octubre 29, 2010

Maldita delicia. Capitulo V

¡Hola lectores! :D

Lindo viernes... sip. Nublado, con frió, rico como a mi me gusta. Mis mejores días son los nublados y friolentos. A mi la verdad no me alegra el sol.

Por otro lado, de aquí en adelante, los capítulos corresponderán a cada una de las protagonistas. Empezaremos por Lunática, Luna Phellan. Así conoceremos la vida y obra XD de cada una de ellas. ((Me pico un puto mosquito y me da mucha comezón! D:))
Hoy vi a mi Cricri! (: Aun estoy feliz!! Oh mi Cricri, sabes que te amo muchote :3

Saludos y sin más, enjoy!
Ah si si, y feliz Jalowin XD jaja
Oh mi disfraz de Freddy y de el Sombrerero Loco tendrán que esperar ;(

5. El ombligo del mundo

Luna Phellan

El repentino dolor que la pequeña mentira de Renata me hizo sentir en el pecho, fue evaporado por el hecho de que yo no tenía nada que ver con William. No lo conocía, pero sabía en el fondo de mí, que no era el hecho de que a ella le gustara William, lo cual era más que notorio. Era el hecho de que ella no confiara en mí para confesarse.

Para mi fortuna, arreglamos nuestro pequeño dilema en un tris-tras. Con la ayuda de Jack, mi hermano, entendí que a veces las personas ocultan cosas para no lastimar a los demás, pero que una vez que las mentiras salen a la luz, porque siempre salen, es doloroso.

Cuando salí corriendo de la cafetería, abandonando a mis amigas para no empezar a vociferar molesta, mi única salida era mi hermano. Jack estaba en su taller, con Lex, como siempre. Ambos se estaban tomando un descanso.

Jack al verme en la entrada del negocio familiar. Dejo su comida a un lado y corrió a abrazarme. Su confort y su cuidado me hicieron llorar. Después, sus sabias palabras me hicieron entender. Y finalmente me dijo que yo no era el ombligo del mundo, lo cual entendí perfectamente, ya que nunca me había sentido el ombligo de nada ni de nadie. Incluso en ocasiones me sentía invisible en el mundo. Lo cual a veces era bueno y otras no tanto.

Hoy era uno de esos días, en lo que no era bueno ser invisible. Era miércoles, día del cine al dos por uno. Habían pasado ya tres semanas desde que deje corriendo la cafetería. Habían pasado tres semanas desde que le dije a Renata mi atracción por el hijo de mi jefa. Tristan… Hasta si mentalmente decía su nombre, por defecto tenia que suspirar, hundir las manos en mi cabello y reclamarme la atracción por él.

Eran cerca de las dos de la tarde, se acercaba mi hora de comer. Pero para nada que tenia hambre. Hace unos minutos, él había desfilado delante mío, dejando una estela de su aroma, que muchas de las chicas que hacían los reportajes para la revista habían asomado sus cabezas sobre sus pequeños y ridículos cubículos.
Todas sin excepción habían suspirado. Podía oler el vaho de sus alientos cuando bajaron la cabeza mirando extasiadas el monitor de su ordenador. Él causaba eso en todas, y me enfermaba que lo causara en mí.

No había tenido muchos hombres en mi lista. Solo Evan, mi primer amor y él último. Después de él…
Simplemente los hombres no eran mi punto fuerte, es decir. Era tan tímida que pocos sabían que me gustaban.

Aceptare que después de unas copas a una se le suelta la lengua, pero en mi caso no pasaba de un delicioso toqueteo detrás de los bares. No podía pasar a algo más. Tenia que hacer click para poder empiernarme con alguien.

Deje caer la cabeza sobre las carpetas en mi escritorio, mismo que ahora estaba tapizado por fotografías de chicas flaquísimas y si, feas, pero gracias a la maravilla de la tecnología, podíamos convertir en Venus hermosas.

No se cuanto tiempo paso, los ojos se me cerraron poco a poco.

-Toc, toc – una voz áspera y masculina llamo a la puerta entreabierta.

Estire la mano, apagando los pequeños altoparlantes de mi ordenador. Quite la música de fondo. El soundtrack de Marie Antoinette dejo de sonar. Alce la cabeza, esperando que fuera Neal.

Lo que me encontré fue…
-Hola, Lu. ¿Me preguntaba si querías comer conmigo? – Tristan entro por completo a mi oficina.

