noviembre 18, 2011

El placer es mio... - Capitulo 13

Acá en mi pueblo ya es sabado, siendo las 00.23 horas. Ando desvelandome por ustedes mis maravillosas fanseses :D jeje. Y nada, sin más preambulos les dejo esta nueva entrega de la historia El placer es mio... Disfrutenla muchote.

Nota: Adis hermosa. No me odies, juro que no hare sufrir tanto a tu hermano ♥ ¡Solo lo que se merece por cabezota! ò_ó


Capitulo XIII


-Lizzeth… - Dorothea se planto frente a Lizzy. La rubia la miro, sentada desde su pequeño escritorio a la entrada de la enorme oficina de Dorothea.
-Buenos días, Sra. Van Gulick – se puso de pie, dispuesta a tomar su abrigo y su bolso.
-Niña… - Dorothea volteo los ojos. –Verónica – llamo.
¿Verónica?
Monique apareció corriendo hasta Dorothea.
-Dígame Sra. Van Gulick – acomodo su ajustado vestido rojo. ¿Qué diablos hacia ella con un vestido así en un día de trabajo, con el mes de Diciembre casi pisando sus talones? Seguro estaba loca. Si, era una loca y una perra, pensó Lizzy. La miro de arriba abajo detrás de Dorothea, que le había lanzado su abrigo y su bolso sobre la cabeza.
Monique apenas alcanzo a rescatar el bolso.
-Serás mi… ¿Cómo le dicen ustedes? – giro para mirar a Lizzy.
-Asistente – contesto Lizzy con una sonrisa burlona en su rostro. No pudo evitarla. Ahora Monique… ¡Monique seria la que correría por toda la ciudad en busca de los mandados de Dorothea! Pero… ¿y ella? ¿Qué sería de Lizzy? ¿La iba a despedir? Todo indicaba que si…
La sonrisa burlona de Lizzy desapareció. Se inclino para sacar su bolso de uno de los entrepaños de su escritorio.
-Mañana vengo por mis cosas, Sra. Van Gulick – se colgó su bolso sobre un hombro y con un suspiro salió detrás de su escritorio. –Fue un placer trabajar para usted, aprendí mucho…
-¿Cómo dices? – Dorothea la miro, abrió grandes sus penetrantes ojos y una ceja se arqueo elegantemente.
-Monique será su Asistente… Yo… Estoy despedida.
-Niña, estas completamente fuera de lugar. Tu eres mi nueva Editora.
Monique jadeo sorprendida. Pero no tanto como Lizzy, que pego un brinco y se lanzo a abrazar a Dorothea.
-¡Dios, Dios! – repetía con Dorothea entre sus brazos. Después de un segundo se calmo y desarrugo la blusa de seda color crema de su jefa. –Lo lamento, Sra. Van Gulick – aclaro su garganta.
-Si, como sea – Dorothea sonrió fugazmente a Lizzy. –Verónica, quiero un café de Starbucks. Y ve por los vestidos que Coco quedo de enviarme. Para hoy…
Monique salió disparada.
-Y tu Lizzy. Dile a una de las escritoras que vacíen la oficina de Verónica. Porque hoy mismo empiezas a trabajar en el numero de Diciembre… -dicho eso entro a su oficina.
Lizzy se mantuvo de pie unos segundos hasta que sintió a alguien a su espalda.
-¿Lizzy? – la interpelada se giro. Era Luna.
-¿Si?
-¿Escuche bien? ¿Eres la nueva Editora?
-Eso creo, si – sonrió la rubia.
-¡Si! – Luna la abrazo. –Vamos, saquemos a esa perra de TU oficina – le guiño un ojo y caminaron por el pasillo hasta la oficina de Monique.
Encontraron la puerta entreabierta, Monique arrojaba sus cosas a una enorme caja.
-Parece que Dorothea ya dio la buena nueva – Neal se acercaba con un cigarrillo en la mano.
-Si… - Luna lo miro, no podía ocultar la enorme sonrisa de su rostro, y Lizzy también sonreía, pero ella aun estaba en shock.

