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junio 07, 2012

Maldita delicia, tercera temporada. Capitulo 17

Odiame por favor yo te lo pido, odiame sin medida ni clemencia, odio quiero más que indiferencia; que el rencor hiere menos que el olvido...
Asi es mis lectoras, merezco toda su iracunda ira! xD
Pero aqui lo tienen, como dije en la pagina del caralibro de este su blog favorito. Mañana estare encargadome de unos business profesionales (atendiendo a mi familia xD y amigos), asi que no tendre tiempo de subir su adiccion, nuestra adiccion *^* Espero que disfruten este capitulo tanto como yo. No se olviden que las quiero aunque no tengan dedos, ya que no comentan, jajaja. De cualquier forma, lindo fin de semana anticipado, disfruten la vida, que para eso nos pusieron aqui. Enjoy ^^
Nota del auto: Mi Ale, te amo en el grito y el silencio. Gracias por caminar a mi lado en este camino, que lejos esta de acabarse. Recuerda que si tu saltas, yo salto; si tu gritas, yo grito. Te amo, vida mia de mi misma de mi ♥
17. Sin lugar para los débiles

Renata quedo muda después de las palabras de Julien.
Literalmente el aire se había ido de su cuerpo. Julien sonrió, y acaricio su rostro, sus ojos mostraban una compresión tal que ella pudo abrazarlo sin miedo a que él gritara a diestra y siniestra.
-No tienes porque decir nada – se separo de ella y tomo su rostro. –Deseo que me ames, pero no voy a obligarte a sentir lo que yo siento por ti. Como dije antes, seré lo que tú quieras que sea…
Una vez más el aire se fue de su cuerpo y lo abrazo con más fuerza. Justo ahora necesitaba su confort, y sentirlo unido a ella. Si, a veces el ser humano era muy egoísta.
Tomándola sobre sus brazos, la llevo de vuelta a la cama, donde la recostó con cuidado e incluso la arropo para dormir a su lado.
-Recuerdo una vez… - rompió el silencio. Renata se giro para mirarlo, recargo su barbilla en uno de los almohadones y lo observo entretenida. Encantada de su profunda voz y de la forma en que la sabana se pegaba a su cuerpo, no pudo quitarle los ojos de encima - … que Tristan y yo quedamos para vernos y hablar de mi regreso a Manhattan. Se veía muy preocupado porque consiguiera un trabajo – esbozo una sonrisa – lo cierto era que a mí me importaba una mierda. Y fue hasta que te vi… en León, que sentí una verdadera motivación por tener un buen empleo y un lugar decente donde vivir – la miro. –En cierta manera, tú me motivaste… Solo había tomado el empleo en León de forma… ocasional, la fiesta de tu amiga necesito muchos meseros, así que probé suerte. Pero a la única que miraba seguido ahí era a tu amiga la pelirroja…
-Emily es media dueña de ese lugar – informo con voz bajita. –Ella y Luna invirtieron, y luego se hicieron dueñas.
Asintió.
-Sigue en pie eso de vivir conmigo…
-Jules – suspiro. –Yo…
-Shh, no digas nada… - se inclino sobre ella y comenzó a besarla hasta que el aire falto en sus pulmones.
No iba a negar que deseaba con todas sus fuerzas escuchar que ella lo amaba también. Lo deseaba con tantas ganas, como nunca deseo algo en su vida. Sin embargo él era fuerte, y no era un rogón. Que el infierno se congele antes de que él rogara por algo, sobre todo por amor, por atención. Ni siquiera le rogo a su madre… Solo que ahora, con Renata… Todo cambiaba. La deseaba, necesitaba escuchar esas palabras de su boca… Él se negaba a creer que había sido amor a primera vista, y no lo fue, ya que apenas la vio en León, pensó que era una descerebrada con belleza como todas las que cruzaban su camino. No fue hasta que ella le rompió la nariz, y claro, lo ayudo en su departamento que se sintió extrañamente atraído por ella, y por las cosas que pasaban en su vida. Realmente necesito sangre para saber que había perdido totalmente la cabeza por ella, por su fuerza, por su temple.
‹‹Quizá ame a William››
Se pateo mentalmente por esa línea en su cabeza. Y se obligo a desecharla apenas Renata subió a su cuerpo y comenzó a moverse con sutileza sobre él. Un delicioso calor comenzó a envolverlo, y lo que hizo fue amarla como solo él podía amarla, en cuerpo y alma…
Julien la observaba como hipnotizado. Su belleza no solo era exterior, ella era pura, divina… Joder que se le terminaban los adjetivos para calificar que tan hermosa le parecía. Frunció el ceño y se sintió estúpido. Dejo de observarla, pero no de pasar los dedos por su espalda descubierta.
El roce suave de las puntas de sus dedos la removió y abrió los ojos con una sonrisa. Si, ella se estaba pensando detenidamente vivir con él o no.
‹‹Comeré todos los días››
Su pensamiento la hizo sonreír más y se giro para mirar a Julien.
-Buenos días.
-Hola – respondió aun adormilada, giro sobre su otro hombro y comenzó a besarlo. Parecía que jamás se cansaría de perderse en su sabor, de enredar su lengua con la suya y de tocar cada parte fibrosa de su cuerpo.
Con sabias caricias las manos de Julien se perdieron bajo las sabanas y entre sus piernas. Si, aquello era el cielo. Sumergió los dedos entre sus pliegues ya húmedos y comenzó a estimularla con dóciles caricias. Los jadeos de Renata no se hicieron esperar, mientras su humedad resbalaba por los dedos de Julien.
-¿Estas lista?
-¿Para qué? – ella lo miro mientras él se movía pegándose más a ella y su dura entrepierna le hizo esbozar una sonrisa. – ¿Tan… pronto? – Julien tomo su pierna y la subió a su cadera para acomodarse sobre la pierna que no movió de su sitio, de modo que él estuviera sobre ella.
-Aun no cubro mi cuenta de estar satisfecho de ti.
Abrió la boca y un instante después jadeo al unirse a él.
-¡Julien!
Esta vez la intima posición en que Julien la estaba poseyendo casi la hace llorar. La estaba mirando al tiempo que sus caderas chocaban contra ella y su mano la estimulaba con ritmo infernal.
Su cuerpo no necesito mucho estimulo, pues la tierna mirada de Julien hacía estragos por todo su ser, quemándolo y estremeciéndolo como todo un experto podía hacer.
De un momento a otro, la giro sobre él y sus caderas fueron atrapadas por una sintonía mejor que la que ocurrió en las escaleras.
-Así, preciosa, así…
Encantado por tenerla sobre su cuerpo, estiro las manos para acariciar sus senos y calmar el dolor de sus pezones. Una mano voló hasta su sexo y la sostuvo mientras la estimulaba con sus dedos.
-No, no esta vez…
-Si, así… - regaño Julien y sin cesar la llevo al borde. –Mmmh…
Exquisita era una palabra que se quedaba corta. Sus pechos brincaban mientras ella enloquecía sobre su duro miembro que se apretaba en su ceñido cuerpo. Sus labios eran prisioneros de sus dientes y su cabello se agitaba al ritmo de sus impulsos sobre él.
No sabía qué demonios sucedía cuando estaba con él, y eso que apenas llevaba una noche juntos. Lo cierto era que sabía que se volvía loca estando entre sus brazos y a fortuna de sus caricias. Sin duda era la mejor noche que había tenido. Julien era diestro con las manos, y esa lengua que justo ahora se peleaba con la suya era dinamita pura. Joder, como pudo perderse tanto tiempo esas manos, esos ojos que parecían quemarla cuando se veía reflejado en ellos.
El placer fue apremiante mientras ella brincaba sobre él.
-Jules – su voz fue un jadeo con todas las de la ley. Su cuerpo bañado en sudor, fue la mejor manta que pudiera caer sobre su cuerpo, sus manos fueron la mejor caricia, su boca el mejor candado que pudiera hacerlo callar, y sus ojos la puerta a un lugar del que no quería salir jamás.
La forma en que ella lo hacía sentir, como si estuviera a salvo del mundo, era lo mejor. Él iba a protegerla, a capa y espada, con uñas y dientes. Un Van Gulick no rompe sus promesas, él iba a protegerla de todos y todo. Aquel que la hiciera de nuevo llorar, probaría un poco de su propia sangre.
Cayó sobre su pecho con la respiración superficial.
No necesito decir más nada, girando de nuevo, colocándola de bajo de su cuerpo, tomo sus piernas y las puso sobre sus hombros. Impresionado de su flexibilidad y con una sonrisa resplandeciente, comenzó a penetrarla con potencia. Se empujaba en ella, provocando muecas de placer en su rojizo rostro, sus manos aferradas a las sabanas, no eran más que un estimulo poderoso para Julien. Él continuo el ritmo hasta que ella comenzó a gritar sin sentido, su cabeza se retorcía sobre las almohadas y su cabello se pego más a su rostro por el sudor. Lento, bajo el ritmo y sus piernas, y un segundo después…
-¡Más, más rápido, más! – enfebrecida y caliente, los gritos de Renata llenaron la habitación. Y él, obediente como nunca en su vida, hizo que ella sollozara de placer y articulara palabras sin terminar que bailaban en su sonrojado semblante.
Si, esto había sido una hermosa y calurosa noche…

