míos comenzaban a crear una dependencia inexplicable.



Escuche como algo se desgarraba y supe que eran sus pantalones cuando su miembro rozo mi muslo y choco contra mi vientre.




Y ahí no paro aquello, en un movimiento certero y delicado se introdujo en mí con tanta cadencia que sentirlo fue una sensación delirante. Jadee por que este hombre me sorprendía, me calentaba y arrinconaba como ningún otro.



-No quiero que esta vez te canses- Pronuncio acariciando mis piernas, su cadera se enterraba entre mis muslos, sus labios devoraban mis hombros y yo me sentía ajena a mi cuerpo disfrutando cada toque, cada roce, cada embestida.



Asher me tomaba con cuidado y dulzura, pero el erotismo y sensualidad que derramaba con cada beso húmedo, con cada caricia y el vaivén de sus caderas definitivamente era lo más cercano al paraíso. Justo ahora me importaba un bledo todo. Era jodidamente feliz.



***

El desayuno lo tomamos desnudos en la cama, riendo y jugando.



-Quisiera saber mas de ti…- Dije después de tomar una brocheta de frutas y comerme la estrella de kiwi en la punta.



-No es que yo sea algo bueno…- Su rostro se torno sombrio, pero no me asusto ni un poco. Al contrario sentí la necesidad de abrazarle pero supe que podría alejarme asi que continue con la fruta.



-Nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario…-Quise animarle a que continuara.



-De verdad quiero decirte todo….pero temo que termines alejándote de mí, que me odies y no te vuelva a ver…-Su mano busco mi mano acariciándola. Supe que la advertencia iba sobre algo más allá de lo común.



-Solo dilo…-Cerré mis ojos preparándome para lo peor, lo que viniera ya cambiaria todo lo sabía y aun así debía tener conocimiento de todo.



-Soy un demonio, me refiero a no la clase de demonio que imaginas anda matando a diestra y siniestra las cosas buenas….-No pude más que tragar ruidosamente, le mire invitándole a que siguiera- Mi hermano y yo nacimos al mismo tiempo solo que él fue perdonado. No sabes como el castigo de los padres aun recae en los hijos. Al menos en mi caso, porque si yo te dijera quien soy Ada, probablemente no me creerías- La agonía en sus ojos me hizo abrazarle, me había desarmado el dolor en sus palabras.



-No debes permitir que los errores del pasado te persigan atentando tu futuro- Le susurre lentamente.



-No considero que mis padres hayan cometido un error al tenernos- Interrumpió –De hecho, les agradezco que nos hayan traído al mundo, después de todo nadie es dueño de las circunstancias y hay que agradecer el destino-Me miro apreciativamente-Nuestros padre eran dioses, pero se rebelaron y huyeron del por decirlo así paraíso. Así que su unión fue condenada. Mi madre murió al darnos a luz, mi padre enloqueció a su muerte y nosotros fuimos separados. Asher cayó en manos de una buena familia, fue rescatado y protegido, yo en cambio fui sumido al rencor y a la oscuridad desde que tengo memoria y razón. Crecí en algo que dejaría al infierno como un hotel 5 estrellas. Fui entrenado para ser letal, para matar todo aquello que viva en la noche…-Su mirada se perdió en algún punto de sus recuerdos y yo solo sentía que el mismo corazón se me rompía en mil pedazos.



-Lo siento tanto…-No se me ocurría algo que pudiera compensar la tristeza que se asomaba en sus ojos ahora tan negros como el ónix.



-No lo sientas, es lo que te da la vida y depende como lo tomes, créeme cuando te digo que estoy agradecido que por lo menos mi hermano sea feliz, que haya tenido una infancia feliz, que tenga recuerdos tan agradables y que la familia que lo acogió lo ame. Yo lo he visitado cada noche desde que tengo 8 años. Además puedo ver sus sueños, lo que piensa, todo. El por el contrario no puede por que no sabe de lo que puede ser capaz- Cuando hablaba de su hermano sus ojos chispeaban de alegría y orgullo. Supe que ahora estaba en un triangulo complicado.



-¿No puedes salir en el día?-Cuestione algo vital que sus palabras reflejaban.



-No es eso, hasta donde se no me hará explotar o quemarme o desvanecerme…Solo es que nunca he salido ni visto la luz real-Confeso con un poco de vergüenza.



-Podemos con eso- Aun no sabía por qué no me había caído de la impresión lo juro.



-Yo he matado a personas Ada, a seres humanos por órdenes. Si bien cuido y resguardo la noche. Antes de lo que soy ahora me fue encaminada la misión de asesinar a pueblos y villas enteras, sin distinción de edades o sexos….-Sorprenderme de sus palabras era poco, ahora sabía que estaba en manos de alguien peligroso.



Me aleje instintivamente de su lado.



-Nunca te haría daño a ti…-Su voz tenia dolor impregnado, pero yo no tenía mucho con que defenderme. No es como si me dijera algo como “Hey tengo adicción al juego” me decía claramente que era un demonio y yo a estas alturas no sabía cómo manejarlo. La palabra asesinar iba encaminada a una serie de imágenes relacionadas, las cuales incluían sangre, dolor y familias que perdían a un hermano, un padre, un amigo o un vecino.



-Como es que….-Ni si quiera pude terminar de formular una pregunta coherente antes de que él me interrumpiera.



-Yo fui usado en otro…. Mundo por decirlo así. Hay mas dimensiones de las que crees, hay cosas que no te imaginarias nunca, cosas tan oscuras que solo pensarte cerca de algo así hace que me hierva la sangre- Y como sus palabras sus ojos se volvieron borgoña.



-Tu…. eres un demonio- No quería que mi voz sonara ahogada pero así salió. Sentía angustia y el miedo comenzaba a apoderarse de mi consciencia.



-No me van a salir cuernos ni cola-No había ni una pisca de gracia en la sonrisa burlona que acababa de esbozar-Soy más del tipo protector, fui condenado a la oscuridad, al destierro y al dolor hasta que alguien me matara….O tuviera algo de fe o efecto en mi… Y ahí es donde entras tu-Su mirada quemaba aun teñida de rojo, su boca era una línea firme sin que mostrara cambios o algún indicio de que su historia no fuese verdad. Y hasta ahora creía que mi mente había sucumbido al trabajo o quizás y solo quizás solo era un sueño.



-Todo es tan real e increíble pero créeme que a pesar de ser tan prematuro yo te necesito, no puedo imaginarme fuera de tu vida y no quiero si quiera imaginarte lejos de mi…-Su voz se quebró en el último momento. Nunca había visto a un hombre del tipo rudo o seductor como Asher llorar. Comprendí tan pronto que su dolor se filtraba por su piel y yo incluso lo podía sentir, no es que fuera empática o algo por el estilo, pero lo sentía, sentía la necesidad de correr a sus brazos para abrazarle y besarle pero mi cuerpo se quedo estático.-Yo sé que tengo muchos defectos y que no puedo ser lo correcto para ti, pero déjame amarte, déjame quedarme a tu lado y demostrarte cuan humano soy…-El aire abandono mis pulmones y en un momento solo la oscuridad inundo mis sentidos.



***

Cuando abrí los ojos la habitación estaba iluminada gracias a la luz cálida de las lámparas, aun estaban las telas en las ventanas. Hubiera preferido un golpe en el estomago a lo que me encontré después.