-Monique… - Neal entro a la oficina. –Dorothea te envió por su café. ¿Quieres que se moleste porque no está su enorme vaso en su escritorio? – cruzo los brazos sobre su pecho y se recargo en el marco de la puerta. Monique oculto su rostro tras la cortina de cabello negro y arrojo su bote de lápices dentro, camino a la puerta y empujo a Luna cuanto pudo al salir. -Ouh – Luna sobo su brazo. Eso no quito la sonrisa de su rostro.
Un minuto después una de las ridículas escritoras entro a la oficina. Neal, ni las dos chicas le dirigieron la palabra mientras ella se encargaba de poner las cosas de Monique dentro de la caja de cartón. Una vez que termino, dejando solo el ordenador de escritorio, los libreros vacios y los cajones abiertos del escritorio de caoba, escucharon que alguien se acercaba detrás de ellas.
Dorothea guiaba a dos hombres que llevaban el escritorio de media luna de Lizzy hasta su nueva oficina.
-Saquen ese cacharro viejo y pongan el nuevo – ordeno.
Los hombres hicieron el cambio.
-Listo, - sonrió Dorothea – ahora chicas, a trabajar.
Se alejo de ahí con Neal cacareando contento. Tanto él como las dos chicas, aborrecían a Monique, la Clon de Jennifer se la pasaba interrogando a Neal acerca de la vida del hijo de Dorothea, ya que Tristan veía a su madre con la Clon en su oficina y corría a esconderse tras el restirador y el cenicero hasta el tope de Neal. La chica ahora, no quería salir de la oficina de Neal. Y por lo tanto él la aborrecía tanto como Luna y Lizzy. A tal punto que si Dorothea no la corría de su espacio personal, él se encargaría de mandarla patitas a la calle.

***


Lizzy acomodaba las cosas sobre su escritorio antiguo. Era raro como te encariñabas con las cosas, más con las cosas materiales. Su escritorio quedo listo, ahora si podía poner libremente la fotografía de sus amigas, cuando iban en la preparatoria. Si, que lindos recuerdos.
El librero detrás de ella pronto fue repleto de los números pasados de Spotlight, esto para que ella supiera que cosas cambiaria, según su criterio y el de Luna. Ahora si, sería un trabajo en equipo. Y sería un trabajo estupendo.
La tarde paso tan rápido que cuando fue la hora de la salida, Lizzy en verdad que se sintió mal. No quería dejar su nueva oficina. Tenía una linda vista a la calle y le entraba la luz del sol, haciendo que ella se sintiera soñadora y llena de energía.
En parte, si quería dejar la Editorial, tenía que salir a contarles a sus amigas la buena nueva.

Corrió a la salida. Se despidió de Luna con la mano. Se había despedido de Dorothea, sintiendo unas enormes ganas de darle un beso. Lo contuvo, claro, pero lo hubiera hecho si su hijo no hubiera aparecido.
Prácticamente voló a Galerías Hoppus. Sus amigas, después de todo, si podían esperar un poco más.
El fin de semana con Vincent había sido genial. La tarde en el Parque de diversiones la había dejado tan contenta que nunca pensó que mojarse de pies a cabeza en una de las atracciones fuese tan emocionante y erótico. La playera de Vincent se le pego al cuerpo de una forma que dejo a la vista de todas – si, de todas, porque todas las fulanas que pasaban por ahí lo miraban boquiabiertas – sus perfilados músculos. No estaba lleno de bolas como un atleta, pero tenía todo en su lugar. Y todo muy bien acomodado. Tanto, que los pantalones cortos de Lizzy se volvieron a mojar al verlo sacudir su cabello.