Se puso detrás de la silla frente a mi escritorio. Su cabello largo sobre sus hombros fuertes, caía despeinado. En una mano llevaba su casco negro con detalles rojos. Subí la mirada por ese brazo musculoso, me tope con sus bíceps bien formados y trabajados, su piel bronceada me hacia palidecer. Por fin, si… por fin llegue a su rostro. Ese rostro perfecto y hermoso.

Sus labios estaban hechos una sonrisa. Sus ojos pardos me miraban atentos.
-Yo…
-Ok. Estas ocupada. Entiendo. Mi madre te tiene así… Será otro día. Buena tarde – alzo su casco a modo de despedida y salio de mi oficina.

Torpe.

Mis tripas ahora se comían unas a las otras. Menee la cabeza y deje que pasaran otro par de minutos antes de salir de mi oficina, él podría estar aun deambulando por ahí, haciendo suspirar a las demás.

Tome mi bolso, lo cruce sobre mi pecho. Cerré mi oficina. Bajaría por el elevador. No sabía si podría bajar las escaleras sin estar tentada a caer de rodillas y maldecir mi suerte. Aquella había sido la oportunidad de conocerlo, pero… por otra parte estaba mejor así. Su madre quizá le había mencionado que salía a comer sola, que no tenia amigas en el trabajo –No me hacían falta, tenia a cuatro muy buenas- , que me mataba trabajando, que talvez necesitaba salir un poco y platicar de cosas que no fueran empleo. Solo por educación, claro. Complacer a su madre por sobre todas las cosas.

Tome la calle que me llevaría a mi restaurante favorito, un pequeño local donde vendían arroz mixto y empanadas de carne deliciosas.


-Hey, Luna – alguien a mi lado me llamo. Gire. -¿Te llevo? – ofreció quitándose el casco. Era Tristan.
-Si – conteste de inmediato. Mi lado irracional lo hizo, estoy segura. Me tendió su mano y me ayudo a subir.
-Tus manos aquí – dijo. Jalo mi mano y la coloco sobre su delgada cadera.

De inmediato temblé. Eso se sentía tan bien.
-No tengas miedo, seré cuidadoso – dijo mirándome de reojo. –Toma – me dio su casco.

Esa frase. “No tengas miedo, seré cuidadoso”, inmediatamente me recordó a Evan. Y la primera vez en la que estuve con él. Sonreí para mis adentros.

Ir abrazada de Tristan era totalmente diferente a abrazar a Evan. Creo que hasta era mejor Tristan.

Claro que es mejor, no seas torpe.

No supe en que momento se detuvo ni cuanto tiempo pasó. Baje de su motocicleta aun con las piernas tensas. Sus poderosas extensiones musculares no dejaron de estar duras mientras mis muslos las rozaban.

-¿Te gusta la pasta? – pregunto bajando de su moto magistralmente.
-Ajá – atine a responder, devolviendo su casco.
-Por cierto, tuve que raptarte. No quería que rechazaras de nuevo mi invitación a comer.
-Yo no te rechace – mi voz volvió a mi.
-Si lo hiciste. Me miraste como si fuera un jodido fantasma. No estoy preparado para que me dijeras que no. No es anda de ego, solo que… Luna, no quiero que me rechaces. No podría soportarlo.

¿Qué? ¿Rechazarlo? Ja, ni en mis más asquerosos sueños.

-No entiendo. No me dejaste ni hablar…
-Estaba nervioso de que dijeras que no, por eso salí como un cobarde –me interrumpió.
-Ok – asentí. Ahora nada de lo que decía tenia sentido para mí. Nada.
-Luna… me gustas, me encantas, me vuelves loco – se acerco tanto que choque con su enorme moto.
-¿Yo-te-gusto? - era una pregunta pero no sonaba como tal. Yo tartamudeaba y él, en todo sentido de la palabra, estaba caliente.
-Si. Y mucho, más de lo que puedo aceptar.

Sonreí. Como una tonta claro.

Sus manos volaron hábiles a mi rostro, ladeo el suyo y fue cuando mi mundo cobro sentido.


-Hey Luna, Luna, Luna – algo toco mi hombro, justo en el momento en que Tristan iba a besarme.


Gire la cabeza molesta. Era Neal. ¿Qué hacia Neal aquí? Ok, si él estaba aquí…

-Despierta Luna Phellan – movía mi hombro molesto.

