enero 21, 2011

Maldita delicia. Capitulo XV

¡Yeah yeah! Lindo viernes. Mi ultimo viernes sin escuela :(

Ya pronto se acaban mis vacacionsillas. El lunes de nuevo a la escuela, a mi primer ultimo dia de escuela. Joder. Tengo miedo... XD



Por otro lado... aqui les dejo un nuevo capi. Que cosas, que cosas... (: No tengo mucho que escribir para saludarlas o asi... Asi que me queda decirles que lo disfruten :} Y mi Cricri... ¡¡¡No te desmayes!!! Te amo...


Ando felisota... (Despues de todo si tenia cosas que escribir). La razon... No hay razon. Pero hey! Me compre mi libro "Why men loves bitches", acá en México le pusieron "Por qué los hombres aman a las cabronas" Yeeeeh. Empezare a leerlo, puede que las chicas aprendan algo de ese libro :) ja.



Enjoy! ^^




15. Cobardes, perdedores y un desmayo
Renata Cotty

Ligera.
Si, en una palabra así me sentía. Después del laaaargo día en casa de Lex, me libere. Dios, si, quizá era una perra, pero como diría Luna: “Una perra con suerte”.
Sonreí al recordar a mi amiga, que dicho sea de paso no veía desde el día en que salimos de casa de Emily. Aunque sabía que ella no andaba mal acompañada. Chuck salio de su casa una tarde, cuando llegue de mi trabajo. Quizá ella y él… Finalmente sucumbieron por su atracción.
Luna me presento a Chuck una tarde en la que él le había enviado una nueva botella de vino. Era él el responsable de la buena dotación de vinos de mi amiga. Y dijo ser su mejor, mejor amigo. Lo conoció antes que a nosotras. Y según después me contó Luna, era amigo de Jensen también. Que dicho sea de paso, tenia varios días sin saber de él.

-Hola, Chuck – un sábado cuando volvía del supermercado, Chuck salía del departamento de Luna con el cabello más alborotado y las mejillas sonrojadas.
-Hey, hola Rens, ¿Qué tal? – pregunto cordial.
-Todo bien, ¿y tú? ¿Cómo esta Luna?
-Bien, - sonrío. Que linda sonrisa tenia – ella… esta preparando el desayuno. Me mando por pan para unos emparedados – alzo los hombros. –Es lo único que puede hacer sin quemar el departamento – comento divertido.
Me carcajee. Ya le tendría que dar algún día clases de cocina o moriría de hambre.
-Si, lo imagino. Bueno, le dices que después la paso a ver – metí la llave en la cerradura de mi departamento mientras Chuck asintiendo se dirigía a las escaleras.

Entre a mi departamento y deje las llaves en el bowl de siempre. Lleve las bolsas de papel con víveres a la cocina y metí la leche y un par de cosas más a la nevera. ¡Oh si! y mi bote de helado. Eso no me podía faltar. Me gire para guardar los platos y vasos limpios de mi fregadero, cuando me percate de una maleta negra en mi sala. Eso no estaba ahí cuando me fui esta mañana.
Nerviosa tome un mazo para aplastar carne y lo más sigilosamente posible salí de mi cocina y me encamine al pasillo. Un perfume que se me hacia conocido azotaba mi nariz. Abrí de golpe la puerta del baño…
-¡Largo de aquí, miserable! – grite.
-¡Renata! – grito… Mi hermano. ¡Dios! ¡¡Mi hermano!!