-¿Jennifer? – pregunto asomándose sobre la barra.
-Ella no está, ¿puedo ayudarte? – pregunto Vincent tomando su cadera, y reprimiendo unas enormes ganas de palmearle la curva de su trasero.
Ella se giro, con esa sonrisa resplandeciente en su rostro de ángel.
Vincent absorbió el jadeo que ella soltó cuando él se acerco más, girando su cadera para que ella no sintiera la dureza de su sexo chocar contra sus jeans. Rasco despreocupado su barbilla y le devolvió la sonrisa.
-¿Cómo estás? ¿Por qué esa enorme sonrisa? ¿Qué sucedió?
-¡Soy la nueva Editora de Spotlight! – chillo, brinco y se colgó de Vincent.
Él la atrapo en sus brazos y trago con dificultad cuando sintió los pechos de ella presionarse contra su torso.
-¡Vaya! – exclamo cuando logro articular palabra. Eso después de que Lizzy dejo de brincar como desquiciada. Logrando que la entrepierna de Vincent diera un peligroso tirón. -¡Me alegro mucho, Liz!
-Si… - Lizzeth se separo de Vincent lo suficiente para ver sus ojos. –Me dijo que me encargare del número de Diciembre. Dios, ya estrene oficina. Estoy tan emocionada…
-Se ve – observo Vincent llevando los rebeldes mechones de ella detrás de sus orejas.
-Solo quería decírselo a Jennifer – mintió.
-Salió temprano, iba a ver a su novio – informo Vincent. –Yo le digo que viniste.
-Gracias… - sonrió. –Tengo que irme. Estarás muy ocupado…
-Algo, me tengo que encargar de la cafetería mientras el Sr. Hoppus vuelve.
-Oh, ¿necesitas ayuda? – miro el lugar y el montón de tazas sobre el lavaplatos.
-¿Se nota mucho que soy un caos?
-Un poco – comento acariciando el cabello de Vincent.
Tenso los dientes. Sentir las puntas de los suaves dedos de ella sobre su nuca le hacía hervir la sangre, y enviarla a un solo lugar.
-Ve a darles la noticia a tus amigas… - hablo con la voz ronca. –Saltaran de alegría como tú.
-Tienes razón – Lizzeth tomo su bolso, y dio media vuelta para dirigirse a la salida. -¿Nos… vemos después? – pregunto esperanzada a un paso de abrir la puerta y salir.
-Seguro… Yo te llamo.
Asintiendo, salió a la calle.
“Yo te llamo…”.

***



Kenzi no se atrevía a contestar el teléfono.
Regreso del Jardín de niños y descolgó la bocina.
Había pasado el fin de semana más largo de toda su vida. Había echado a perder la amistad de Marion con ese tipo, Noah. Sabía que su amiga jamás se lo perdonaría. ¿Y todo por qué? Porque ella se sentía miserable. Quizá ella no tenía derecho a sentirse miserable.
Un escalofrió la recorrió.
Tendría que hacer algo ya. Decidida tomo las llaves de su Mini Cooper y tomo el camino a Pomaikai. Era un lunes normal. Sin tantos deberes. Aunque el estrés de fin de cursos se aproximaba. Las vacaciones de diciembre estaban cerca. El frio helaba los huesos.
Entro finalmente a Pomaikai.
-Hola… Ada – recordó el nombre de la recepcionista, esperando que su falta de memoria no incomodara a la chica.
-Hey… Tú debes ser Kenzi.
-Sip – asintió. – ¿Marion te hablo de mi?
-No, fue Lizzy – informo Ada, arreglando una pila de papeles.
-¿Lizzy? ¿Lizzeth Ocean…? - Se recargo en la barra.
-La conocí en la cena a la que fue por parte de la Editorial donde trabaja. Una chica encantadora…
-Si, esa es mi Lizzy. Tiene una risa muy contagiosa, ¿no?
-Bastante – sonrió Ada. -¿Qué te trae por aquí, Kenzi? Mi hermano dijo que habías cancelado tus citas…
Así que eso había dicho el Gorila.
-Quería…, quería saber si podía hablar con él, sobre… Marion – murmuro nerviosa.
-¿Con Noah? – Ada estaba realmente sorprendida.
-Si, yo… No le quitare mucho tiempo. Solo es una pregunta…
-Yo… no sé, realmente no se… - Ada ahora balbuceaba y engrapaba hojas distraídamente.
Kenzi la miro frunciendo el ceño.
-Déjalo – Kenzi tomo aire. –Quizá deba hablar con Marion y… Bueno nada. Nos vemos…
-¿De qué quieres hablar? – apareció Noah.
Kenzi se giro.


El hombre imponía. Ahora no estaba en sandalias. Unas botas de motorista cubrían sus pies y unos jeans se pegaban a sus poderosas piernas como una segunda piel, la playera holgada negra le marcaba los músculos, y sus brazos, cruzados sobre su pecho. El cabello suelto enmarcando su rostro imperturbable. Kenzi por un segundo quiso salir corriendo. Pero lo encaro dando un paso hacia él e imitando su pose. Claro que con su metro y sesenta centímetros, ella parecía una mala copia de Noah. No pueden culparla por intentarlo.
-Quiero hablar contigo.
-Noah…
-En mi oficina – dijo cortando a su hermana.
Ada suspiro detrás de la barra.
Kenzi tomo con fuerza su bolso, y lo siguió por el largo pasillo.
Al final del pasillo, uno de los extremos que era iluminado por el sol, había un jardín, después de todo, las especulaciones de una Phellan no eran del todo erróneas. Cruzaron el enorme jardín con una pequeña fuente de roca. Más al fondo, pasando por los Sauces llorones y un par de bancas de madera estaba lo que él llamaba su oficina. El jardín parecía un pequeño Edén. Claro, eso comparado con las fotografías que describían al Edén en la red. El sol iluminaba cada flor. Le sorprendió ver margaritas, rosas y ella jadeo en serio cuando vio al menos media docena de girasoles.
Noah abrió la puerta de madera de su oficina y la hizo entrar primero.
Dentro había un pequeño escritorio. Las paredes de madera oscura hacían del lugar una cueva algo tenebrosa. Con poca iluminación al igual que la decoración. Como ese sable de luz de Star Wars detrás de su escritorio. Sonrió cuando lo vio. Ella siempre había querido uno, eso no detuvo siguiera examinando el lugar. Había en cada esquina detrás del escritorio, esas lámparas largas que iluminaban hacia arriba con luz cálida. No le hubiera sorprendido nada que sobre su escritorio hubiera un cráneo con una vela encima. Pero eso ya era demasiada imaginación de Kenzi.