***
Más dolorida que de costumbre (realmente nunca había sentido el cuerpo tan molido y tan satisfecho como hasta ahora), Renata se removió entre las sabanas y pillo a Julien dormir abrazado a su cadera, con los pies entrelazados en una íntima caricia. Grabo en su mente la imagen y salió de la prisión de sus brazos; apenas se sentó en la cama, se obligo a recostarse, sus nalgas dolían un poco y sus muslos se tensaban como si hubiera corrido un maratón. Sofoco un gemido y volvió a la cama y a la prisión de los brazos de Julien un rato más.
Con los ojos cerrados, él lucia un lindo y tierno gatito, casi inofensivo, incapaz de poder insultar a alguien o romperle la cara a puños, pero ella lo conocía mejor.
Un rato más tarde, después de que ella cayó dormida de nuevo, Julien despertó. Rasco sus ojos y la miro un instante. Cómo deseaba que ella no saliera de su cama, o mejor, que anduviera desnuda por el departamento, con la luz del día bañando su cuerpo entero.
Esa idea permaneció en su mente mientras la miraba. La habitación estaba a oscuras, pero él sabía que el sol ya podía colarse por los ventanales y cumplir una de sus fantasías. Una sonrisa maligna y perversa se dibujo en su boca cuando él salió de la cama, y en silencio abrió las largas cortinas negras. Como supuso, el sol beso la espalda de Renata, la vio mover los hombros y girarse boca arriba estirando la mano, sus ojos se abrieron de golpe cuando sintió el vacio del lado de Julien.
-Aquí estoy – se anuncio Julien. Estaba de pie al lado de las cortinas corridas con los brazos cruzados sobre su pecho, completamente desnudo. Sonrió ladino cuando ella abrió la boca y sus ojos lo recorrieron de arriba abajo un par de veces. –Me parece que te gusta lo que ves – bajo los brazos y puso las manos a los lados de su cadera.
Incapaz de contestar jalo la sabana y cubrió su cuerpo, para recargar la espalda en la cabecera.
-Preparare el desayuno, puedes darte un baño si quieres – le dio la espalda, y ella realmente deseo palmear sus nalgas… otra vez. Se metió en un par de calzoncillos negros Split y unos jeans, y antes de salir le lanzo una caliente mirada que la hizo mojarse, si señores, de nuevo.
Su mente y cuerpo aun estaban atrofiados. Aunque el escozor de su cuerpo era delicioso, la perturbación y el estrés en su mente le estaban anunciando un dolor de cabeza de los mil demonios.
¿Qué haría con Julien ahora?
‹‹Comérmelo entero de nuevo, sin duda alguna››
Negó con la cabeza y salió de la cama para entrar a la ducha. Había despertado un sin número de veces en la cama de Julien, esta vez no solo le había entregado su cuerpo, Julien le había dado el corazón con las palabras que bailaban en su cabeza haciéndola sentir la mujer más afortunada de todas, y sin embargo aun tenía miedo.
Abrió las llaves y dejo que el agua cayera al mármol blanco de la ducha, las paredes de cristal se empañaron cuando el agua caliente comenzó a salir y regulo el agua. Estuvo lista para entrar a la ducha cuando la puerta del cuarto de baño se abrió mostrando a Julien con una sonrisa deslumbrante.
-Lo había olvidado – se golpeo la frente dramáticamente, Renata quedo con un pie dentro de la ducha y otro afuera, con la boca abierta. –Dijiste que compartirías la ducha conmigo…
No le dio ni tiempo de negarse, pues Julien se había quitado la ropa y había entrado con ella – obligándola prácticamente –. El agua tibia no le quito la cara de sorpresa, y realmente no ayudo mucho que Julien comenzara a enjabonar su cabello, ella solo pudo poner las manos juntas cerca de sus pechos y morder su lengua para no ronronear o gemir como su garganta pedía.
-Cierra los ojos – ordeno cuando comenzó a enjuagar su cabello.
Ella solo podía sentir el agua caer por su rostro, las manos de Julien, que delicadamente frotaban su cuero cabelludo, y una sonrisita que se escapo del pecho de él cuando cerró la llave y le dijo que podía abrir los ojos. – ¿Quieres que te ayude a tallarte o… puedes sola? – Juraría que su corazón dio una vuelta completa dentro de su pecho. Trago antes de contestar y tomar la manopla enjabonada.
-Puedo sola.
-Que lastima – le dio la espalda y tomo un poco de shampoo para tallar su cabello. Su espalda se marco cuando alzo los brazos para lavarlo. Embobada no logro quitarle los ojos de encima. Julien se giro y abrió la llave para enjuagarse. –Parece que necesitas ayuda – comento aun bajo el chorro de agua, Renata miro la manopla entre sus manos.
-No, yo…
Julien salió del chorro de agua y tomo la manopla. Después de cerrar la llave, comenzó por tallar sus hombros. Tuvo que hacer uso de todo su control, para que su cuerpo no cobrara vida. La piel de Renata era suave, y sus mejillas rojas no hacían otra cosa que lanzarle punzadas a su miembro que aguardaba impaciente 10 dedos bajo el ombligo.
-Gírate – hablo con la voz ronca y se aclaro la garganta apenas ella obedeció. Su tersa espalda solo le recordó que deliciosa se miraba cuando él la tomo en las escaleras. La curva de su espalda, donde daban comienzo sus nalgas lo aguijoneo justo en el centro de su cuerpo, tomo aire, silenciosamente, por la nariz. No se atrevió a pasar la manopla más debajo de su cadera, sabía que si lo hacía, todo se iría al carajo.
Pero su deseo lo traiciono…
Su mano bajo por la curva de su nalga, el jadeo de Renata logro accionar la parte de él que había mantenido a raya durante más de media hora, desde el momento en que despertaron.
Ahora era su deseo el que mandaba en el pequeño cubículo de la ducha. Era ahora su deseo el que chocaba contra las nalgas de Renata. Era ahora ese poderoso deseo el que se tensaba contra ella. Era ahora el deseo que corría por sus venas a velocidades vertiginosas el que mandaba, nadie más, nadie menos.
La pego al cristal, no sin antes pasar una mano directo a su sexo y comenzar a frotarlo, aun estrujando sus nalgas con su miembro.
Lo siguiente que supo Renata, era que se estaban besando de forma descontrolada, y en una escena de tres segundos, él había resbalado llevándose a Renata sobre sí.
-¡Mi culo! – jadeo. Renata atino a reírse, intentando ponerse de pie. –No, en serio, si duele… - frunció el ceño y un segundo después soltó una risotada. Dejo caer la cabeza sobre el mármol y tomo las caderas de Renata sin dejarla moverse. –No, así estamos bien, ¿no crees?
-Si, pero…
-No hay pero que valga – tomo su nuca y comenzó a besarla.

***
Esta vez, Renata ni intento ponerse de pie.
-¿Necesitas ayuda? – ladino, Julien se sentó sobre sus talones, y miro a Renata que estaba tumbada en la regadera con el cuerpo, o mejor dicho, las piernas agarrotadas.
Frunció los labios antes de aceptar la mano que él le tendía y poder ponerse de rodillas. Le dio un manotazo cuando él acerco la mano a su cadera.
-¡Hey!
-Solo iba a ponerte de pie, gruñona – meneo la cabeza divertido y de un tirón la puso de pie y salió de la ducha para tomarla entre sus brazos. – ¿Mejor? – ella no respondió, lo abrazo del cuello y se dejo guiar a la cama donde la recostó. –Déjame decirte que eres toda una guerrera – si eso era un cumplido, Renata lo agradeció con las mejillas rojas, ardiendo como todo su cuerpo. –Lo digo en serio…
-Ya cállate – jadeo. –Ahora… ¿Dónde está mi ropa? – abrazada a una sabana, quiso salir de la cama, para que los músculos de sus piernas protestaran obligándola a hacer una mueca y volver a la comodidad de los almohadones de plumas.
-Yo te la traigo – de nuevo esa sonrisa suficiente se plasmo sobre su boca. Anduvo sin pudor y se visto con rapidez y regreso con el vestido y la ropa interior en una mano y en la otra, su par de stilettos. –Si quieres puedes vestirte frente a mis ojos, digo, lo merezco, después de que casi se te salen los ojos de las cuencas al verme – cabeceo en dirección al espejo del tocador. Renata de inmediato se sonrojo y cubrió su rostro con la sabana, ¿Cómo pudo olvidar el detalle del espejo enorme?
-Lo lamento – murmuro detrás de su guarida.
-No, no lo hagas. Sé que no lo haces – agrego. –Ahora, te espero para bajar a desayunar – descubrió un ojo y vio como Julien se recargaba en el tocador, con los brazos cruzados sobre su pecho y completamente vestido ahora, sin ninguna intención de dejarla sola en la habitación. Tomo aire por la boca y dejo la sabana de lado. Lo primero que se puso encima fueron las bragas y después el sostén. –Puedo comprarte algo más cómodo si quieres – interrumpió a Renata cuando iba a ponerse el vestido.
-Estoy bien así…
-Por supuesto que si – reafirmo. –Más que bien. Solo que el día aun no termina. O podemos pasar a tu casa, como desees.
-¿El día aun no termina? – repitió girando la cabeza para mirarlo mientras subía el zíper del vestido y se calzaba los stilettos. La vergüenza desapareció de su sistema, de cualquier forma, él la había visto en todos los ángulos y la había hecho gozar como una loca. Pero cuando intento ponerse de pie, sus piernas le fallaron de tal modo que volvió a sentarse en la cama.
-Puedo llevarte en brazos si quieres – ofreció. Parecía que nunca iba a quitársele la sonrisa satisfecha del rostro. Renata solo bufo y se saco los stilettos.
-Andaré descalza, gracias – con trabajos se puso de pie, y apenas dio un paso cuando sintió que iba a caer. Julien fue rápido y la atrapo antes de caer de bruces.
-Te lo dije – reprimió una risa, ella lo sabía.
-¡Es tu culpa! – acuso, pero no se soltó de su agarre. –Anda, llévame en brazos – apuro levantando la barbilla. Obediente, y como si no pesara nada, la llevo en brazos hasta el desayunador. Beso su frente y le acerco un jugo de naranja, café y fruta picada con pan francés. Renata se sintió tan alagada, tan feliz, y si, tan dolorida. –Gracias – tomo el vaso de jugo y le dio un largo sorbo.
-Es un placer – Julien sirvió el desayuno para él y se sentó frente a ella, en la barra.

