junio 21, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo XIII

Ahora si... Ha llegado la hora del Mítico Capitulo 13. Después de aquí, el estreno de El placer es mio... es el día Viernes. Así que esperen el primer capitulo de El Placer es mio :D
Se revelaran secretos :D Oh Dioses, ya quiero estrenarla. Mi Ale, espero que disfrutes mucho de la nueva historia y todas la disfruten mucho y la lean. Así como el próximo estreno de Cuando los planetas se alinean.



Sin más por el momento les dejo el capitulo, enjoy, y espero los comentarios, chicas (:


13. El mítico trece

Renata Cotty

-¿Quieres que te lleve a casa?
Julien estaba parado frente a mí. Era el quinto día en que le ayudaba en su departamento. Cosa que me tenía muy cansada. El lugar tenía ya una costra de mugre no solo en el suelo, también en las paredes y no mencionemos la cocina ni el baño, casi me vomito. Julien me ayudaba con los lugares poco accesibles para mi persona. Como su habitación.
Se había encerrado varias horas, escuchaba maldiciones y ruidos provenientes de ese lugar. Pero por órdenes estrictas de Julien no me podía acercar. Me sentía como Bella, en la Bella y la Bestia, cuando le prohíben ir al Ala oeste. Bueno, lo prohibido siempre es lo más delicioso. Así que no dudaba en que algún día mi curiosidad terminara ganándome.



