abril 08, 2012

Maldita delicia, tercera temporada. Capitulo 12

Este maldito blogger se me quiere rebelar, pero lo mantengo al marguen al infelicillo ¬¬ Como sea. Nueva entrega de Maldita delicia, como estuve ausente el viernes se las dejo hoy, domingo sabroson para echar la flojera bien Agustin Lara XD
Sin más, les aviso que van a chillar u.u Pero despues ¡zaz! Van a sonreir como bobas, que conste mi Ale, que ya te adverti. Te amodoro. No importa que la red me robe mis parejas ficticias, cosa curiosa por cierto. Te amo mi cielo, pero ya estoy de vuelta solo para desvelarme para ti ♥ Enjoy ^^



-Buen viaje – sonrió Renata.

La sala de espera se despejaba poco a poco. Los pasajeros abordaban el avión. Renata no quería llorar, mordía su lengua y mantenía la sonrisa en sus labios mientras William besaba el dorso de su mano como un caballero.

-Llámame cuando aterrices – pidió Renata es un desesperado intento de calmar su llanto. Era extraño verlo irse, de alguna manera se sentía segura, aun si él dejaba América.

-Estarás dormida – hizo una mueca divertida, acariciando su delicado rostro.

-No importa… - levanto los hombros.

-Bien. Mi reemplazo llega el lunes. Te alegrara saber que Marcus estará al frente… Confió en él…

-¿Marcus? ¡Vaya! Me parece muy bien…

Una voz femenina anuncio que el avión de William estaba a solo unos minutos de despegar. Sin embargo William miro nervioso la sala de espera y entre la gente.

-¿Qué pasa? ¿Alguien más vendrá a despedirte?

-¿Qué? No…. No… no creo… Espero que no… Tengo todo en orden…

Renata lo miro curiosa.

-Te voy a extrañar – soltó su mano y tomo su rostro para besarla con cuidado. Renata lo envolvió con sus brazos y se puso de puntitas para profundizar el beso.

-¡Papi! – William se paralizo. Pero no tanto como Renata. La chica se giro hacia la voz, entonces vio a un niño rubio pequeño con los ojos preciosos y azules. El niño corrió a los brazos de William. Él se inclino y lo tomo entre sus brazos. Renata, en shock, abrió grandes sus ojos verdes, sin podérselo creer. No sentía su corazón latir bajo su pecho. Solo podía ver a William con un niño, hermoso, lleno de vida, entre sus brazos.

-Tu… hijo… - logro formular, con el poco aire que albergaban sus pulmones.

-Déjame explicarte…

-Ya sé cómo se hacen los bebés – su voz salió aguda desde su garganta, pues ésta se había cerrado, el nudo interno crecía y crecía. La presión aumentaba y su color dejo de ser de un pálido lechoso, ahora prácticamente era transparente.

-Renata…

-Hola, soy Ezra – sonrió el niño. Sus dientes relucientes como los de su… padre, su mirada picara y ese rubio cabello despeinado le caía sobre los ojos. Alcanzo a ver pequeñas pecas sobre su nariz perfilada y esas mejillas sonrojadas, que solo un niño vivaracho y alegre podría tener. Era la viva imagen de William.

-Ren, déjame explicarte…

-Adiós…

Quería llorar, pero no frente a él.

-¡Ezra! – grito una mujer. Era Mary, la nana de los Van Gulick que corría hacia William. –Ezra, no desaparezcas así de nuevo…

-Lo siento, abu – bajo la mirada el niño.

-Oh, hola linda – saludo Mary, girándose hacia Renata que seguía petrificada a pesar de haberse despedido hace un par de segundos. –Que bueno que viniste con William, es un hombre despistado a veces… ¿La empresa queda a tu cargo mientras no está?

-Mary… - William negó con la cabeza. La mujer entendió de inmediato y cubrió su boca con sus arrugadas y delicadas manos. –Ez, querido, te comprare un caramelo, vamos.

-¡Si! ¡Vamos, papi! – jalo la mano de William.

-En un segundo voy…

Espero a que Mary y Ezra se alejaran para encarar a Renata que seguía sin moverse.

-Yo quería…

-Buen viaje.

-Déjame explicarte, Ezra…

-Buen viaje… - repitió. Sus ojos se llenaron de lagrimas y apenas podía ver a William.

-Yo… Renata, en serio, lamento…

Renata levanto una mano, automáticamente, como un robot. William quedo en silencio.