La nota en la almohada no podía hacerme nada, parecía inofensiva pero sentía que su contenido me heriría de modo profundo. La tome como si fuese la cosa más peligros y con un nudo en la garganta la abrí.



Te Amo…. No te abandono, solo te dejo respirar….



Y esas palabras me sobrepasaron, es decir al menos no me había dejado de forma irracional como me lo esperaba, como los libros repetían una y otra vez. El me lo aclaraba y yo ante tal sentimiento desconocido me abrace a mi misma esperando que de un momento a otro el llanto me acompañara.



El sueño en algún punto me gano, no había mucho en mis sueños, ahora un panorama de airoso revoloteaba en mi mente. Había un enorme tramo rocoso y después nada. Solo vacio y frio.



***



Desperté y lo primero que había hecho era quitar las telas y arrojarlas lejos de la hermosa alborada que se asomaba. La luz revestía los viñedos y acariciaba la silueta de la ciudad. Suspire.



Hoy tenía una cita con Ashton y me sentía particularmente abrumada, si bien el era una persona normal, sabía que verlo era contradecir a mi corazón.



Por muy tonto o desesperado que pareciera esperaba ver a Asher, su sonrisa torcida y sus brazos alrededor de mi cintura. Pero el silencio respondió lo esencial. No estaba y dudaba que de verdad volviera.



Me arregle y puse la mejor mueca agradable que tenia. Mi plan de usar vestido se había vuelto obsoleto gracias a las marcas que Asher había dejado por mi cuerpo, reflejo de la pasión que había marcado paso a paso en mi cuerpo. Solo recordarlo era difícil, tanto como el extrañarlo así como idealizarlo como un ser oscuro, demoniaco.



Ashton llego a la hora exacta ni un minuto más ni un minuto menos. Abrí la puerta topándome con un arreglo hermoso de Lilas, orquídeas y girasoles colocados armoniosamente. Nunca había visto arreglos así, tan fuera de lo común. Uno pensaría que era algo ilógica la combinación, pero hasta que no veías como cada flor se encajaba de forma increíble y vibrante no lo creerías.



-Estas hermosa Ada…-Saludo el hombre, si bien el se veía exquisito en unos jeans y una polo, parecía incluso que ambos nos habíamos coordinado.



Esta vez el condujo y pude relajarme, me contaba de su trabajo, de su familia y sobre todo en cómo le alegraba que saliéramos juntos.



-Pensé que no volvería a mirar esos ojos castaños…-Sonrió y mi corazón se disparo. Hoy había algo diferente, éramos los mismos pero ahora que lo conocía a fondo y me sonreía algo parecía llamear en mi interior. Su sonrisa era cálida y de un modo jodidamente candente. Sus ojos azules eran atentos e inteligentes. Pronto me vi sonriendo, el tomo mi mano y quizás éramos los mismos pero además de cómoda me sentía feliz.



Si, las cosas se ponían difíciles, eso pensaba cuando mi móvil sonó.



-Te extraño….-Asher hablaba al otro lado.



-Estoy ocupada- Corte tajante, porque de verdad disfrutaba la charla y compañía del hombre a mi lado.



Cuando aparcamos en un mirador, al menos lo veía yo así ya que la vista era simplemente increíble. Había incluso una cesta y un mantel dispuesto para un día de campo.



Ashton se acerco a mi contemplándome, yo hacía lo mismo y me gustaba lo que miraba. En sus ojos había dulzura, amor y sabía que no me sorprenderían con un color diferente a cada parpadeo.



El beso era delicado pero a la vez lleno de entrega de un sentimiento que no identificaba y de deseo.



***

El día de campo había ido perfecto, entre risas y besos dulces. Leyó incluso para mi mientras el sol calentaba nuestro espíritu y el viento acariciaba nuestros rostros, la sombra de un árbol habían sido testigo de la mañana y la tarde que pasamos juntos. Incluso dormí entre sus brazos mientras sus pulgares acariciaban mi rostro. No había nada que se le comparase a esto, la noche anterior parecía desvanecerse de mis prioridades, ahora me sentía plena mientras mis pies ya sin zapatillas desde hace horas eran acariciados por un césped recién cortado.



-Es hermoso…-murmure mirando como un atardecer pintaba el cielo de tonos anaranjados.



-Tú eres más hermosa que un cielo pinto, que un manto estelar….-Me beso de nuevo, yo podía vivir con esto, podía ser feliz lo sabía. Pero un rostro conocido se asomo en mi mente.



-Creo que debemos irnos…-Musite sin ganas, necesitaba despertar de mi delicioso sueño antes de que algo pasara, no era justo para ninguno de los tres lo que estaba pasando lo que yo hacía.



-Solo una cosa más….-Ashton llevo su mano al bolsillo y saco una caja pequeña y discreta de color negro. Al abrirla un hermoso dije en forma de media luna con un sol brillo.



-No puedo aceptarlo…-Dije aun asombrada por tal detalle.



-Y yo no puedo aceptar que no lo quieras… en cuanto lo vi pensé en ti…-Lo coloco en mi cuello y beso mi nuca estremeciéndome de pies a cabeza.



Nos alejamos de la mano. Mire mi regalo y pude entender cuan parecidos éramos. Ambos teníamos un poco de luz con el sol como lo era Ashton pero también teníamos a la luna oscura como Asher.



Al llegar a mi casa sentí un extraño Deja-vu que no entendí. Ashton bajo del auto para acompañarme al pórtico. Pero antes de que pudiera hacer nada alguien llego por atrás derribándolo. Una silueta sin una forma fija pero con un par de ojos fríos y fijos me miraba expectante.



-Asher no te protegerá…. Nada lo hará-Una voz sepulcral se escapo en el aire. Mientras las piernas no me permitían moverme de la impresión. No sabía si llorar, correr o gritar.





Ada Te amooo!!!! :D

noviembre 27, 2011

El placer es mio... - Capitulo 15

En mi pueblo ya es Lunes. Siendo las 01.19 hrs, sip, me hando desvelando de contrabando. Ultimamente no me da sueño por las noches y termino jeteandome donde pueda XD No se que me pasa. Necesito aventura, pero por lo pronto nueva entrega de El placer... Que esta a nada de terminar. Sip, esta historia termina (: Quiza despues les de un par de outtakes :D

Disfruten mucho. ^^ Nos estamos leyendo...


Nota del autor: Mi Adis, se que Noah necesita un par de patadas en las bolas XD, yo misma se las daria, pero es que ese hombre me puede tanto que termine amandolo :D Ya sabes, la carne es debil. ♥ No suspires tanto, querida x)

Capitulo XV


Kenzi llego al lobby. Las traicioneras lágrimas escurrían por sus mejillas. Intento limpiarlas, y solo logro que su delineador negro se corriera aun más. Sorbió por su nariz. Tembló. Hacia frio, había dejado su chaqueta en la azotea.
-Ni loca subo de nuevo… - abrazo su cuerpo.
-¡Kenzi! ¡Kenzi!
Volteo los ojos y corrió a la salida. ¿Qué no se detendría nunca?
-¡Detengan a esa chica! ¡Hank! ¡Detenla!
Kenzi intento esquivar al portero, pero el hábil asiático no se lo permitió.
-¡Agh! – gruño rendida cuando el hombre le cerró el paso.
-Gracias, Hank – sonrió Noah. Tenía el cabello ondulado más alborotado. Sudaba. –Hablemos, por favor… - tomo su rostro y limpio sus lagrimas.
-Déjame – se alejo de él. –No tengo nada que hablar contigo.
-Si, si tenemos… ¿Por qué estas llorando?
-Porque mataron a mi perrito – contesto mordaz.
Noah sonrió.
-Dale, te invito un trago.
-No subiré. Mi prima está arriba…
-¿Quién es tu prima?
-La fotógrafa estrella de Spotlight. La morena que salió del ascensor cuando entre.
-Ah – asintió. –La he visto, si. ¿No quieres verla?
-No.
-Vamos – la jalo del codo. –No la veras, lo prometo. Jugaremos pool, ¿sabes jugar?
-Claro… - ambos entraron al ascensor.