Vincent dejo el lavabo, donde limpiaba su cara y me apachurro entre sus brazos.
-¡Dios! Que buen recibimiento… - comentaba divertido. Su pecho me hacia brincar. -¿Qué pensaran los vecinos si ven que quieres matar a tu hermano? – preguntaba al tiempo que me dejaba en el piso y acomodaba o mejor dicho, desacomodaba mi cabello.
Fruncí los labios.
-Cállate – le di un golpe en el pecho.
-¡Hey! Y me golpeas – chillo, fingiendo enojo.
-¿Por qué no me dijiste que volvías? Pude haber ido por ti al aeropuerto…
-Nata, me ofendes – de nuevo fingió - ¿el aeropuerto? Ja, basura. Llegue aquí en autobús. Claro, después de que pase por Francia, Londres, el Caribe… Todo muy lindo y divertido – recordó.
-¿Mis padres saben que volviste?
-¿Y dejar que mi madre me regañe por la barba y por no bañarme en días? ¡Estas loca! – exclamo teatralmente.
-¿Quieres darte un baño? Adelante, preparare algo de comer…
-Esa es la hermana que recordaba… - alboroto una vez más mi cabello y salí del baño.

Vince tardo poco más de media hora en el baño. Le prepare un filete asado con papas horneadas y algo de ensalada verde. Acomode los platos en la mesa y lo espere en el comedor mientras lo escuchaba vestirse y maldecir. Era un loco. Un artista y un vago loco.
Decidió emprender el viaje por el mundo cuando cumplió 19, casi no lo veíamos en casa y mi madre se preocupaba por él continuamente. Era su muchachito especial. Si, así como Marge Simpson. Vincent era dos años mayor que yo. Y si mis cuentas no fallaban, estaba por cumplir 26.
Si se quedaba el tiempo suficiente quizá le haría una fiesta. ¡Uf! Esperaba que se quedara. Tenía años sin verlo. Hasta lo veía más alto. Venga, Vince ya era alto.

Entro a la salita y se sentó frente a mí. Ahora lucia como un ser humano normal. Con el cabello y la cara lavados. Se rasuro la barba de modo que ahora no parecía un fiel seguidor de Charles Darwin o un judío psicótico. Sus ojos azul cielo ahora resaltaban más. Su cabello corto revuelto y a la moda.
-Bienvenido a la Tierra, Vince – hice un ademán con la mano.
-Ja-ja. ¿No vino la graciosita? – ironizo y tomo un vaso para servirse agua de frutas frescas. Le dio un sorbo. –Hace años que no bebía algo así… Esta deliciosa.
-¿Pues que tomabas? ¿Agua de charco?
-Nop. Cerveza, vino, vodka, todo eso… Los artistas son caprichosos, Nats – comento alzando el vaso y llenándolo para beber el contenido de un sorbo.
-Son raros, excéntricos…
-Te diré algo. Si eres pobre, eres un jodido loco, si eres rico eres excéntrico…
-Eres un jodido loco – sentencie con una risa contenida en los labios.
Vince alzo la ceja.
-¿Qué hay de comer? – pregunto después de un segundo.

Le serví una buena ración de comida que el devoro, si, devoro gustoso. ¿Acaso lo tenían amarrado? Cuando le serví una segunda vez, comió más despacio y esta vez si disfruto de mi comida. Continuamente agradecía y adulaba mi sazón.

-Vince… ¿y por qué volviste? – esperaba que no lo hubieran vetado de algún país extranjero. Él solía divertirse al extremo.
-Me encontré a un tipo que le gusto mi arte… - dijo después de tragar un trozo del filete.
-¿Ah si?
-Ajá… Tiene una galería aquí. Por eso volví. Bueno, iba a volver de cualquier forma. Y como sabía que tú seguías viviendo en Manhattan decidí venir directo a ti – sonrío.
-¿Cómo entraste? – inquirí.
-Ya sabes – alzo los hombros.

Si, ya sabía. Vince tenía una habilidad fantástica. Se colaba en los lugares sin ser visto. No me extrañaría que hubiera trepado por la pared hasta dar con mi departamento.