Esto era un sueño. Bufe. La cara perfecta de Tristan se desvaneció como el agua entre los dedos.

-Ya, estoy despierta – le dije. Estire mis brazos.
-Agradece Luna, que fui yo quien te encontró dormitando y no Dorothea.
-Ok, gracias – voltee los ojos.
-Cuida esa actitud, niña. Te costara el empleo – me señalo.
-Lo se, Neal. Lo se… - me tape los ojos frustrada.

Claro que lo sabia. Más si seguía mirando a su hijo a hurtadillas como las demás chicas. Incluso Lizi la asistente, estaba que babeaba por Tristan. Joder.

-Es hora de tu comida, Luna – dijo Neal. Su voz sonó como si le hablara a su mascota.
-Si ya. Iré a comer con mis amigas.


Como en mi sueño, me puse de pie, tome mi bolso, mis llaves. Cerré mi oficina y baje a la calle. Afuera, Renata me esperaba con un par de paquetes de comida.

-¿Lista?
-No… - alce los hombros.

Caminamos juntas hasta un pequeño parque cerca de los edificios donde trabajábamos. No le conté mi sueño, me daba vergüenza. O quizá era algo que quería guardar para mí. Después en un día de borrachera se lo contaría y ambas o quizá las cuatro, estallaríamos en risas. Siempre pasaba eso.

Renata me relataba la salida a cenar con William, sonaba muy emocionada y a mi me alegraba que ella por fin me contara todo de sus días con Will, como le llamaba.

Sentadas en unas banquitas de piedra, comenzamos a comer.
Renata me miraba y sonreía cuando la atrapaba mirándome.

-Dime que te traes, Renata – la ataje.
-Nada. Solo… Ya vi a tu motorista. Dios…
-Si, Dios… - exhale.

Comiendo era la única forma en la que dejábamos de hablar como locas. La única forma de mantenernos calladas.

Terminamos la comida. Con dificultad, ya que fantaseábamos con la motocicleta de Tristan, y de cómo nos encantaría subirnos a ella, con los brazos – y las piernas, ¿por qué no? – rodeando el cuerpo de infarto del hijo de Dorothea. Cuando por fin terminamos de babear por él, acompañe a Renata a su edificio.

-Suerte con Will.
-Ok, igual con tu motorista – sonrío sonrojada.

Alce las cejas. Ojala así fuera. Fácil. Camine de camino al trabajo. No quería llegar. Ya solo faltaban 3 horas más y saldría. Seria libre de poder mirar sin remordimientos.

Tome el teléfono móvil del bolsillo de mi pantalón, le mandaría un mensaje a mi mejor, mejor amigo. Chuck. Lo conocí en la secundaria y desde siempre fue mi otro hermano. Él trabajaba en una empresa donde importaban y exportaban vinos. Gracias a él, tenia mi dotación de vinos.

Estaba por mandarle un mensaje cuando algo duro me tiro de nalgas al piso.
-Auh – sobe mi trasero.
-Luna, lo siento, lo siento – Era Tristan.

Mi corazón se paralizo. Me ayudo a levantarme, quise evitar tomar sus manos, pero fue imposible.

-No te vi, lo siento.
-Yo tampoco – le devolví la sonrisa. No era tan radiante como la de él. La mía era una mueca de dolor con una pizca de vergüenza y otra más de estúpida al verlo frente a mí.
-Tu teléfono – lo levanto del asfalto y me lo tendió.

Lo metí con rapidez a mi pantalón. Después le mandaría el mensaje a Chuck.

-Tengo que…
-Si.

Asentí y prácticamente corrí. Apreté los botones del ascensor, pero parecía que la porquería no quería obedecer. Apreté una vez más desesperada.

-El ascensor no sirve desde hace una media hora – dijo Tristan a mis espaldas.
-Ah.
-Tendremos que subir las escaleras – se encamino al lado del elevador.
-Ya qué – suspire. Lo malo no eran los cinco pisos hasta la revista, sino el tener que subirlos a su lado.


Error. No eran a su lado sino detrás de él. Donde tenía una vista espectacular de su trasero envuelto en esos jeans que le ajustaban perfecto. Mis manos me pedían estirarlas y verificar si su culo era tan firme como mi mente clamaba.

No, quietas manos. Quietas.

Cerré los ojos. Me detuve en un descanso de las escaleras en una curva antes de empezar un tramo nuevo de las mismas.