Cuando terminaron, la tomo de nuevo en brazos hasta llevarla al baño de la planta baja.
-¿Puedes permanecer en pie mientras busco un cepillo de dientes para ti? – llevo un mechón de su cabello suelto detrás de su oreja. Ella asintió, y lo vio correr fuera del baño. Julien volvió con un cepillo de dientes nuevo y un vaso de cristal. –Tomate tu tiempo, hare un par de llamadas…
-¿A quién llamaras? – curiosa como un maldito gato.
-A mi hermano. Necesito algo de él…
-Bien – asintió y se entretuvo frente al espejo. Lavo sus dientes y se hizo un chongo con su cabello medio húmedo que tuvo que deshacer porque no tenía horquillas con que sostenerlo en alto. No se movió, pues no tenía fuerzas, así que espero a Julien recargada en el lavabo de mármol negro, que solo tenía un inodoro, y el lavamanos donde estaba recargada.
-Vale, vale, lo hare, si, si, me mataras antes, shalala – la voz de Julien le llegaba desde el pasillo. –Muérdeme antes de desear verte desnudo, imbécil – bufo. –Saludos a mi cuñada – soltó una carcajada antes de aparecer frente al baño. –Mi hermano que siente que puede decirme pervertido cuando lo desee. ¿Te llevo? – le tendió la mano.
Una vez más, sobre sus brazos recorrió el pasillo hasta estar frente al ascensor. Julien se inclino para presionar el botón, y esperaron en silencio.
-Puedes bajarme, no caminare dentro del ascensor – bromeo Renata. La puso con cuidado en el suelo y ella se dio cuenta de que iba descalza. –Mis…
-Lo sé, así tienes pretexto de volver – le guiño un ojo.
Se pregunto cuándo sangrarían sus labios, después de tanto morderlos.
Abajo la tomo de nuevo sobre sus brazos y el portero le tendió las llaves de su auto.
-Dáselas a ella – dijo Julien cabeceando hacia Renata.
-¿Se encuentra bien, señorita Cotty?
-Yo… Si… bien… - balbuceo.
-El color rojo le va, ¿no? – bromeo en dirección al portero que no entendió y solo asintió errático, abriendo la puerta del copiloto para que Renata se sentara. –Nos vemos más tarde, hombre – Julien le dio un amistoso golpe en el hombro y rodeo su auto para entrar.
-¿Te sientes mal o te sientes tan bien como luces? – pregunto al encender el auto que ronroneo.
-Solo… - froto sus muslos. –Me duelen como si hubiera corrido un maratón.
-Realmente fue: Hiciste correrse a un matón – soltó una risotada y busco la mano de Renata, llevándosela a la boca para besar el dorso. –Y eres deliciosa, no importa donde pase la lengua.
-¿G-gracias?
-No hay nada que agradecer, al contrario, lamento que no camines. Dios sabe como deseaba verte en stilettos por las calles y tomada de mi mano como el maldito afortunado que soy.
Se quedo en silencio el resto del camino, hasta que de nuevo Julien la llevo en brazos hasta lo que parecía un taller de autos muy lujoso. Las letras blancas del anuncio de luces rezaban: “El General de los motores”, sonrió divertida.
-Seh, mi hermano y su imaginación desbordante – comento Julien.
-Espera… ¿es el taller de tu hermano? – un pánico sin fundamentos creció dentro de ella.
-¿Tiene algo de malo? – realmente palideció en tiempo record. Y él creyó que ella huiría. Julien estaba listo para la bomba que estallaría.
-Solo preguntaba – recargo la cabeza en su hombro. No podía negar que se pondría roja de vergüenza, pero eso se le olvido cuando se dio cuenta de algo: Julien la amaba. La amaba como ella a él.
‹‹No soy tan cobarde››
-Eso es refrescante – dijo Julien más para si mismo que para Renata.
Entraron al taller donde solo había motocicletas y dos autos clásicos, Renata reconoció el auto viejo de Julien al fondo y otro que estaba suspendido en el aire por una plataforma hidráulica; y debajo, en el hueco, donde seguramente revisaban el auto, salió un rubio vistiendo un overol gris, con las mangas amarradas a la cadera y una playera sin mangas cubriendo su bien marcado torso. Los ojos azules – lejos de ser eléctricos como los de Julien – eran claros y amistosos cuando los miro.
-Tyson – saludo Julien.
-Julien – respondió el rubio con la voz monótona y levanto las cejas mirando a Renata. – ¿La secuestraste y le robaste sus zapatos?
-Ninguna de las dos. Renata, él es Tyson, amigo de mi hermano. Por cierto, ¿Dónde está?, dijo que estaría aquí.
-Arriba, con… la morena. En serio, ¿Dónde, sin ofender señorita, consiguen chicas así? ¡Joder!
Julien soltó una carcajada.
-En el mundo real y no debajo del chasís – le dijo con la voz cargada de orgullo.
-Vivo en el mundo real, por si no te habías dado cuenta, Kittycat – rodo los ojos. –Cuando quieras un hombre de verdad me llamas, preciosa – con descaro paso una lasciva mirada por sus piernas y regreso debajo del auto.
-Que interesantes son los amigos de tu hermano – llamo la atención de Julien acariciándolo con un dedo. Él la miro después de echar chispas por los ojos en dirección a Tyson.
-Es un idiota – bufo.
-¿Kittycat? – Renata reprimió una risa.
-Así me llama desde que el imbécil de Tristan le conto lo del acantilado, cuando no salte después de que Noah, mi primo, y mi hermano lo hicieron. Noah le conto que parecía un gato asustado.
-Me gustan los gatos – Julien la miro agradecido y atrapo sus labios en un cálido beso.
-¿Rens? – Renata termino el beso cuando escucho la voz de su amiga, pero no se despego de los labios de Julien. Esbozo una tímida sonrisa y se giro para mirar a su amiga. Luna tenía la boca abierta.
-Esto…
-¡Cuñada! – soltó Julien. –Tanto tiempo sin verte.
Luna continuo mirándolos atenta.
Sabía que su amiga moría por el más joven de los Van Gulick, y esto solo se hacía aun más bizarro, al menos en su mente. Renata estaba sobre los brazos de Julien, con las mejillas rojas ardiendo en su pálida piel, sus labios tenuemente teñidos y húmedos debido al beso; no supo en qué momento ella dejo de mirarlos con ojo crítico y sonrió. Le daba una alegría enorme ver a su amiga con una sonrisa aun más grande que la de ella.
-Mucho tiempo, si – hablo con la voz ausente. –No tienes zapatos, Rens.
-Que observadora – se burlo Julien, y Renata le dio un golpe suave en el pecho. –Es… solo… - enmudeció ante la mirada acusadora de la ojiverde. –Lo lamento – susurro a Renata, y se volvió a Luna. –Tuvimos un inconveniente ayer por la noche, sabes a lo que me refiero, ¿cierto, Phellan?
La morena parpadeo como si tuviera una luz cegando sus ojos. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras se habían borrado. Atino tan solo a pasar la mano por su frente, negando con la cabeza.
-Lu – llamo Renata. – ¿Como has estado? – definitivamente se cuestiono su salud mental ante esa estúpida pregunta.
-Bien, ¿y tú?
-Bien.
-Más que bien – agrego Julien. – ¿Dónde está mi hermano, Phellan?
-Arriba, atendiendo una llamada de un tal David Granade.
-Ya veo – Julien sonrió ante el nombre, Luna estaba muy ocupada rascándose la cabeza y pensando en las musarañas que no noto el brillo maligno de sus ojos. –Iré arriba – paso de largo junto a Luna, aun con Renata sobre sus brazos, parecía no darse cuenta que la llevaba cargando, hasta que Renata aclaro su voz, Julien se detuvo con un pie sobre el escalón, de la escalera que llevaba directo a la oficina de Tristan. –Cierto… ¿Te importa si te dejo con Luna un segundo? Tengo que hablar con Tris.
-Estaré bien.
-Perfecto – la llevo hasta una silla para que no tocara el suelo y beso sus labios robándole el aliento aun cuando fue solo un suave y tierno beso. –No tardo.
Subió las escaleras hasta la oficina de su hermano y toco dos veces con los nudillos antes de entrar sin una invitación.
-David Granade, ¿ah? – sonrió abiertamente. Su hermano estaba aun al teléfono, pidió que se callara con una mueca y levantando el dedo índice. Julien deambulo por la oficina. El cubículo que tenía las ventanas polarizadas, un gran y robusto archivero al fondo, Julien sabía que estaba vacío, que solo uno de los ocho cajones estaba a medio uso. Su hermano no acostumbraba guardar los papeles en el archivero, prefería arrumbarlos en uno de los sofás café oscuros que hacían juego con lo sobrio de la decoración. En la pared del fondo había un librero con un par de libros, y una fila de 5 cascos de motocicleta, los cuales estaban deslumbrantes; trabajo de Tyson. Uno tenía un par de extraños dibujos, como flamas azules, todo eso lo pintaba a mano, era un buen artista después de todo. Y en la pared que se veía cuando entrabas a la oficina, se veían una enorme tabla perforada, donde reposaban en perfecta armonía llaves Allen, hidráulicas, juego de llaves inglesas, cierras de mano, destornilladores y abrazaderas de plástico de todos tamaños, en fin, todas las herramientas que usaban en el taller. Al menos en eso su hermano si tenía cierto orden, no como con sus papeles.
Tristan termino la llamada y se giro sobre su silla para mirarlo deambular por la oficina.
-¿Qué quieres?
-Yo estoy bien también – sonrió aun dándole la espalda. – ¿Que es lo que quiere Granade?
-El bastardo quiere que le arregle su auto. Y quiere que esté listo en un día. ¡Imbécil!
Julien soltó una carcajada antes de hablar.
-Quizá yo pueda hablar con él…
-No – sentencio Tristan. –Ya veré que hago. Mi madre le tiene mucha… estima y no quiero tener problemas con ese hijo de perra – bufo meciéndose el cabello. –Para todo esto… ¿para qué quieres la moto?
-Para dar una vuelta por la ciudad.
Tristan se sorprendió, había contestado una pregunta directa sin gruñirle. O algo iba muy bien, o algo tramaba.
-¿Solo?
-Que te importa, Trisi-tris – se giro para encararlo. Camino hasta su escritorio y recargo las manos sobre la mesa – ¿Me darás las llaves si o no?
El mayor de los Van Gulick se lo pensó, al final saco las llaves de uno de los cajones del escritorio y se las deslizo por la mesa.
-Cuídala.
-Con mi alma – dijo antes de tomar las llaves y guardarlas en su pantalón. Por alguna extraña razón, sentía que esas palabras no eran para la moto, sino para algo o alguien más.
Y cuando reacciono y salió de su oficina fue muy tarde. El ruido de una moto en la calle le indico que su hermano ya estaba lejos de su alcance.
-¿A dónde se fue? – corrió hasta la entrada y se asomo.
-¿Quién? – Luna lo alcanzo en la entrada y tomo su brazo. –Tu hermano se fue con mi Rens.
El viento se colaba alborotando su cabello, él le había dado su casco para protegerla. Lo cierto era que iba a una velocidad moderada, a pesar que de Renata lo tenía bien agarrado con sus brazos rodeando su cintura. Él no se quejo por el fuerte abrazo, no podía quejarse, era lo más maravilloso sentirse rodeado por sus muslos, el corto vestido descubría sus piernas cremosas magníficamente, y él realmente sintió un tirón bajo sus pantalones cuando de reojo miro la suavidad de sus piernas. Sin mencionar sus pechos pegados a su espalda. Simplemente peleaba por no pedirle que lo acariciara como la noche anterior.
-Algo me vibra…
-A mi también – dijo Julien antes de detenerse. Giro el tronco antes de que ella tomara su pequeño bolso que llevaba bien agarrado entre sus manos y sacara su teléfono móvil.
-Es mi jefa – anuncio. Se pego el aparato al oído y contesto con una dulce voz. –Hola…. Si… Pensé que era mi día libre… entiendo. Iré para allá… Estoy cerca. Nos vemos – colgó. –Era mi jefa, necesita ayuda con unos libros… Dijo que no tardaría. ¿Está bien si me llevas?
-No hay problema, ponte el casco.

Se estaciono frente a donde Renata trabajaba y ella bajo de la moto regresándole el casco.
-No tardo – le dio un beso en los labios. –Te llamo para que subas por mí, ¿si?
-¿Ya no te duelen las piernas? – pregunto divertido tomando su mano.
-Un poco, pero hay elevador – sus mejillas se colorearon.
-Te llevo hasta arriba, no traes zapatos – miro al suelo donde sus pies desnudos le hacían saber lo maldito que era por usar esa mala táctica para hacerla volver a su departamento.
Cuando hubo dejado la moto sobre la acera y asegurado el casco con la red de la moto, la tomo en brazos, absorbiendo un jadeo de Renata con un beso. Subieron al decimo piso, aun dentro del ascensor no la soltó y la beso hasta estar arriba.
Renata lo obligo a dejarla caminar, al menos en el piso donde trabajaba. “Tiene alfombra”, informo cuando Julien parecía negarse rotundamente.
-Y aquí es donde ocurre la magia – bromeo Renata aun tomados de la mano. Julien la siguió en silencio, hasta la oficina de su jefa, donde Renata toco con los nudillos y después de un “Adelante” entro, indicándole que se quedara afuera.
Julien paseo por el sitio, hasta que encontró la puerta que tenía el nombre de Renata con letras doradas. Tenía que estar muy orgullosa con eso. Él se sentía orgulloso de ella.

Loren levanto la mirada de una pila de papeles y le sonrió cuando la vio entrar.
-Es un lindo vestido como para venir a trabajar un sábado. ¿Dónde estabas?
-Con… - no necesito mucho tiempo para decir lo que dijo – mi novio.
Sentía que eran más que “novios”, quizá él no lo dijera, pero ella lo sentía. Además, darle ese título, alejaría a su jefa de cualquier otra pregunta.
-¿Northman?
Esa duda la golpeo con un mazo. Podía jurar que el aire se le fue de los pulmones.
-No, él no es mi novio.
-¿No lo es? ¿Entonces porque vino el otro día a verte?
-¿Qué? – necesito tomarse del respaldo de la silla para mantenerse en pie. Sus piernas se convirtieron en gelatina.
-Estas pálida, linda. ¿Todo en orden?
Quiso gritar que no, que nada estaba en orden. Nada. ¿Por qué volvió?
-Necesito aire…
-Mejor ve a casa. Las cuentas pueden esperar… - Loren se puso de pie asustada y la llevo a la salida.
-¿Rens?
-¿Quién eres tú? – Loren se puso a la defensiva cuando Julien se acerco a Renata.
-Soy su novio – dijo serio. –Renata, linda, ¿Qué tienes? – la tomo de la cadera.
-Necesito aire – Renata lo miro y sintió como el alma le regreso al cuerpo.
Julien no tardo en sacarla del piso y entro al ascensor pulsando el botón de descenso. Cuando llegaron abajo, la llevo en brazos a la calle, ella se removió para bajar de sus brazos y respiro por la boca como si hubiera salido del profundo océano y el aire fuera fresco y nuevo, vital.
-¿Estas bien? – le tomo el rostro, ella aun respiraba por la boca. Eso no podía estar pasando, no. No ahora, no que ya estaba bien,
‹‹ ¿Por qué? ¿Por qué maldita sea por qué?››
-Renata…
Estaba soñando. Eso era. Esa voz no era la de él, no era.
-¿Qué mierda haces aquí? – las manos de Julien dejaron de tocar sus mejillas y levanto la vista para ver como se arrojaba a un borrón rubio como un animal. Apenas enfoco la vista para ver como ambos hombres se peleaban en medio de la acera. Julien le había roto el labio, pero William no se había quedado atrás, con una ceja abierta, el rostro de Julien se cubría de sangre, así como su camisa y chaqueta. Dudo que lo que se asomaba por el rostro de Julien fuera una sonrisa cuando él le golpeo el rostro, pero no, si había sonreído cuando vio al rubio doblado de dolor, y un rodillazo de Julien le rompió la nariz.
En un parpadeo un par de corpulentos policías tomaron a la fiera que era Julien y lo alejaron de William. ¿De dónde habían salido la patrulla?
-¡¡¡Aléjate de ella, hijo de puta!!! – Julien bramo aun entre los brazos de los policías.
Habían necesitado dos policías, y otro más para esposarlo.
Renata corrió hasta Julien que tenía el parpado abierto y corría sangre por su mejilla.
-Jules…
-Estoy bien, llama a mi hermano, necesito a Hunter.
Eso fue lo último que dijo antes de que lo subieran a la patrulla.

diciembre 02, 2011

El placer es mio... - Capitulo 17

A solo 3 capitulos del final. Me encanta la relacion que tienen Kenzi y Noah, debo aceptarlo. *.* Noah es tan lindo aunque él no quiera aceptarlo XD
Las quiero mis amadas lectoras :) ♥ Enjoy ^^


Nota del autor: Mi Adis, es poco de lo que pasa con tu hermano y Kenzi ;) Disfrutalo :)
Capitulo XVII


Su perfume perforaba sus sentidos. Su respiración acompasada lo arrullaba. Sus pequeñas manos reposaban sobre su pecho. Noah no quería abrir los ojos. Estaba tan cómodo con ella entre sus brazos. Nunca se había sentido así.
“Muévete, Noah, odio que me abraces mientras duermo”, gruñía Christine siempre que él intentaba respirar su perfume antes de dormir.
Sus pequeños pies rozaron sus poderosas piernas. El alcohol había desaparecido casi por completo de su sistema, ese roce inocente se incremento dándole un tirón peligroso a su entrepierna. Tenso la mandíbula intentando controlar la postura. Trago con dificultad.
Kenzi se movió, dándole la espalda. Una mezcla extraña y adictiva entre coco y whisky se propagaba por el corto cabello de ella. Aspirando profundamente, y envolviéndola con sus brazos rodeando su cadera la acerco más a su cuerpo. Su suave piel quemaba sus manos.
Un miedo proveniente de ningún lugar se expandió por el pecho de Noah. ¿Qué demonios estaba haciendo? Ella solo era una chica.
No, no solo es una chica. Ella es fenomenal. Es… imposible.
Alejándose muy a su pesar, se sintió frio y vacio cuando su cuerpo no tuvo el roce de la piel de ella.

