junio 10, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo X

¡Viernes, gracias a Jebus! XD



Y como cada viernes... Ok, se que les dije que publicaría martes y viernes, pero con la escuela y la falta de acomodo de ideas no tengo bastantes capítulos para saciar su maldita necesidad de Maldita delicia 2, por lo tanto, las publicaciones vuelven a los viernes. Si tengo algo más, juro que lo tendrán un día entre semana (:



No le pierdan la pista a este blog. Que pronto mi Cricri, que me tiene con el alma en un hilo por unos pedasitos de historias nuevas y originales. Dioses, ya quiero leerlos mi Ale, quiero saber de ti a través de tus letras. En serio que si! :D
Sin más por el momento, disfruten de este capitulo, que siento yo, esta corto pero conciso (: Todo en su lugar, al menos por ahora.
Enjoy ^^ , gracias por leerme y por sus comentarios.




10. Robert Sparks, mi Maldita delicia


Jennifer Lamb


-¿Pasa algo?
-No, estoy bien – sonreí a Victoria Sparks. Estábamos solas en el trabajo. Pasaban de las 5 de la tarde. Ya debí de haber salido, pedo Victoria necesitaba un par de ajustes con los lugares asignados en la pasarela de la próxima semana. No podía negarme, ya que ella me había dado la oportunidad de cumplir mis sueños.
-Niña, has suspirado toda la tarde.
Sus penetrantes ojos se fijaron en los míos. Baje la mirada, poniendo de pretexto un par de nombres en las filas de adelante. Victoria me quito el plano y lo puso sobre su escritorio.
-Yo una vez estuve enamorada y sin saberlo – soltó. –Después… muy tarde claro, me di cuenta que el hombre de mi vida se había casado con otra mujer. Y ellos eran, o fueron muy felices.
-Lo lamento – dije sin saber en realidad la razón.
-Yo también, Jennifer. El hombre siempre pensó que jugaba con él, que no lo quería lo suficiente. Pero yo solo tenía miedo de entregar mi corazón… Que no te suceda lo mismo.
-No entiendo…
-Sí, si entiendes, Jennifer. Solo que aún no aceptas que lo amas. No está mal tener miedo. Pero si está mal no arriesgarse – tomo de nuevo el plano. –Puedes irte, ya es tarde… Nos vemos mañana, descansa linda – sonrió.
-Sí, hasta luego.
Salí de su oficina. ¿Qué diablos? Esta mujer estaba perdiendo la cabeza por tanto trabajo, seguro. Suspire de nuevo. Extrañaba a Rosty. Muy a mi pesar lo extrañaba. Lo necesite tanto cuando fui a visitar la tumba de mi madre. Los brazos de Andrew no eran ni una pizca del consuelo que Rosty me pudo haber regalado. Lo extrañaba tanto…
-¡Jen!
-Andrew… - se acercaba a mí.
-¿Estas bien? – tomo mi rostro.
-Sí, estoy bien, solo estoy algo cansada – le reste importancia meneando la cabeza. En parte sentía que traicionaba a Rosty dejando que Andrew me tocara. Una estupidez claro. Ya que yo misma fui la que aleje a Rosty de mi vida.
-Ok. No tuve tiempo de comprarte nada el día de tu cumpleaños. Ya que… bueno, te lleve con tu madre. Pero mira, feliz cumpleaños atrasado – entre sus dedos había una cajita pequeña.
-No debiste molestarte en serio.
-Venga, no fue molestia… - me insto a tomar la cajita.
Lo hice y la abrí. Dentro había un relicario. Lo abrí con el corazón latiéndome locamente. Dentro había una foto de mi madre y en el otro lado una mía. Éramos tan parecidas.
-Gracias – lo abrace. Las lágrimas salieron de mis ojos.
-Descuida… Paul me ayudo. ¿Te gusta? – acariciaba mi cabello.
-Es bellísimo…
-No más que tu – rompió el abrazo y limpio mis lágrimas con sus pulgares. Me estremecí.
-Andrew…
-Shh… - puso un dedo sobre mis labios. Sabía lo que intentaría. Pero también sabía que solo mis pensamientos estaban ocupados por Rosty.
Negué con la cabeza una vez que Andrew se inclinó para besarme.
-Estoy enamorada, Andrew – por primera vez lo aceptaba en voz alta.
Andrew despego los labios y después asintió con una sonrisa.
-Qué suerte tiene.
-La suerte es mía por haberlo encontrado – acepte.
Era verdad. Si estaba enamorada de Rosty. Lo amaba. Y él me amaba.
-¿Quieres que te lleve a tu casa?
-No, estoy bien – Solo había un lugar al que tenía que ir. –Nos vemos después, Andrew. Mándale mis saludos a Paul – acaricie su mejilla.
-Seguro…
-Adiós – bese su mejilla fugazmente y después grite por un taxi.