-¡Vamos! Aun faltan 3 pisos – Tristan sonrío. Una mano en el pasamanos y una pierna flexionada. Trague con dificultad.

Maldición, no sonrías.

-Si, solo… creí que me llamaban por teléfono – tome mi móvil y lo agite frente a mis ojos.
-Oh… ok.
-Sube, no quiero retrasarte.
-Bien, no tardes – continuo subiendo y yo deleitándome con la vista.

Suspire cuando lo perdí de vista. Vamos jodido teléfono, suena, suena. Lo mire como posesa, como si con eso hiciera que sonara…

¡Dios! El móvil empezó a vibrar en mis manos. Pegue un grito. Casi lo suelto. Presione el botón verde.

-¿Hola? – pregunte. El número era desconocido. Quizá era algún primo o hermano perdido, querían pedir rescate o quizá me secuestrarían. Ojala.
-Luna… - esa voz.
-¿Jensen? - mi pecho dolió.
-El mismo. Espero que no te moleste. Chuck me pasó tu número. El muy bastardo me hizo rogarle. Prometí comprarle una docena de botellas de vino con tal de obtener tu número. Ahora tendrás que ayudarme a beberlas.
-Me encantara – eso lo dijo mi lado irracional, ese que despertaba al recordarlo.
-Lo se, siempre dije que eras hija de Baco… - recordó. El Dios del vino.

También lo pensaba. Pero me daba gracia que mis amigos lo recordaran. Más él.

-Ok.
-¿Dónde te recojo? Quiero verte ya mismo – Eso se escucho como una exigencia.
-Ham, ¿recuerdas el lugar en donde siempre te reías de las fotografías de chicas anoréxicas y decías que ninguna era tan buena en la cama? - ¿Por qué demonios le daba la dirección? ¿Por qué?

Después de una larga carcajada que me trago buenos recuerdos y unos no tan buenos. Jensen hablo de nuevo.

-Oh si, la tonta revista esa… ¿Cuál era el nombre? Sput…
-Spotlight – corregí.
-Ah, eso. Si, si recuerdo. ¿Trabajas por ahí?
-Trabajo ahí.
-¿De verdad? ¿Ahora tú eres la que limpia las copiadoras? – Comenzó a reírse de su chiste.
-Ríete Jensen. Ahora hablas con la fotógrafa de la revista.
-¿De verdad? – Pregunto incrédulo, parando en su burla.
-Si. Hace dos semanas soy la fotógrafa.
-Menos mal. Ahora si serán fotografías buenas, no la mierda que siempre veo en las portadas de porquería. ¿Pero qué digo? Lunática, tú nunca te has vestido a la moda. Apuesto que bajaste la mirada a esos botines negros y llevas tus jeans rotos de los bolsillos traseros, con esa playera blanca que tiene un agujero en el dobladillo de la manga.


Si, llevaba puesto todo lo que describió. También baje la mirada a mis botines. Odiaba que me conociera tan bien.

-Antes de que me gruñas por teléfono. Llévate ese mechón rebelde detrás de la oreja por favor.
-¿Qué? ¿Acaso me estas espiando? – me asome por el barandal a ver si veía a Jensen y la cara burlona que tendría justo ahora. Mire hacia arriba y tampoco vi a nadie.
-Solo diré que te conozco como la palma de mi mano, Luna. Y que aun recuerdo como es que te…
-Calla. Tengo que irme. Salgo a las seis. ¿Vale? Adiós.

Colgué.

Corrí escaleras arriba. No necesitaba la descripción de Jensen. No ahora.

-Luna, Dorothea quiere verte – informo Lizi una vez que llegue al piso de la Revista.
-Vale… - no logre evitar que el labio me temblara.

Aun tenía ese poder sobre mí. Ese poder que me hacia temblar.
-¿Me llamaba, señora?
-Si… Quiero que veas esto.

Rodeo su escritorio. De un archivero saco un sobre amarillo. Saco un par de fotografías. Las coloco sobre el escritorio.
-Ella es Samantha Woods, una modelo que puede que pose para nuestro próximo numero. Dime… ¿crees que puedas hacerle una sesión?