-Tú no – negó con la cabeza, ajena a todo lo que veía, escuchaba y sentía. –Tu no…

-Jamás fue mi intención…

-Ajá – asintió. Miro a la nada. Y deseo, con todas sus fuerzas, poder moverse de ahí, pero su cuerpo no funcionaba, deseo correr, llorar, gritar. Deseo a Luna, su pilar, su fortaleza a su lado. Sin embargo lo que tenía frente a ella era a un gran mentiroso. Un perfecto mentiroso. Todo lo que le dijo, o más bien lo que no le dijo…

-Por favor, déjame… Déjame explicarte… - la tomo de los hombros, obligándola a mirarlo, ella cerró los ojos y finalmente las lagrimas sucumbieron y cayeron por sus mejillas pálidas. Las sintió frías rodar y caer hasta sus labios. William quiso limpiarlas con sus dedos, pero ella movió el rostro. Sentir su tacto ahora…

-¡Renata, mírame! – grito William. Su voz, su perfecta voz, sonó en su cabeza, retumbando con sonoros ecos, sin querer extinguirse, y dolió, dolió como si una daga se clavara en su pecho.

-No de nuevo – sollozo.

-Déjame explicarte, déjame explicarte… Si, él es mi hijo, yo no dije nada porque…

-Porque eres un hijo de puta – una voz burlona interrumpió la explicación de William.

-¿Qué mierda haces aquí? – chocando los dientes, miro a Julien, que estaba a un par de pasos detrás de ellos, con los brazos cruzados, soportando su peso sobre una pierna.

-Solo vete, Billy – dijo, con voz cansada. –Solo vete…

-Renata, por favor… - William ignoro a Julien.

-Vete, tu vuelo te dejara, no queremos que eso pase – dijo Julien caminando hasta Renata.

-¡Púdrete! – gruño William.

Renata en estado zombie, sintió la mano de Julien buscar su mano. A lo lejos escuchaba sus gritos, la explicación absurda de William, y la voz que anunciaba la última llamada para el vuelo a Londres.

-¡Lárgate! – rugió Julien, y empujo a William. El rubio solo dio un paso atrás. –Ya has hecho suficiente. Solo vete…

-Tú no me das órdenes – bramo William. Renata levanto la mirada y vio de refilón el puño de William directo a la mandíbula de Julien. El más joven de los Van Gulick cubrió su boca, y una risa gutural escapo de entre sus dedos. La chica había reaccionado por fin, ante la multitud murmurando.

-¡Julien! – quiso mirar a través de la mano de Julien, pero receloso no se lo permitió.

-Rens…

-¡VETE DE AQUÍ! NO QUIERO VOLVER A VERTE. ¡¡SOLO VETE!! – grito a William con todas sus fuerzas. Le falto aire para terminar con todo lo que pensaba decirle.

-Renata, lo lamento, jamás quise…

-Pero lo hiciste, y largo de mi vista… Vete.

El avión estaba a nada de partir. Con una última mirada, William le dio la espalda, Ezra había aparecido con Mary y lo jalaba de la mano, con brinquitos y una sonrisa resplandeciente se alejo con de su padre  directo a la puerta de abordaje.

La chica los miro mientras se alejaban.

-Renata…

-No de nuevo… - sollozo.

*Click, I can't smile whitout you - Barry Manilow
Ella miraba a la nada. Por sus mejillas corrían gruesas lágrimas. El dolor se podía leer atreves de sus verdes ojos. Su maquillaje se había corrido, y ahora, corrían lágrimas negras, profundas como su dolor.

Julien le tomo la mano y en un segundo ella se hundió en su pecho, llorando con fuerza, aferrada a su playera blanca. El dolor de Renata lo tenso, al punto de que él deseo llorar junto con ella, pero alguno de los dos tenía que ser fuerte. Decidió que sería él, quien estaría con ella, soportando las mareas bravas de su sufrimiento.

El tiempo dejo de tener importancia mientras ella permanecía oculta entre sus brazos. De vez en vez sorbía su nariz, pero de nuevo el llanto aparecía. El silencio se hizo indispensable, aunque su lengua sarcástica quería animarla un poco, supo que no era el momento adecuado para soltar alguna barbaridad, no ahora, no aun.

Espero. Y espero…


-No quiero ir a casa – Renata había hablado por fin. Julien busco su mirada. Sus ojos estaban rojizos e hinchados, su rostro totalmente húmedo y marchito. El brillo de sus ojos parecía haberse extinguido, y eso fue lo peor que Julien pudiera soportar.

Intento limpiar su rostro y reprimió el deseo de besarla.

-Bien – asintió.

Sin dejar de abrazarla caminaron juntos a la salida. En silencio, subieron a su auto y la llevo a su ahora departamento. Cuando salieron del ascensor, Julien soltó la mano de Renata, pero ella jadeo.

-Solo iba por una botella de whisky… - sonrió.

-Voy contigo – Julien asintió, tomo su mano de nuevo y la arrastro hasta la cocina. Tomo la botella, los vasos y un poco de hielo con una sola mano, ya que ella se negaba a soltarlo. –Tendrás que ayudarme con esto – le dio la botella.