-No, gracias…
Decline su oferta por quinta vez.
-Bien… - asintió y dejo una caja de cartón junto al montón de bolsas de basura que iba a tirar por la mañana.
El lugar ahora lucia más habitable. La taza del WC ahora si se veía color perla, el lavabo ya estaba usable y las llaves mezcladoras funcionaban correctamente. Bueno, al menos en poco tiempo convertí esta pocilga en algo digno de ser habitado. Y claro, mi tiempo con Julien había terminado. Él se había empeñado en ayudarme, y habíamos terminado en menos de una semana. Una semana en la que no intercambiábamos palabras. Simplemente me decía que mover y que no mover. Y yo obedecía en silencio, mientras me perdía en la curva de su musculosa espalda.
Me había torturado un par de días en los que no vestía nada salvo sus jeans. ¡Dioses! Eso era una dura tortura, mis manos me pedían a gritos ser posadas sobre la piel bronceada de su torso. Me resistía como una verdadera guerrera. Era insoportable no poder tocarlo. Era como dije, una tortura. Como estar en el Infierno sin una gota de agua.
Al término de cada día, Julien me ofrecía llevarme a mi departamento, olímpicamente me negaba. Si volvía a entrar a su auto, Dios sabe que no saldría de una pieza. Mi corazón se agitaba apenas tocaba la puerta de su departamento, todos los días después de mi empleo. Luna ya me miraba con ojos sospechosos. No podía ocultarle nada a mi media naranja. Solo que… de cierta forma tenía miedo de que esto, el estar un par de horas con Julien, terminara. Que solo fuera una ilusión y que me usara solo para limpiar su departamento. Claro que yo me ofrecí, pero Julien nunca me ofreció algo más que una botella de cerveza al terminar nuestro trabajo diario.
Cada día, al ser casi las 10 de la noche, terminaba mi botella de cerveza y dejándola en una de las nuevas montañas de basura que sacábamos de las habitaciones a las que tenía acceso, tomaba mi bolso, me despedía agitando la mano y salía. Él, claro, se ofrecía a llevarme antes de terminar su cerveza, pero me negaba. Quizá solo lo hacía por mero compromiso. Ya que nunca insistía. Nunca. Y hoy, el quinto día no era la excepción.
Deje mi botella de cerveza dentro de una de las bolsas negras de basura. Me colgué mi bolso sobre mi hombro y pase mi antebrazo por mi frente. Limpiando un poco el sudor provocado por el trabajo y los nervios de pasar 4 horas con él. Cuatro largas y torturantes horas mirando su trasero, sus fuertes brazos y piernas y si, ese torso desnudo de nuevo. Esa era mi recompensa. Su cuerpo, un regalo para mis ojos. Solo eso.
A veces, Julien sonreía, pero solo cuando algún locutor de radio contaba algún chiste tonto. No más. Incluso, a veces reía. Pero nunca conmigo. Nunca por algo que comentara, ni alguna mueca, nada.
Me sentía un fantasma, una mucama. Nada salvo la chica que le ayuda a limpiar su departamento, con la cual no comparte ni un “¿Qué tal tu día?” y de ahí tomáramos camino para charlar, y charlar de tonterías como pasaba con Luna, incluso con William.
¡Vamos! Que hasta con Chuck podía mantener una banal conversación los miércoles que le ayudaba en su trabajo. Él hablaba por los codos como Luna, y era sarcástico y grosero como ella. Dios…
-Este lugar luce mejor… ¿ah? – aventure.
-Si…
Monosílabos. Venga. ¿Para que esforzarme? Siempre contestaba de esa forma. Si, no, no sé. O simplemente alzaba los hombros y se perdía de mi vista.
Justo ahora mi corazón se contrajo. No era una desconocida para él. Tenía 5 días de venir a su departamento. No era una extraña. ¿O sí?
Espere a que él dijera algo más, y como si no lo conociera no dijo nada. Se volvió a su habitación y saco dos cajas más. Llenas de basura. Bien, esto se había acabado. No sería más su sirvienta, no más.
-Adiós… - le dije sin más y gire la cerradura. La gire con tanta fuerza y enojo que la zafe. -¡Mierda!
-¿Qué paso? ¿Te hiciste daño? – dejo las caer las cajas estruendosamente en el suelo y corrió hasta mi. Eso fue raro.
-No, solo rompí tu puerta. Te enviare una nueva cerradura por correo – le dije, dando por sentado jamás volver.
Claro que no esperaba que fuéramos amigos en 5 días, no era Luna, que en menos de lo pensado ya nos estábamos contado todo. No, este tipo era todo lo que alguna vez desee en un hombre. Que fuera guapo, inteligente, independiente… Aun no sabía si era divertido. Pero a notar sus DVD’s todo indicaba que era compatible conmigo. Sin embargo, no importaba si lo molía a palos para que hablara, lo único que lograba era sacarle sus jodidos monosílabos por respuesta.
-¿Por correo? – entrecerró los ojos.
-Si, descuida… Me se la dirección – intente meter de nuevo la cerradura en forma de bola al orificio y girarla. Se escucho un click, que indicaba que la puerta estaba abierta. –Adiós…
Salí al pasillo. Tenía un nudo en la garganta. Quería gritarle un sinfín de cosas. Me había usado. Y aun así, deseaba que él al menos fuera rudo como en León, que me dijera “No seas niña”, discutir al menos. Pero no. Él simplemente me ignoraba y eso era horrible.
Detestaba ser ignorada por el hombre de mis sueños, ese que vivía dentro de mis fantasías cada noche al llegar a casa.
-¡Hey! ¡Renata!
Era él. Y aunque mi corazón latía emocionado, me volví a él con una expresión aburrida.
-¿Qué?
Se detuvo a unos pasos antes de llegar a donde estaba de pie. Me miro un segundo. Después meneo la cabeza en una expresión entre divertida y contrariada. O al menos eso me parecía a mí. -¿Me estoy perdiendo de algo?
-No entiendo… - fruncí el ceño. –Dije que te mandaría por correo la cerradura. ¿Qué más quieres que haga?
-Nada…
-Bien, entonces vive feliz en tu departamento habitable. Estamos a mano a pesar de que no ofreciste nada y no pedí nada por ayudarte – dije acida. Escupiendo las palabras que pedían salir de mi garganta. Incluso podía decir que mis mejillas estaban rojas de furia.
No esperaba ser su novia, juro que no. Mucho menos que me contara sus más oscuros secretos, quizá eso me lo ganaría después. Yo solo deseaba que él al menos hablara conmigo.
-Claro que si pediste algo a cambio – acuso.
-¿Y que era? Porque yo no lo recuerdo, y estoy harta de solo escuchar tus: “si, no, no se” – estalle finalmente en el pasillo.
-Dijiste que te enseñara a pelear.
-Oh – era cierto. Eso había dicho. Mierda lo olvide por completo.
-¿O ya no quieres aprender? – frunció el ceño.
-No, si, yo… - de nuevo el balbuceo.
Me miro un minuto, un minuto que me pareció eterno. Yo estaba dispuesta a gritarle sus cosas y de pronto él sale con esa pregunta, junto con esa mirada penetrante, perforándome con esos celestes y cautivadores ojos. ¡Dioses del Olimpo! ¿Cómo resistirme a eso? ¿Cómo?
-¿Y…? ¿Quieres aprender o no? – cruzo los brazos sobre su pecho.
-Si, si quiero… - afirme.
-Perfecto, mañana nos vemos en Central Park a la hora que salgas de tu trabajo – dijo y se dio media vuelta emprendiendo el camino a su departamento.
-Salgo a las 6 – informe con voz desesperada. Ansiosa. Esta vez con mi corazón palpitando con locura.
-Lo sé – alzo una mano sin mirarme a modo de despedida.

Me quede ahí de pie no se cuanto tiempo. Lo vi desaparecer por la puerta de su departamento. Atónita. ¿Lo sabía? ¿Cómo es que lo sabía?
Mi móvil sonó de pronto y eso me hizo pegar un brinco. Era un mensaje. Era de mi Luna.
“¿Dónde estás? Es noche de cine en mi casa. ¿Estas bien?”
Demonios, lo había olvidado por completo. Cada jueves Luna y yo veíamos una película en la pantalla de 42 pulgadas que su hermano Jack le había regalado. Amábamos esa pantalla. Era enorme y las películas se veían perfectamente.
Tome un taxi en dirección a mi departamento.