¿Me estaba preguntando si podía? Joder. Obvio que podía. Ahora conocía a la tal Samantha. Era hermosa, rubia, cabello largo y en ondas. Labios hermosos, ojos azules, sonrisa angelical. Piernas largas y estilizadas. Vaya…

-Si, si puedo.
-No quiero que entre a mi revista y pueda sacarme información, tú sabes. Ella trabajo para la competencia.
-Entiendo. Un estudio ajeno a la revista – asentí.
-Así es. No hay disponibles esta semana. Semana de la moda y todo eso, ¿sabes?
-Oh – No, no tenia ni idea que era semana de la moda. ¿En que mundo vivía?
-Supongo que no sabias. Luna, tienes que estar al día.
-Si, es… lo tendré en cuenta. Tengo un pequeño estudio en mi casa. Veré si puedo terminar de arreglarlo.
-Perfecto. Le llamare y confirmara contigo.
-Vale.
-Es todo, gracias.

¿¡Gracias!? ¡GRACIAS! Esta mujer me amaba, estoy segura.

-No es nada.

Conteste con nervio en la voz. Camine de regreso a mi oficina. Neal estaba recargado en el marco de la puerta.
-Así que… eres la favorita de Dorothea.
-¿Cómo dices?
-Lo que oyes, niña. Te ganaste a Dorothea, créeme.

Dicho eso camino con elegancia a su despacho.

Esa frase me dio como una bomba.

El tiempo que restaba para mi salida, me la pase con una sonrisa estúpida en el rostro. Tenia que contárselo a alguien. Llame a mi Renata.

-Renata Cotty…
-Soy Luna. ¿A que no sabes?
-Haaam, nop.
-Neal me dijo que soy la favorita de Dorothea.
-¿Qué? ¿En serio? – empezó a gritar. Separe el teléfono de mi oreja.
-Si, eso me dijo.
-¡¡Wow!! Era de esperarse. Eres muy buena. Seria una estúpida sino eres su favorita. Luna esa mujer es el Diablo en persona, pero… siempre es bueno estar del lado del Diablo.
-Si, creo. Gracias. Tenia que decírselo a alguien. Haaam, Jensen me llamo.
-J-J- ¿Jensen? – tartamudeo.
-Sip.
-¿Y?
-Y pues… no se. Dijo que vendría por mí.
-Uuuuy, así que… hoy me regresare a casa sola – seguro que hizo un puchero.
-No sola, tengo entendido que William vive de camino al departamento. A mi no me engañas – contraataque, esquivando las preguntas que me haría de Jensen, no quería entablar una conversación del pasado, al menos no por teléfono y sin helado de chocolate cerca.
-Me descubriste. Si, vive a dos estaciones. Pero…
-¿Pero qué? No me salgas con que no le gustas. Porqué me enojare, Renata – amenace.
-Ok, no lo diré, pero ya lo sabes.
-Solo se, que puedes mostrarle ese par de piernas tuyas. Y seguro cae a tus pies con esos tacones de aguja que tanto adoras. No puedes negarme que luces como Lisa Cody… - Sugerí.
-Ya va… esta bien. Hey, tengo que irme, me llama William – rió bajito.
-Vale, suerte…
-Para ti también, te amo.

Colgamos al mismo tiempo.

Para matar las dos horas y diez minutos que restaban para mi salida. Revise las fotografías pendientes del próximo número. Edite un par y deseche un poco más que un par. En parte no quería pensar en la mirada de Jensen, no quería recordar nada de él. Fue un error mío cargar en mi bolsillo mi teléfono móvil, siempre lo llevaba en el fondo de mi bolso, así, si tenían suerte miraba los mensajes de texto. Seguro que este no era mi día, volver a verlo, eso me helaba la sangre.

-Adiós, Luna – Se despidió Neal, unas horas más tarde. Mientras me sumía en los pensamientos más horrorosos de mi pasado. Espante a las musarañas con la interrupción de Neal a mi oficinita.
-Adiós, Neal – conteste sonriendo.
-Anda, se niña buena y despídete de tu jefa.
-Siempre me despido de ella aunque solo me mire alzando una ceja.
-Es su forma particular de decir “adiós” – explico con naturalidad.
-Supongo – Alce los hombros. –Que tengas una linda noche.
-Seguro que si. Cuídate, nos vemos.

Cerro la puerta tras de si. Neal era un tipo interesante. No me cabía duda de que era gay, pero no lucia como uno. O quizá parecía gay y no era uno. Ya no sabía. Era guapo si. Maduro. Quizá unos 40 años.

Divague en como él siendo un hombre apuesto, no tenia novia. O quizá si tenía una o uno. Diablos, quería saber si era gay.