Noah no sabía realmente que hacía con ella en el mismo ascensor. Y menos que haría después con ella. De momento ella no lloraba. Lo cual era buena señal, ¿o no?
La llevo hasta su habitación. Oh si, porque él no solo vivía en ese basurero que tenia por oficina en Pomaikai. Tenía una enorme habitación con cocina y todo en el Hotel Empire. Comodidades de ser el dueño. Ada por su parte, no quería vivir ahí. Ella amaba su casa. Noah, simplemente no quería pertenecer a ningún lugar.
Kenzi no dijo nada mientras él la guiaba por la enorme habitación. Era precioso, amplio, elegante. Nada que concordara con él y aquel basurero en Pomaikai.
-Bien, ¿Qué es lo que quieres? – cruzo los brazos, deteniéndose frente a la mesa de pool que tenía en medio de la sala de estar, a un lado de la barra del bar.
-Tú no querías ver a tu prima y yo no quiero ver al mío – contesto. Le dio la espalda y sirvió dos vasos de whisky.
-No te la chupare – gruño.
Noah estuvo a punto de ahogarse.
-¿C-co-como dices?
-Eso. Me trajiste a la habitación de un hotel. ¿Qué tramas? ¿Qué contemos chistes?
-Si quieres… - sonrió. –Jamás te haría algo que no quisieras.
-Ja – se mofo. –Noah. Entiendo que quieras remediar lo del otro día. Pero no hay nada que remediar. Estoy bien si es lo que quieres saber. Si mis amigas no hablan de eso, estaré bien.
-¿Por qué no quieres hablar de… eso? – le acerco su vaso de whisky.
-Por la misma razón que no quiero recordar.
-No hagas juegos de palabras, no soy bueno – se sentó en la orilla de la mesa de billar.
Ella rodeo la mesa, tratando de estar lo más lejos posible de él. Confesarse con un extraño. Que cosas tan locas te trae la vida. Bebió su whisky. El cual no la estremeció porque ya tenía varias cervezas en su sistema.
-No soy el tipo de chica que sea… asediada por un hombre – comenzó pasando los dedos por la madera de la mesa. –Jamás lo he sido – reafirmo y le dio un sorbo a su vaso. –Supongo que trabajar los fines de semana en un taller de autos no la hace a una la chica más hermosa del mundo – se acerco al ventanal y pego la frente en el cristal.
Suspiro. El vaho formo una figura extraña en el vidrio.

Noah no supo que decir a eso. Se limito a mirarla. Temía que si se acercaba ella le rompiera la nariz. Quizá no era la chica que todos imaginaban, pero estaba seguro que le rompería la cara a cualquiera. Además, con esas botas de piel estilo motorista. Joder. ¡Que mujer!
Paseo los ojos por las curvas que esos jeans oscuros acentuaban. “Wild and Free”, no había nada más cierto.
-No eres fea… - dijo alejándose de la mesa, pero manteniendo su distancia hacia con ella.
-Ajá – ella hizo una carita feliz con el vaho que expiro su cuerpo. –Dame otro whisky, que sea doble esta vez – dejo el vaso al borde de la mesa de pool.
Noah le relleno su vaso.
-Así que trabajas en un Taller…
-Con mi primo y su amigo – rasco el puente de su nariz. Camino a la sala. Ahí tenía un sofá de tres plazas, frente a una enorme pantalla de plasma.
Se mantuvieron en silencio mientras bebían el whisky de sus vasos. Noah lleno sus vasos al menos otras 4 veces. Ambos en silencio. Noah estaba de pie. Ella ya había recargado la espalda en el sofá.
-¿Tienes novia? – pregunto ella de pronto. Sus pies ahora estaban sobre el sofá y Noah se había sentado en el otro extremo del mismo.
-Tuve – contesto amargo.



No quería recordarla. Christine tenía los ojos casi al mismo tono que los de Kenzi. Aunque para nada se parecían. Christine era la femineidad encarnada. Tenía tan buenos modales que le ponía los pelos de punta. Que más que modales eran costumbres estúpidas, una locura estar a su lado. Solo iba a restaurantes caros. Bebía alcohol importado. Era enfermo estar a su lado. Y ahora que lo pensaba ¿Por qué diablos había estado con ella? Nunca disfruto estar a su lado. Nunca. Jamás reía de sus chistes.
“Necesito que te cortes ese cabello, Noah. Mi madre llegara de Paris, no quiero que piense que ando con Tarzan”. Claro que jamás se corto el cabello, pero estuvo a punto. Justo antes de que su hermana le dijera a Christine que solo era el simple dueño de un Spa. Un alivio para Noah, que ella lo dejara. Aunque no lo aceptara en voz alta.
Y cuando ella volvió… Definitivamente le había roto el corazón. “Amor… Te amaría más si dejaras a tu estúpida hermana fuera de tu vida. No solo lo digo yo, corazón; ella es una controladora. ¡Que se compre una vida!”, eso fue la gota que derramo el vaso.
Después de eso Noah no quiso saber nada más de ella. Supo entonces, que solo lo quería por su dinero. Recién había adquirido el Hotel Empire. Y jamás escucho a su padre: “Venga hijo, esa arpía solo quiere chuparte la vida. No te conviene. Pero ya se, es problema tuyo, como tu dices, es tu vida y tu sabes cómo llevarla a la mierda”. Su padre era muy sincero. Por eso había enamorado a su madre. Un espíritu libre como lo era ahora Ada.
-¿Y que paso con ella?
-¿Eh? – Noah la miro. “Simple. Se enredo con mi mejor amigo en mi cama. Así de simple. ¿Alguna otra pregunta?”, contesto su mente. Después de eso Noah no quiso saber nada más de Christine.
Kenzi se había deslizado hasta estar a solo unos cuantos centímetros de él.
-¿Qué donde está tu novia?
-No es mi novia. Y no sé donde este – gruño, vaciando su vaso.
-Oh. Cosas espinosas. Entiendo.
-¿Cómo puedes entenderlo? Dices que ningún hombre está contigo – comento acido.
-No quiere decir que no entienda que no quieres hablar de ella.
-Lo siento, yo… No quiero recordarla. ¿Si?
Asintiendo volvió a su extremo del sofá.
-Él me gustaba mucho también – murmuro. Noah la miro.
Kenzi había adoptado una postura infantil. Se veía indefensa. Le removió las entrañas no atreverse a acercarse y consolarla.
-Siempre me gusto. Desde que iba en la preparatoria. Y después, en la universidad: nos besamos. No me gusto nada, pero pensé que había sido mi imaginación. Así que deje que me tocara, y de nuevo no me agrado. Pero alegue a mi imaginación – las lágrimas brotaron. Como siempre pasaba cuando se miraba al espejo y recordaba eso.
-Y después fui a su departamento y… No fue como imagine – sorbió su nariz, las lágrimas pendían de sus ojos. –Él quería que yo… ¡Fue el pene más horrible de mi vida! – clamo.
Noah se acerco a ella. Kenzi limpio sus lagrimas.
-Créeme, era horrible. Todas dicen “no es la parte más linda de un hombre”, pero joder. Quería que se la mamara. ¡Dioses! ¿A ese adefesio?, estuve a punto de preguntar – rio. –Ni siquiera estaba erecto.
Noah rio a la par de ella.
-No quiero imaginarlo.
-No lo hagas.
-Y no lo hicieron, supongo.
-No, con esa cosa dormida, ¿Cómo? – alzo la ceja y lleno su vaso de whisky.
Realmente no supieron en que momento habían traído las botellas del bar a la mesa de la sala. Simplemente vaciaban las botellas con ánimo.

