abril 15, 2011

Maldita delicia, segunda temporada. Capitulo I ¡¡Estreno!!

¡Nenas! Me encuentro harto feliz en poderles traer ante sus oclayos, la segunda temporada de Maldita delicia, que para mi mejora mental sera abreviada como: MD2 -jaja-. Este capi... En pocas palabras es un poco de todo. Espero que les gute mucho. Porque a mi fascina! :)


Sin más las dejo con el Primer capitulo de esta nueva etapa de MD. Cuidence mucho y gracias por seguir la historia y comentar.


En breve el estreno de Cuando los planetas se alinean. Este estreno de MD2, fue por la felicidad de mi Cricri, porque quiero hacerla muy feliz :) Te amo mi Ale :3


1. A través de sus ojos


Robert “Rosty” Sparks


La mujer que dormía entre sus brazos era justo lo que la madre de Robert siempre le había dicho que buscara. Alguien con quien pasar el resto de su vida. Dejar las tonterías de saltar de cama en cama. Dejar atrás las chicas de una sola noche. Jennifer Lamb era justo lo que necesitaba. Robert pensó que sería una aventura de una noche, pero ella se había medito tan dentro de su alma que ésta ardía de nuevo. Se sentía tan bien despertar al lado de alguien, al lado de esa suave piel, cálida y deliciosa; no es que no le gustara compartir la cama con el perro de su hermano. Era un labrador chocolate que respondía al nombre de Chuletas. Su hermano lo llamaba a todo pulmón por las calles de California, en el Condado de Orange; cuando lo visitaba. Las personas que pasaban a su lado se reían del nombre del perro, o quizá de él, pero poco le importaba que se rieran; a Garrett, el hermano de Robert, le gustaba pensar que se reían a su lado. Jennifer se removió entre sueños y suspiro. Robert la observo, ella era preciosa, con unos despampanantes ojos azules que lo derretían, con un delicioso cuerpo de piel cremosa y suave. Labios gruesos que acostumbraba llevar teñidos de rojo. Le encantaba perderse en el sabor de su boca, perderse en su pasión. Ahogarse en ella. Él enloquecía cuando las manos de Jennifer se perdían después de su espalda y lo pegaba a ella sosteniéndolo de sus nalgas. Eso lo volvía aún más adicto a ella. Su descaro. Su lado salvaje fue el que lo cautivo. Y a pesar de que a Jennifer no le gustaba aceptar que tenía un lado tierno más allá de su fachada de chica ruda y decidida, lo tenía. Era tierna al mencionar a sus amigas. Se volvía vulnerable cuando por descuido Rosty mencionaba a sus padres. Robert procuraba no mencionar a su madre, porque sabía que eso la entristecía. Tenía cuidado de sus palabras. Conocía muy poco de la vida con su madre. Sabia, que su madre la había dejado a su suerte. Y su valentía de enfrentarse al mundo, era lo que admiraba de ella. Muy pocas personas habrían tenido el coraje de seguir adelante y cumplir sus sueños.


Robert deseaba que ella pudiera sincerarse con él, deseaba que ella pudiera expresar lo que sentía por él. Robert estaba seguro que la amaba. No había sentido ese fuego interno que Jennifer despertaba en él apenas le ponía los ojos encima.

Llevaban varios meses juntos. Jennifer le regalaba sonrisas matutinas, coquetas y ardientes miradas. Robert estaba decidido a que ella se diera cuenta que era el hombre para ella. Y que ella estaba destinada a él. Solo para él.


Silenciosamente se deslizo fuera de su cama, se vistió con un lujurioso boxer pegado al cuerpo. Sabía que la volvía loca cuando portaba solo esa vana ropa.


Fue a la cocina. Tomo un par de huevos de la nevera y comenzó a preparar un Omelette. Pico en cuadros pequeños cebolla y tomate, con algo de tocino. Todo olía muy bien. Su madre le había enseñado a cocinar. Y eso era algo que atesoraba con aprecio. Sentía que al cocinar, su madre sonreía donde quiera que estuviese. Era liberador de alguna forma.