Esperaba que no fuera demasiado tarde. Ya habían pasado varios días, muchos días. Me atrevería a decir que semanas. Vince el hermano de Renata me había ayudado bastante. Que afortunada era Renata al tenerlo como familia. Era divertido, un poeta, con pensamientos profundos y asertivos. Pero fue Victoria la que me abrió los ojos finalmente. No podía darme el lujo de perder al amor de mi vida. No podía.
Baje del taxi y corrí al gimnasio. No era tarde, aún estaba abierto.
-Estúpidos zapatos – me descalce las zapatillas y las metí en mi bolso. Solo así logre correr hasta la entrada.
-¡Rosty! – jadee una vez que alcance los colchones azules del piso.
Todos me miraron curiosos. Nunca había estado aquí con el lugar lleno. Algunos practicaban en los sacos de arena, otros en las peras, unos corrían y otros hacían pesas. Todos estaban sudorosos y con fuertes músculos, pero nadie como mi Rosty. Sí, porque era y es mío.
Camine hasta la oficina ignorando las miradas de todos y los silbidos lujuriosos.
-¿A quién buscas linda? – un rubio de ojos azules se me acerco por detrás. Evite jadear y mostrar miedo.
-Que te importa, niño – gruñí. El tipo sonrió de lado. Esa sonrisa. Era igual a la de Rosty, podía meter las manos al fuego por eso. -¿Eres… el hermano de Rosty? – inquirí mirándolo a conciencia.
Si, esos ojos celestes, tiernos, salvajes. Las cejas pobladas. Rubios. La sonrisa sin duda era idéntica.
-Si… ¿Qué tiene? – ahora se puso a la defensiva.
-Solo busco a tu hermano…
-Está en las regaderas – dijo y señalo con su pulgar a su espalda.
Camine a la dirección de las duchas que ya conocía a la perfección. Había estado aquí un par de veces, comiéndome a mordidas al dueño.
-Ouh, nena…
-¿Se te perdió el Spa, linda?
-Grrr…
Mire el piso solo para no ver a media docena de tipos desnudos. ¿Dónde quedo el pudor? ¡Maldita sea!
-Hey, ¿Qué les pa...? ¡Jennifer!
-¡Rosty! – corrí hasta él. Estaba en medio del pasillo de las regaderas.