-¡Quería que me cortara el cabello! ¿Y que era yo? ¿Una Barbie a su tamaño? – jadeo bebiendo directo de la botella.
-¡No! – chillo ella. –Tu cabello es precioso – paso la mano por su larga cabellera. –Suave y lindo – comento hipnotizada por las ondas oscuras.
-Gracias – Noah se estremeció. Trago con dificultad.
Estaban sentados en el piso, cerca de la mesa de centro. Noah había llamado a servicio a la habitación para que llevaran algo de botana. Comían y bebían, si, tenían que aceptarlo, contentos y en paz.
-Su madre me miraba como si fuera un maldito vagabundo – gruño.
-¿Era linda? – pregunto ella llevándose algo de botana a la boca.
-Si. Tenía esa naricita tan… no sé, si, si era linda, era hermosa.
-Oh – Kenzi bajo la mirada. Sintió una punzada de celos. Ella se había buscado esa respuesta.
-¿Qué pasa? – Noah le tomo la barbilla. -¿Dije algo malo?
-No… Solo… No sé, son pocos los hombres… Ok, no conozco a muchos. Lex y mi primo, ¡oh! Y Chuck. Chuck llamaba linda, hermosa y demás cosas a mi prima… Solo que aun no me acostumbro – murmuro avergonzada.
Él la miro curioso.
-¿Nadie te ha dicho linda?
-Demian, pero sé que realmente no lo decía en serio.
-¿Por qué dices eso?
-Necesito terapias. Electroshock y eso. Camisa de fuerza.
Sonriendo Noah volvió a mirarla.
-¿No te sientes… linda?
-No todos los días – contesto.
-¿Qué días te sientes linda?
-Los días que no terminan con “S” – sonrió divertida.
-¿Sábado y domingo?
-Si, eso creo. Ya que no salgo de mi departamento y miro películas. Mi vida es aburrida.
Noah no supo que más decir. Lleno su vaso de whisky.
-Hace frio… - Kenzi abrazo su cuerpo.
-Debe ser esa estúpida calefacción, no la han reparado.
-Quizá deba irme… - intento ponerse de pie. El mundo le daba vueltas. -¡Oh mierda!
-¿Y dejar que manejes ese auto tuyo en este estado? Nunca – la tomo de los brazos.
-No me pasara nada. Marion manejara…
-Marion ya se fue.
-¿¡Como dices!? ¿Y que hay de Lizzy? – pregunto alterada.
-Ambas se fueron con sus novios. Descuida – agrego cuando ella puso cara de miedo – saben que estás conmigo.
-¿Cómo? Oh Dioses, no… - gimió.
-No te hare nada.
-Quiero irme a casa – peleo con los brazos de Noah, inútilmente. Él la tomaba con firmeza.
-Estas borracha.
-¿Y te apellidas Holmes? – levanto una ceja. Noah estallo en risas. –Estoy bien, déjame…
-Te dejare ir si me ganas al pool.
-¿Bromeas, cierto?
-No – negó con la cabeza y le dio un taco. –Las chicas primero.
-Adelante entonces… - le hizo una reverencia.
Noah soltó una carcajada sonora.
-Luces confiada. Agreguémosle sazón – rasco su mentón barbudo. –Por cada bola que entre en la buchaca, el otro se quita una prenda.
-Ah, y si quieres puedo bailar en el tubo también – hizo una mueca.
-Ya… No soy bueno en el pool cuando estoy ebrio.
-Al contrario, soy buena cuando estoy ebria – sonrió. –El primero que deje a su oponente en ropa interior gana. Pero te advierto, mo soy nada linda sin ropa. Así que, agradece que estas ebrio.
-Una cosa más – levanto un dedo. –Una prenda y un trago de whisky. ¿Trato?
-Trato… - estrecharon las manos.
Cosa que jamás debieron hacer.

La primera prenda que paro en el piso fue la chaqueta de piel de Noah, y después le siguieron las botas y los calcetines. Kenzi gimió cuando su propio cinturón y sus botas pararon en el piso. Y Noah rugió cuando ella metió dos bolas más.
-¡Eso! – lo señalo divertida. –Así es bebé. ¿Quién va ganando? – danzo contenta.
El moreno ahora solo estaba en jeans.
Pero la danza de victoria de Kenzi duro poco. Noah hizo entrar dos bolas al mismo tiempo. Ella abrió la boca. Y ya que no tenía chaqueta hizo desaparecer sus jeans. Sus largas calcetas para cubrirse del frio le llegaban debajo de la rodilla. Noah trago cuando ella le dio un largo fondo a la botella de whisky. Su playera blanca apenas cubría su trasero. No importaba que sus piernas no fuera largas como de modelo, si estaban bien torneadas, y no había pulgada en ella que no fuese morena. Ahora él necesitaba un trago de ese whisky.
-Dale, metiste dos… - apuro Kenzi recargada en su taco.
Noah se concentro. Quería verla en ropa interior. Y así lo hizo.
-¡¡Eso!! – rugió contento.
Ella gimió y se quito la blusa. Ésta cayó al piso, y Noah estuvo a punto de caer con la prenda. Su redondo busto estaba cubierto por un sostén negro, largo. Que cubría su estomago. Como si fuese un corsé.

Dejo caer el taco ante la visión de ella semidesnuda para él. Las manos de ella se movían nerviosas sobre su cuerpo. Su entrepierna dio un tirón, y agradeció tener aun los jeans que cubrían su cuerpo cobrando vida.
-Eres hermosa – dijo con la garganta seca.
-Ajá – le dio la espalda y entonces Noah casi grita. Que trasero, ¡Dios santo!
Sus dientes peligraban con quebrarse de tan apretados que los mantenía.
-Tira… Aun me quedan estas – señalo sus largas calcetas.
-Si, si…
Pero él ya no podía ni pensar. Salvo en las curvas de ella. No había nada más hermoso que una chica bien dotada. Y ella, ella era el porqué de esa regla. Sus exuberantes curvas lo llamaban y sus ojos solo se perdían en su moreno cuerpo. Con ropa lucia salvaje, pero sin ella; ¡Mmm!
Como era de suponerse fallo el tiro. Fue turno de Kenzi y ella logro meter una bola.
-¡Si! – dio brinquitos, que desquiciaron a Noah.
El moreno tuvo que quitarse los jeans, con el temor de que su ‘amigo’ saltara a decir: Hola. Relajo el cuerpo lo más que pudo y finalmente se saco los jeans.