No supo cuanto tiempo estuvo mirando el techo. Buscando respuestas a preguntas que tenía miedo de formular. Esas preguntas revoloteaban su mente como avispas. Zumbando dentro de su cabeza. Insistentes. Volviéndolo loco.
¿Qué haría ahora? ¿Qué haría con lo que sentía? ¿Pasaría lo mismo que con Christine?
Eres un estúpido Noah.
Kenzi se removió de nuevo.
-Oh Dios, mi estomago – gimió Kenzi, retorciéndose, adoptando una posición fetal que la hacía verse más pequeña.
Noah se alejo un poco de ella. El tamaño de la cama era enorme, y si ella lo sentía pegado a su espalda, seguramente lo golpearía. Se corrió al extremo opuesto a ella y espero a que finalmente despertara. Eso tardo en suceder. Kenzi solo se abrazo el estomago y gimió, cerrando con fuerza los ojos.
Un rato después, finalmente hablo.
-¿Noah?
El moreno abrió grandes los ojos. Asustado. ¿Cómo podía recordar que habían pasado la noche juntos? Con todo el alcohol que habían bebido eso tenía que ser imposible.
-¿Si? – contesto en un susurro.
-¿Estas despierto?
-No, sigo dormido… - estuvo a punto de reír por su propio chiste.
Kenzi giro para mirarlo.
-Que tonto eres – frunció el ceño. –Sabes a lo que me refiero.
-Mucho me temo que no es así… ¿A qué te refieres? – se recargo sobre su codo para mirarla. Sus ojos tenían el maquillaje corrido, formando una sombra oscura debajo de sus verdes ojos. Su cabello estaba alborotado, y no dejaba de verse… exótica y hermosa. Noah no podía quitarle los ojos de encima y eso lo hacía sentir…
No paso nada entre nosotros. No paso nada…
-A nada – le dio la espalda y se sentó sobre la cama. –Me duele todo – se abrazo a sí misma. –La cabeza, el estomago, todo… - gimió.
-Se llama resaca – informo con una sonrisa triunfante. Salió de la cama y cruzo la estancia. –Iré a darme un baño. Después será tu turno…
-No tengo ropa…
-¿Y? – alzo una ceja antes de salir de la habitación.

Escucho el agua caer en la regadera. De inmediato imagino el agua recorrer su enorme cuerpo. Cada musculo perfilado de su anatomía. Se mojo tan solo de pensarlo. No podía seguir en la cama, con el calor de Noah aun sobre las sabanas. Salió de la cama y busco por toda la habitación su ropa. Sus jeans estaban debajo de la mesa de pool. Sus botas cerca de la barra del bar y su blusa en el respaldo del sofá.
Recordaba cómo había terminado semi desnuda. Así como, poco a poco Noah fue perdiendo ropa. Una parte de ella intuía que la había dejado ganar. Pero qué más daba. Ambos estuvieron en ropa interior frente a frente. Y el tipo estaba demasiado bueno como para no mirarlo. Enorme. Fuerte. Arrogante.
Tenía que salir ya mismo de esa habitación. Con rapidez se vistió, o lo intento, ya que su estomago estaba revuelto, amenazando con sucumbir ante la dura resaca.

-¿A dónde vas? – Noah apareció con las caderas envueltas en una toalla blanca.
Ella sintió como todo su cuerpo ardió y sus ojos se abrieron con sorpresa ante la escena. Ese hombre era lujuria pura. Su duro cuerpo aun húmedo. Estaba recargado sobre una pierna mientras reposaba en el marco de la puerta.
-A casa – contesto Kenzi después de respirar pausadamente. Este hombre le robaba el aliento.
-Pensé que íbamos a almorzar juntos – carraspeo.
Su voz había sonado decepcionada. O quizá solo había sido imaginación de Kenzi.
Mordió sus labios. Termino de calzarse las botas e intento aplacar su cabello.
-Yo… no tengo mucha hambre.
-Está bien. Yo tampoco realmente – levanto los hombros y entro de lleno en la habitación. Paso la mano por su cabellera larga y húmeda. –Necesito una enorme taza de café y un whisky – dijo.
La toalla cayó al piso. Kenzi jadeo.
¡Oh Dios! Que trasero. Que… duro, delicioso. Indescriptible.
No se atrevió a despegar los ojos de su cuerpo. Lo observo vestirse. De nuevo un bóxer ajustado resguardo todo el tesoro de la Reina. Unos jeans holgados y una playera de manga larga. Joder. A ese hombre todo le quedaba ajustado, todo. La tela de la playera se pegaba a su cuerpo, sus fuertes brazos podían romper las mangas de la playera.
Aclarando su garganta, hablo.
-Me voy – anuncio Kenzi. Incapaz de permanecer un minuto más a lado de ese magistral y sexy hombre.
-Ok – fue todo lo que él dijo y salió de la habitación. –Tu chaqueta esta en recepción. Solo da tu nombre. Tu bolso también está abajo.
-Si… - Asintiendo por última vez salió de la habitación.

En el ascensor no pudo evitar maldecir esa estúpida idea que tuvo.
Una vez en recepción pidió su bolso y su chaqueta. Su cabeza dolía y su estomago la estaba volviendo loca.
Una vez dentro de su automóvil, puso algo de música lenta. No estaba como para mover la cabeza al ritmo estruendoso de su música favorita. No por el momento al menos. Encendió su auto…
-¡Woah! – con un fluido movimiento, increíble para alguien de su talla, Noah entro en su auto. –¡¡Acelera!! – urgió señalando al frente.
Kenzi arranco pisando el acelerador. Se alejo del Hotel Empire a gran velocidad. Se detuvo en un semáforo, después de haber avanzado al menos un par de manzanas en silencio.
-¿Qué demonios haces en mi auto?
-Apretándome las bolas, gracias – acomodo sus jeans. –Tu eres pequeña, pero es difícil para mí – hizo el asiento hacia atrás. –Mejor – bajo la ventana y saco un brazo. –Lindo auto… Muy tu estilo.
-Eso también dice Marion – recordó sin dejar de mirarlo. -¿Qué haces en mi auto? – repitió.
-Tenia que huir del Hotel – levanto los hombros.
-¿Problemas de dinero? – inquirió curiosa.
-Mmm, algo así. Necesito comer algo grasoso… Dobla en la siguiente a la derecha, por favor – agrego ante las cejas levantadas de Kenzi.
Aparco donde Noah señalo. Frente a un pequeño local callejero. Eran las 2 de la tarde y el lugar estaba a reventar de personas.
-Me amaras después de esto – bajo del auto. Kenzi lo siguió con desconfianza. Activo la alarma de su auto y corrió para alcanzarlo.

El pequeño local donde un enorme cartel se erguía sin poder entender qué demonios decía, se freía carne de hamburguesas con altas brazas. Barriles de metal mantenían la cerveza fría. Tocino, huevos, papas fritas, café. Todos esos aromas le abrieron el apetito. Su estomago revuelto y nauseas desaparecieron.
-¡Noah! – un enorme rubio de cabello largo y barba de días, agito una espátula en cuanto vio que se acercaban. -¿Qué te trae por aquí, pequeño?
¿Pequeño? Esperaba que le dijera de cariño y no a nada físico de Noah.
¡Pervertida!
-Una deliciosa resaca – contesto con una sonrisa enorme bailando en su rostro. –Marcus, necesito algo grasoso ahora mismo – gimió.
Noah jalo un banco alto cerca de la plancha del asador.
-¿Quién es tu pequeña amiga, Noah? – Marcus miro curioso detrás de Noah.
-Oh, es Kenzi… - le rodeo los hombros con un brazo. –Kenzi, él es mi amigo Marcus, el mejor chef de todo Nueva York.
-Eres hermosa, ¿te lo han de decir seguido, ah?
La chica se sonrojo de inmediato. Sonrió tímida mirando los expresivos y cautivadores ojos azules del rubio.
-Amigo… - silbo dando una rápida mirada a Kenzi. – ¿Qué te sirvo, Kenzi? Tengo todo lo que la mente humana puede desear. Carne, carne y más carne. Ah y cerveza pura de barril – termino con orgullo.
-Una hamburguesa con papas fritas y una cerveza, por favor.
-¡Eso! – la señalo con la espátula. –Me agradan las chicas que comen de verdad – con rapidez preparo las hamburguesas. Las cuales eran enormes. Dos grandes tarros de cerveza se deslizaron ante ellos. –Listo, a comer.

El amigo rubio de Noah sonreía en todo momento. Le encantaba cocinar. Podía decirse que las brazas eran su segundo hogar. Y ese local, lo amaba con toda su alma. Él y Noah hablaron de cosas triviales que poco le importaron a Kenzi que devoraba rápidamente la hamburguesa.
-Debes estar contento, ¿ah? – levanto una ceja. Kenzi no se percato de nada porque termino su tarro de cerveza de un trago.
-No lo sé, amigo – suspiro Noah, dándole un ligero sorbo a su tarro de cerveza. –No quiero pisar de nuevo esos terrenos – completo frunciendo los labios.
-Jamás conocí a la otra tipa. Eso es una señal – lo señalo con la espátula. –Y si no te apuras, me como tu regalo – soltó una carcajada, hizo que todos los comensales lo miraran. -¿Más cerveza Kenzi?
-Por favor…
-¡Uh! – relleno el tarro de un litro, dejando una pequeña capa de espuma al terminar de llenarlo. -¿Gran resaca, ah?
-Si… - sonrió tímida.

Terminaron de comer. Noah pago todo, o eso intento porque Marcus no se lo permitió. Después de batallar un rato, Noah logro que aceptara al menos un par de billetes.
-La próxima vez hare que ese dinero entre en donde no te da el sol, Noah – amenazo señalándolo.
-Quiero verte intentarlo, Marc – agito la mano caminando al lado de Kenzi rumbo al Mini Cooper.
-La comida estuvo deliciosa – sobo su estomago con una sonrisa boba y satisfecha.
-Lo sé – sonrió.
Entraron al auto, Kenzi tomo la avenida principal. Sin saber a donde realmente ir. Solo sabía una cosa: No quería regresar a casa aun.
-¿Qué haces un domingo en la tarde? – pregunto de pronto, Noah. La miro de reojo mientras ella miraba el camino.
-Mmm, veo series de televisión. O películas con rosetas de maíz.
-El cine entonces – sentencio. -¡Necesito algo de acción! – rugió.
Kenzi sonrió y se dirigió al cine más cercano según el GPS de su móvil.
-Ah, no – Noah tomo el volante e hizo que ella casi chocara con un carrito de hot dogs. -¡Estúpido! – chillo Kenzi, aterrada. -¡Vamos a morir! – grito intentando alejar las manos de Noah del volante.
-¡Hey! – gruño mirándola divertido. –Por aquí – el auto dio una rápida vuelta. -¡Frena, frena, frena!
Kenzi grito y apretó el pedal del freno con fuerza. Noah jalo el freno de mano.
-¡Dios! ¡Vas a matarme! – jadeo Kenzi, aferrándose al volante.
-Apuesto a que esto es lo más emocionante que has hecho en toda tu vida – sonrió ladino.
Ella no contesto por supuesto. Su corazón aun golpeaba sus costillas con furia.
-¡Acéptalo! Fue como si estuvieras en Fast & Furious – comenzó a reír.
Kenzi alzo una ceja retorica.
-¿Ah, sí? Pues yo me siento como Charlize Theron en The Italian Job – ajusto su cinturón de seguridad contra su pecho y se metió en el tráfico de un jalón.