Regreso al lado de Jennifer con una charola repleta de comida. A ella le gustaban los desayunos sustanciosos. Algo de jugo de naranja, donas de chocolate, fruta picada, leche tibia con chocolate, o un café, y para rematar un delicioso Omelette. Robert se preguntaba donde guardaba tanta comida y seguía luciendo despampanantemente deliciosa.


Dejo la charola en uno de las mesitas de noche al lado de la cama. Entro de nuevo a la tibia cama. Ella se removió y volvió su rostro hacia él. Abrió los ojos lentamente y sonrió. Rosty sintió de inmediato como su ingle dio un brinco. Lo dicho, ella lo ponía a cien con solo mirarle.


-Hola – saludo con voz adormilada.

-Hola – respondió él, quitando un mechón de cabello de su rostro. -¿Tienes hambre?

-Siempre… - ronroneo en respuesta.

Si, definitivamente ella era su tipo de chica. Una que no se cansara de hacer el amor con él. Que no pusiera de pretexto ‘tengo dolor de cabeza’, ella estaba encantada de tomar a Robert donde fuera y como fuera.

-Estabas desnudo hace unos minutos – dijo pasando una mano por debajo de su cadera. Acariciando su pierna musculosa.

-Lo sé, pero fui a la cocina por tu desayuno. No queremos que el Sr. Laurie me vea desnudo por tu departamento cuando venga a cobrar la renta, ¿o sí?

Ella sonrió perversamente.

-Bueno, le dará un paro al corazón seguro. Como a mí.

-Un paro, ¿ah?

-Sip… - ronroneo de nuevo y subió la mano que acariciaba la pierna de Robert, hasta su cadera. –Pero tú ya te adelantaste… Ya había notado la entrepierna de Robert chocar contra sus suaves y desquiciantes caricias. Ella se sonrojo asintiendo. La piel blanca de sus mejillas se tiño de rojo. Era adorable, aún más que solo adorable.

-La comida se enfriara… - gimió Rosty. Ella ignoro el aviso y se acercó a besar su pecho. Su lengua traviesa le rodeo un pezón. ¿Cómo podría resistirse a ella? ¿Cómo no amarla? Sí, porque eso era lo que sentía por ella. Amor. Puro, maldito y ardiente amor.

Ella no se daba cuenta de que él era su mejor opción. Robert suponía que una chica tenía miedo a entregarse después de haber sido rota. Pero él estaba dispuesto a esperar el tiempo que ella requiriera. Ella era la indicada. Si sus padres estuvieran con vida, estaba seguro de que estarían impacientes por conocerla.

-Tengo hambre… - susurro Jennifer contra la piel de su estómago.

Esta mujer estaba a punto de volverlo loco. Más loco.

-No… - gimió.

No quería que se detuviera. Ella era deliciosa con la boca. Y el día que lo tomo en la camioneta con la boca. Robert podía jurar que vio estrellitas. El sexo oral era delicioso, pero nunca lo habían tomado de esa forma. Posesiva y tierna a la vez.

Jennifer se montó sobre su duro y caliente cuerpo. Echo las manos de Robert por encima de su cabeza. La fuerza de la chica no podía competir con la de él. Pero dejo que ella fuera la que llevara el mando. El cuerpo desnudo, tibio y suave sobre él lo puso más duro y listo para ella. Quiso tomar su cadera y unirse a ella en un sonoro rugido de placer, pero ella tenía en mente otros planes. Lo podía leer en esos ojos celestes.

Se inclinó a besar su cuello, a morder sus hombros y su mandíbula. Las puntas de sus pechos le hacían cosquillas. Y eso, créanlo o no, era delicioso. Ansioso, Robert removió su cuerpo debajo de ella, sintiendo así la cálida humedad de la unión de sus piernas. Ella estaba lista para él. Y joder, que él estaba más que dispuesto a calmar el ardor de sus intimas partes.