Kenzi abrió la boca. ¿Podía haber alguien más bueno que él? Su torso totalmente marcado con tenue vello. Sus poderosas piernas y sus brazos. Como deseaba que él la abrazara. Y ese bóxer. Mmm, oh si. Adoraba a los hombres con bóxer apretados. Él los portaba con orgullo. Entonces ella tembló. No sabía realmente si era de frio o porque el hombre frente a ella realmente imponía. Era glorioso. Masculino. Alto, muy alto. Fuerte. El tipo era brutalmente delicioso.

-Ganaste – dijo Noah acercándose a ella. La hizo chocar con la mesa. -¿Tienes frio?
-Si – titirito.
Noah abrió los brazos y termino con la distancia que los separaba. Espero que ella gritara y pataleara, él la soltaría de inmediato. Como dijo “No le haría nada”. Solo que ahora no sabía si podía mantener en pie esa promesa.
Ella permitió que él se acercara tanto, que Noah logro recargar el mentón sobre su cabello. Olía muy bien. Las manos de ella se apretaron contra su torso. Frías como la noche. Suaves, pequeñas.
Tomándola en sus brazos, ella soltó un jadeo y la llevo a la cama.
-Noah… - gimió mirando su habitación.
-Solo estaremos en la cama, no pasara nada, lo juro – repitió. Jurar. Si claro. Con ella en tu cama, casi desnuda. Su mente estaba traicionándolo, pero sabía que su cuerpo no lo haría, no ahora.
Asintiendo, Kenzi gateo sobre la cama y se metió dentro de los cobertores de plumas.
-¿Dónde dormirás? – pregunto aun temblando.
-En la sala.
-¡No! Es decir… puedes dormir aquí. La cama es muy grande – sonrió.
-No quiero… incomodarte.
-¿Incomodarme? Mírate – lo señalo. –Estas más bueno que las papas fritas de Burger King – sonrió.
Noah se deslizo dentro de la cama.
-Y tú estas más hermosa que un atardecer – le dijo y la arropo. Ella lo miro incrédula. –Lo digo en serio.
-Gracias.
-No agradezcas, solo ven aquí – ella sin perder un segundo más hundió la cabeza en su pecho.
Noah se estremeció cuando ella exhalo sobre uno de sus pectorales. Su piel se enchino. Su cálido aliento hacía eco en sus sentidos.
-¿Por qué no puedo encontrar a alguien como tu? – pregunto. Justo ahora el alcohol hablaba por ella. Y sabía que recordaría cada una de sus palabras. Cada una de sus respuestas y cada detalle de esta noche. Cosa que la destrozaría al amanecer.
-¿Por qué haces esas preguntas tontas? – Noah acaricio su cabello, mirándola.
-Si, tienes razón – sonrió amarga. –Eso solo pasa en los cuentos de hadas.
-¿Cómo? – la obligo a mirarlo. Sus ojos de nuevo estaban cristalinos, sus mejillas rojas y sus pequeños pies rozaban las poderosas piernas de él.
-Eso solo pasa en los cuentos de hadas – repitió avergonzada. –Personalmente amo a la Bestia – limpio las lagrimas que aun no salían de sus ojos.
-Deja que sea la Bestia de tu cuento de hadas, Kenzi…

noviembre 25, 2011

El placer es mio... - Capitulo 14

Lindo viernes. ¿Que tal su dia? El medio medio padre, medio aburrido. En fin...
Nueva entrega de El placer es mio...
Las cosas empiezan a tomar forma. Algo aburrida la historia pero... Si toman en cuenta los detalles descubriran los secretos ;) Esta historia se acerca a su final... Y pronto sabremos que pasara con las chicas de Maldita delicia, no desesparen ;) Mantenganse informadas a traves de las chicas de El placer es mio.... (: Cuidence y estamos en contacto ♥ Cambio y fuera. Enjoy ^^
Capitulo XIV


-¿Qué fue lo que le hiciste? – Ada aporreo la puerta de Noah. -¡Dime!
Noah abrió la puerta, con ese gesto imperturbable. Aunque en el fondo se sentía un monstruo, le mostro a su hermana la careta más aburrida que pudo interpretar.
-No le hice nada, creo – murmuro mirando el piso.
-Iba llorando, ¿Qué le hiciste, Noah? – lo picoteo con el dedo. -¡La tocaste!
-¡NO! – bramo ofendido. – ¡Jamás! Solo… dije cosas que no debí, ¿ya?
-Eres un cerdo. ¿Crees que todas son unas putas como las fulanas con las que te revuelcas? ¿Qué solo con un masaje se enredan en tus sabanas, ah? – decía Ada furiosa. –Ella no es así, no lo es Noah. ¡Eres un pendejo! – grito y lo dejo pasmado en su pequeño refugio.
Ahora no le parecía un refugio, más bien un asqueroso lugar donde pasaba las horas solo, sin nada más que hacer que meter chicas desconocidas para mantener relaciones superfluas de una noche. Como un animal en celo.
Intento llamar a Kenzi, pero ella jamás contesto. Quizá debería llamar a Marion y preguntarle su dirección. O dejar las cosas como estaban. Kenzi había llorado por su culpa. No era algo que se perdonara tan fácil.

-Investígame la localización de este número, Ada. Ahora – ordeno. Su hermana estaba sentada ante su ordenador portátil. Lo perforo con una ruda mirada tras sus gafas.
Ella era buena con el uso de la red. A Noah le aburría estar sentado tras la pantalla, pero su hermana era genial en eso. Le encantaba leer libros y mirar series de TV por horas y horas. Claro, su empleo también lo ameritaba, pero ella disfrutaba sus ratos libres devorando libros de vampiros y seres sobrenaturales.

-Toma – después de un par de horas le tendió un papel con la dirección. –Tiene un Mini Cooper rojo, fue más fácil – explico por la rapidez con la que obtuvo la información. –Deberías ser cordial con ella. Si yo fuera Kenzi, te cortaría las bolas apenas aparecieras ante mi puerta – gruño y cerro de un manotazo su ordenador para dejar a su hermano, ahí en el lobby del Spa. –Cierras la puerta, tarado – dijo saliendo de Pomaikai.
Ada vivía a pocas calles de ahí. Aun era temprano y por eso se atrevió a dejar solo a su hermano, siendo el imbécil que era, ella tenía unas ganas enormes de abofetearlo. Aunque, sabía que el silencio era mejor. Era más doloroso. Su hermano tenía cierta debilidad por los gritos. Era un enfermo masoquista. Si le gritaban, sabía que les importaba, si guardaban silencio y solo lo miraban, era como si derramaran un balde de agua fría sobre él, o lo apuñalaran sin piedad. Era más efectivo el silencio cuando estabas frente a Noah Van Der Beek.