La llevo a su nueva habitación, arriba, en la segunda planta. La luz y la vista eran magnificas.

‹‹Quizá eso la anime››

Con esperanza entraron, al menos Julien, porque Renata no daba señales siquiera de querer formular una mueca que pasara por un intento de sonrisa. La cama estaba revuelta, las cortinas estaban corridas y dejaban entrar la luz del atardecer, rojiza naranja, por los amplios ventanales.

-¿Whisky? – pregunto sintiéndose un tonto.

Renata asintió y se sentó en la orilla de la cama.

-¿Por qué estabas en el aeropuerto? – Renata formulo la pregunta, mirando sus uñas.

-Por ti – respondió, arrodillándose frente a ella, tocando su barbilla con un dedo para que ella lo mirara. –Por quien más, sino por ti.

-¿Tu…?

-El rompecabezas se armo solo después de un par de preguntas que le hice a Mary…

-Caí de nuevo – dijo, mirando a la nada. –Soy tan…

-¿Perfecta? – ayudo. Renata le regreso la mirada levantando una ceja, en calidad de reto. –Lo eres, Renata. Tu no fallaste, él fallo.

-No quiero hablar de eso – pidió bajando la mirada. Busco la mano de Julien y la apretó con fuerza. –Gracias.

-¿Por qué?

-Por estar ahí…

-No hay nada que agradecer - sonrió, soltando el aire por su nariz, con un bufido amistoso.

El silencio apareció entre ellos, con Julien de rodillas frente a ella, Renata observando sus largos dedos de artista, y los hielos en los vasos, pasando de sólidos a líquidos, mientras esos dos, se miraban y hablaban en un lenguaje mudo.

Pasaron de estar en esa posición, hasta subir a la cama.

Julien le llevo un analgésico a Renata, la chica sentía que su cabeza iba a explotar de un momento a otro.

Algo adormecida, termino por cerrar los ojos. Julien comenzó a arroparla cuando ella lo miro fijo.

-Si te pido que no te vayas…

-No me iré – aseguro.

-Y si te pido que me abraces…

-Te abrazare – sonrió.

-Y si te pido que duermas a mi lado…

-Prometeré no tocarte mientras duermes.

Renata sonrió un poco.

Julien subió a la cama y se quito las botas. Sobre el edredón paso un brazo debajo de la cabeza de Renata y otro tanteo el terreno pasando sobre su cadera. La chica tomo su mano y la coloco entre sus manos frías y temblorosas. Él se sintió como en casa. Como si por primera vez fuera aceptado. Necesitado. Valorado. Suspiro contra el cabello de Renata, ella se estremeció y acomodo su cuerpo, amoldándose en perfecta sincronía a la anatomía de Julien.
 

Conciliar el sueño fue imposible.

“Voy a casarme… Jamás quise lastimarte, por eso no dije nada…”

“Si, es mi hijo…”

El dolor crecía dentro de ella, desgarrándola por dentro. Hundiéndola en un abismo profundo y negro… No podía más con ella misma. ¿Acaso estaba destinada a la desgracia? ¿Al desamor? ¿A la mentira?

Respirar ahora era tan doloroso como abrir los ojos, salir de esa cama era imposible.

El tiempo quizá pasaba rápido, o lento, ya no importaba ahora. Los minutos fueron horas, las horas días, los días semanas y el tiempo seguía y seguía, sin ella para juzgarlo.

Sonreía cuando tenía que sonreír, reía cuando era tiempo, respiraba cuando sus pulmones se lo pedían. Era un robot con piel humana.

Una cascara vacía…

La despertaba su propio llanto a media noche. Su garganta se hacia nudo y ese vacio existente en su pecho no era llenado. ¿Por qué ella? ¿Por qué? ¿A quien había ofendido para pagar tan alto precio? Su corazón no podía ser más pisoteado. Su dolor no podía ser más grande y su estupidez no podía compararse con nada de tan enormes magnitudes. ¿Era ella una mala persona? No lo sabia, ni lo sabria nunca. Otras veces ya habían jugado con ella, le habían mentido. Mentir solo agrandaba el hoyo en su pecho. El pasado no se había quedado atrás, sabia ahora que la perseguía con persistencia solo para atormentar sus noches y sus días; las 24 horas la desesperanza la humillaba y se burlaba de ella. Creía que no podía llorar más, pero increíblemente superaba sus expectativas y se encontraba a si misma llorando de nuevo por su desdichada vida. Solo había una cosa que odiaba más que la mentira… La burla, la humillación. Eran caminos oscuros que no podía cruzar, no sabia como y no tenía fuerzas ahora para nada. Todo era rutina, un ciclo que no tenía fin.