Jennifer continúo torturándolo. Mordiendo aquí y allá. Bajando peligrosamente sobre su torso tonificado. Subió la mirada, dejando la tarea de lamer cada musculo de su pecho, encontró la mirada caliente de Robert, devorándola literalmente. Conocía cada pulgada de su cremoso cuerpo. Ese tatuaje de estrella en su espalda baja, por arriba de su cadera, mismo que devoraba cuando la tomaba por detrás. Tomando sus pechos entre sus manos y jadeando en su nuca.

-Jennifer… – gimió cuando los dientes de ella mordieron su cadera. Ahí donde reposaba su tatuaje. Ella lamia la zona y…

-¡¡Oh Dios!! - jadeo Robert cuando la chica lo tomo en su boca.


Logan Lacrosse



Estaba completo ahora. Había perdido a dos tesoros. Sí, no podía negar que le dolía aun la perdida de Anthony y Molly. Pero la vida seguía. Por un tiempo al menos. Y si Emily le daba una segunda oportunidad no iba a desaprovecharla. Logan respiro profundamente frente a la puerta de la casa de Emily, antes de que tocara con los nudillos. Arreglo su corbata.


-Logan – Emily lo recibió con una sonrisa resplandeciente en su rostro perfilado. Era una de las sonrisas que le robaban el aliento. Una de las sonrisas que lo conquisto.

-Hola, ¿Lista?

-No, aun no… Llegaste temprano. No entro a la Universidad sino hasta las 11 – decía Emily mientras caminaba por su pasillo hasta llegar a su recibidor. Logan se perdió en el bamboleo de sus pasos.


Ella siempre fue el amor de su vida. Se volvió loco cuando ella lo dejo plantado en el altar. Él creía que ella había encontrado a alguien más. Alguien más a quien amar. Alguien que la complacía mejor que él. Alguien que la amaba más que él.

Perdió el rumbo de su vida intentando encontrarla. Se volvió un tipo huraño, una sombra en pocas palabras. Se alejó del mundo. No quería ver a nadie.

Hasta que apareció Molly.

Logan volvió a su natal California, en un intento de reparar su vida. Pensó que el sol y la arena de California podían curarlo. Pero empeoro. Hasta que Molly apareció para sanar un poco de su dolor.

Logan intento amarla. Intento devolverle un poco del amor que ella le regalaba cada día. Pero no lo logro. Cada noche entre sus brazos era un tormento para él. Una lucha con su lengua que clamaba el nombre de Emily cuando explotaba entre los brazos de Molly.

Él quería ser feliz con ella. Deseaba poder hacerla feliz. Por eso, por devolverle un poco del amor que ella le brindo, le propuso matrimonio. Pasaron años conociéndose. Y al mismo tiempo Logan le oculta cosas. Cosas dolorosas y secretos horribles. Molly se conformó con lo poco de Logan le ofrecía. Logan nunca escucho queja sobre eso. Nunca. Él la quería, no como a una hermana, pero tampoco como a una amante.

Siempre le estaría agradecido por devolverle la vida. Por devolverle un poco de luz a la oscuridad que cernía sobre él. ¿Para que recordar el pasado? Ella estaba muerta por su culpa. Solo por la razón de que él no aceptaba la verdad. La única verdad en el mundo.

-¿Estas bien? – Emily agito la mano frente su rostro.

-Si… Lo siento, ¿Qué decías? – regreso al presente con un par de parpadeos.

-Nada, que ya estoy lista. Emily tomo su bolso y desfilo a la salida. Logan la siguió, y ella aseguro la puerta. Metió las llaves en su bolso y se encamino a su camioneta blanca. Logan sabía que era un sueño de ella tener una camioneta de esas.

Alcanzándola, tomo su muñeca y la detuvo antes de que ella entrara a su camioneta.

-No, yo te llevare.

Ella quiso negarse. Pero entonces Logan la presiono contra su cuerpo y la puerta de la camioneta. Esta mujer lo volvía loco. Su cabello color fuego, sus enormes ojos y su hambre de comerse el mundo. Amo el lado aventurero y ese lado de: Me vale el mundo. Nadie pasaría sobre ella, nadie. Era muy segura de sí misma. Tan segura de sí misma, que antes de que formalizaran su relación en la Preparatoria ella lo utilizaba,- si, sexualmente- una vez a la semana. Descargando su libido. Por eso él la amaba. Porque tenía claro que quería de la vida. Y eso, señores, lo ponía al cien.