Terminamos de comer y él me ayudo con los platos. No había olvidado sus dotes hogareñas.
Nos tumbamos en los sofás. Él empezó a hacer zapping en la televisión. Yo lo empecé a interrogar. Me sentía muy feliz de tenerlo en casa de nuevo. Gritaba emocionada y lo abrace todo el tiempo. No me podía creer que él hubiera vuelto. Y si el trabajo en la galería funcionaba, se quedaría más tiempo. Incluso podía llegar a ser famoso. Si, ¿imaginan eso? ¿Qué mi hermano se quedara de planta aquí? No me importaría tenerlo en mi casa. Para nada. Estaría encantada de tenerlo a mi lado.
-¡Hey, Nats! Si sigues apretando así mi cuello, me causaras un hematoma o algo por el estilo – jadeaba.
-¡Oh! ¡Cállate! Te extrañe… - me colgué de él.
Siempre fue mi mejor amigo. Y cuando se fue. Lo extrañe demasiado. Rogaba a los cielos que nada le pasara. Él me enviaba cartas o postales. Regresaba algunas veces para Navidad o para mi cumpleaños. Y de nuevo desaparecía. Prometiendo postales nuevas y un par de fotografías de sus obras de arte.
Vince no estudio en una escuela de arte. Su don era natural. Siempre fue muy creativo y nunca se podía estar quieto. Ni aun ahora, siendo mayor, podía estar sentado al menos 5 minutos en un sitio. Claro, a menos que el sitio fuera el comedor.
Justo ahora deambulaba por mi casa. Observando las fotografías y las notas que Luna dejaba por doquier.
-“Que risa… Ese tipo si era gracioso” – rezaba en voz alta. -¿Quién escribió esto? – pregunto señalando el post it verde.
-Luna, mi mejor, mejor amiga. Tienes que conocerla. Vive justo enfrente.
-Oh… ¿y es linda? – se formo una sonrisa perversa en su rostro.
-Vince – regañe.
-Solo pregunte. No tienes porque comportarte como la hermana celosa, Nats. Ya soy un adulto y tú también lo eres. Además si es tu amiga, se que no me lastimara – hizo un puchero – y si me lastima se que tu la partirás en pedacitos.
-Luna, no es tu tipo…
-Si tú lo dices – alzo los hombros y continúo examinando mi hogar.


La noche cayó. Mi hermano finalmente se había cansado de examinar mis discos, mis libros y mis revistas de música. Estaba sentado en el sofá, mirando un álbum de fotos de la Universidad.
-¡¡Uuuh!! – decía. –Todas tus amigas son hermosas…
-Vince – gruñí. –Déjalas en paz.
-Eso, querida hermana, no puedo prometerlo – dejo el álbum en la mesa de centro y subió los pies, ahora descalzos al sofá. Se estiro por completo. –Oh, Nats, no sabes lo que es dormir en una banca parisina. Con el temor a que te atrapen los jodidos policías – suspiro.
-Hubieras vuelto entonces – comente sentándome en el otro sofá.
-¡Ja! Estas de broma, ¿cierto? Volver, ¿y regresar como un perdedor? No, señor. Vincent Cotty no es un perdedor ni un cobarde – dijo inflando el pecho.

Lo sabía. Mi hermano jamás hubiera vuelto sino tenía una buena noticia que dar a la familia. Él nunca fue un cobarde.
-Y dime, Nats… - coloco los brazos detrás de la cabeza - ¿Cómo te va? ¿Ya eres la mano derecha de no se quien?
Me reí.
-No, Vince. Me encargo de las finanzas en una empresa altruista – informe sonriente.
-Oh vaya, que bien. Todo va perfecto, imagino. Esa sonrisita que has tenido en el rostro todo el día puede decírmelo – observo.
Me sonroje. Mi hermano era muy perceptivo.
-Si… creo… - balbucee.
Él se carcajeo.
-Es un tipo, ¿cierto? ¿Cuál es su nombre? ¿Lo conozco? ¿Cómo se llama? ¿Tendré que patearle el trasero por corromper a mi dulce hermana? – preguntaba con rapidez a la par que se acercaba a mi.
-No contestare tantas preguntas al mismo tiempo – me queje.
-Solo dime si es un tipo… y si te gusta…
-Si y si – dije y me sonroje aun más.
-Lo sabia – exclamo satisfecho. –Cuando necesites que le pateen el trasero al miserable, házmelo saber – dijo y beso mi frente. –Nadie le romperá el corazón a mi hermana… Nunca más – sentencio.
Casi llore. Él siempre me protegería. Casi me lo firmo con sangre el día en que regrese a casa llorando y que lo llame sin más nadie a quien recurrir. Los corazones rotos no son cosas que les cuentas a tus padres así como así. Vince gruño por teléfono esa noche, cuando lo llame. Y dijo que volvería solo para partirle la cara a ese miserable, como él lo había llamado. Pero le hice prometer que no regresaría. Que aquel miserable no valía la pena. Y él por su parte, me hizo prometer que no habría más lágrimas. Nunca más. Desde ese entonces, me prometí a mi misma: No enamorarme de nuevo.
Lo cual era muy difícil de cumplir. ¿Cómo podría? Con Lex siendo tan atento conmigo. Después de amanecer en sus brazos. Me llevo al cine, a comer un helado y finalmente dormimos juntos de nuevo. Aunque, dormir-dormir no fue lo que hicimos. Un paquete de fresas y chocolate derretido se interpusieron en nuestro camino.