No dejo de ir a su trabajo, aunque ganas no le faltaron para dejarlo. Buscaría otro de inmediato, claro, solo tuviera fuerzas para tomar un periódico y dejar que la incertidumbre de la vida laboral la abordara de nuevo. Con miedo entraba a su oficina y se encerraba por horas hasta llegar el momento de salir. Tenía miedo de alzar la bocina y que del otro lado, William hablara, envolviéndola en sus mentiras.

Pero no estuvo sola.

El inmenso dolor era sosegado por Julien. Cada día el joven Van Gulick la esperaba fuera del edificio donde trabajaba, y juntos se ocultaban del mundo en su departamento en Manhattan. Desconectaban y apagaban los teléfonos. El silencio era roto por las melodías que él tocaba al piano para ella. Embelesada, Renata lo observaba desde el sofá de 3 plazas, tumbada sobre su estomago. Su tristeza se hacía menos cuando él le contaba su día en el bar León.

-Mi proyecto a corto plazo es… - tomo su mano entre las suyas, enormes y callosas, sonrió con ternura, ya que ella al menos ahora, no lloraba todo el día – reunir un poco de dinero e invertir en León. ¿Seria genial, no?

En respuesta Renata asintió.

-Mi jefe dijo que podía abrir un día para que las bandas independientes toquen… Yo no tengo una banda, pero se tocar el piano… ¿Crees que me arrojen tomates si subo y toco un poco?

La chica frunció el ceño.

-Solo bromeo. Necesito una banda que necesite un guitarrista… O de plano alguna orquesta que necesite un pianista. ¿Cuál de las dos opciones me recomiendas?

Espero su respuesta. Negó con la cabeza y cerró los ojos.

-Lo sé, a veces no sé ni lo que digo… ¿Qué tal tu día? – se atrevió a preguntar, esperando respuesta.

-Quiero un té…

-Ok – soltó su mano y puso la tetera al fuego. – ¿Manzanilla o canela?

Desde el sofá, la vio levantar los hombros.


Julien asintió e hizo una taza de cada uno. Los llevo a la mesa de centro con cuidado y se sentó en la alfombra, esperando que ella se incorporara para tomar el que fuera de su agrado. Renata lucia un poco más de color en sus mejillas. Había dejado de llorar dos días atrás, pero sus ojos aun no brillaban como antes. Él había ofrecido una cena con Luna y Tristan, que desbordaban felicidad, ella negaba con la cabeza e intentaba formular una sonrisa que jamás llegaba a sus carnosos labios. Julien solo quería verla sonreír de nuevo, al tiempo que deseaba haber molido a golpes a William por todo el dolor que le estaba provocando.

-Tu té se enfría…

-Está bien – se sentó en el sofá y tomo una taza con manos temblorosas.

-Dos de azúcar – dijo Julien antes de que Renata se llevara la taza a la boca.

-Es horrible que justo pase esto en mi periodo – gruño la chica antes de beber el té de manzanilla.

-Oh – Julien formulo una mueca de desagrado. Ahora todo tenía un poco de más sentido. –Comenzaba a creer que entrabas al baño a aspirar una línea de coca – bromeo.

Renata cerró los ojos y de sus labios se pudo percibir un ligero espasmo de sonrisa.

Sintiéndose un ganador, Julien le quito la taza de las manos y levantándola entre sus brazos la llevo a la cama de su habitación. Sabía que ella no reclamaría, porque no tenía ganas de pelear. Le quito los zapatos de piso y su abrigo para meterla en la cama.

-No quiero la nariz rota de nuevo, ¿lo prometes?

Levanto las cejas de modo afirmativo y se acomodo en la cama sobre su hombro derecho, de espaldas al ventanal.

Con media sonrisa, se acomodo detrás de ella y levanto su blusa, un jadeo escapo de la garganta de Renata, las manos de Julien se posaron sobre su vientre, dentro de sus jeans.

-Perdóname por romper la promesa de no tocarte, pero creo y espero que así se calme el frio de tu vientre y deje de dolerte el cuerpo por ser mujer… - susurro cerca de su oído.

Su tibio aliento rozo su cuello. Cerró los ojos, tibia y reconfortada de una forma extraña. Las manos de Julien estaban quietas sobre su vientre, rodeándola por completo. Mordió su labio y la sonrisa que minutos antes deseaba escapar de su boca, finalmente apareció.

La respiración acompasada de Julien le hizo saber que él ya dormía. Ella estaba a eones de dormir plácidamente como él, ya que el rostro de… William aparecía ante ella, su hijo… lo odio. Los odiaba. Su llanto ahogado termino por despertar a Julien.

-Renata – salto sobre ella para besar su frente. –Me quede dormido, perdón…

-No soy buena compañía, yo lo… perdón.