-Logan… - soltó su nombre en forma de gemido.
-¿Si? – Bajo a su cuello, besándolo, lamiéndolo, mordiendo el lóbulo de su oreja.
-Oh…

Logan sonrió complacido. Sentirla contra su cuerpo era más de lo que podía desear. Tenerla de nuevo para él. La conquistaría de nuevo.

-Ya… Ahora si se me hará tarde.

-Me encanta tu voz cuando estas excitada – confeso con voz ronca.

-Lo sé, - ella lo abrazo por la cadera con los brazos – y sé que te vuelve loco que haga esto…

Apretó sus nalgas con sus manos.

-Ohh – ronroneo. –Sabes cómo enloquecerme.

-Se muchas cosas. Como sé que te gustaría tomarme justo aquí afuera. Sin importar si nos miran o no.

-Me conoces muy bien…

-Y también se, que no pararas hasta tenerme en tus redes. Pero ¿sabes?, ya me tienes en tus redes.

Su pecho se inflo, pero el miedo lo recorrió a partes iguales. Ignoro el miedo, el terror que lo invadía. Viviría el momento.

-No descansare hasta escuchar de tus labios, ese: “Si, acepto”.

Emily se tensó. Intento disimularlo besando el cuello de Logan. Él la conocía tan bien, eso era una táctica de ella para cambiar de tema. Y estaba funcionando.

-Emily… Aléjate de mí porque te juro que te comeré…

-Uh – la chica se burló. Ella terminaba con su autocontrol. Bajo una mano a su entrepierna.

-Dios, no – rogo Logan con los ojos cerrados.

-¿No? Solo un poco… - dijo y acaricio sobre la tela de gabardina de los pantalones de Logan. Él se retorció de placer. Sus largos dedos delgados presionaron su hombría sobre la tela. Su mano viajo ligera como ave, hasta su cinturón y lo abrió.

Logan sabía lo que pasaría después.

-Entremos, si lo haces, no hay regreso – amenazo con voz pastosa.

-Júralo – Emily apretó el duro bulto bajo sus pantalones.

-Oh Dios… - Trago el nudo de excitación, obligándose a hablar. –Lo juro…

Emily lo soltó. Jalo de él hasta su casa. Logan estaba dispuesto a tomarla de todas las formas posibles. Era su reencuentro. Y tenía mucho tiempo que compensar.

Al entrar la apretó contra la pared de su pasillo. Tomo sus piernas, y éstas se envolvieron en su cadera.

-Te amo – murmuro al tiempo que abría su blusa. La piel cremosa de sus pechos lo llamaba a tocarlos, y se dio gusto. Degusto el sabor salino de su piel.

-Oh, Logan… Te amo… - jadeo la chica, cuando uno de sus pezones rosados entro a la boca de Logan y lo succiono como si de eso dependiera su vida.


Lo cual era cierto. Logan se prometió compensar el tiempo. Saldar cuentas, y lograr su perdón completamente. Esperaría lo necesario para que ella se casara con él. Y esperaba que el tiempo fuera bueno con él. Le demostraría que su relación funcionaria. Que las relaciones y los pensamientos que tenían sus hermanas eran cosa aparte, ajenas a su relación. Quería poder ver el brillo de sus ojos cuando él tuviera un hijo de ella entre sus brazos. Aunque fuera solo por un tiempo.


Julien Van Gulick


Dorothea Van Gulick no creía en él. Era su madre y aun desconfiaba de él. Pero se ganaría su confianza. No solo Tristan era su hijo. Ella tenía que aceptar que eran dos, y que eran diferentes.


Julien cruzo furioso el pasillo que conducía a la oficina de su madre. Empujo a un par de personas, no se detuvo a ofrecer disculpas, no tenía tiempo para eso.