Noah abrió tanto los ojos que casi podían salirse de sus cuencas. Disimuladamente su mano se aferro al techo del Mini Cooper. Kenzi manejaba como una maldita posesa. El auto era pequeño y prácticamente se deslizaba entre los huecos entre auto y auto.
Y cuando Kenzi aparco el auto debajo de un puente, Noah suspiro. Ella era una salvaje.
¡Me encanta!
-Fast & Furious – gruño bajando del Mini Cooper. -¡Fast & Furious! – azoto la puerta.
Noah la siguió. Ella agitada decía blasfemias con rapidez. Daba vueltas levantando los brazos exasperada. Noah la atrapo en una de esas peroratas sin sentido, tomándola de los hombros.
-¡Chist! ¡Chist! – chasqueo la lengua. -¡Estas viva y te divertiste! – la zangoloteo un poco.
-¡Si! ¡Oh si! ¡¿Viste que se movían tan lento?! – chillo.
-Eso era porque tú ibas como alma que lleva el Diablo – sonrió.
-Lo sé, iba a más de cien – sonrió agitada. -¡Rápido! – dio un par de brinquitos.
-No hagas eso – rogo Noah perdiéndose en su escote.
-¿Hacer qué?
-Nada. Necesito algo frio – Para mi ingle, camino de regreso al Mini Cooper. –Yo manejo esta vez – robo el llavero con una Torre Eiffel dorada, de la mano de Kenzi. Ella no tuvo oportunidad de obtener de vuelta la llave del Mini Cooper. Su estatura no podía competir con la enormidad de Noah.
Rendida subió en el asiento del copiloto.
-Gallina – rezongo.
-No soy gallina – defendió.
-Si lo eres. Ibas así – imito a Noah aferrado a la puerta y al asiento con las piernas tensas y mordiendo su labio inferior como si quisiera que sangrara.
-¡Mentira! – bramo.
-Si tú lo dices – cruzo los brazos sobre su pecho y sonrió con malicia mientras Noah cruzaba las calles a 60 km/hora.

***



Después de un rato, donde Noah manejaba lento y cambiando la música, Kenzi suspiro.
-¿Qué pasa? – la miro deteniéndose frente a un semáforo en rojo.
-Nada – sonrió. –Me la estoy pasando genial… - admitió.
Yo también.-¿Quieres que… te lleve de regreso a casa? – pregunto con la garganta hecha un nudo. No podía admitir que pasar el día con ella había sido divertido.
-Seguro. Dos calles más adelante dobla a la derecha y luego a la izquierda y una manzana más ahí bajo, gracias – soltó una risita.

Noah aparco frente al edificio donde Kenzi vivía.
-Justo vivo en el quinto piso – informo. Mantenía la esperanza de algo que estaba segura él respondería con una negativa. Y mejor reservo la pregunta para otra vida. –Buen día – bajo del auto.
Noah la imito. Le arrojo las llaves de su auto.
-Igualmente – levanto la mano a modo de despedida y comenzó a caminar por la acera.
Kenzi lo miro alejarse. Su interior gritaba porque lo llamara. Su lado positivo estaba ansioso por su respuesta, mientras que su lado pesimista mantenía el control de su cuerpo y sus piernas pegadas al piso. Sin moverse.
-¡Kenzi!
-¡Jace! – jadeo, realmente sorprendida.
Era él. Sr. Pene feo. ¿Qué demonios hacia aquí? ¿Frente a ella?
Su estomago dio un vuelco y la resaca, que parecía haber desaparecido, regreso de golpe.
-¿Cómo has estado?
Mejor sin ti en mi vida.-Bien. Fabulosa. Estupenda – exageraba. Con un simple “Fantástico” hubiese servido.
-Me alegro. Volví del Caribe.
-Si… - lo miro, ahora detenidamente. Esos ojos marrones, de cejas pobladas. Sus labios gruesos y su estúpido cabello revuelto. A sus pies estaba una enorme maleta de ruedas. Vestía su típica chaqueta de piel y unos jeans desgastados con unos zapatos viejos. Recordaba cada detalle. Habían sido amigos durante la preparatoria. O al menos así se hacían llamar. Amigos.
Y como una bofetada recordó lo que había pasado en el departamento de él. Años atrás. Sin sentir nada, pero deseándolo como una maldita loca.
-No supe nada de ti el año y medio que me fui…
-Si, yo… - no sabía que decir. Kenzi era fuerte. Y ahora, justo ahora descubría que no lo era ante él. Quería llorar, abrazarlo. Creer de nuevo. –He tenido trabajo…
-¡Ja! – se mofo. -¡Si claro! Albert me dijo que trabajabas en un Jardín de niños…
Albert era un maldito soplón. Y también era un amigo que tenían en común Jace y Kenzi.
-¿Y? Eso también requiere su tiempo…
-Si tú lo dices… - alzo ambas cejas.
Frunció el ceño. Deseaba ahora romperle la cara. Cretino imbécil. Que él fuera chef a ella que mierda le importaba. Ser maestra también era digno. Fabuloso. Un orgullo.
-Tengo muchas cosas que hacer – tenso los dientes y comenzó a caminar por la acera. Si entraba a su edificio seguro que él la seguiría y era lo que menos quería; tenerlo tras ella.
Camino a paso veloz, con la necesidad de comenzar a correr en cualquier momento. Y lo hizo.
El aire secaba las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Con unas enormes ganas de vomitar y de gritar. Y peor aún, ser abrazada.
-¡Dios! – jadeo, recargándose en una pared. -¿Por qué volviste? ¿Por qué? – las lagrimas secaban su garganta, mientras que le nublaban la vista y la mente.
No podía evitar pensar en él cada noche. Preguntarse qué estaba mal en ella. Se miraba en el espejo y examinaba su reflejo con ojo crítico, mientras que sus lágrimas surcaban sus mejillas. Pero no hallaba que había mal en ella. No era el indicado. Pero nadie era el indicado.
-Mejor sola… - se dijo limpiando con rudeza las lágrimas. –Si, así estoy mejor – sorbió su nariz.
-¿Kenzi? – levanto la vista. Noah salía de una tienda de 24 horas con un Red Bull en las manos. Las lagrimas aun estaban marcadas húmedas en sus mejillas. – ¿Estas bien? - se acerco.
-No… - dijo por primera vez en voz alta. –No estoy bien. No lo estoy… - las lagrimas se acumularon en sus ojos, al borde de rodar por sus mejillas.
Noah dejo caer el Red Bull y la estrecho contra su cuerpo. Atrapándola entre sus fuertes y poderosos brazos. Acaricio su cabello y su espalda mientras ella lloraba y se estremecía.

La abrazo el tiempo que ella lloro. Dejo que se desahogara en silencio. Para cuando ella se separo de él, aun aferrada a su playera, Noah le dedico una tierna y tranquilizante sonrisa. Limpio sus mejillas con sus pulgares.
-¿Mejor? – se atrevió a preguntar, mirándola a los ojos. Esos ojos verdes ahora estaban rojos e hinchados. Trago por lo hermosa que se veía. De una extraña forma no podía dejar de ser linda.
-Creo… - contesto en un murmullo. –Lo siento, yo no lloro… Es solo…
-No tienes porque disculparte – atajo Noah. -¿Quieres que te acompañe a tu departamento?
-Por favor – asintió.
Noah reprimió las ganas de tomarla de la mano. Camino a su lado en silencio. Ella metió las manos en los bolsillos de sus jeans.
Kenzi se detuvo cuando vio de nuevo a Jace. Suspiro pesadamente.
Quizá Noah no era muy intuitivo, pero tenía una hermana. Y ella se tensaba igual cuando veía a alguien que no era de su agrado. Noah siempre la apoyaba.
Tomo a Kenzi de la mano, cuando ella había liberado sus dedos de los bolsillos y los jalaba nerviosa. La morena levanto la vista al rostro de Noah. Obvio tenia que elevar los ojos, él medía un metro noventa y tres centímetros. Enorme. Sexy y letal.
Kenzi sonrió aliviada. Sintiéndose segura. Tembló un poco, esta vez no de miedo, sino por la mano que cubría su mano izquierda, acariciando a intervalos su muñeca y sus dedos.
Cruzaron la acera hasta llegar a la entrada del edificio y entraron. Kenzi aguanto la respiración y dejo escapar el aire cuando sintió la mirada de Jace.
-¿Quién es ese? – pregunto rudo, Noah.
-Nadie…
-Pues parece que ‘Nadie’ no te quita los ojos de encima – levanto una ceja.
-Es… - no sabía cómo confesarse. –Es…
-¿Tu novio? – interrumpió Noah.
-¡No! – jadeo indignada. –No – negó. –Estuve enamorada de él en la preparatoria y toda mi vida de Universitaria – frunció el ceño.
-¿Y? ¿Nunca se lo dijiste y ahora que lo vez de nuevo…?
-Si, si se lo dije. Me ve solo como amiga. Después intento enredarse conmigo teniendo novia y nada, el resto es historia. Ahora no quiero verlo…
-¡Oh! – Noah recordó la historia que ella conto ayer por la noche en el Hotel. -¿Él es quien lo tiene… feo? – sonrió burlón.
-Si – Kenzi sonrió de la misma forma. –Ho-rri-ble – se estremeció de recordarlo.
-Entiendo – asintió lentamente.
-No, no entiendes… Aun me gusta, creo… Pero no habrá nunca un ‘nosotros’. Él solo juega conmigo. Desearía que jamás hubiera regresado… - gruño.
-Ok – Noah tomo su rostro. -¿Por qué no se lo dices?
-No vale la pena. Él solo piensa en él. Nunca le interese. Nunca… ¡Odio sentirme así por él! – chillo. -¡Odio que aun me duela que él no me haya deseado como yo a él! ¡Odio que no me quiera!
-Mierda, Kenzi – Noah la abrazo de nuevo. –No llores, por Dios…
Ella se estremecía intentando calmar su llanto. Lo cual no lograba por más que mordiera sus labios y chocara los dientes.
-Soy una cobarde, Noah. Tengo miedo hasta de mirarlo.
-Shh, shh. Aquí estoy yo. Le romperé los dientes y cada uno de los huesos si osa hacerte alguna mofa. ¿Ah?
-No merece que gastes energía en él.
-Si no las merece entonces no llores por él – contraataco. -¿Ah? No más lagrimas por Sr. Pene feo.
Kenzi sonrió.
-No más lagrimas. Eres una mujer fuerte. Libre. Herm… heroica.
-Si… Lo soy – sonrió. –Lo soy – repitió más segura.
-Esa voz me agrada. Lo eres.
Suspiro.
-No más lagrimas…

septiembre 09, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo XVII

¡Viernes! :D

¿Como se la están pasando mis lectoras? (: Todo padre, ¿ah? Yeah.
Pues como cada viernes, les traigo con mucha emoción un nuevo capitulo de Maldita delicia. Estoy harto contenta porque parece que todo va viento en popa en mi vida profesional. Ah, eso se leyó re mamucas. Me refiero a mi vida escolar, la vida que llevo del otro lado del monitor de sus ordenadores (: Espero que tengan mucho éxito mis chicuelas :]
Cuidence harto, estamos en contacto. Enjoy ^^