-Shh, no digas eso… Eres mi única y mejor compañía. No llores… - seco sus lágrimas con un par de besos. –El pasado te atormenta, pero sé que eres fuerte. Lo sé, me rompiste la nariz – sonrió. Ella mordió su labio. –Te perdono… - le guiño un ojo.

Renata se aferro a su playera y cerró los ojos hundiendo la nariz entre su cuello y hombro. Su perfume la adormeció y meció delicadamente, mientras él tarareaba una melodía que había tocado para ella en el piano. Finalmente cayó en un sueño profundo.

Él velo por ella. Se mantuvo despierto por si algo se le ofrecía a Renata, por si el llanto la despertaba, por si lo buscaba en la oscuridad. Más sin embargo, ella durmió como bebé toda la noche, y Julien la acomodo entre sus brazos, aspirando el dulce aroma de su cabello, arrullándose con el sonido de su respiración y sintiendo su suaves manos contra su pecho. Deseo que esta noche fuera la primera de muchas otras que pasarían juntos, tranquilos, sin pesadillas y sin más lagrimas.

-Jamás te mentiré, Renata… Jamás.

***

El amanecer los despertó con todo su fulgor entrando a través de los cristales del ventanal de la habitación de Julien. Haciendo sombra con su mano, sintió el cálido cuerpo de Renata dormir plácidamente contra su pecho, su sonrisa no podía ser más amplia. Finalmente Renata había dormido toda la noche sin despertarse a mitad de la noche, sin que su llanto ahogara su sueño, sin el dolor reflejado a través de sus verdes ojos. Se veía hermosa, ahí, tendida entre sus brazos, con el cabello alborotado, con su bata de dormir cubriendo su delicada anatomía, celosa de estar a la vista hambrienta y caliente de Julien, con las sabanas revueltas entre sus piernas torneadas y sus pies jugueteando despreocupados contra sus piernas. Era un sueño, solo podía ser eso.

Aspiro el dulce aroma de su cabello, hundiendo la nariz contra su cuello, embriagando y llenando sus pulmones de tan exquisita fragancia. Tomo una de las manos de Renata que yacía hecha un puño sobre las solapas de su bata, destenso sus dedos y beso cada una de las puntas. Sus uñas ahora estaban medio mordidas y el esmalte rojo que muchas veces se posaba en la superficie de las mismas había desaparecido. Sin embargo, sus manos delicadas se sentían suaves y cálidas contra sus callosas y grandes manos. Verifico el tamaño de éstas, palma con palma.

También examino sus parpados. Quería saber si su sueño era placido. Si no fruncía el ceño y si sus labios estaban relajados. Paso el tiempo que deseo sobre cada uno de los elementos de su rostro de ángel. Primero conto una a una sus pestañas, olvidando el numero en el que iba cuando ella se pego más a él inconscientemente. Volvió a su tarea cuando bajo por su perfilada nariz; llego a sus mejillas, decoradas en un tono rosa muy tenue; y alcanzo a sus labios, carnosos y suculentos como el mejor de los manjares del Universo, curvados en una suave y encantadora sonrisa, haciéndole saber su mejoramiento. No quería darse el crédito de dicho progreso, pero al parecer así era.

No había día en que ellos no lo pasaran juntos.

Incluso, por extraño que pareciera, los miércoles de películas que ahora eran en el loft de Luna y Tristan – a través de un proyector y el ordenador portátil de Luna, ya que ellos no tenían televisor –, estaba Julien junto a Renata. Luna los miraba curiosa, pero no tenía oportunidad de abordar con preguntas a su amiga. La morena quería pensar que su estado apagado en ocasiones era resultado de la partida a Londres de William, Renata no lo negó, solo levanto los hombros y miro a Julien con complicidad. Luna no pareció satisfecha, pero sus sospechas se disiparon cuando vio a su amiga sonreír como antes.

Julien, la dejaba en su departamento y pasaban horas y horas charlando de trivialidades, mirando películas nuevamente y escuchando música. Terminaban rendidos sobre el sofá, después de comer rosetas de maíz y soda a grandes cantidades, helado de chocolate y crema batida. Comían juntos y había días en que él la llevaba a su trabajo por las mañanas – su nuevo trabajo, en una firma de arquitectos, en la que trabajaba antes; su antigua jefa la había recibido con los brazos abiertos, sin pedirle demasiadas explicaciones –  siempre con el deseo oculto de besar sus labios para desearle un buen día; ella se despedía con la mano o besando su mejilla para dar media vuelta y dejarlo necesitado de más de su tierno tacto sobre su ansiosa piel.

Dos semanas y 3 días habían pasado desde la partida de William de suelo americano. Renata mejoraba, poco a poco, lento como gira el mundo, acompasado y hermoso. Sonreía ahora con mayor facilidad, y aunque Julien sabía que la mentira dolía con un sufrimiento inexplicable, él intentaba que cada día fuera mejor para ella.