-Me importa una mierda, Lizzeth – rugió a la asistente de su madre. La chica se encogió ante su grito.


Julien no acostumbraba ser así con las personas. Pero así tenían que ser las cosas. O gritaba él, o gritaba ella. No había espacio para la segunda opción.

-Pero…

-Nada, no necesito anunciarme. Soy su hijo. ¡¡Con un demonio!! – golpeo el escritorio de Lizzeth, la chica dio un brinco.

-¡Julien!

-Y una mierda… - Era Tristan, su hermano. Se acercaba casi corriendo hasta él.

-¿Qué haces? No le grites a Lizzy…

-Quiero ver a mi madre. ¿Eso es un delito?

-No, pero no puedes venir y gritarle a todos. Sabes que ella odia…

-Ah, claro – ironizo. –Ella si puede venir y gritarle a medio mundo, ¿no? Déjame, Tristan – lo señalo. –Entrare a verla y me vale lo que tú, o su secretaria de cuarta digan – gruño.

Dio media vuelta e irrumpió en la oficina de su madre.

-Sí, ya está todo listo, señora…

-Julien – Dorothea Van Gulick se puso de pie, olvidando por completo a la chica morena de rizos que tenía sentada frente a su escritorio. Julien no perdió su tiempo mirándola.

-Madre, tengo algo que decirte. Y no puede esperar…

-Tendrá que esperar. ¿Cómo te atreves a entrar así en mi oficina? ¡Lizzy! – grito exasperada.

-¡Soy tu hijo maldita sea! – grito Julien para que su madre lo mirara. –No solo Tristan lleva tus genes, ¡¡también yo!!

-Julien… - Dorothea tenso la mandíbula. –Luna… - antes de que terminara por perder totalmente los estribos se volvió a la morena que miraba contrariada a Julien. –Si me permites…

-Sí, señora… - Luna paso con rapidez al lado de Julien. No se atrevió a mirarlo. Y no se detuvo hasta que estuvo fuera de la oficina.

-Ahora… ¿estas contento de ponerme en ridículo frente a mis empleados? – Dorothea regreso a su lugar. Dejo de mirarlo, volvió la vista a las fotografías que Luna había puesto sobre su escritorio.

-¡Mírame, demonios! – rugió Julien. Golpeo su escritorio. Las fotografías se estremecieron.

-Te miro, Julien – Dorothea subió la mirada, sus ojos marrones lo observaban a través de los cristales de sus anteojos.

-Madre, lo que hago o dejo de hacer no te importa, ¿cierto? – soltó Julien.

-No digas eso, si me importa. Eres mi hijo.

-Claro… - volteo los ojos. Si le dieran un billete verde por cada vez que ella repetía esa frase seria infinitamente millonario. –Pero Tristan es tu favorito. El que nunca causa problemas, el que siempre hace todo bien… ¿no?

-Te amo, Julien – respondió Dorothea. –Pero te comportas como un niño. Tienes 25 años, por favor – suspiro. –Eres un hombre…

-¡No gracias a ti!

-¿Cómo dices? – Dorothea se quitó los anteojos. Incrédula de lo que acababa de escuchar.

-Lo que oíste – confirmo. –Soy un hombre, pero no gracias a ti… Madre, por 25 años te has dedicado a esta revista de mierda…

-No hables así del trabajo que te ha mantenido – gruño interrumpiéndolo.

-Ja, si claro… ¿Por eso te divorciaste de mi padre?

-No me hables de ese hombre…

-Él es mi padre, el padre de tu perfecto hijo, del hijo que no tiene el tono azul de los ojos de mi padre. ¿No? Por eso lo quieres más a él, porque no heredo el tono de sus ojos como yo. ¡Por no parecerse a George! – grito.

-No… Julien, te amo, los amo a los dos…

-¡Mentira! Dejaste que estuviera lejos de ti, lejos de mi madre. Lejos de este lugar, de ti… No fue mi culpa que esa chica se matara. Yo no tuve nada que ver, ¡Nada! – aseguraba.

Aquello había sido un error, pero no un error de Julien. Quizá solo había estado en el lugar y tiempo incorrectos.