17.Girasoles

-Entonces… ¿fuiste a comer con Jensen?
Renata aun no se creía que él amara a Luna. ¡La había dejado! ¡La había dejado!, gritaba su mente. Claro que siempre supo que tenía una razón para haberla dejado hace 5 años. Pero nunca imagino que amarla y no quererla perder fuese su razón.
-Si, y me trajo a casa después de comprarme una extensa dotación de Wonka Nerds – sonrió Luna agitando la cajita de dulces en su mano.
-¿Y después? – Renata la miro fijo.
-Nada – contesto ella vaciando el contenido de la caja de dulces en su boca.
-Mmm… - asintió. Sabía que Luna no iba a ocultarle cosas. –Pues William dijo que me ayudaría con nuestro plan. No le conté lo que Julien – se estremeció – me hizo.
-Ajá – Luna mordía los caramelos. –Que bueno que no le contaste nada. Él solo tenía que decir que si te ayudaba. Solo eso.
-¿Así que tu sabias que iba a ayudarnos?
-Lo supuse, si – confirmo.
-¿Pero cómo? – quiso saber muy interesada.
Luna era muy observadora.
-Bueno, Will está loco por ti. Así que hará cualquier cosa por ti…
-No quiero usarlo, Luna – confeso algo triste.
-Rens, no lo usaras. ¿Crees que él solo pondrá su cara de tierno, porque si? ¡No! – jadeo. –Tú estarás a su lado, como te encanta estarlo. Solo que… Julien te vera.
Luna estaba muy segura de su plan. Tan segura que planeaba en un futuro una salida los 4, Will, Jensen y ellas dos a un Bar-Karaoke cerca de Central Park.
Renata suspiro.
-Bien, si, tienes razón. Además, el trabajo de oficina con William – se sonrojo.
-¡Oh por todos los Cielos! ¡Basta! Apiádate de mí por favor. Llevo semanas sin enredarme con alguien.
Renata se carcajeo.
-Ahora estas con Jensen… - le guiño un ojo.
-Si… Pero no seré fácil. Tendrá que conquistarme… - sentencio terminando el contenido de otra caja de Wonka Nerds.
-Muy bien – sonrió. -¿Y que con Tristan?
Luna casi se ahoga. Tocio sonoramente antes de que recobrara el aliento.
-Él tiene otras cosas en mente – dijo como si no quisiera hablar del tema.
-No entiendo – Renata siguió a su amiga hasta la cocina. Donde dejaba los platos y vasos sucios sin querer mirarla a los ojos. Señal de que ocultaba algo gordo, muy gordo.
-No hay nada que entender. Quiero saber que puede pasar con Jensen, es todo.
-No, no es todo – acuso. Cruzo los brazos, y se recargo en el marco de la salida de la cocina. –Dime que es lo que pasa con Tristan… -exigió.
-Él tendrá una cita con… Monique.
-¿Monique? – repitió Renata. -¿La fulana esa que según es la nueva editora? – ahora ella estaba escandalizada.
-Si… - murmuro mirando sus botas. –Esa misma, la que se parece mucho a Jennifer. Es una perra – gruño.
-¿Cómo pudo? Nunca ha salido contigo, y esa fulana llega y ¡Bang! Tiene una cita con ella. ¿Qué diablos les pasa a los Van Gulick? – pregunto al aire.
-No quiero saberlo, Rens – Luna la esquivo saliendo de la cocina.
-Tal vez también deberíamos cobrar venganza con Tristan...
-¡Que ese bastardo se revuelque con Monique, a mi me importa una mierda! – vocifero molesta. Sus orejas estaban rojas y sus mejillas también. –No lo menciones de nuevo, ¿si?
-Vale, vale… - accedió.
La abrazo. Se abrazaron. Con fuerza.
-Se que no tenía nada con Tristan, pero de cierta forma me siento… usada. Las miradas, las sonrisas. ¡Dios! Iba a besarme en el ascensor una vez. Me trajo a mi casa cuando estuve enferma… Me apoyo con el discurso la vez que me ascendieron. No se – suspiro aferrándose a su amiga. –Me siento… usada. Despreciada.
-Mi Luna. Ese imbécil sabrá que te perdió cuando te vea con Jensen. Es un tarado. Como todos los hombres – gruño animándola.
-Gracias – sonrió. –Siempre sabes cómo hacerme sonreír.
-No dejare que nada ni nadie te haga daño. Si tú gritas, yo grito, ¿recuerdas?
-Siempre – afirmo.

***


Luna tenía demasiadas cosas en la cabeza que había olvidado los preparativos para el cumpleaños de Renata. Jennifer apareció sin más en su oficina.
-¿Hola? – se asomo por la puerta entreabierta.
-Monique. No sé qué diablos hará el hijo de la Sra. Van Gulick en la cita salvaje, – gruñía Luna detrás de su ordenador portátil – así que por favor, hazme el favor de salir de mi oficina.
-¿Monique? – Jennifer entro por completo a su oficina. –No soy Monique, Lunática.
-¡Oh! ¡Jenn! – jadeo cerrando de un manotazo la tapa de su ordenador. -¿Qué diablos haces aquí? Cierra la puerta – le dijo acomodándose sobre su silla y subiendo los codos a su escritorio.

Su oficina estaba más desacomodada que de lo normal. El librero detrás de ella, donde tenía –antes – en perfecto orden números atrasados de Spotlight, estaban ahora, acomodados en una montaña que amenazaba con venirse abajo. Su bote de basura, que era un cesto metálico estaba a rebosar de papeles hechos bolas, cajas de comida china y latas de Coca-Cola, y coronando esa montaña de desechos había varias cajas de Wonka Nerds.
Jennifer miro el lugar con curiosidad. Se sentó frente a Luna, que removía los papeles, fotografías y folders para hacerle un lugar a su amiga.
-Traje café, bueno, para ti un frappe – dejo un vaso enorme sobre el hueco que Luna había logrado hacer.
-Oh que rico, gracias – tomo el vaso y le dio un largo sorbo desde la pajilla.
-¿Qué es lo que pasa, Luna? – Jennifer cruzo una pierna sobre la otra y se recargo en el respaldo de la silla. -¿Puedo fumar?
-Date gusto – asintió Luna. –No pasa nada – mintió, - solo tengo mucho trabajo. Mucho. El número de presentación de Samantha se acerca. Estoy nerviosa…
Sobre eso no mentía. El número de diciembre era la renovación de Spotlight. Se sentía ahogada entre tanto trabajo. La única que parecía no estar estresada era Monique. La muy perra se regodeaba por los cubículos ridículos. Las escritoras la amaban. Quizá ella les prometía autógrafos de Tristan.
-Lo harás bien, eres la mejor. Tanto en las fotografías como editándolas – sonrió con ternura.
-¿Cómo te va a ti con Rosty? – desvió el tema. Nunca le gusto ser el centro de atención.
-Perfecto… Su hermano volvió de California. Está preocupado por él, pero fuera de eso estamos bien, muy bien.
-Silencio, pervertida – dramatizo Luna tapando sus oídos.
Jennifer comenzó a reír.
-No es mi culpa que no tengas acción…
-Lo sé – lamento Luna, suspirando. –No tengo ni tiempo para eso…
-Ja. Eso dices. Pero vamos, aun en la Universidad te dabas tus escapadas…
-Eso fue cuando no trabajaba – agrego cerrando los ojos. –Cuando no había nada más que la escuela… Sin problemas, sin nada.
-Venga, Lu. Amas estar aquí, ¿Qué pasa ahora?
-Nada, Jenn, en serio.
-Mmm – no se trago esa mentira. –Como sea, me lo dirás tarde que temprano – aseguro mirándola fijo. -¿Qué haremos entonces para el cumpleaños de Renata?
-¡Mierda! Lo olvide, oh Dioses, que mala amiga soy.
-Tranquila, aquí estoy para recordártelo. Rosty ofreció su gimnasio para la fiesta. ¿Qué dices?
-Digo que es estupendo. Con el trabajo que tengo, mi casa apenas tiene espacio para caminar…
-Bien, le diré que me ayude con los preparativos. ¿Si?
-Haz lo que quieras, es decir… Lo mejor para Rens, ¿si? Y ni una palabra, ¿de acuerdo?
-Claro, jefa – se puso de pie con una sonrisa. –Le tengo una sorpresa a Rens.
-Mmm – Luna la miro curiosa. -¿Me dirás que es?
-No, porque tu siempre le cuentas todo a Renata. Esta vez no será así – sentencio. Camino hasta la puerta. –Deja de agobiarte y dale gusto al cuerpo – le guiño un ojo. –Adiós.
-Con cuidado…
Dejo caer la cabeza sobre su ordenador y suspiro. Como deseaba desaparecer de esa oficina. No quería ni salir al pasillo. No quería ver a Tristan coqueteando con Monique. Esa maldita.
-¿Luna?
-Jenn, te dije que hicieras lo que quisieras…
-Soy Lizzy – Luna levanto la mirada. La rubia le sonreía. –Te buscan… toma – se acerco a dejarle una nota dentro de un sobre pequeño. Salió rápido de su oficina.
Luna abrió la nota rápidamente. Curiosa como un maldito gato arrojo el sobre a la montaña de basura del cesto, éste se desplomo, pero Luna no le hizo caso.
“Te veo a la salida del edificio. Ya sabes quién soy”
-¿Ya sé quién eres? – frunció el ceño mirando la nota. Intentando descifrar el secreto de la inscripción.
De pronto su teléfono sonó.
-Luna Phellan… - contesto.
-Baja ahora, Luna…
-¿Jensen? – la línea sonó muerta apenas pregunto.
Parecía hora de comer. Había un jaleo fuera de su oficina. Así que salió.
-¿Qué es lo que pasa, Lizzy?
La rubia sonrió radiante, levanto los hombros y negó con la cabeza.
Luna bajo por las escaleras.
Una vez abajo el pasillo parecía estar iluminado de amarillo. Todo el lobby estaba cubierto de girasoles. Su pulso se acelero.
Girasoles formaban un camino guiándola hasta la salida.
Ya afuera, los girasoles no parecían terminar. En la calle no había nadie. Salvo una fila de girasoles.
-¿Qué diablos pasa aquí? – pregunto al guardia de la puerta.
-Dejaron esto para usted – le dio una notita.
“Sigue el camino amarillo”
Sonrió. El camino amarillo.
Lo siguió. Los girasoles estaban más separados entre si a medida que avanzaba y avanzaba. El camino doblaba una esquina.
-Te tengo – ella jadeo cuando unos fuertes brazos la abrazaron.
-¡Jensen! – se sobresalto. -¿Qué es todo esto?
Sobre esa calle aun estaban los girasoles. Rodeando a Jensen como en un claro de bosque.
-Una sorpresa, ¿Qué es lo que parece? – sonrió con suficiencia. -¿Te gusta?
-Es linda, si…
Jensen la miro. Dejo de abrazarla, los pies de ella tocaron el piso.
-Supongo que tienes trabajo – puso el cabello de ella, rebelde como siempre, detrás de su oreja.
-Yo…
-Nos vemos después… - beso su frente y camino alejándose de ella.
Luna quedo aturdida en medio de los girasoles. La gente que pasaba por ahí la miraba y suspiraba.

-¡Jensen! – salto los girasoles y corrió a alcanzarlo antes de que él cruzara una calle. Lo jalo de la mano. Él se detuvo y la miro.
Sus ojos pardos estaban tristes. Lucia derrotado.
-Me gustaron los girasoles… - reafirmo.
-Lo sé… Te encantan – sonrió apenas.
-Si… ¿No gastaste mucho…?
-Luna. El dinero no es problema. Solo quería… Olvídalo.
-Me encanto… - repitió. –Mucho.
-Ya… - un extremo de su boca se levanto para dar una sonrisa tranquilizante. Pero el dolor de su mirada no desaparecía. –Tengo un par de pendientes. Que tengas un buen día… - dejo su mano y la dejo en medio de la acera.
Confundida.
-No entiendo…
Jensen se giro apenas cruzo la acera.
-No hay nada que entender. Para mí está muy claro.
Ella lo alcanzo y lo jalo de la mano para que la mirara.
Luna lo miraba. Sus ojos pardos la reflejaban.
-Me gusto mucho la sorpresa, es decir… Si fue una sorpresa. El lobby parecía ser iluminado de amarillo. ¡Tantos girasoles! – jadeo.
Más que estar sorprendida, no lo creía. Es decir… ¿Iba en serio eso de reconquistarla? Ella solo pensaba que él lo hacía para no estar solo. Para no tener que dormir solo. Solo para pasar el tiempo.
-Me alegro de que te haya gustado – sonrió. Esa sonrisa era forzada y Luna lo sabía. Lo conocía tan bien que incluso sabía que iba a dejarla ahí parada, pero que no se iba a rendir.
-Te invito a comer a mi casa. Cenar… - corrigió perdiéndose en su parda mirada.
-¿Tu cocinaras?
-Puedo intentarlo… - levanto los hombros. Tendría que correr a pedirle ayuda a Renata. Lo único que Luna sabía hacer y eso faltándole sal, era pasta. Lo único.
-¿Qué te parece si yo cocino?
-Si, buena idea – sonrió ella. Suspiro aliviada. –Yo… compro el vino.
-Tengo un par de botellas aun, de esas que le compre a Chuck – comento Jensen algo incomodo.
Lamentaba que Chuck ya no quisiera ni hablarle. En realidad él y Chuck eran buenos amigos, podría decirse que era el único que tenia.
Oh, y recordemos a Jared. Se habían conocido en el Centro de Rehabilitación de Londres.