-Mira, mira – canturreaba Lex con una fresa entre sus dedos. La hundió en el tazón de chocolate y la llevo a mis labios.
Cuando me acerque a tomarla con los dientes él la alejo, poco le importo que hiciera un puchero y un gruñido; se la llevo a la boca, donde la atrapo con sus dientes y me insto a tomarla.
Con el pulso latiendo a mil y con el calor abrasando todo mi cuerpo. Me hinque y la tome de su boca. Al terminar cada quien su parte de la fresa, nos besamos sin control. Él tomo chocolate con los dedos y lo embarro por mi cuerpo. Limpiándolo con la lengua.
Yo me retorcía de placer y eso parecía excitarlo. Cada que se acercaba, sentía un prominente bulto que chocaba con mi vientre y que pronto tendría que liberar. Si, tendría que sacrificarme.

Por lo tanto… ¿Cómo podría negarme? Me costaría trabajo si, pero no le entregaría mi corazón al primer cretino que me hiciera ojos de cachorro.


_._
El lunes al amanecer, mientras me arreglaba para el trabajo, mi hermano que también tenia que llegar temprano a la galería se alisto y con una vestimenta de playera blanca y unos jeans con botas negras salio conmigo. Me llevo a mi trabajo y después él volvería a la galería.
-Pasare por ti cuando salgas… Así conocerás a mi futuro jefe. Cruza los dedos Nats – alzo la mano con el índice y el dedo medio enlazados.
Lucia nervioso. Pero a la vez decidido.
-Lo harás bien – lo tranquilice con una mano en sus hombros.
-Si… - exhalo. –Nos vemos, suerte para ti también – beso mi frente y entre al edificio.

William tenía la puerta de su oficina abierta. Caminaba alrededor de ella con el teléfono inalámbrico pegado a la oreja. Hacia ademanes algo desesperados y molestos. Su frente tenía un par de arrugas que mostraban su enojo.
-¿Qué es lo que le pasa a Will?
-El Sr. Northman esta en una junta – informo su secretaria alzando las cejas.
La chica no pasaba de los 30 y ya era una amargada.
Hice una mueca que me asegure que viera y entre a mi oficina. Cerré la puerta y encendí el ventilador. Quería que se oreara la oficinita. Llevaba el fin de semana cerrada y apestaba a café pasado.
Me puse al corriente. Había sido un fin de semana solo para Vincent. No tuve tiempo de ponerme al día con los libros, ni los balances ni nada. Tenía que apresurarme o no saldría temprano para ir a la galería con mi hermano.

Ya solo me faltaba un ajuste de cuentas y listo. Seria libre, Vincent y yo andaríamos por Central Park, quizá hasta pasaríamos por Luna y él la conocería y ¡Dios!, ¡Tantas cosas por hacer!