Renata finalmente abrió los ojos, los acostumbro al sol de primavera y sonrió abrazando a Julien.

-Buenos días – saludo con voz ronca.

-Hola – dijo Julien, estremeciéndose de pies a cabeza. – ¿Quieres desayunar?

-Aun no.

-Voy a ducharme, después será tu turno… - anuncio besando su frente para salir de la cama.

-Sip – sus mejillas se tornaron más rojizas.

-Quizá quieras acompañarme – el tono seductor de Julien ronroneo cerca de sus oídos.

-Otro día – Renata cambio el tema con rapidez. –Hoy quiero estar todo el día en la cama…

-Eso puedo arreglarlo – Julien se saco la playera que usaba para dormir y se arrojo a su lado alborotando las sabanas grises de seda y la atrajo a su pecho.

Renata rio nerviosa.

-Jules… - hablo en voz baja, rozando con su aliento el torso desnudo de Julien.

-Dime.

-Gracias.

-¿Por qué?

-Por todo – sus ojos se inundaron de lágrimas.

Nadie la había ayudado como él a caminar por las brazas de un dolor así. Se sentía protegida a su lado. El camino de sanación no fue tan tormentoso con Julien a su lado. Con Julien cuidándola, haciéndola reír, limpiando sus lágrimas y soportando esos silencios que parecían no tener fin. Puso limite al infinito de su dolor, ese que sintió que la desgarraba por dentro, sintiéndose extranjera en el mundo; cuando la desesperanza solo le daba lagrimas que llorar, gritos que expresar y más nada que soledad. Fue él quien la apoyo en todo momento. Entendiendo por completo el significado de: “No quiero ser la nube gris que nuble tu día de campo”, la excusa que daba para no estar cerca de sus amigas, mismas que, sabia, darían lo que fuera por degollar a William. Casi podía ver a Luna pidiendo la sierra eléctrica de su padre para cortarlo en pedacitos. Emily haría lo que fuera porque su padre mandara a la banca rota a su empresa, y Jennifer, ella simplemente haría que Rosty le partiera el rostro junto con los enormes gorilas que iban a su gimnasio.

Todas la ayudarían, pero nadie como Julien. Se sentía tan a gusto a su lado, era como si él entendiera el dolor por el que pasaba. Sabía lo que era tener que ocultar un daño tras una careta de dura semblanza. Sabía que Julien era sincero con ella y aun así, podía asegurar que había algo de él que aun no le decía. Algo que oscurecía el celeste de sus ojos, atormentándolos en un profundo padecimiento. Y sabia, gracias al sexto sentido, que no tenía que ver con mujeres, ni con aventurillas, era algo más grande.

-No tienes nada que agradecer – refuto serio. –Solo ven a la ducha conmigo y estará más que pagada tu deuda – la sonrisa que le regalo, llena de lujuria y cariño, la entibio, y como cada mañana que despertaban juntos y él ofrecía agua caliente para compartirla con ella, declino la oferta meneando la cabeza negativamente.

-Tarde o temprano te rendirás ante mí, Renata Joan Cotty – dijo su nombre completo como si fuera una amenaza cargada de suficiencia.

-Ya me rendí ante ti, Julien Van Gulick – corrigió avergonzada y salió de la cama para ganar el cuarto de baño y cerrar la puerta con seguro con un suave click.


Julien se quedo tumbado en la cama, con la boca medio abierta y mirando la puerta blanca del cuarto de baño como si fuera una pieza exquisita de arte. Aunque la pieza exquisita estaba dentro, duchándose. Escucho el agua caer desigual cuando, seguramente, chocaba con el cuerpo suculento y pálido de Renata. Su mente lo azotaba con imágenes de ella tallándose el cuerpo. Cada curva de ella seria cubierta por espuma. Se negó a cerrar los ojos e inconsciente su mano bajo hasta su entrepierna. Comenzaba a endurecerse con el simple pensamiento de Renata bajo la caliente agua de la regadera. Intento parar el movimiento de su mano sobre su extensión. No lo logro.

‹‹Oh, Dios, Renata…››

Se apresuro a terminar antes de que ella saliera de la ducha. Sintiéndose como un crio relajo el cuerpo, respirando entrecortadamente y bajo de la cama para salir de la habitación e ir al baño de la habitación siguiente.

-¿Julien?

Era ella.

-Un segundo – pidió dentro del cuarto de baño de la otra habitación. Se miro al espejo. –Voy a darme un baño aquí, puedes vestirte en la habitación, no te molestare… - cerró la puerta y se metió a la regadera.