-¿Qué vas a preguntar? – Noah cerró la puerta y le bloqueo la salida. O eso parecía, porque ella quedo en medio de la oficina. Que más que oficina, lucia como un pequeño estudio, un refugio. Tenía dos sofás, uno de tres plazas, uno tenía una almohada y una frazada, el otro estaba repleto de comida chatarra y un par de botellas de cerveza.
Tomando aire se armo de valor y hablo.
-No deseo que por mi culpa dejes de hablarle a Marion. Ella… ella realmente es una buena persona y no tiene la culpa de tener una amiga como yo – dijo con rapidez.
-¿Una amiga como tú? – levanto la ceja izquierda divertido.
-Si, como yo – reafirmo Kenzi sin moverse ni un milímetro de su lugar. Él no la intimidaría con esos gestos de petulancia.
-No estoy molesto con Marion – camino hasta la silla de su escritorio, se sentó y subió los pies a la mesa.
Kenzi tenso la mandíbula.
-Bien, entonces no hay más de que hablar… - ella no iba a despedirse. Le dio la espalda.
-¿Quién te crees que eres?
-¿Perdón?
-Me haces perder mi tiempo…
-Solo fue… ¿Tu tiempo? – jadeo indignada. –Marion te pago por las sesiones. Que yo sepa no perdiste tu tiempo – frunció el ceño.
-Acepte el dinero de Marion, porque sabía que ella insistiría hasta que me lo quedara, pero le devolví cada centavo cuando la “señorita tengo-el-mundo-encima” se volvió una completa histérica.
-¿Señorita tengo-el-mundo-encima? – repitió ella.
Noah sonrió ladino.
-No eres la única con problemas…
-Eso ya lo sé – rugió ella. –Pero al menos no ando dándole lastima al Mundo.
-Y por eso te tragas tus problemas. Niña, eso te dará indigestión.
-Mira quien lo dice – Miro todo el lugar con desprecio. –El tipo que vive de comida chatarra, ocultándose aquí…
-No sabes nada de mí – se puso de pie de un solo movimiento.
-Pues tampoco sabes nada de mí – alzo la barbilla.
-Se que eres una chica que carga con los problemas de todos y los tuyos para rematar… - hizo una mueca burlona.
A Kenzi le hirvió la sangre y cerro los puños a los costados.
-Soy una buena amiga…
-Deberías cobrar, digo. Todos te cuentan sus penas y tú los escuchas, das consejos y demás. ¿Quién te escucha a ti? ¿Quién?
Kenzi quiso contestar esa pregunta. “Nadie. Nadie me escucha. El Mundo puede tener problemas y rupturas de corazón, pero no Kenzi”.
Respirando trabajosamente le dio la espalda. Quiso abrir la puerta pero no pudo.
-¿Qué significa esto? – grito golpeando la puerta. –Déjame salir… - exigió. Pateo la puerta.
-Fuerte como roble. Una monada, ¿ah?
-¿Una monada? – Kenzi estaba que echaba chispas, golpeo la puerta de nuevo, pero ésta no cedía. -¡Déjame salir!
-Entonces, niña – Noah camino hasta ella. -¿Quién te escucha a ti? Marion es una linda chica, y Lizzy, tu amiga, también lo es. Son tus amigas, y te escuchan cuando hablas, pero… ¿lo hacen en realidad?
-¿Qué quieres decir? Ellas son mis amigas – Kenzi aun peleaba con la puerta. –Ellas me quieren, me cuidan… ¡Abre maldita sea!
-Quiero decir… Cuando tú quieres decirles que te pasa algo, ¿ellas escuchan?
-Pensé que eras amigo de Marion – bufo.
-Lo soy.
-¿Intentas que esté en contra de mis amigas? ¿Ah? ¿Qué intentas? – lo encaro finalmente, con el sudor perlando su frente. Lo empujo, o lo intento, ya que él no se movió. – ¡No es problema tuyo si les cuento mis cosas o no! ¡No es tu maldito problema! ¡No quiero que ellas se depriman por cosas sin importancia como lo que me pasa! – gritaba, conteniendo el llanto.
Noah la miro.
-Mi vida no es tan interesante. Soy maestra de Jardín de niños. Esos enanos de 5 años no son tanto problema. Como Dorothea y como el loco novio de Marion. Lo mío… Lo mío no es nada.
-¿Nada?
-Si, nada – repitió. –Me gusta mi vida como es. Aburrida, monótona… - se le quebró la voz. Pero aguanto y siguió. –Déjame salir…por favor – pidió mordiendo su lengua.