-¿Renata?
-¿Ajá? – levante la mirada.
Era William. Como siempre, lucia despampanante.
-¿Necesitas algo? – urgí, agitando el lápiz entre mis dedos.
-No, yo… Solo quería tener alguien con quien charlar – camino a mi escritorio y se sentó. –Yo… conocí a una chica… y… creí que nos llevaríamos bien y todo… pero no. Es una loca posesiva y… Dios, no se como quitármela de encima…
-Oh. Eso suena complicado.
Quizá por eso peleaba por teléfono.
-Si, yo… Lo siento, no debería contarte mis cosas.
-Esta bien. Siempre es bueno desahogarse. Y, bueno, soy… somos amigos, ¿no?
-Si, si… Lo somos – sonrío. –Imagina que le cuente esto a… a mi secretaria. Seria… de locos – rió. –Supongo que le diré a la chica que… no quiero volver a verla…
-Podrías ser tierno… aunque si ella esta loca, yo puedo ser la novia psicótica y quitártela de encima para siempre – sugerí.
-¿En serio? ¿Harías eso por mi? digo, ¿lo harías?
-Si, claro. Somos amigos – reafirme.
William me gustaba. Si que me gustaba. Y la tarde de sexo con él fue… Fabulosa. Pero ahora… ahora mi mente era de Le… Jar… no se. Pero tenia claro que William solo era un amigo.
-Si, si… Bueno, gracias. Tenia que soltarlo. Decir que conocí a una loca… - sonrío con pesadez.
-Bueno, ahora puedes decir que hay alguien más loca que yo – bromee.
-Rens… tu no estas loca. Solo… digamos… bueno, si lo estas. Pero loca de una forma agradable – torció la boca. –Te dejare para que sigas trabajando.
-Bobo. Gracias. Cualquier cosa…
-Si, gracias – asintió y salio.

Así que… William y yo… Amigos. Vaya, que giro tan inesperado, y refrescante. Saberme sin un peso menos. Quizá Will, encuentre a una chica que… que le encante la caballerosidad de su semblante. Por mi parte, amo lo salvaje y lo desalineado. Un vago seria perfecto para mí. Sin duda. Podía babear por él, por horas y horas. Si, estoy loca, lo se. Pero como dijo Will: Loca de una forma agradable.

-Nos vemos luego, Will – pase a despedirme a su oficina, donde el parecía firmar un par de documentos que su secretaria sensualmente le había dejado en el escritorio.
-Si… Que tengas una linda tarde – sonrío. –Y gracias, por todo.
-De nada, para eso están los amigos.
Sonrío ahora mostrando sus relucientes dientes. Suspire y salí de su oficina. Mientras entraba al ascensor, mi hermano me mando un mensaje de texto al móvil.
“Nats. Estoy por llegar. No tardo, V”
Llegue a la planta baja. Salí a la calle. Espere poco menos de 10 minutos a Vince, él bajo de un taxi.
-Venga. Vamos… - tomo mi mano y subimos de nuevo al taxi.
Nos acercábamos a casa de Jennifer. Esto me puso nerviosa, saberme cerca de Jennifer.
-¿Sucede algo? – Vince tomo mi mano para llamar mi atención.
-¿Eh? No, nada…
-¿Estas nerviosa? No has hablado desde que subimos al taxi – dijo mirándome a los ojos.
-No, no… ¿Cómo te fue en tu trabajo?
-De maravilla. ¿No te dije que era un ganador? – bromeo.
-Si, que bueno – sonreí.
-Hermana, pondría mis manos al fuego. Se que te pasa algo… dime – pidió.
-No, no me pasa nada, Vince. En serio… - mentí.

¿No les pasa como si sintieran que algo pasara? Esta vez no era la sensación de algo malo. Tener a mi hermano aquí apuntaba a que seria algo bueno, pero la sensación era extraña. Como si me removieran las entrañas. Como si me agitaran la cabeza después de un trago de tequila. Como si el cerebro se me congelara. Como cuando bajas de la Montaña Rusa. La sensación en el estomago era como vértigo, como de ansiedad.