Jensen estaba tan destrozado que fue difícil meterlo. Nunca supo quien lo había internado en ese Centro. Pero lo agradecía. Mucho tiempo pensó que había sido su tío, pero él no sabía dónde estaba. Después pensó que había sido el mismo Jared que lo había encontrado en la calle, viviendo en bares, ahogado en alcohol y drogas. Ansiando olvidar su solitaria vida, vacía ahora.
Jared y él se habían hecho amigos. De cierta forma Jared también sentía una vida vacía, sin futuro. Perdiendo a su hermana en un accidente, y jurando y perjurando que había sido culpa suya, se había refugiado en los seductores brazos del alcohol. Sin querer salir y sin tener fuerzas de seguir adelante. Solo hubo una chica que lo había animado a salir adelante sin proponérselo, solo que ahora, esa chica parecía haber sido tragada por la tierra.




-¿A las 8 está bien? – pregunto Jensen, acariciando su muñeca.
Eso le daba bastante tiempo para arreglarse. Ella quería sorprenderlo también. Lo quería de vuelta, quería a su seductor amigo de vuelta.
-Claro… - asintió muchas veces. Comenzaba a sentirse nerviosa.
Jensen le dio un beso en la frente, ella cerró los ojos de inmediato. Mojándose de anticipación.
-Que tengas un lindo día…
-Gracias – le apretó la mano que aun tenia aferrada con la suya. –Gracias por los girasoles…
-Descuida. Esto aun no termina – prometió sonriendo ladino.
Tomo su rostro entre sus grandes manos y acercándose lentamente a ella, la beso.
El beso fue tórrido, caliente. Su lengua invadió la boca de ella con maestría. Enredándose en su sabor, probándola y provocándola. Humedeciéndola.
Ella lo jalo de la chaqueta, apretando los puños contra el pecho de él, que corría desbocado.
Un segundo antes de que ella intentara colgarse de su cuello, él se separo relamiendo sus labios y dándole un último beso fugaz.
Luna lo miro con sus orbes grises chispeantes de lujuria.
-Aun no termina – prometió, pasando el pulgar por los labios hinchados y palpitantes de Luna. –Nos vemos a las 8 – dijo y se alejo. –Y no te preocupes por los girasoles, ellos saben llegar a tu casa – aseguro.


Luna no se movió de su lugar hasta que un claxon le hizo dar un brinco.


-¡Lunática!
Giro la cabeza, mirando sin mirar hacia la calle.
-Diablos, te convertiste en zombie – Jack, su hermano, había bajado de su camioneta y la zangoloteo con fuerza de los hombros.
-Ya… estoy bien, bien… - parpadeo un par de veces.
-Dime que con el que te estabas besando no era quien creo que era.
-Si, si era – parecía que hablaban en clave y Luna sonreía aun como una tonta.
Ese beso le había regresado los buenos recuerdos de Jensen. Su adolescencia a su lado, sus noches enredados en las sabanas y tocándose en el ascensor. Sus sonrisas, sus ojos pardos, sus caricias. Todo lo bueno que tuvo con él, regreso. Había regresado por fin.
-Mierda – bufo Jack. –Tú dime cuando lo mato.
-No lo mataras. Sobre mi cadáver si intentas tocarle un pelo – lo señalo, volviendo más en si que antes.
-Mmm – frunció los labios. –No quiero que te lastime como…
-Ya – lo detuvo, no quería recordar eso. No más. –Yo misma lo matare. Créeme.
-Bien – Jackson no dudaba de la capacidad de su hermana. Ahora no era una adolescente de 18 años, era una mujer. Una mujer decidida y con un buen futuro por delante. –Te creo…


Aun así estaba preocupado por ella. No podía dejar de ver a Luna como una niña pequeña, tímida, que le costaba hacer amigos y platicar con la gente. Antes era como un gato tímido. No hablaba. No tenía amigos. Fue en la preparatoria cuando su vida cambio por completo. Comenzó a hacer amigos… Y fue cuando conoció a Jensen, Chuck y más tarde a su pandilla.
No podían culpar a Jack por preocuparse por ella. Al fin y al cabo, era su hermana. La pequeña. Y él mataría a cualquiera que osara tocarle un solo cabello rizado de esa cabeza loca que tenia.

febrero 16, 2011

Maldita delicia. Capitulo XVII

Porque soy jodidamente feliz. Y todo se lo debo a mi Cricri. ¡Que carne! ¡Que hombres! ¡Carne de primera calidad! Sin duda jaja

Y solo porque me hizo feliz, les adelanto el nuevo capitulo de Maldita delicia. Tenia pensado en subirlo el viernes, pero soy muy feliz! =) Te amo mi Ale, y never de los nevers de lemmon olvides que eres importante apra mi. Tan importante que si un dia no parlo contigo por el mensajero me siento incompleta! Siempre seras mi Imps, mi Mita', mi Cricri, mi hermana, mi TODO.


Las quiero a todas por leerme ;) Espero les guste el capi y una disculpa por hacerlas esperar :) Cuidence y enjoy! ^^







17. Perdonar y ser perdonado

Emily Wildest

-Despertar entre tus brazos fue mejor de lo que imagine – soltó Patrick frente a mi escritorio.
Tenía la mirada sobre un par de reportes de mis alumnos. Me sonroje sin poder evitarlo.
No lo escuche, pero de pronto él estaba detrás de mi, besando mi cuello. Bajo los tirantes de mi blusa y beso mis hombros, bajando peligrosamente las manos a mis pechos. Gemí.
-Me encanta ese sonido – Susurro en mi nuca.
-Patrick… Alguien podría entrar.

¿Qué? Ahora mi lado tímido salía a relucir. Algo mal andaba conmigo.

-¿Y?
-¡¡¿Y?!! Pueden vernos – chille.
-Pensé que te gustaban las emociones fuertes…
Sonreí.
Si me gustaban, pero no quería… Ok, ya una vez lo hice aquí con Dorian. ¿Qué podía pasar ahora?
Me levante de mi asiento y jale a Patrick de la corbata para acercarlo a mí. Él me subió al escritorio. Acaricio mis muslos, y subió la falda a mi cintura.
-Eres deliciosa… - Sus dedos rozaban mis piernas y poco a poco fueron adentrándose a la unión de mis piernas. Gritaría en cualquier momento.
-Oh, Pat – jadee. Sus dedos acarician la zona más intima de mi cuerpo.
-Estas lista para mi…
El tipo era muy observador. Abrí su pantalón y acaricie su hombría para frotarla con rudeza. Jadeo y …

-¡¡Profesora Wildest!! – aporrearon la puerta.
Patrick gruño molesto y yo… yo solo me acomode la ropa. Baje de un salto de mi escritorio mientras Patrick volvía a su lugar y acomodaba sus pantalones. Pobre. Lo bueno de ser chica era que ocultabas tu excitación debajo de la ropa interior. Ellos… bueno, ellos necesitaban algo más que una ducha fría.
-Adelante… - me senté en mi silla.
-Hola profesora Wildest. Oh… Hola Sr. Snyder… - sonrió nerviosa y sus libros cayeron al piso.
Otra chiquilla más enamorada de Patrick. Nada nuevo.
-¿Qué tal Ale? – salude mientras la chica tomaba sus libros roja como tomate. Pobre.
-Yo… venia a ver a la profesora Wildest, por lo de un trabajo… - balbuceo perdiéndose en la mirada de Patrick. Típico.
-¿Oh si? Bueno Alejandría, ¿Cuál era el problema?
-¿Perdón? – por fin me miraba. –Oh si… bueno, quería saber si lo quería en primera persona o en tercera persona…
Les había pedido un relato sobre la libertad y el libertinaje. Ya saben… Una tiene que ver como piensan los chicos.
-Bueno, Ale… es tu decisión como empezar el relato. Sorpréndeme.
Alejandrina era una de mis estudiantes más destacadas. Tenia buena ideas y las planteaba en clase sin vergüenza. Seguro que cuando creciera seria como mis amigas, incluso como yo. Además de que escribía muy bien, siempre quedaba sorprendida por sus historias. Tenía una imaginación sorprendente.
-Bien, gracias. Hasta luego – salio con rapidez del cubículo.
-Traes de cabeza a media universidad. Incluso los hombres te encuentran atractivo.
-Gracias, creo – sonrió. –Pero yo no soy Jack Twist para verlos atractivos a ellos. Solo te encuentro atractiva a ti y solo a ti.
-Ok – baje la mirada de nuevo.
Ya ni recuerdo que demonios hacia antes de que Patrick me tomara de la cadera y comenzara a besarme. Él tenia algo que me hacia olvidar todo, todo.
Era lindo, guapo, inteligente. Y amanecer entre sus brazos… fue… Mmmh.

>>





Abrí los ojos. La luz del día, quizá del medio día me hacia entornar los ojos. Patrick yacía sobre mi cama, con las sabanas revueltas sobre su cadera. Una visión como pocas. Sus músculos definidos atormentaban mi cabeza. Su piel bronceada me invitaba a pasar los dedos sobre su piel. No se como definirlo, pero me sentí como una adolescente de nuevo.
No sabía bien que era. Si era él, o algo más lo que me hacia sentir… contenta de nuevo. Las lágrimas se habían ido de mi cuerpo ya hace siglos. Él venia a poner las cosas en su lugar, a acomodar las cosas. Podía sentirlo en mi interior. Podía sentir como algo mejor, algo que me haría sonreír siempre que se acercaba.
Patrick abrió los ojos.
-Sabias que es de mala educación mirar – torció los labios en una mueca sensual.
-Lo siento, yo… pensé que te… Hola – No termine lo que le diría, que seguro seria que pensaba que se iría al amanecer.
-Hola. ¿Estas bien? Luces cansada…
-Eso por tu culpa – alce una ceja.
-Puedo compensarte… - Jalo mi cuello y me atrajo a sus labios.
Besando con fiereza.
Olvídense de los malos alientos, este tipo sabia a gloria. Mi cuerpo se calentó en el acto y me monte a él, uniéndonos de una buena vez.





>>

Para que recordar esos momentos tan calientes… Más aquí, dentro de la Universidad. Lo mejor era alejarme de él. Si… porque sino, tendría que montarlo de nuevo y hacerlo gritar mi nombre como esa mañana.
Despeje mi mente con un poco de agua. Tenia que dejar de pensar en sus deliciosos movimientos, en sus labios de infarto y en sus ojos tiernos y profundos.

-Toc, toc.
-Adelante… - esta vez fue Patrick el que invito a quien quiera que estuviera fuera del cubículo.
-¡Patrick! – Una chica de cabello castaño rojizo se arrojo a los brazos de Patrick.
Quisiera decir que no son celos los que ahora siento. Pero es imposible. La chica era preciosa. Estatura promedio, cabello a la altura de los hombros, delgada.
Oh mierda… Mi estomago dio un vuelco. ¿Por qué me pasaba esto a mí?
Salí en silencio del cubículo.
Quizá no debería sentirme así, ya que yo era una chica nueva. Solo que Patrick en serio que me gustaba. Incluso pensé ir en serio con él, ser exclusivos. Ahora sabía que él no pensaba igual. Suspire.
Camine a la cafetería, fuera del campus. Iba tan aprisa que choque con un par de estudiantes.
-Un expreso – casi le grite al tipo que atendía la cafetería.
Me miro ceñudo pero después sonrió.
Esto me sobrepasaba. Era raro, muy raro sentirme así. Así por él. Por Patrick. Venga, ¿Cuánto tiempo hacia que lo conocía? Un mes, 3 semanas, quizá menos, quizá más.
El café sabía a los mil demonios. ¿Qué se supone que haría ahora? ¿Hacer como sino me importara? ¿Sonreír a la par de aquella chica? No, no creía poder.
-¡Emily! Hola… - Era Dorian. Se sentó junto a mí. -¿Estas bien? – tomo mi mentón y acaricio mi mejilla.
-Hola, Dorian… Si, estoy algo cansada, creo que me duele la cabeza.
-Temporada de exámenes y Día de Brujas, ¿ah?
-No lo repitas. Odio este mes… - lamente.
No solo el mes, sino las preparaciones. Detestaba escuchar sus planes Universitarios. O más que odio era nostalgia. Extrañaba esas fiestas. Extrañaba poder disfrazarme de conejita sexy, de porrista muerta sexy, de enfermera zombie sexy… Sonreí al recordarlo.
-El que solo se ríe de sus maldades se acuerda – comento Dorian.
-No, solo… Bueno, recordé cuando mis amigas y yo planeábamos alguna fiesta de Día de brujas, y los disfraces y todo eso. Como los chicos ahora.
-Si… - suspiro. –Adoraba esas fiestas… - miro a la nada con nostalgia.
-Le haremos una fiesta a Jennifer en León, es para el día de brujas. ¿Quieres ir?
-Seria fantástico. Gracias.
-Disfraz obligatorio – sentencie.
-Wow. Que bien… podre sacar mi disfraz de Flash Gordon… - decía divertido.
-Espero que estés bromeando. ¿Tu, de Flash Gordon? – alce una ceja.
Lo cierto era que me imaginaba a Dorian como un vampiro letal, quizá como un Batman, pero de rojo… No, a él no le iba el rojo.
-Si, estoy bromeando. Bueno, Emily, tengo que patear un par de traseros. La temporada de futbol empezó, y hay varios chicos que merecen un poco de mis gritos. Nos vemos – se puso de pie.
-Dor… ¿Quieres ir…? Olvídalo.
-¿Un café?
-Solo quería saber si quieres ir al cine conmigo.
-El cine, ¿ah? ¿Cuál veremos? ¿Toy Story 3? – soltó divertido.
Si, Toy Story 3. Esa película nos sirvió para besarnos en la oscuridad. Para sentir las manos de Dorian sobre la tela de mi ropa. No se como no nos corrieron de ese lugar. Y menos mal que Luna no sabia eso, sino…
Ya podía escuchar sus reclamos: “Las salas de cine son para eso, para ver películas, no para ir a manosearse con tu peor es nada. No entiendo como es que la gente acude a la oscuridad de las salas de cine a eso. Podían gastar ese dinero para irse a algún hotelucho barato”. Si… eso sin duda seria lo que diría.
-Bueno, prometo mantener las manos quietas.
-Se que no puedes prometer eso. Mejor te veo a la salida, y comemos en mi casa. ¿Te parece? Yo cocino.
-Mejor aun…
-Perfecto. Nos vemos más tarde, linda – alzo la mano despidiéndose.
Perdí la mirada en el trasero de Dorian. Que bien le lucían los jeans. Aunque no se veía nada mal en traje negro y corbata. O en sus pantalones de algodón para deportes. O mejor aun… en esos pantalones cortos.