El agua me hizo resbalar pero Rosty me atrapo antes de que mi trasero llegara al piso. –Gracias…
-¿Qué haces aquí? – tomo mi cadera con más fuerza. El piso estaba mojado.
-Te amo…
No podía perder más tiempo. Solo venía a decirle esas dos palabras, y quizá a rogar si se ponía difícil. Espere un minuto, un minuto que me pareció eterno.
-Oh nena - Rosty me abrazo, aspiro mi cabello. Y yo su perfume. Me colgué de su cuello y llore de nuevo. ¡Putas lagrimas! ¿Jamás se cansaban de salir? Solo que estas era de felicidad. –También te amo, te amo…
Y entonces al escuchar su voz diciéndome te amo, el mundo cobro sentido para mí. No importaron las risas de los tipos de ahí. Ni los fingidos suspiros. Mucho menos las imitaciones de nosotros cuando los tipos fueron dejando las regaderas. Solo importaba Rosty.
-Perdóname por haber…
-Shh – me atajo poniendo un dedo en mis labios. –Ya, no digas más. No importa.
-Te amo – repetí.
Esta vez no tenía miedo de decirlo en voz alta. Amaba a Rosty y cada pulgada de su delirante cuerpo. Cada sonrisa, cada caricia, cada palabra. Él me había salvado.
-Yo te amo más – sonrió encantadoramente. Entibiándome.
-No… Yo más – asegure y lo volví a abrazar. –Yo te amo más, mucho más.
Rosty soltó una carcajada.
-¿Por qué todo tiene que ser una competencia para ti?
-Porque por fin gane tu corazón…
-No, Jen, mi corazón ya era tuyo apenas te vi con Carter.
Mi corazón amenazo con saltarme del pecho.
-Ros… - tome su rostro entre mis manos. Rosty aún tenía esa sonrisa tierna en sus labios. ¿Cómo pude ser tan ciega? Él es el hombre de mi vida. Mi amigo, mi héroe.
-Ven acá – tomo mi cadera y se hundió en mi boca con un beso feroz.
El mundo me lo prometía en ese beso. Tan lleno de fuego, promesas, amor.
Creí que lo había perdido. Y me hubiese vuelto loca si así hubiera pasado. Mataría a cualquier perra que se interpusiera en mi camino. Si, si estaba por completo loca. Rosty me ponía así. Salvaje, fiera, caliente…
-Cerrare el gimnasio temprano – dijo mientras mordía mi cuello.
-Me parece perfecto – rodee su cadera con mis piernas. –Así puedo retomar el tiempo que no estuvimos juntos…
-Ya – dejo de besarme. –Jen, olvida eso, ¿sí? Estamos juntos y es lo que cuenta. Por fin estamos juntos.
Asentí sintiéndome una niña regañada.
-Tuve miedo de perderte, Rosty, de encontrarte con alguien más… De llegar tarde – confesé con un nudo en la garganta.
-Y yo de que no me amaras. Jamás me sentí así por nadie. Nadie movía mi mundo como tú lo mueves. Lo pones patas arriba y aun así deseo que estés en él. Deseo que estés cada día en mi vida. Que conozcas todo de mí, lo bueno y lo malo…
-No hay nada malo en ti… - asegure. No podía haber algo malo en él.
-Lo dices porque me quieres…
-No, lo digo porque te amo.
Se formó una sonrisa abierta en su rostro.
No había nada más que decir. Estábamos juntos por el resto de nuestras miserables vidas. Para hacernos infelices mutuamente. Para amarnos en cuerpo y en alma. Para llorar y reír.
-Entonces cerremos el gimnasio – tomo mi trasero firmemente entre sus manos y salimos de las regaderas.
El ruido de todos entrenando ceso de inmediato.
-¡LARGO DE AQUÍ! – rugió Rosty. -¿Qué no escucharon, cretinos? ¡LARGO!
Todos soltaron una carcajada al unísono. Poco a poco se vacío el lugar.
-¿También tengo que irme Ros?
-Sí, Garrett, LARGATE NIÑO – rugió sin mirarlo mientras me sentaba en su escritorio, tirando todo sobre él.
-Muérdeme, imbécil – gruño en respuesta.
-Garry, solo hay una cosa a la que quiero hincarle el diente, y créeme, no es tu rubio culo – me miro hambriento. ¡Oh si, bebé!
-Imbécil – escuche los pasos de su hermano alejándose de ahí.
-¡CIERRA ANTES DE SALIR!
Se escuchó un sonoro y seco portazo.
-A trabajar, Robert – me quite la blusa por arriba de mi cabeza.
-Oh si, nena.
Eche la cabeza hacia atrás al sentir la lengua abrasadora de Rosty recorrer mis pechos. Las cimas de ellos y al final, grite, cuando sus dientes ciñeron uno de mis pezones.
Hacer el amor con él, porque ahora sabía que no era sexo, era sentirse en el cielo. Debí haber sabido que solo podía haber amor entre nosotros cuando Rosty me tomaba con delicadeza y fuerza. Cuando me miraba al hundirse entre mis piernas. Cuando no dejaba de decir mi nombre cada que su lengua o sus labios cruzaban por mi piel. Cuando alcanzábamos el placer juntos. Cuando llegamos al amanecer abrazados, sudorosos y exhaustos.
Era amor, puro y duro.
Lo que empezó por ser una aventurilla pasajera, ahora sería la aventura de mi vida. Una aventura que no quería que terminara. Porque el hombre que despierta cada uno de mis sentidos, y un par más que no conocía, no podía ser otro más que Robert Sparks. El hombre de mi vida. Mi maldita delicia.

2 comentarios:

Ada Cullen dijo...

aaaaaaaaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!!!!! Siiii por Fin por Fin aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!1 Rosty coista rica hincame el diente hahhhaa me encantoo soy tan megasuperduper feliiiiz ooooooh siiiiii siiiiiii siiiiiiiiiii lo ame y Vicky me matooooooo Yeah ! Andrew llegaste tarde esa chica es de mi Hombres... grCIAS Beu

VioletaHerondale dijo...

tss yo les echo porras a todos menos al Rosty y se queda con el u.u ya que es Jen y todo le paso xD

Las chicas del Té de Lemmon

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