Permaneció ahí hasta que no hubo más que agua fría para bañarse. Claro que eso no bajo su libido. Las imágenes de Renata desnuda bajo la ducha…

-¡Maldición!

-¿Julien, estas bien? – Renata, curiosa había entrado en la otra habitación. Solo tenía una cama enorme con un cobertor blanco y un escritorio sencillo, el armario estaba vacío y las cortinas corridas, dejando a la habitación en total oscuridad. Sin embargo, del cuartito de baño se veía una tenue luz que escapaba por debajo de la puerta.

Se acerco aun más y toco la puerta.

-¿Si?

-¿Estas bien?

-Lo estaré, claro.

-Preparare el desayuno…

-Si, si, hazlo, tardare un poco más, es todo…

Podía escuchar la voz ahogada de Julien bajo el repiqueteo del agua de la regadera. Llevaba más de media hora dentro.

-Ya no tienes agua caliente, ¿quieres que prenda el calentador de nuevo?

-¡NO! – grito de inmediato. –No, no, es decir, no… Estoy bien.

-Te oyes agitado, ¿todo en orden? – pego la oreja a la puerta.

-Casi… Prepara el desayuno, ya casi lleg… termino, acabo, ya voy…

-Vale.


Julien pego la cabeza a los azulejos de la regadera y apresuro sus movimientos.

‹‹Maldición…››

Con pasos inseguros que parecían ajenos a él, apareció en la cocina, donde normalmente desayunaban. Los domingos por la mañana desayunaban huevo con panceta frita, pan tostado recién hecho y jugo de naranja del supermercado, café solo si Julien estaba con resaca. Esa mañana tenia resaca y no había bebido ni una sola gota de alcohol.

-¿Café? – Renata se llevo a la boca un trozo de panceta que crujió cuando sus dientes lo mordieron. Julien no podía despegarle los ojos de encima. ¿Qué demonios tenia ella que lo tenía como un adolescente, y no como un hombre de 25 años?

-Me siento algo… indispuesto – quiso sonreír.

-¿Indispuesto?

-Dame – le quito la panceta frita de los dedos y él la devoro antes de perderse de nuevo en los movimientos de sus labios al comer.

‹‹¡¡¿Qué demonios me pasa?!!››

-Llamo Luna, quiere que vayamos a comer con ellos más tarde…

-No puedo, ve tú.

-Bien – termino su jugo y dejo el plato lleno de comida sobre la isla de mármol de la cocina. Julien giro sobre su asiento y la vio tomar su bolso y una maleta llena de ropa que ella había llevado hace unos días.

-¿A dónde vas?

-A casa - jalo la maleta hasta la puerta del ascensor. –Ya no tengo ropa limpia, pensé que querrías acompañarme por un poco más de ropa o a la lavandería, pero te ves… indispuesto – dijo sin mirarlo.

-Me masturbe dos veces mientras tú te estabas bañando – confeso sin saber que más hacer para que ella no pensara que estaba evitándola porque no la quería tener cerca o porque se había cansado de ella.

-¿Cómo? – las puertas del ascensor se cerraron. Renata se giro, con las mejillas rojas y los ojos bien abiertos. Totalmente sorprendida.

-Estuve en la cárcel treinta días – Julien bajo del banco alto de la isla de mármol. –Temía que me violaran o me mataran. Me culparon de algo que no hice, mi madre me saco de ahí, pero aun así… fueron los treinta días más largos de mi vida… Todos en la fiesta creen que yo cause el incendio o llame a la policía, solo estuve en el lugar y momentos equivocados. Intente salvarla, lo intente…

-¿De qué hablas?

-De mi pasado, Renata. Ese que calle cuando me ayudaste a limpiar mi departamento. Me daba vergüenza que supieras de eso. No soy la mejor persona del mundo y lo cierto es que no intento serlo. Soy lo que soy, lo que ves es lo que soy… - abrió los brazos. –Mi apellido no importa para mi, ser un Van Gulick solo me ayudo a borrar mi pasado, y aun así, sigo siendo un tipo descarriado, la oveja negra de la familia.

“No pienso ocultarte más nada, Renata.

Estuve en la cárcel, soy un enfermo loco que adora soñarte desnuda ante mí y que perdió la vista en tu escote cuando te vi por primera vez en León. Y me encantas. ¿Ya te dije que me masturbe dos veces esta mañana?

-Lo mencionaste un par de veces, si – un rubor apareció en sus mejillas, después de ponerse pálida cuando dijo que había estado en la cárcel.  

Julien levanto las cejas, fingiendo sorpresa.

-Cuando te digo que te duches conmigo y tu deuda hacia conmigo quedara saldada es la verdad – Renata mordió su labio inferior. – ¿Lo estas considerando?

-Yo… No… Es decir…

-¿Qué quieres que diga para que accedas? Digo, si es que quieres pagar tu deuda.