***

Al día siguiente y el siguiente Kenzi no contesto el teléfono. Sus amigas la llamaban a su móvil. Cuestionando su ausencia en los viernes de comida china. O los miércoles de películas. Ella alegaba trabajo en el Jardín y unos niños alocados por las fiestas de Navidad que se hacían en el Instituto.
Sus amigas se habían cansado de sus ausencias. Amenazaron con ir a verla a su departamento, pero entonces Kenzi no llegaba ahí hasta muy tarde. Pasaba horas y horas en el mirador. Prácticamente lo convirtió en su lugar secreto. Revisaba los pendientes del Jardín de niños ahí mismo. La cajuela del Mini Cooper guardaba las manualidades de sus pequeños monstruos. De cierta forma se sentía más tranquila ahí. Alejada de todos. Le dolía estar lejos de sus amigas, pero aun no podía reponerse de las palabras de Noah. Eran verdad, todas verdad. Ella no quería reconocerlo, pero sabía que así era.
De cualquier forma, su vida no era interesante ni nada. Su corazón, según ella, estaba intacto. Nunca había tenido novio y había formado castillos de arena sobre nubes. Creyó en cosas que no existían.
De nuevo lloraba, dejo los pendientes a un lado. Ya tendría tiempo. Ciño el abrigo a su cuerpo y bajo del capo de su Mini Cooper para entrar a su auto y encender la calefacción un rato.
Llevaba demasiado tiempo lejos de sus amigas. Una semana entera para ella era una eternidad. No habían celebrado como se debe el ascenso de Lizzy. Se los debía. Ella necesitaba risas y algo de alcohol. Si, risas y a sus amigas.
Regreso a casa cerca del atardecer.

Siempre se reunían en casa de Marion. Un extraño ritual que tenían.
Toco el timbre del loft de Marion. Suspiro y ofreció su mejor sonrisa, la había practicado delante del espejo retrovisor durante los semáforos en rojo.
Marion abrió.
-¡Kenzi! – sonrió y la dejo pasar. –Pensé que te habían llevado los aliens – comento mientras caminaban a la salita.
-Eso espere, pero ninguno quiso llevarme – Kenzi sonrió.
Estar con sus amigas la aliviaba.
-Compre comida china – dijo levantando la bolsa de papel.
-Uh, que rico – Marion se relamió los labios. –Lizzy dijo que vendría más tarde. Creo que iba a pasar a tu departamento a jalarte de los cabellos hasta que te aparecieras por aquí.
-Que bueno que no lo hizo, no tengo mucho cabello – la morena acaricio su corto cabello despeinado.
-¿Dónde estuviste toda la semana? ¿Conociste a alguien?
-No – frunció el ceño. –El trabajo…
-Deberías de dejar de ser maestra. Esos niños son unos monstruos – fingió estremecerse. –Aunque podías rentarlos para pedir dinero en los puentes como siempre dices…
Kenzi estallo en risas.
-Si, esos monstruos deben dejarme algo bueno… - la morena fue a sentarse a la salita, dejo que Marion guardara la comida en la cocina. Después, seguramente la calentarían en el microondas. Lizzeth acostumbraba no llegar a la hora acordada.

-¿Cómo te va con Adam, resolvieron todo?
-Claro. Ahora anda muy sedito conmigo. Algo quiere…
-Y no es dinero – termino Kenzi divertida.
-Si, aunque ya sabes cómo me pone ese hombre… - suspiro y se sentó en el otro sofá. -¿Quieres ver alguna película?
-No, no quiero ver nada. No tengo ganas.
-¿Quién eres tú y que le hiciste a mi amiga? – dramatizo.
-Nada – sonrió. –Sigo cansada, ¿sabes?
-Oh. Quizá unos masajes…
-¡No! – se apresuro a contestar. Intento no sonar histérica pero no lo logro. –Es decir…
Marion la miro curiosa.
-¿Apareció Sr. Pene feo?
-No – negó con la cabeza, - no lo invoques por favor. Desde que se fue al Caribe no he sabido nada de él. Me alegro tanto…
-¿Nada, nada de él?
-Absolutamente nada. Lo cual es bueno, ya sabes, con el trauma de verle la cosa esa, una no queda con ganas de saber nada de él ni de su persona.
Ambas estallaron en risas.
-Amiga, ya deberías buscarte un profesor lindo.
-No hay profesores en el Jardín de niños…
-Uh, eso si es mala suerte. Te dije que estudiaras moda o eso.
-Ahí menos – hizo una mueca. –Ya te dije que hay puras galletas – se refería a que había puros homosexuales. –Pero quiero un amigo gay. No tengo ninguno.
-Si, es verdad. Quizá ese amigo tuyo… el de la secundaria…
-¿Roger? Si… - recordó. –Creo que ese si era gay. Eso decían, pero para mí no era nada gay. Tenía unas ideas bastante… subidas de tono – se sonrojo.
-Ay amiga – Marion se puso de pie. -Te presentare a uno de mis primos, el que no está casado.
-Oh, no, no, no gracias, Mar. No, gracias – reafirmo. –Ya estoy hasta la coronilla de los hombres.
-¿Cómo puedes decir eso si solo has estado con…? – no termino su pregunta.
-Lo sé, pero después de ver ese horrible pene quedas traumada para toda tu vida, amiga – sonrió sin ganas, pero eso basto para Marion.

Se quedaron en silencio un rato, Kenzi tocaba despreocupada su cabello mientras que Marion acomodaba en un nuevo mostrador un par de aretes que había hecho.
-Son lindos – aprecio Kenzi para romper la tensión de ese incomodo silencio.
Sus amigas no mencionaban el nombre de Sr. Pene feo. Mostrándose solidarias con su amiga. Kenzi se había sentido usada.
“Tal vez deberías de haber salido con Demian”, repetían Marion de vez en vez. Kenzi solo negaba con la cabeza. Ella no era segunda opción de nadie. Demian era un amigo suyo. Tenían años de no verse y después había resultado que ella había movido su mundo. Mentiras. ¿Kenzi mover mundos? Solo que tuviera una demoledora bajo la almohada.

Cerca de las 8 de la noche apareció Lizzy. Tenía esa sonrisa enorme en su rostro. Seguro había visto a Vincent.
Kenzi la abrazo por su ascenso en Spotlight. “Tu prima me ayudo”, repetía Lizzy. Pero Kenzi sabía que también Lizzy había tenido que ver. Ella era una linda persona, fuerte, inteligente. Estaba orgullosa de su amiga. Mucho.
-Y después Vincent me dijo que era su musa, su inspiración – Lizzeth suspiro y la siguió Marion. Kenzi solo sonrió.
-Eres una pervertida – comento llenándose la boca de rollos primavera.
-Es tan perfecto… - clamo.
-¿Tiene hermanos? – inquirió divertida Kenzi.
-Una hermana, ¿haces tortillas?
-No, pero estoy pensando en hacerlas – contesto seria.
Todas se destornillaron de risa un segundo después.