Vince le pago al del taxi y bajamos en una cafetería.
-Es una galería con cafetería – comento Vince, mantenía la puerta abierta para hacerme pasar primero.
-Es linda – dije con la boca seca.
Sabía que algo pasaría. Algo.
Vince me observo con detenimiento.
-Ven, te presentare a mi jefe – jalo mi mano. -¿Nats? ¿Qué te pasa, estas sudando?
-N-n-na-nada – tartamudee.
¿Tartamudear? ¿Acaso era Bella Swan? Tome aire por la nariz varias veces, profundamente.
Vince me miro entre divertido y preocupado.
-Mi jefe el Sr. Hopus no morderá… - prometió.
Mi mente trabajo con rapidez. Me sentía como atada a una estrella fugaz. Navegando a miles de kilómetros por hora a través del espacio. Vince tomo mi mano y me jalo hasta la barra de la cafetería. Un tipo estaba de espaldas hacia nosotros. Su cabello era corto, entrecano marrón. Espalda hacha y definida. Mi pulso se acelero.
Si mi memoria no me fallaba…
-Sr. Hopus – lo llamo mi hermano. El Sr. volteo, con una sonrisa miro a mi hermano. Salio detrás de la barra y se acerco a Vince.
-Vince… ¿y esta linda señorita? – pregunto posando sus ojos celestes en mi rostro.
-Es mi hermana, Renata – me presento. –Renata, es mi jefe, el Sr. Hopus… ¿Rens?
Oh Dios… Luna tenía razón. Ahora sé por qué se desmayo aquella vez al ver a Tristan. Y es que el Sr. Hopus era un hombre guapísimo. Pero en el fondo sabia que no solo él iba a ser causa de mi sorpresa. Y muy probablemente de mi desmayo.
-¡Joder! Georgie boy… - grito alguien a mi espalda y giramos Vince y yo para verlo.
Ahora si podía caer al suelo.
Alto. Delgado. Cabello largo y revuelto. Algo de barba de días en su perfecto rostro de tez clara. Ojos azules intensos que se posaron en mis ojos. Perdí la razón.
¿Nats? ¿Nats? ¡¡Renata!!

4 comentarios:

Ale!! cRaZy StAr!! xD dijo...

Mis dioses!!! estoy asi!! aaaaaaaaaaaaaa gritando literalmente!! xD Oh mis dioses Vince que lindo hermano!!! y dios William solo amigo de Rens?? tsss... is dioses el Sr. Hopus!!! me puede!!! xD y el tipo nuevo?? andas que si me requetepuede!!! xD ay mi amore lo ame!!! uff ese lex!! haces que lo ame mas xD eso del cine, el helado y las fresas!!! aaaaaaaaaaaaa lo ame de mil maneras!!!!! Escribes super guau!!! dios mio!!! ia quiero el otro capi porfis!!!! **!! te amo mi beu!!!! Gracias por el capi tan extraordinario!!!! Te amo!!!!!!!!

Ada Cullen dijo...

QUe puedo decir estoy celosa que todos se los den a Cricri... te mo pollis peor yo tambien quiero uno para mi jajajajajja... Beu que puedo decir amor tus escritos ao maldita delciia y ya quiero saber mas y mas de este fic, ya quiero saber que sucedera, estas mujer son suertudas con tanta carne y yo con hambre jajajajaja que puedo decir ya quiero que sea viernees y poder leerte
POWER GRILS

&Twinin Cullen& dijo...

OMG esas fresas wooooo, que cosas se pueden hacer con solo comida, y dios que bueno esta Vicent Rens eres mi cuñada ;) jajajajajaja estuvo genial el capitulo wooo muy bueno y pobre Will lo ata<ca una loca jajajajaja y quien sera el hombre misterioso awwwww ya quiero saber quien es xD

VioletaHerondale dijo...

Las fresas sin duda fueron lo mejor del capitulo! quiero unas fresas y chocolate gracias ^^

Por Telhu mi Beu! es que Andrew no es un dios griego! es el mismo Zeus!

Santos macarrones con queso! que se haya comido al Chuck!

PS* A ver ahora con que (ptada) cosa :D no sale la Nata y por cierto su hermaaanoooo!

Las chicas del Té de Lemmon

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