-Solo cállate – bufo.

Dio unos pasos hacia ella.

-Se que aun… el rubio…

-El rubio ya no me importa – atajo, completamente segura. Renovada y sonriente.

-¿Querías una excusa para deshacerte de él? – sonrió.

-No.

-No quise decirlo así, solo… - lo callo con un dedo sobre sus labios.

-Siempre… siempre…

-¿Qué?

-Es algo difícil…

-Te lo pondré más sencillo – Julien tomo su rostro y la acerco a él. – ¿Recuerdas la vez que me viste afuera del edificio antes de Navidad?

-Si.

-Iba a darte una carta. Un pajarito me dijo que habías cumplido años… Yo te escribí una carta…

-¿Qué decía?

-¿En serio quieres saber?

-Si.

-La queme.

-¿Cómo, por qué?

-Estabas con… él, no te importaría lo que yo pudiera decirte. Sé que me odiabas porque no había hablado por cinco días enteros. Y sé que tu amiga, la morena, había planeado que salieras con él. Los vi. Me dolió, aunque lo merecía.

-Pensé que no te importaba…

-No seas boba, Renata. Si me importas. En aquel entonces solo quería… mantenerme lejos de ti para no lastimarte.

-Eso no te funciono correctamente – refuto. –Solo me hizo sentir…

-Lo sé, lo sé… Como un objeto. Lo lamento, lo siento, en serio.

-Pero te hice pagar, ¿no? –una sonrisa tímida escapo de Renata.

-Con creces – sus pulgares trazaron sus pómulos. –Ahora te tengo aquí, libre, ¿para mí?

-Aun no… - cubrió las manos de Julien. –Muy pronto…

-¿Qué tanto falta? Es que soy un cerdo egoísta.

La risa melodiosa de Renata le enchino el vello de la nuca.

-Te seguiré entre la oscuridad Renata, hasta llevarte a la luz, entre mis brazos…

3 comentarios:

Violet dijo...

aaahhhhh!!! que capitulo tan mas aww!! el sufrimiento de Rens por el hdp de will, los cuidados de Julien no me los esperaba, pero estuvo tan tierno uuy con unas ganas de comerlo con cucharita chiquita para que dure mas!!!!
Lindo capi muy lindo....

Ale!! cRaZy StAr!! xD dijo...

Y en momentos como este me pregunto donde jodidos esta el botn de Me requete encanta lo amo!!!! u.u Al principio llore, si como vil mariquita... y es que todo lo dispusiste para jugar con mi psique... cada sentimiento, cada frase, cada linea cargada de una emocion que no pude mas que sentir, mi piel se erizo, mi corazon se encogio y mi pecho ardio... y es que ese dolor no se olvida... despues me llene de genuina esperanza siiii al ver a Jules ahi... Rens lo necesitaba a el o a Luna y que no haya pasado por eso sola... que te digo?? el duelo de perderlo, las pesadillas y el llanto de noche son genuinos... el sentirse vacio y solo dar lo que la gente pide es agotador por no decir que es imposible algunas veces... yo cuando pase por algo asi no tuve un Julien.. eso es verdad pero tuve amigas que me ayudaron (Y aun lo hacen) a superar cada caida... Pero doy gracias a los cielos, a las moiras por tenerte en mi vida... de algo sirvio tanto dolor y tanta tristeza... si voviera a pasar por todo gustosa lo haria para tenerte a mi lado... ya llevamos 3 años de amigas, para mi es como si fuese mas de una vida... nunca olvidare como nacio nuestra amistad ni como me has apoyado siempre en persona o entre lineas... Eres mi mejor amiga Beu!!! esta historia la amo, desde que era un borrador hasta ahora... no podre decir como me llevaste al infierno y me regresaste a la tierra pero se que el cielo esta cerca...
-Casi… Prepara el desayuno, ya casi lleg… termino, acabo, ya voy… Esa frase la amare siempre ademas me pone mal pero rico xD Te amooo quiero mas MD mi sunshine hermosa, mi NINI brujita!!! mi LUNA!!! te amooo y nunca sera suficiente repetirte cuan afortunada soy por tenerte en mi vida <3<3

Ada Parthenopaeus dijo...

Sopas!!!!!!! que puedo decir POR DIOOOS!! estuvo bien cargado este capitulo Will no actuo como debia fue muiy egoista de su aprte ocultarle cosas a Ren, digo si no queria nada serio debio decirselo asi hubiese atenuado el daño que le causo me diooo algo ver a Ren asi de deaiaaaaaaaaaaaaaaa
que te puedo decir mi Beu sabes que Maldita delicia fue, es y sera una de las mejores historias que he leido comtemporano me encantooooooooooo gracias mi Beu

Las chicas del Té de Lemmon

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