Noah no sabía qué demonios intentaba con tenerla dentro de su oficina. Creyó que ella se lanzaría a sus brazos y… Bueno, su mente depravada imagino demasiadas posiciones con ese moreno y menudo cuerpo que apenas la vio y su entrepierna había saltado emocionada. Ahora… ahora solo se sentía un monstruo.
Esperaba que ella se abalanzara a golpearlo, que al menos lo intentara, que saliera fuego de su interior y que él calmara las brazas besándola. Mordiéndola, palmeando su trasero. Y su única recompensa fue el llanto reprimido de ella. Ni siquiera recordaba su nombre. Pero ahora no sabía cómo detener esto. No tenia nombre lo que había hecho. Solo había hablado por hablar. Realmente no sabía nada de ella, nada.
Si era una buena amiga. Una buena amiga que se había preocupado por la amistad que había entre él y su amiga. Marion siempre hablaba de lo maravillosa que era Kenzi… ¡Oh Kenzi! Su nombre era Kenzi. De lo creativa y parlanchina que era. Que le hizo mucha falta cuando Lizzy habían terminado la preparatoria y ella se había quedado un par de años más, por floja. Siempre podía contar con Kenzi y ella respondía con una sonrisa en su rostro. Haciendo bromas, haciéndola reír.
Kenzi le dio la espalda. Su cuerpo temblaba. Ella lloraba. Todo por su culpa. Se revolvió el cabello sintiéndose una mierda. Quiso hablar, consolarla, pero su voz no aparecía.
-¿Quieres una cerveza? – atino a preguntar al cabo de unos minutos.
-Mejor whisky… - pidió ella sorbiendo sonoramente su nariz.
Noah tomo un vaso de cristal de su pequeña alacena y le puso hielo, vertió el líquido ámbar a la mitad del vaso.
-Toma… - lo dejo sobre su escritorio. Sabía que ella no se atrevería a mirarlo. Él se tumbo, tirando las latas vacías de cerveza y las botellas al piso, en el sofá.
Alcanzo a ver que ella tomaba el vaso de whisky y lo vaciaba de un trago. Su espalda se arqueo, pero ella tomo su estomago y dejo el vaso vacio sobre el escritorio. Apenas le había dado tiempo al whisky de enfriarse.

-Ken…
-¿Abrirás la puerta? – con rudeza limpiaba su rostro.
-Ah, cierto – dio un brinco fuera del sofá y quito el seguro de la puerta. –No quise…
-No le digas nada de esto a Marion – pidió. –Ella es mi amiga y la amo… No tiene la culpa de que yo aun siga siendo una niña – murmuro saliendo de la oficina de Noah.
Él la vio correr por el jardín, trastabillando a la mitad del césped y perderse después al doblar la esquina para tomar el pasillo que la llevaba a la salida.
Lo dejo ahí. Más confundido que un niño de 3 años y sintiéndose un monstruo. Un gran monstruo y un verdadero cabrón.

1 comentario:

Ada Cullen dijo...

Wiiiii baile de celbracion por lo de monique, digo podra ser muy familia de Jen pero es una petarda completa digo medio mundo le tiene fastidio, que no se da cuenta...
y en cuanto a Noah.. mIerda despues de eso merece que le deje un ojo colombino, sera taradoo. enserio aaaaaaaaa me exasperaaa Noah.. y pobre Kenzi.. Beu amo el placer es mio

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