Mi teléfono móvil sonó. Numero desconocido.

-¿Hola?
-¿Aun no registras mi numero, Luna? Joder que eres despistada.
-Jensen – intente que no sonara como un gemido.
-Ya no aguanto para que sean las seis – ronroneo.

A pesar de estar sentada, mis piernas se aflojaron, temblaron como gelatina. Como cuando era una adolescente, como cuando… Oh vamos, ¿a quién engaño? Me sentía como una adolescente de 15 años.

-Ya solo faltan veinte minutos. No desesperes – quise sonar despreocupada, pero no podía. Tenía miedo de volver a verlo.
-Apuesto a que tú también quieres verme.

No supe que decir.

-Vamos Luna, somos amigos. No tienes porqué enmudecer.
-No enmudecí. Me llamo mi jefa – defendí.
-Claro. Ya estoy en la calle. Te espero – colgó.

Dios. Jensen Wyngarden era un… amigo. Él era amigo de Chuck; cuando conocí a Chuck, me hice amiga también de Jensen. Primero los veía como dos monos, pero conforme uno crece, la mente también, la mía era… la mía era peligrosa.

Jensen y Evan se odiaban a muerte. Ambos jugaron futbol Americano en equipos contrarios en la preparatoria. Se daban duro cuando eran rivales. Chuck era más neutral. Después de cortar con Evan al entrar a la Universidad, Jensen y yo… ya saben, “la despedida”. Una no se puede resistir a esa mirada.

Baje nerviosa a la calle, las manos me sudaban, me mordía los labios, me tronaba la los dedos.

El atardecer se podía ver con esos rayos rojos atravesando los ventanales de los enormes edificios. Como si el sol y Jensen hubieran confabulado contra mis sentidos, él quedaba justo delante de dichos rayos rojos. Su auto, mi gran sueño dorado, un impala estaba detrás de él. Jensen recargaba ese cul… Jensen descansaba recargado con los brazos cruzados sobre su pecho.


-¡Por fin! – exclamo levantando los brazos al cielo. –Anda, tengo una larga noche para ti – estiro su mano y la tome.

5 comentarios:

&Twinin Cullen& dijo...

Esta genial este capitulo,
la verdad de las cuatro chicas
es con Luna con la que más me identifico, ademas que quisiera tener una secion de fotos con Tristan o Jensen jajaja XD

Ale!! cRaZy StAr!! xD dijo...

Beu Beu!!!! DIos mio!!! que capi!! me lo lei en mi super regalo y aca dios!!!! Luna amo a luna!!! xP Y ese tristan dios en moto!!! dios y su ma me encanta me la imagino y me encantaa!! y Jensen-tomame toda la noche sin misericordia- xD bueno tu entiendes xD jaja asi que rens y will eh!! xD dios me tienes asi O_O amo este fic lo amo con todo mi corazon y fuerzas!! Te amoo mi beu gracias por ser genial con io y por ser como eres!!! Y por enseñarme esas quekas de 45 cm!!! jajaja y por el cafecito de hoy compartir contigo esos instantes hacen que la vida sea mejor y que sonria como ahora!!! Eres unica y una genia en lo que a la escritura concierne!! Amo como escribes en verdad siempre sere tu fansese numero 1!!!! Te amoooo

Besos!!!
Xau!!!

Y ya quiero mas!!!! dios mio mi psique no juegues con el xD

Ada Cullen dijo...

Trsitan!!! Jaensen!!Evm tus hombres si que on una maldita deliciiiaaa!!!!çDiiioooos ese sueñoooo Beu me dejarias montarme en la moto de tristan y dar una vueltitaaa!!!!OMG!!
esto cada vez se pone mejoooor ya quier saber un poco mas de toooodoooos ooooh siii Beu tu si te las yu nou!!!!
Vamos lunatica tuuuu puedesss!!!

VioletaHerondale dijo...

Pues como no resistirse! sientes que se te caen los chones! bueno no Literal se te caen con esa miradita miradita de Jensen uuuu! Quiero ver que pasa con esta mujer porque la adoré con esto: xD

a mía era una mueca de dolor con una pizca de vergüenza y otra más de estúpida al verlo frente a mí !

Violet dijo...

mmmmhhh Jenssen esta para chuparse los dedos!!! y que tal con Tristan..... ay Lunita espero que pueda tener a los entre las piernas!!!!

Las chicas del Té de Lemmon

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