Regrese a mi oficinita después de tirar mi café expreso al cesto de basura, esa cochinada sabia a los mil infiernos.
Por los pasillos mis alumnos parloteaban contentos, algunos incluso me saludaron. Solo les sonreía, hoy no tenia ganas de charlar con ellos. Si tuviera 10 años menos seguramente les guiñaría el ojo, para atraerlos a mi trampa y después de un par de copas…
Ok , no.
Olvidemos los cortejos y los acostones con mis alumnos. Venga, solo tienen 4 años menos que Rens y Luna. ¡Caray! Solo 4 años menos. Esas dos niñas, tenían demasiada suerte y tantas ganas de trabajar que daban asco. Es en serio. Ellas persiguieron sus sueños. Rens quería ser contadora, y Luna fotógrafa. Y aunque en el interior, Rens tenia alma de músico, le gustaba su trabajo o eso parecía. Al menos no lucia cansada, demacrada o malhumorada. Luna, por su parte, se la vivía en el trabajo, esa Editorial bien podría ser su segundo hogar. Pero para mi que algo más que tomar fotografías era lo que la motivaba en su trabajo. Metería las manos al fuego y diría con mucha seguridad que el hijo de su jefa, el tal Tristan, motivaba a mi Luna. Si, seguro que si; yo no naci ayer. Ahora, pasando a Jennifer. Ella ahora estaba más que feliz. Empezando por Rosty, ese tipo la tenía en un pedestal, y me alegraba mucho por ella. Francamente fue un alivio que ella dejara de perseguir y de vivir en su asqueroso pasado. Atrapada con Carter, la mierda de novio que tenia. Lo conoció en la preparatoria o una cosa así. El tipo le bajo el cielo, la luna y las estrellas, típico, y después derrumbo los castillos de aire y arena que Jennifer construyo.
Mi pobre amiga, había sufrido por él, demasiado. Sabía que ella lo amaba, y muy en el fondo lo seguía amando aun sabiendo que él la había dejado por otra. Por una zorra, que el muy desgraciado negaba. Y decía con toda seguridad que era solo su amiga. Si, claro. Solo su amiga. Y yo me chupo el dedo, ¿no? El muy bastardo ahora estaba sufriendo, y no era que me alegrara… Ok, si me alegraba, porque se merecía eso y más. Jennifer siempre tenía una sonrisa, aun después de saber de la muerte de su madre. Y que bueno que dejo de interesarse en el tal Andy; yo no lo conocía, pero según Luna y Jennifer el tipo estaba demasiado bueno para ser verdad.

-Emily… - Me detuve en el pasillo. Era Patrick, su voz era inconfundible. -¿Dónde estuviste?
-Por ahí – respondí sin darle mucha importancia.
-Oh, ya veo – se rasco la nuca. –Bien, nos vemos después – sonrió muy poquito y lo vi alejarse con rápidos pasos por el pasillo.

¿Qué demonios le importaba donde estuve? ¡Él estaba con esa chica! Con esa hermosa chica. Joder.

Despeje las ideas, en donde él besaba a la chica sobre mi escritorio. Me convertiría en dragón y le sacaría las tripas a la fulana. ¡Grrr!

No, momento, ¿Qué demonios me pasaba? Patrick y yo, bueno, no había un Patrick y yo. No. Solo fue una loca noche de sexo en mi departamento, donde él, después de hacerme el sexo matutino más delicioso, preparo el desayuno, y entre juegos que llevaban jarabe de Maple sobre la piel…¡Basta! Emily… reacciona mujer.

Me tumbe en mi silla, detrás de la cortina de cabello rojo cerré los ojos, relajándome o intentado hacerlo. Dejando de pensar en la fulana hermosa que se había colgado del cuello de mi compañero de oficina. Aproximadamente una hora después, Patrick regreso de quien sabe donde, con un beso rojo pintado sobre la mejilla izquierda. Intente no rugir. Me relaje y mordí mi lengua toda la tarde. Di un par de clases. Al menos Dorian me distraería un poco.

-Hey, hola Emi – saludo al asomar su cabeza por la puerta. No dejo siquiera que Patrick le permitiera la entrada.
-¿Puedo ayudarte? – inquirió Patrick con la voz gruesa, nada amigable.
-Tu no, amigo. Emi, ¿lista? – entro por completo a la oficina.
-Lista… - tome mi abrigo y mi bolso, apague mi ordenador y tome su mano. –Nos vemos después Sr. Snyder.
-Hasta luego, Profesora Wildest – respondió Patrick.
¿O era mi imaginación o Patrick tenia el semblante oscuro?
Nah, seguro que lo imagine. Sonreí antes de salir. Uf, al menos no estaría cerca de él. Y así, él no podría ofrecerse a llevarme a mi casa, y después sucedería lo que iba a suceder con Dorian.

Salimos al estacionamiento. Dorian parloteaba contento sobre su partido con los chicos, en la Universidad de los Ángeles.
-Emily… -Logan – jadee.
De nuevo los recuerdos me azotaron. -¿Qué haces aquí?-Necesito verte. ¿Podemos hablar… a solas? – miro a Dorian.-No…-Solo unos minutos… - pidió. Ahora era su turno de rogar. Bien podía hacerme la importante, dejar que me rogara. Pero los días en que me hacia la cosa más divina del mundo habían terminado. Terminaron cuando escuche mi nombre de su voz. De su ronca y sexy voz. -Bien. Dorian, adelántate. Te veré en tu casa…-Seguro – Dorian se alejo de ahí, y subió a su auto. -¿Qué es lo que quieres?-¿Podemos tomarnos un café?Asentí. Caminamos a la cafetería. Él pidió dos cafés. Un crema irlandesa para mi, aun lo recordaba. Para él uno negro sin azúcar. -Lamento… lamento haberme comportado como un patán, aquella vez en mi departamento. Lo siento… -Ajá… continua…Él sonrió. –Tuve que pedirle ayuda a un amigo… para saber donde trabajabas. Le debo un gran favor.
-Pudiste recurrir a Luna, como antes.
-No, no puedo.
-¿Por? – pregunte curiosa.-Cosas… - dijo sin más. Seguro se refería a su confesión. -Ok… ¿De qué querías hablar? – le di un sorbo a mi café. Delicioso.
-De… - bajo la mirada a su taza. Se quedo en silencio unos minutos. –No quiero hacerme a la idea de que te perdí para siempre – dijo.
Mi corazón, juro que mi corazón dejo de latir apenas escuche a Logan.
-¿Cómo? – tartamudee.
-Emily, te amo – me miro. Sus ojos oscuros me cautivaron como la primera vez. –Nunca deje de amarte, nunca. Fue un gran error no luchar por ti, te hubiera dado el tiempo que necesitaras, si no me hubiera vuelto huraño e insensible cuando me dejaste en el altar. Tenía miedo, y en el fondo te odie. Pero sabía que te amaba más que a mi propia vida. Más… mucho más que a Molly. Sé que fue un error intentar olvidarte con alguien más. Lastime a Molly y fue mi culpa que ella… - la voz se le quebró.
-Logan… - intente tranquilizarlo. ¿Cómo podría? Yo misma no podía ni creer lo que confesó. Lo que dijo. Lo que aun sentía por mí.
-Emily… mi hijo murió - Logan se soltó a llorar.
Me paralice. ¿Su hijo? Eso me cayó como agua fría, como si hubiera caído dentro de una laguna congelada.
-Estaba embarazada de 8 meses cuando tuvo el accidente. No solo la enterré a ella, sino a nuestro hijo… - Logan se meció el cabello. No puedo describir el dolor que expresaban sus ojos, su rostro. Él era un hombre roto, un hombre vacio. Perder a un hijo…
No podía imaginar la magnitud de ese dolor. Solo me acerque más a él, lo abrace.
-Lo siento… - susurre. Esperando que no me rechazara. No lo hizo.
-El niño vivió aun después de que Emily estuvo en coma. No había esperanzas para ella. Pero Anthony sobreviviría… o eso dijeron los doctores. Dios… - sollozo.
-Ya, ya Logan, no me cuentes nada… No quiero verte así – pedí limpiando las lagrimas de sus mejillas.
-Pero tengo que decírtelo, Emily… Volví… porque… porque quería que… conocieras a mi hijo. Pero él…
-Logan… Basta. No sigas…
-Emily, perdóname… perdóname… - repitió.
-No tengo nada que perdonarte… Yo soy la que debí rogar por tu perdón, fue mi culpa que perdieras a tu hijo, que perdieras a Molly…
-No. No digas eso – tomo mi rostro. Su tacto cálido me hizo derrumbarme sobre sus hombros.
-Jamás te he olvidado…
-Te amo – dijo. Beso mi cuello. Se sintió tan bien eso.
Perdonar y ser perdonado. Un peso menos sobre mi miserable alma. Se sentían tan bien los brazos fuertes de Logan rodeando mi espalda. Sentir su respiración sobre la piel desnuda de mis hombros. Sentir su barba raspando mis mejillas. Sentirlo mío de nuevo. Al menos… al menos no éramos un par de extraños en la ciudad.
Me dolía verlo deshecho. Un hijo, dicen, es lo más preciado del mundo, el tesoro más grande que un ser humano pueda poseer. Él lo había perdido. Y por mucho que él dijera que no había sido mi culpa que perdiera a los tesoros más preciados de su vida; si era mi culpa. Pero repondría ese error, o lo intentaría.
-Logan… - me separe del abrazo para mirar sus ojos.
-Dime – sonrió. Cálido, tierno. Como antes.
Como cuando le decía algo importante, algo que empezaba por ser una estupidez, pero que siempre terminaba siendo importante. Logan siempre decía que lo mío, lo que yo pensaba era importante para él. Siempre me tomo en cuenta. Aunque lo que pensara o sintiera fuera una simpleza o tontería. Él siempre me tomaba en serio.
-Te amo… - dije. Siempre lo ame, siempre. No deje de amarlo.
-No sabes lo feliz que me hace escucharlo…
Inclino su rostro. Unió sus labios con los míos.
Dios…
Extrañe tanto esto. El contacto de nuestros labios, de nuestras lenguas danzando, de su respiración profunda, pausada. De su cálido aliento, de sus pequeñas mordidas sobre mis labios, sus manos atrayendo mi rostro al de él. Los susurros picaros contra mis labios cuando me besaba. Lo extrañe tanto. Tanto…

Las chicas del Té de Lemmon

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