Lizzeth estaba maravillada con su nuevo empleo. Hacia un buen equipo con Luna. Neal las ayudaba bastante. Cosa que jamás hizo con Monique. Los avances que le mostraban a Dorothea cada tercer día le encantaban.
Marion se mostraba optimista en su relación con Adam. Él se había comportado bastante sincero acerca de Lilian y Jack, pero claro que no podía contarles nada de eso a sus amigas, mucho menos a su prima. Así que hacia bromas sobre Adam y su cambio de actitud. Ahora parecía que quería contarle todo sobre él. Todo, con lujo de detalles.
-No sé cómo diablos llego desnudo a su escuela, pero eso fue lo que Adam dijo…
-Siendo como es, de salvaje, no lo dudo – señalo Kenzi y tomo un tazón enorme de palomitas para devorarlo con ansias.
-Si, muy salvaje… - Marion se relamió los labios.
-Oh, - Kenzi frunció el ceño –supongo que olvidaron su relación con sus “Amantes perfectos”, ¿ah?
-Te puedo regalar el mío, amiga – sonrió Marion.
-Oh no, no quiero tener nada que haya estado entre tus piernas, gracias – declino la oferta diplomáticamente.
-Yo te regalare uno para tu cumpleaños… - Lizzy le guiño un ojo. –Además, se ve que necesitas terapia amiga. Lora es muy buena, ya somos amigas y todo.
-Lora… - bufo Kenzi, divertida. –Quizá tenga que cambiarse el nombre a Lorenza.
-Como sea, ella me ayuda en mis problemas mentales…
-¿Problemas mentales, amiga, como cuales? – pregunto interesaba Marion.
-Los de morderse las uñas y la piel de los pulgares hasta quedarse si pellejo – comento vivaz la morena.
-Si, eso ya no lo hago – aprecio Lizzy. –Además, te sientes liberada…
-Yo lo que necesito es una invasión alienígena – comento Kenzi.
-Kenz, si estás loca – Lizzy le alboroto el cabello. -¿Para que quieres una invasión de cualquier forma?
-Yo sé para qué – interrumpió Marion. –Para que el héroe te rescate…
Kenzi la miro ceñuda.
-Puede ser una opción, pero no. Solo necesito algo de aventura… - suspiro. –Mucha aventura y acción…
-Hablando de acción… - Lizzy y Kenzi miraron a Marion.
-¿Qué?
-¿Recuerdan a Noah?
Kenzi se tenso. Lleno su boca de rosetas de maíz. Muchas, muchas.
-Ajá, el masajista. Si, lo conocí en la cena de Spotlight la otra semana.
-Oh, si, si, recuerdo que me contaste.
Kenzi solo asintió.
-Bueno, él. Me invito, bueno, me dijo que llevara a quien quisiera, su hermana cumple años y le hará una fiesta en el bar del Hotel Empire. ¡Estamos totalmente invitadas! – jadeo. –Es el sábado.
-No sé si pueda… - susurro Kenzi.
-¿Cómo? – ambas amigas alzaron la ceja.
-Tienes que ir, Ken. Nada de “no sé si pueda”.
-No es… - las miradas serias de sus amigas la intimidaron. –Hare lo que pueda.
-Kenzi, ya no estamos en la preparatoria para que nos canceles las salidas – regaño Lizzy. –Tu madre no está para regañarte…
Kenzi bajo la mirada.
-Lo siento, no quise…
-Ya… - Kenzi negó con la cabeza. Restándole importancia al comentario que se le escapo a su amiga. –Tienes razón, ya no tengo nadie que me regañe – sonrió un poco.
-¿Entonces? – Marion le tomo la mano. –Algo de aventura y acción. ¿Qué dices?
-Bien, ¿Qué puede pasar?
-Que nos invadan los extraterrestres – contesto Marion.




***




Marion vestía un hermoso vestido arriba de la rodilla color humo, con escote redondo y suelto debajo del busto, unas zapatillas de piso. Ya que si se ponía stilletos seria más alta de lo que ya era. Lizzteh se puso ese vestido color crema con encajes en negro que había comprado antes de ser ascendida. Lo cual reafirmaba las ganas que tenia por estrenarlo lo más pronto posible.


Ambas chicas esperaban a Kenzi, fuera de la tienda de bisutería de Marion. Iban a ser las 8 de la noche, y Kenzi era muy puntual. Pero aun así, verificaron la hora en la pantalla de sus teléfonos móviles.
Un claxon sonó en la calle. Ambas chicas se sobre saltaron y Kenzi dentro de su Mini Cooper estallo en risas. Sus amigas entraron a la comodidad de un cálido interior. Kenzi escuchaba música desconocida para ellas.






Parecía que los acordes alocados relajaban a la morena, que paso la tarde mirando su armario. Nunca le había pasado nada parecido, siempre tomaba lo primero que encontraba, ya que su ropa era de solo 3 o máximo 4 tonos. Blanco, negro, gris y café. No más.
-Pensé que te pondrías vestido… - comento Lizzy retocando su maquillaje.
-No tengo vestidos, Lizzy – Kenzi la miro por el espejo retrovisor y sonrio. –Me tomo años escoger mi ropa, no quiero quejas – advirtió alzando las cejas.
-Me pareces linda – sonrio Marion. –Muy tu estilo… - le alboroto el cabello, sabía que eso no le molestaría. Al contrario. Siempre llevaba el cabello alborotado. Definitivamente no conocía los peines ni los cepillos. Marion llevaba esos alocados rizos bien definidos. Y Lizzy su largo cabello lacio perfectamente peinado y suave a cada lado de su rostro.
-¡Me encantan tus botas! – gimió Marion.
Kenzi sonrio.
-Por si tengo que patear traseros – le guiño el ojo.
-Me encantaron los zapatitos de Marion, ¿los has visto, Ken? – pregunto Lizzy inclinándose hacia adelante.

Kenzi los miro fugazmente.
-Combinan perfecto con mi vestido – Marion desarrugo la falda de su atuendo.
-Sin duda…


Kenzi le dio las llaves al Vallet Parking.
-Woh… Debió de haber gastado miles – abrió la boca mientras entraban por el lobby.
-Aquí fue la cena... Bueno, no fue cena, solo vinimos a emborracharnos – sonrio Lizzy cuando entraron por el Bar. Sin personas lucia aun más imponente.
-¡Dioses! – Kenzi miraba por todos lados. No había esquina o rincón que no luciera impecable. El suelo de mármol, los sofás de piel, las mesas de caoba, las lámparas de luz cálida, todo realmente elegante.
-¡Hey, Marion!

La piel de Kenzi se enchino. Las chicas ya subían por las escaleras, hipnotizadas por la belleza del lobby y del hotel en si. La voz de aquel hombre resonó por las paredes del lobby, y en la cabeza de Kenzi, retumbo como si un edificio cayera ante sus ojos. Se aferro al pasa manos de las escaleras, mientras que sus amigas bajaban los escalones que habían subido y se acercaban al dueño de esa ronca y sensual voz.


-Por el ascensor es menos cansado – escucho. La morena no se atrevió a volverse para verlo. Sabía que ese “Gorila”, como lo había bautizado, solo la miraría con burla.
-Kenz… - la llamaron sus amigas. Lizzy la jalo de la mano y caminaron detrás de Marion y Noah.
-Es muy guapo ¿ah? – Lizzy soltó una risita.
Kenzi levanto los hombros. Si, guapo. Muy guapo, jodidamente atractivo y como decían sus amigas, comible. Pero para ella era un grano en el trasero.
-Mi hermana aun no llega, se supone que es una sorpresa, pero Ada es… - bufo.
-Mujer – termino Marion.
-Si, mujer. Muy curiosa y parece que tiene un espía siguiéndome a todos lados – entraron al ascensor. –La fiesta será en la azotea. A Ada la gustan las luces de la ciudad. Las ama, me atrevo a decir.
-Es muy lindo de tu parte hacerle una fiesta así a tu hermana…
-No es nada, es lo menos que se merece por tener un hermano como yo…
-Ja – bufo Kenzi. –Seguro que si.
Sintió las miradas de sus amigas sobre ella, pero la morena se limito a morder la uña de su pulgar.
-Mi Kenzi siempre con sus comentarios – Marion sonrio y se acerco a su amiga que estaba en una esquina del ascensor.
Subían y subían. Marion charlaba con Noah, sin dejar de abrazar a su amiga, mientras Lizzy le mandaba mensajes de texto a Vincent sobre la fiesta. Al parecer Adam llegaría más tarde debido a su trabajo.
-Llegamos – anuncio Noah cuando el ascensor se detuvo en la azotea.
Dejo que las chicas bajaran primero, Kenzi quiso ser la primera en bajar, pero tampoco quería lucir demasiado desesperada por abandonar el ascensor.