-Julien, no tengo tiempo para hablar del pasado…

-¿Y cuándo tendrás tiempo madre? ¿Cuándo vuelvan a indagar sobre mi pasado? ¿Sobre lo que el gran nombre de los Van Gulick representa en tu vida? ¿En tu perfecta vida? ¿Tendré que sacar una cita? Si tienes tiempo para los estúpidos proyectos de Tristan, para su jodido taller de motocicletas. Para sus tonterías…

-Tu hermano ha ganado su propio dinero, ya me reembolso lo que le preste para empezar con su negocio.

-Si tan solo confiaras en mí…

-Dame una razón, solo una – corto Dorothea.

-Soy tu hijo.

-Eso no es una razón – dijo con desaprobación. –Julien, gánate mi confianza. Déjame ver que eres un hombre, un hombre hecho y derecho. Consigue un empleo. Uno de verdad.
-¡Bah! – se mofo Julien y camino por su oficina.

La gota que colmó el vaso de la cordura de Julien, fue la fotografía que tenia de Tristan. No había señales de que tuviera alguna intención de recordarlo con alguna fotografía de él. Ninguna.

-No tengo que demostrarte nada. Nada – hablo con amargura.

-Demuéstratelo a ti mismo. Es todo…

Julien rugió cuando sutilmente su madre lo corrió de su oficina. Odiaba que lo trataran como un empleado de mierda más. No era un niño.

Cruzo el pasillo. Le lanzo una mirada envenenada a Lizzy. Se encontró a su hermano que hablaba en murmuros con la chica morena que estaba en la oficina de su madre. La sangre le hirvió.

-Yo tendría cuidado si fuera tú. Solo te hablara bonito para llevarte a la cama – soltó alzando una ceja. Se detuvo un par de segundos, esperaba la reacción de su hermano.


Necesitaba sacar toda la frustración que tenía. Golpear algo, y si era su hermano mucho mejor.

-Julien – Tristan lo tomo con fuerza de la solapa del saco negro. Julien casi grito de alegría. Era un maldito loco, y lo sabía.

-¿Me golpearas? – casi jadeo de pura anticipación. –Hazlo – lo alentó.

-Solo quiero hablar contigo – respondió. Ganas no le faltaban a Tristan para poner en su lugar a Julien.

-No tengo tiempo – dijo casi desilusionado. –Déjame – forcejeo para liberarse del agarre de Tristan.
Salió de la Editorial.

Demostrarse a sí mismo que era un hombre. ¡Si como no! Parecía que su madre se pasaba la tarde leyendo consejos para mujeres desesperadas. Libros de superación personal.

Julien vivía bajo la sombra de su hermano. Le toco la suerte de parecerse a su padre. La suerte de compartir el color de ojos de su padre. La mala suerte de ser un Van Gulick.

Aun así, estaba decidido a deshacerse de esa cruz. Descubriría el hilo negro en la vida de Tristan. Los sucios secretos que su hermano guardaba. Solo así su madre se daría cuenta de quién era realmente la oveja negra de la familia.

2 comentarios:

Ada Cullen dijo...

OOOOMG!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! QUe cooosa MD2 SE VINOOO CON TODA MI BEUUU.... ME GUUUSTOOOO OHG DIOS LOGAN Y EMILY, ROSTY Y JENN Y LOS HERMANOS RICO-ARRINCONABLES- SEXYS- ME LOS COMO- VAN Gulick Enfretntadooos... que pasara con nuestras otras dos niñas lo que se trae esta rtempotada es candela

VioletaHerondale dijo...

Amé la manera de ver las cosas en los boxers de ellos! Rosty tan bello! no sé sigo pensando que no es para Jen, o más bien que no me convence el actor (?) xD pero espero que no le pase nada S:

Luego, Logan! uff bueno con los hombres de aquí! que si no han sufrido también! y de qué manera! Emily no seas bitch ahora pls!

ya veremos que pasa con Jul porque esos berrinchitos de nena no me gustan xD

Las chicas del Té de Lemmon

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