Pague al taxista y entre al edificio.
-Hey… - era Evan.
Mmm, Evan.
-Hola… - salude un poco nerviosa.
-¿Cómo estas?
-Bien, muy bien – Dios se veía tan bien. – ¿Qué tal te va en el trabajo?
Pantalón de vestir con su filipina del trabajo. ¡Mmm, que me cocine algo por favor!
-Muy bien, solo que aun no encuentro un lugar donde vivir, estoy harto de vivir donde Eric y Amelie. Ellos son… se han vuelto… muy unidos, ¿me entiendes?
-Oh – sonreí asintiendo. –Al lado de nosotras hay dos departamentos vacios. Quizá si llamas al número que está pegado en la ventana… - sugerí.
-Si, llamare. Justo ahora tuve que salir del departamento, se han puesto melosos… Es como ver una porno en vivo – jadeo.
-Oh – Evan era muy… ¿Cómo decirlo? Sincero. -¿Por qué no pasaste a ver a Luna?
-No, no puedo… tiene visitas… - frunció el ceño.
-¿Visitas?
-Si… - paso una mano por su barba de días. –Su prima Kenzi vino a visitarla.
-¿Y eso es malo? – yo no conocía a su prima, pero seguro que era amistosa como mi Luna.
-Digamos que… es como cuando le quitas el seguro a las granadas… ¿me explico?
-Peligroso…
-No solo peligroso, Renata… Letal – agrego con la mirada turbia. –Kenzi es aun más honesta que Luna, en algunas ocasiones es grosera sin proponérselo. Es… un caso extraño para la naturaleza.
-Luna me mando un mensaje de texto… quizá quería que conociera a su prima…
-O que la libraras de ella – interrumpió con el ceño fruncido.
-No creo. Venga, vamos… - invite a que subiera conmigo al departamento de Luna.
Volteo los ojos y soltó un profundo suspiro. Toque el timbre dos veces.
Luna abrió.
-Rens – sonrió. Después miro a Evan. –Hey tu, pasen – abrió más la puerta. Evan la cerró. Parecía que se quería quedar en la puerta o mejor fuera del departamento de Luna.
En su salita estaba una chica morena de cabello corto estilo mohicana. Justo dejaba una cerveza vacía sobre la mesita de centro de Luna. Se giro para mirarnos y sonrió.
-Tu debes de ser Renata… la media naranja de Luna – estiro su mano para que la estrechara.
Bueno, no me parecía nada peligrosa.
Su piel era de un tono más moreno que el de Luna, con unos enormes ojos verdes y labios gruesos bien formados. Vestía sencillo, unos jeans y una blusita de manga larga en cuello redondo gris. Nada fuera de lo normal y nada que me pareciera peligroso.
Luna y la chica, Kenzi, se parecían. Casi de la misma estatura y con el mismo estilo al vestir, sino fuera porque sabía que Luna solo tenía un hermano varón, diría que eran hermanas.
-Soy Kenzi, prima de Lunática – informo estrechando la mano de Evan que asintió.
-Él es Evan… - presento Luna. Kenzi asintió.
-Bueno, mejor me voy… si tomo una cerveza más no me despertare para mis clases – sonrió. –Nos vemos, un gusto. Y ya sabes… estoy aquí para cualquier cosa que necesites, Lunática – abrazo a mi Luna. –Adiós chicos, un gusto… - sonrió amigable y se fue.
-Vivirá aquí – dijo Luna y se sentó en su sofá.
-¿Aquí contigo? – negó con la cabeza, yo suspire. -Eso no parece alegrarte… - observe.
-Claro que me alegra… Solo que si yo tengo instinto de Sherlock Holmes ella lo tiene aun más desarrollado y aparte está más loca, que tú y yo juntas…
-Y eso es malo, supongo – me senté a su lado.
-Solo cuando algo no le agrada.
-No entiendo…
-Ni yo – sonrió divertida. –Ella es muy linda y todo…
-Venga Luna, a lo que le temes es que alguien se enamore de ella antes de que se enamoren de ti – sentencio Evan.
Luna y yo lo fulminamos con la mirada. Él alzo las manos en son de paz.
-Solo decía, carajo. Todo se lo toman tan apecho. Y si me preguntan, tú eres más linda.
-No le arregles, Evan – gruñí.
-Chicas, no es más que la verdad. Luna… - mi amiga lo miro ceñuda. –Las dos son diferentes, no tienes por qué temer…
-No es eso, Evan. Solo… - suspiro. –Nada, es bueno tener a mi prima aquí… - sonrió finalizando la conversación.
Evan asintió y dándole un beso en la frente salió del departamento.
-Ella está enamorada de Chuck… - me dijo, mirando sus pies.

1 comentario:

Ada Cullen dijo...

Le legho competencia a Luna >!!!!!!!!!! WTF mi Lunis haber si te avisata Chuck es un buen tipo, y no dice tu madre que es mejor malo conocido que bueno por conocer... OMG!!! moriiiii y Ren asi toda histiraca por Julien y el... Zas! que pasara ahota que comienzan los entrenamientos aaaaaaawwww!! me mola mi sensei gracias por este bocado de maldita delicia

Las chicas del Té de Lemmon

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