La azotea estaba decorada con miles de foquitos blancos. Lámparas con pantallas perforadas que simulaban el cielo estrellado. Velas en cada mesa y una enorme mesa de regalos. Había pocos invitados, pero la mesa estaba repleta de cajas y bolsas de regalos. Las chicas se sintieron pequeñas por los diminutos presentes que yacían al fondo de sus bolsos.
Noah las llevo a una mesa cerca de la cornisa.
-Barra libre, chicas – dijo. –Los bocadillos son todos los que puedan comer y… Cualquier cosa me llaman. Por favor diviértanse.
-Seguro que si Noah – Mario sonrio a la par de Lizzy. Kenzi miraba las luces ignorándolo olímpicamente.
-Será una noche estupenda – sentencio Lizzy cuando Noah se alejo. Fue entonces cuando Kenzi miro a sus amigas y sonrio.
-Iré por una cerveza – se puso de pie.
Le pidió una cerveza oscura al barman y la apresuro nerviosa. Sus amigas, alcanzo a ver de reojo, se abalanzaron a sus teléfonos móviles para saber de sus hombres. Kenzi dejo su móvil en casa, ya que a falta de hombre, para qué diablos necesitaba uno.

Las chicas se divertían. Kenzi no podía negarlo, la fiesta era estupenda. Esta vez sus amigas no la obligaron a bailar. Ada se divertía tanto o más, seguramente, que los invitados. No podía quitar la sonrisa deslumbrante de su rostro.
La morena dejo a sus amigas para ir por algo de beber. Degusto la cerveza oscura caer por su garganta refrescándola.
-Wild And Free, me gusta – Observo Noah la camiseta de ella, blanca con letras negras que rezaban esa frase. Kenzi miro al lado suyo. Era Noah, el Gorila como lo llamaba para sus adentros.
Ignorándolo le dio otro trago largo a la cerveza.
Noah saboreo el gesto desdeñoso de ella.
-No le dije nada a Marion – susurro Noah inclinándose sobre su oído. Kenzi no quiso estremecerse pero lo hizo.
Trago y se limito a beber su cerveza y terminarla.
-Otra oscura – ordeno, Noah, al barman. –Toma, es de mala educación quedarse sin bebida.
-Eso solo es en el vino, imbécil, y es cuando la copa esta vacía – gruño y lo dejo con la sonrisa plasmada en su rostro.
Vincent y Adam ya habían llegado.
-Él es Vincent – sonrio Lizzy.
-Hey – saludo Kenzi y estrecho su mano. –Mucho gusto, Lizzy… Que bueno que viniste – estuvo a punto de decir que Lizzy no paraba de hablar de él, pero eso solo alteraría a su amiga.
-Ya conocen a Adam.
-Así es… - Kenzi sonrio. –Voy a… liberar al espíritu. Permiso – le dio un largo trago a su cerveza.
-Que linda es la prima de Luna – comento Vincent. –Más…
-Salvaje y libre – completo Marion. –Lo sabemos.
-Si, eso – Vincent tomo la mano de Lizzeth. -¿Bailamos?
-¡Si!
Ambas parejas se lanzaron a la pista. Al tiempo que Kenzi miraba la ciudad.

Soltando un largo suspiro se asomo por la cornisa. ¿Dolería caer desde esta altura?, se pregunto.
-¿Piensas arrojarte?
Ella se irguió. Levanto ambas cejas y miro al Gorila que estaba detrás de ella con una botella de cerveza.
-¿Qué es lo que quieres?
-Hablar…
-Estamos hablando.
-Sabes a lo que me refiero…
-Obviamente no. Deja las cosas como están, no me debes nada. Nada, o lo que sea que intentes… remediar. Mi buzón está lleno de tus estúpidos mensajes.
“Soy Noah, yo… Necesito hablar contigo”. “¿Podemos hablar más tarde?”. “¿Puedes venir a Pomaikai y hablar?”, y otros más, pero ella los había eliminado. Y estúpidamente los había memorizado.
-Quería ofrecerte una disculpa… ¿Te llegaron las flores al Jardín de niños?
Kenzi frunció la boca.
-No… - mintió. –Bien, si. Las recibí. Y todas no paran de decirme que son hermosas. Deja de hacer eso. Me ponen de malas.
-¿Las flores te ponen de malas? – pregunto divertido.
-No, tú me pones de malas. ¿Qué es lo que tramas? ¿Qué vuelva a tu asqueroso nido? ¿Qué te mire como perrito callejero cuando pasas a mi lado? ¿Qué suspire como todas tus demás clientas?
Noah se acerco a ella. Kenzi dio un paso atrás, choco con la pared. Estaba acorralada.
-Quiero… - dejo la cerveza al borde de la cornisa y tomo la barbilla de Kenzi. Ella alzo sus verdes ojos hasta él. –Tus ojos son color aceituna… - observo. Él quería besarla. ¿Lo golpearía por atreverse? Quería averiguarlo. – ¿Por que peleas conmigo?
-Porque eres un cerdo arrogante – contesto de inmediato.
-Y tú una niña berrinchuda – le dijo divertido. –Y… - inclino la cabeza sobre el cuello descubierto de ella. –Hueles delicioso…
-¿Qué haces? – gimió. Noah la miro.
-Solo… Deseo arreglar las cosas contigo. Lamento… - eso le costaba. Él no se disculpaba por nada ni por nadie. –Lamento haber dicho lo que dije de ti y de tus amigas. Tienes razón no te conozco…
-Ya – ella se deslizo fuera de la prisión de sus brazos. –Entiendo. Como sea, olvídalo. ¿Bien? – su mirada estaba cristalina. Lo que indicaba una cosa:
-No llores, por favor…
Ella bufo y se alejo de él. Presiono el botón del ascensor hacia abajo. Para su fortuna se abrió de inmediato.
-¡Hey Noah! – Tristan, el primo de Noah salía del ascensor. Kenzi se deslizo dentro felinamente y presiono el botón de la planta baja.
-¡Muévete, Tristan! – Noah gruño para poder entrar al ascensor. Pero justo estuvo frente a las puertas, éstas se cerraron.
-¿Qué diablos te pasa, Noah? – inquirió Tristan molesto. -¿Quién era ella? – señalo el ascensor con el pulgar.
-¡Vete al demonio! –rugió y corrió escaleras abajo.
-¡Tranquilo hermano, solo iba…!
-Era mi prima – murmuro la morena que estaba al lado de Tristan.

Las chicas del Té de Lemmon

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